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"¿Cuánto más debíamos esperar?" - Entrevista exclusiva de las FARC-EP para el diario alemán junge Welt

 

 

Una parte de la antigua guerrilla de las FARC-EP regresó a la lucha armada. Ésta responsabiliza a la oligarquía del fracaso del Acuerdo de Paz. Una conversación de Iván Márquez y Jesús Santrich con el diario alemán junge Welt.

 

 

El 29 de agosto en una declaración ustedes anunciaron el regreso a la lucha armada. ¿Por qué dieron ese paso justamente en ese momento, y qué objetivo persiguen con esta decisión?

 

 

RESPUESTA: El Acuerdo de Paz de La Habana fue un documento de solución política al conflicto colombiano. Como Acuerdo expresaba la correlación social de fuerzas y el balance político-militar e histórico-concreto de la guerra. Así lo planteamos en las tesis políticas de la Décima Conferencia Nacional de Guerrilleros previa al paso de las FARC-EP a la legalidad. Como instrumento de solución política implicaba el reconocimiento de las partes de que las armas y el poder de fuego de ninguna de ellas logró vencer a su adversario y que para evitar prolongar la evidente afectación de todo orden que padecía el país por cuenta de la guerra había que buscar la continuidad de la lucha a través de medios exclusivamente políticos. El Acuerdo no representaba la materialización de nuestras aspiraciones estratégicas como fuerza revolucionaria y menos podía entenderse como la claudicación de nuestra fuerza político-militar guerrillera. En síntesis, ni pretendíamos esbozar la revolución por decreto ni mucho menos la rendición en una mesa en la que por muchas ocasiones lo único que se escuchaba por parte del gobierno eran palabras mezquinas y huérfanas de sensatez.

 

 

Nuestra determinación estaba centrada en dejar sentadas condiciones que permitieran a la gente del común adelantar en democracia las transformaciones mínimas que resolvieran los problemas esenciales que impiden el bienestar social, a sabiendas de que no era el fin o la superación del conflicto inherente al orden capitalista, sino el camino para la continuidad de la lucha social y de clases, colocando como base la terminación de la expresión armada de la lucha haciendo transitar a las FARC-EP hacia una condición de organización política legal, que de la mano de las masas, con garantías ciertas para la acción política abierta, proseguirían su brega por las transformaciones estructurales hacia un nuevo orden social de democracia verdadera y justicia social. Este Acuerdo fue roto por el establecimiento desde el momento mismo en que se debía iniciar la implementación, habiéndose incluso sentado obstáculos desde tiempo antes. Consecutivamente el Gobierno que entra en reemplazo del de Juan Manuel Santos profundizó los incumplimientos de manera pertinaz, inocultable, llenando con trampas y a sangre y fuego, de inseguridad jurídica, personal y económica la reincorporación de los excombatientes, y dejando de lado los cambios prometidos a las comunidades más empobrecidas, como la reforma rural integral, por ejemplo.

 

 

Roto el acuerdo pese a nuestros esfuerzos por mantenerlo vivo, no tuvimos otra opción que retomar el camino de las armas, porque, si bien los compromisos del Acuerdo representaban una ruptura en nuestra historia, al mismo tiempo eran una línea de continuidad. El desistimiento del alzamiento armado no se concibió como desmovilización; y tampoco podía ser un compromiso unilateral de la insurgencia. Así que quedando en evidencia plena y creciente la traición por parte del Establecimiento, cerrada nuevamente la vía de la legalidad, nosotros no podíamos caer en el derrotismo y en la claudicación. Se nos manoseó en la dignidad, se nos estigmatizó y calumnió, se procedió con montajes asquerosos, con persecución judicial, intentos de extradición y asesinatos que indicaban que la reconciliación era una farsa y la paz una bandera de mentiras. Entonces, cuánto más debíamos esperar para que se considerara legítima nuestra reacción. Eso nunca ocurriría porque lo que querían era sacrificarnos y desparecernos como organización revolucionaria.

 

 

De tal manera que el ahora es la respuesta de oportunidad a una necesidad de legítima defensa y al deber de no permitir que se debilitara o apagara la llama de un resurgir posible en medio de tantas adversidades. De tal suerte que es una determinación muy apegada a un proceso de lucha de clases muy específico de Colombia, independientemente del tipo de correlación de fuerzas que en este momento exista en el contexto internacional. Aunque no quiere decir ello que no tomemos en cuenta la profunda crisis estructural por la que pasa el capitalismo, la cual es no solo global sino sistémica, sin reversa, y que nos corresponde mirar en ese aspecto para continuar con el desenvolvimiento de una estrategia de combinación de formas de lucha que en esencia es continuidad del Plan Estratégico histórico de las FARC-EP con las variaciones notables en el manifiesto de Agosto, el cual sienta ciertas consideraciones respecto a la fuerza pública. Mira que hemos dicho que nuestro alzamiento es respuesta a la traición del Estado al Acuerdo de Paz de La Habana, y la marcha de la Colombia humilde, ignorada y despreciada hacia la justicia, en procura de la paz cierta, poniendo de presente que la rebelión no es una bandera derrotada ni vencida; pero que esta insurgencia, se levanta para abrazar con la fuerza del amor, los sueños de vida digna y buen gobierno que suspiran las gentes del común, expresando claramente que su objetivo no es el soldado ni el policía, el Oficial ni el Suboficial respetuosos de los intereses populares sino la oligarquía; la oligarquía excluyente y corrupta, mafiosa y violenta que cree que puede seguirle atrancando las puertas del futuro al país.

 

 

Decimos que se conocerá una nueva modalidad operativa que sobre todo responderá a la ofensiva, porque en nuestra decisión está no seguir matándonos entre hermanos de clase. De ahí nuestro llamado también a los integrantes de la Fuerzas Pública que tengan dolor de pueblo, a que caminemos juntos por sus reivindicaciones y su felicidad.

 

 

Fíjate también en que tomamos distancia de algunos métodos como el que hacemos respecto de la práctica del retenciones de personas con propósitos económicos. En todo caso actuamos como fuerza político-militar con estructura de ejército y de partido, un partido marxista-leninista y bolivariano que sigue el legado del comandante Manuel Marulanda Vélez.

 

 

Tras la firma del Acuerdo de Paz en 2016, las FARC-EP entregaron las armas. ¿Ustedes están preparados ya para nuevos combates? ¿De dónde sacaron sus armas? ¿Con cuántos combatientes pueden contar?

 

 

RESPUESTA: Nuestra lucha es esencialmente política; las armas son solamente un instrumento, un medio y no un fin en sí mismas. Su implementación es más una necesidad impuesta por el carácter del régimen al que enfrentamos, el cual con su reciente traición no ha hecho otra cosa que reafirmar su carácter de régimen oligárquico de terror, acostumbrado a pisotear la palabra empeñada y los compromisos. Entonces, si no hubiera necesidad de usar las armas no lo haríamos. De hecho, estamos insistiendo en encontrar una salida dialogada y total (con todos los actores armados) al conflicto colombiano que persiste y se amplía en el país.

 

 

Lo de la firma del Acuerdo de La Habana era un elemento de alivio de esa confrontación, pero de ninguna manera era la paz, pues con el ELN -importante fuerza revolucionaria colombiana- y otras fuerzas, no había todavía acuerdo y lo que se veía era la decisión del gobierno de Iván Duque de romper con la posibilidad de acuerdo que se abría con esa guerrilla. Por lo demás, hay centenares de conflictos armados y no armados, irresueltos a lo largo y ancho del país. Así que por más importante que fuera el Acuerdo de La Habana era solo un paso en el camino de la reconciliación y no la paz completa que necesitamos. Y lo peor es que habiendo estado cerca de poner fin a través del diálogo al más largo conflicto del hemisferio, el fracaso se produce porque el establecimiento no quiso respetar los principios que rigen las negociaciones, el pacta sunt servanda y la buena fe. Por eso decimos que habiéndose logrado por parte del establecimiento lo que quería, que era la entrega de las armas, conscientemente hicieron trizas el Acuerdo de Paz, despedazando -como dicen los uribistas- “ese maldito papel”. El paso que dimos fue truncado, con el agravante de el mal precedente que se le deja al procedimiento del diálogo como herramienta de entendimiento.

 

 

Sobre las armas, pues tenemos las que tenemos. Seguramente son pocas o muchas de acuerdo a la situación que se presente. Si se nos impone la confrontación porque el régimen persiste en el militarismo, en la represión, en la guerra sucia y en no buscar una salida sensata a los problemas del país, tendremos que buscar más y más recursos para la resistencia y siempre parecerá poco lo que consigamos frente a un Estado que se sabe está apoyado por un imperio poderoso y guerrerista como lo son los Estados Unidos de Norte América. Pero si se le da paso a un proceso constituyente abierto, donde la palabra del soberano que es el pueblo tenga oídos que la escuchen y manos que realicen sus aspiraciones, sin que se siga traicionando el diálogo, la buena fe, los pactos, cualquier fusil deberá silenciarse, porque en toda circunstancia el arma principal de los pueblos está en sus propias palabras y en su determinación de cambio. De ello hay muchos ejemplos en el continente y en el mundo. Solamente miremos los ejemplos que nos dejan en las calles hermanos latinoamericanos en Haití, Ecuador, Perú, Chile, por ejemplo. O lo que le están diciendo a Duque los estudiantes en las calles de las ciudades de nuestro país. El problema es que la implosión que se está viendo en muchos países de América Latina y el Caribe es producto del fracaso del neoliberalismo, de la situación social miserable en que está sumiendo a las mayorías mientras se llenan las arcas de los grandes capitalistas que al mismo tiempo tratan de generar crisis en los países que optan por vías de justicia social. Entonces, frente a regímenes de terror no se le puede negar a los pueblos el derecho que tiene a la rebelión en todas sus modalidades. No se les puede condenar a los pueblos a que para que sus luchas tengan legitimidad se deban enfrentar a la represión con los pechos desnudos y con vocación de mártires.

 

 

La militancia en esta causa la contamos en el seno de la inconformidad porque nuestra idea no es la de asumir la guerra combatiendo frontalmente la máquina militar del régimen. No. En este conflicto, la solución, siempre estará en manos del pueblo. La salida la definen las mayorías en las calles, en una mesa de negociación, en las urnas o en una insurrección armada.

 

 

¿Quiénes y cuántos están armados? Gente amante de la paz que ha decidido seguir empuñando los fusiles porque no está dispuesta a resignarse, a dejar que una élite de oligarcas les impida a las mayorías realizar sus sueños de justicia social. Quizás no son muchos, pero son suficientes para mantener encendida la llama de la rebeldía y la luz de la emancipación mediante la rebelión. Y en eso creemos en que una chispa puede encender la pradera, así que no es que haya afán de desespero que nos lleve a armar montoneras. Entre otras cosas porque nuestros recursos son limitados y hay que utilizarlos de la manera más racional posible, pues las armas en los mercados clandestinos tienen costos altos. En un mundo capitalista como el que tenemos, fuentes de armas siempre están abiertas. La mayoría de fusiles que tenemos son americanos e israelíes, pero no los envió Trump. Esto no es un asunto de armas fundamentalmente sino de ideas, y por eso nuestro mayor afán y propósito es sumar voluntades en torno a un propósito político que es el que está planteado en nuestro Programa y en la Plataforma Bolivariana por la Nueva Colombia…

 

 

 

 

En su comunicado no descartan un nuevo diálogo de paz, pero con un nuevo gobierno colombiano. ¿Por qué creen que con un nuevo gobierno se puede realizar lo que anteriormente fracasó? ¿Cómo debería darse un nuevo proceso de diálogo?

 

 

RESPUESTA: La salida política negociada al conflicto colombiano es un aspecto estratégico, no coyuntural. Es una constante histórica en el devenir de las FARC-EP. Nosotros no hemos renunciado a él. Persistimos en ese planteamiento advirtiendo que lo que no podemos permitir es que se burle ese anhelo de los colombianos. Entonces, si lees con detenimiento los documentos de agosto que son la base del relanzamiento del proyecto guerrillero fariano, verás que son una reiteración de los propósitos. Y lo es porque sencillamente los cambios que se plasmaron como necesarios para nuestra sociedad sumida mayoritariamente en la miseria, la desigualdad y las exclusión política no se han surtido. El Acuerdo de Paz fue traicionado no exclusivamente respecto a las FARC sino ante todo respecto a las comunidades que debían ser favorecidas con la reforma rural, la apertura democrática, la reivindicación de las víctimas o la política de sustitución de cultivos de uso ilícito. Pero más allá de esos puntos hay un sinnúmero de reformas que están a la orden del día y que el régimen se negó a abordar en La Habana pero que se suponía serían resueltos mediante un proceso constituyente. Ese fue un compromiso que hizo de palabra el gobierno Santos. Ese es el compromiso que está implícito cuando en la introducción al Acuerdo de La Habana se habla de un Acuerdo Político Nacional, porque el país requería reforma judicial de fondo, reforma electoral de raíz, reforma en el manejo de los medios de comunicación, en los asuntos laborales, en la educación, etc, etc. El país debía resolver el cangro de la corrupción y de la impunidad que carcome al establecimientos, etc, etc. Y eso no era algo que lo podían hacer las dos partes sentadas en La Habana. Pero si debía abrirse un proceso participativo que diera paso a esas reformas. Por eso la idea de proceso constituyente abierto, paso a paso, suscitando las transformaciones con movilizaciones y con la presencia del ciudadano de a pie tomando las decisiones.

 

El gobierno que en este momento ocupa la Casa de Nariño, lo que le pone es un particular acento de guerrerismo y destrucción a lo logrado en materia de acuerdo de paz. Pero la posición obstruccionista de fondo está en el Bloque de Poder Dominante. Con seguridad esa postura va más allá de las bravuconadas de Iván Duque que es una especie de pelele de Álvaro Uribe Vélez, verdadera mano tras los hilos de la casa de Nariño. Pero por encima de este hay intereses de transnacionales y de poderosos empresarios como Sarmiento Angulo. De estos sale la idea de hacer trizas el “maldito papel” de La habana. Entonces en ese escenario sería difícil adelantar aproximaciones, aunque no digo que sea imposible. Esto es un asunto muy complejo en el que los Estados Unidos tienen mucho peso, pero aspiramos a que haya un viraje en la política nacional que pueda generar circunstancias en las que la paz sea un propósito común si queremos que el país sea un escenario de progreso para todos. Y ese dialogo implicaría no una mesa para la guerrilla y el gobierno sino para el gobierno y los diversos actores de la vida nacional que son los que padecen los efectos, no en exclusivo de la confrontación, sino de las políticas apátridas del establecimiento.

 

 

Nosotros hablamos desde los tiempos del diálogo en La Habana y luego en el marco de La Décima Conferencia y del Congreso Constitutivo del Partido de la Rosa sobre la necesidad de forjar un movimiento amplio, una gran convergencia política, social y popular, que sacara adelante la construcción colectiva de un programa de interés común, con iniciativas progresistas, democráticas y revolucionarias a nivel nacional. Esto implicaba pasar por un gobierno de transición.

 

 

Hablábamos y seguimos haciéndolo, de estructurar un partido como parte de una gran convergencia; no de actuar en solitario con espíritu mesiánico. Y para eso la Conferencia destacó un equipo de personas que debían desenvolverse con esa hoja de ruta, haciendo un relacionamiento político encaminado a crear las bases de construcción de tal iniciativa. Buscando en un mismo momento, a nivel nacional y regional desarrollar los asuntos programáticos como organizativos del proceso de construcción del nuevo partido y de la gran convergencia. Pero eso se quedó en literatura. Son cosas que están por hacerse, construcciones que debían tomar por base los puntos pactados en el Acuerdo de La Habana y los aspectos programáticos del movimiento social en el país, diseñando estrategias de desarrollo interno y una efectiva política de alianzas, dentro de nuevas formas de hacer política que pasaran por encima de las prácticas clientelares de siempre.

 

 

El epicentro de esta visión era lograr una política y concepción de unidad del movimiento popular, yendo más allá de la necesaria unidad de los comunistas, comenzando por trabajar en la unidad de acción para ir avanzando hacia aproximaciones programáticas, dando papel protagónico en la conducción del trabajo político-organizativo a la juventud y a las mujeres. Como verás, una convergencia de ese nivel tomaba como factor principal a todas las organizaciones del movimiento popular incluyendo al Ejército de Liberación Nacional y el EPL.

 

 

Hay unos ejes que fueron claramente trazados por las FARC-EP desde antes de la entrada al escenario de la legalidad en materia de acción política, sea cual fuere la situación: 1. la política de unidad con las diversas fuerzas de izquierda, democrática y de los movimientos sociales y de masas, luchando porque converjan las diversas expresiones de lucha. En esta dirección estaba definido claramente buscar y mantener las mejores relaciones con el ELN. 2. Luchar por la unidad y cohesión de los comunistas, entendida ésta, como un proceso de encuentro en las luchas populares a escala nacional y regional. Esta unidad estaría basada en los principios del Marxismo-Leninismo Bolivariano. 3. La propuesta de unidad del movimiento social y popular debía incorporar a las organizaciones de izquierda, a los movimientos democráticos y a los sectores políticos que nos han acompañado en la larga lucha por la paz democrática con justicia social. Debí vincular, además, al movimiento social en todas sus nuevas y antiguas expresiones. Y 4. Concretar la unidad implicaba de nuestra parte el compromiso de amplitud, flexibilidad, espíritu de respeto a la democracia interna y resaltar que la ética de revolucionarios y la alta moral estarían presentes como una constante. Y se precisaba que los objetivos políticos de un movimiento amplio no podían surgir solo de nuestro criterio, sino que se debían construir en discusión con todas las fuerzas de una posible convergencia, colocando como aspecto de primer orden de cualquier alianza, la defensa y lucha por la implementación de los acuerdos alcanzados, más el conjunto de reivindicaciones que agitan las diversas organizaciones de masas y sociales del país. Esto, al decir que se defendería en cualquier circunstancia, lo que llevaba de fondo es que habiendo o no ratificación de los acuerdos, nuestra lucha por la paz quedaba sentada como meta estratégica de primer orden. Y así sigue siendo.

 

 

En síntesis, para explicar las razones de fondo de nuestras decisiones hemos precisado que el régimen imperante, de políticas neoliberales, de corrupción y guerra, nos ha colocado frente a dos caminos: o se abre una recomposición como resultado de un diálogo político, y de la institucionalización de los cambios resultado de un Proceso Constituyente Abierto, o esos cambios, tarde o temprano, serán conquistados mediante el estallido de la inconformidad en rebelión.

 

 

Siendo nuestro plan estratégico en esencia la misma Campaña Bolivariana por la Nueva Colombia concebida por Manuel Marulanda en lo que concierne a los objetivos esenciales, en materia política lo que expresamos arranca por fundamentarse en el dogma bolivariano de la insurrección que dice en palabras del Libertador que La insurrección se anuncia con el espíritu de paz. Se resiste al despotismo porque este destruye la paz, y no toma las armas sino para obligar a sus enemigos a la paz”. Dentro de esa perspectiva, decimos que iniciamos una nueva etapa de lucha para el despertar de las conciencias con una estrategia que “tiene por objetivo la unidad del movimiento popular para la conquista de la paz con justicia social, democracia y soberanía, mediante la motivación e incidencia en el accionar de masas, que por vías insurgentes de todo tipo a que obliga el carácter y la naturaleza violenta del orden social vigente, dispute el monopolio de las armas y el poder del Estado”.

 

 

Pero la paz con justicia social sería garantizada por un nuevo poder que habrá de ocuparse de la felicidad del pueblo ejecutando un programa económico, social, político y cultural que dignifique la vida de los colombianos. Para lo cual conjugaremos el accionar político-militar con unas líneas de acción que denominamos en su conjunto estrategia política expansiva, con estos componentes:

  1. Reestructuración política y militar, impulsando la creación de un Bloque de Poder que unifique a todos los revolucionarios con los que se tenga afinidad estratégica. Aquí el ELN lo miramos como un protagonista fundamental, y por eso decimos y son pasos que estamos dando, que con ellos buscaremos la reactivación de la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar.
  2. Dedicaríamos esfuerzos para conformar y darle vida al Movimiento de Movimientos, como poderosa fuerza social y política que reclamará movilizada en las calles y en las carreteras los derechos ciudadanos conculcados.
  3. Convocaremos la conciencia democrática del país a la conformación de una Gran Coalición política y social que, bajo una conducción colectiva, establezca un Gobierno de Transición. Todo lo cual se debe ir implementando simultáneamente, y desarrollando además una estrategia mediática efectiva a través de medios alternativos de diverso tipo con énfasis en las redes sociales.

Todo ello implica reestructuración política, militar; recuperación territorial y de masas, mediante nuestras estructuras de Partido Clandestino, Movimiento Bolivariano y milicias. Es decir, expansión material y subjetiva de las fuerzas del común, dentro del movimiento real de los sectores sociales en rebeldía o en acción de reclamo contra las injusticias del orden social vigente, dinamizando alternativas políticas sectoriales y regionales; respetando y atendiendo los proyectos de movimientos sociales y políticos que recojan la rebeldía, reivindicaciones y potencialidades de los inconformes. Esa es la nueva forma de hacer política, desde abajo, conjugando amplitud, solidaridad, el interés común, la lucha con dignidad y contra la corrupción en función de la justicia social y la paz, lo cual implica la lucha por la solución de las necesidades básicas insatisfechas en materia de empleo, salud, vivienda, educación…, etc.

No descartamos que se pueda producir un alzamiento insurreccional o la presión para obligar a la búsqueda de un nuevo y definitivo Acuerdo de Paz por parte de la gente que ya está cansada de tanto abuso de poder. Y sin duda, para esta circunstancia, tampoco descartamos que se tengan que silenciar los fusiles, pero sin la ingenuidad de la entrega de armas. Estas se guardarán, lejos de su uso en la política, con control directo de la guerrilla, como garantía de cumplimiento del nuevo Acuerdo de Paz que tuviere lugar, el cual, por decisión de la Asamblea Nacional Constituyente, se implementaría con la nueva institucionalidad que los retos de la paz demanden.

Para todo escenario nuestra organización actuaría además como guerrilla ambiental vinculada a la lucha de la humanidad por detener el cambio climático, por la preservación del medio ambiente y la generación de energías limpias, y defensa de las riquezas del común. Nuestra oposición al fracking no tendrá atenuantes. Y el sueño de unidad latinoamericana se mantiene como constante.

Debemos hacer énfasis en que si se produce un triunfo electoral de la Gran Coalición Democrática, el nuevo Gobierno, que será un Gobierno de Transición, anunciaría lógicamente como una de sus primeras decisiones la apertura inmediata de la mesa de conversaciones de paz con las insurgencias. Y esto tendría que darse, suponemos, como una negociación expedita que retome el texto original del Acuerdo de Paz de La Habana al que se le harían los ajustes imprescindibles relacionados con la inclusión de los planteamientos programáticos del ELN y su agenda de diálogo, garantizando la invulnerabilidad de la seguridad jurídica, la incorporación a la discusión de los 42 puntos del freezer del diálogo de La Habana, y los textos de los acuerdos con el movimiento social hasta ahora incumplidos por los gobiernos de turno.

La construcción de la paz total implicará la búsqueda de procedimientos de solución a las diferentes expresiones de conflicto armado existentes.

Firmada la paz este gobierno procederá a dinamizar el proceso constituyente abierto que desemboque en una Asamblea Nacional Constituyente democrática que depurará el marco normativo a favor de toda la nación y trazará la ruta para la integración de los poderes públicos con hombres y mujeres honrados y virtuosos.

El Gobierno de Transición con el respaldo de la potencia transformadora del pueblo, materializará el Plan de Choque Social para el buen vivir, y desarrollará el programa económico que le dé el impulso inicial a Colombia hacia el futuro de la paz estable y duradera.

Todo este planteamiento es lo que significa que la palabra la tiene el soberano, tal como lo dejamos escrito en la introducción del Acuerdo final de La Habana. Ahí quedó pactado ese compromiso incumplido que indicaba hacer la convocatoria a todos los partidos, movimientos políticos y sociales, y a todas las fuerzas vivas del país a concertar un gran ACUERDO POLÍTICO NACIONAL encaminado a definir las reformas y ajustes institucionales necesarios para atender los retos que la paz demande, poniendo en marcha un nuevo marco de convivencia política y social.

Vemos entonces que existen las herramientas para seguir intentando una salida concertada, impulsando un proceso que posibilite la superación de la exclusión, la miseria y las inmensas desigualdades; hacia la democratización en profundidad del Estado y la vida social, restableciendo la soberanía y garantizando el bienestar y el buen vivir de nuestro pueblo. Se trata también de potenciar nuestras aspiraciones y llevarlas a un nuevo nivel en el que entonces sí, una Asamblea Constituyente, representativa y con plenas garantías de actuación, dé un impulso definitivo a las transformaciones estructurales que requiere Colombia.

 

Según su comunicado buscan coordinar esfuerzos con el ELN. ¿Ya han avanzado en esa dirección?

 

RESPUESTA: Parece que en lo dicho ya se ha respondido esta pregunta. Y los avances en la dirección planteada se están dando, tomando en cuenta que el ELN es una fuerza autónoma, con sus propias posiciones bien definidas a las que hay que atender y sobre las que hay que construir conjuntamente.

 

¿Cómo está su relación con el partido surgido de las FARC, el "partido de la rosa"? ¿Y qué piensan sobre las reacciones y declaraciones de los integrantes de la dirección de dicho partido sobre su decisión? Hubo declaraciones en las que se señalaba que ustedes no tendrían una motivación política, sino razones individuales y económicas.

 

RESPUESTA: No queremos hacer valoraciones tempranas sobre declaraciones apresuradas y sin fundamento de algunos integrantes del Partido de la Rosa. Pensamos que el tiempo y los hechos deben dar elementos de reflexión a quienes observan el desenvolvimiento de los acontecimientos. Claramente se ve que existen diferencias, viejas diferencias que se habían podido saldar internamente, pero que desafortunadamente para ambos sectores comienzan a salir a la luz pública bastante desfiguradas. Hasta el momento hemos tomado la decisión de no hacer caso a descalificaciones o acusaciones temerarias que quieren quitar mérito al rumbo que hemos decidido tomar, sin cuestionar a quienes por una u otra motivación siguen en la legalidad. En el Partido de la Rosa hay un importante caudal de cuadros y militantes que tiene enorme valor como personas y como dirigentes, y en eso es en lo que más nos detenemos. Sabemos que con ellos debe contar cualquier sector político que desee lograr los cambio que requiere Colombia para alcanzar la verdadera paz con justicia social.

 

 

Hace pocos días nos llegaron las tesis preparatorias del Segundo Congreso o Asamblea Nacional de los Comunes. Lo cierto es que hay planteamientos en materia social con los que nos identificamos porque también fuimos constructores de los mismos. Es más, están incluidos en nuestros documentos más recientes. Pero hay también mucha argumentación que desinforman sobre el trasfondo de nuestra ruptura. Si esos argumentos salen a la luz pública tendríamos el deber moral y político de referirnos a ellos. Pero lo que queremos más que todo es trabajar por la unidad de todo el movimiento revolucionario; por ello, más allá de cualquier diferencia, luego de nuestra reunión Extraordinaria de Comandantes en el saludo que dirigimos a las organizaciones sociales y movimientos políticos, lo que les dijimos textualmente fue que saludábamos al Partido de la Rosa expresándole a su militancia firme -como dijera el Comandante Marulanda- que si somos revolucionarios tarde o temprano nos tendremos que encontrar en el camino. Y de verdad que ese es nuestro deseo.

 

Frente a los ataques del imperialismo gringo y sus lacayos en la región a la Venezuela Bolivariana, y especialmente en caso de una agresión armada en contra de este país, ¿qué papel jugarían las FARC-EP?

 

RESPUESTA: La solidaridad es un principio en el corazón de todo revolucionario y tal sentimiento con los pueblos en lucha contra el imperialismo es una constante entre nosotros. Especialmente la solidaridad con Cuba y Venezuela. Quizás eso es muy poco o casi nada en relación con las enormes necesidades que tiene estos pueblos hermanos en su lucha contra el imperialismo. Pero ahí está con franqueza nuestra solidaridad y así sea de manera simbólica, puesto que de resto creemos que la República Bolivariana de Venezuela, la Venezuela heroica de Bolívar y de Chávez, como Cuba, la Cuba heroica de Martí y de Fidel, tienen fortaleza espiritual y material para hacer resistencia a cualquier agresión sin tener que depender de nadie.

 

En el marco de la 74° Asamblea General de la ONU el presidente colombiano Iván Duque presentó el 25 de septiembre unas supuestas pruebas de la presencia del ELN en Venezuela. Las fotos contenidas en el informe resultaron ser un falsas, ya que ni la fecha, ni el lugar en las que fueron tomadas coincidían con lo indicado por Duque en su informe. Esto produjo el retiro de su cargo de jefe de inteligencia y contrainteligencia militar conjunta de Colombia al general Oswaldo Peña Bermeo. ¿Cuál es su lectura sobre estos hechos?

 

RESPUESTA: Desafortunadamente, siguiendo su papel de Caín del continente, el Estado colombiano mantiene una posición de conspiración permanente contra Venezuela, haciéndole el juego intervencionista de siempre a Washington.

 

 

No vamos a referirnos al asunto de las fotografías y la manera en que el General Peña Bermeo fue usado como chivo expiatorio, porque es tema que fue bastante trillado por los medios de comunicación, muy a pesar del sesgo de las transnacionales mediáticas que también hacen el juego al imperio. Lo que quisiéramos sería dejar una opinión sobre aspectos más generales, aclarando que es algo complicado, difícil, saber hasta dónde van los compromisos íntimos y oscuros del conciliábulo de Estados Unidos con gobiernos lacayos de la región, entre los que como primero se cuenta el de Colombia. Pero habiendo como lo hay, un viejo libreto histórico de sometimiento, aparte de la subordinación de las políticas internas del terrible monstruo del norte, es de inferir que con el gobierno pusilánime de Duque se han reforzado las orientaciones sobre el papel de desestabilización que Colombia debe juega contra el país hermano, usando la escenografía del llamado “Grupo de Lima”.

 

 

Tenemos que el canciller colombiano despliega desde el momento de su posesión, como tarea principalísima, una campaña enfermiza anti-Venezuela, disfrazada de diplomacia. El propósito frontal es derrocar al presidente Nicolás Maduro. Pero esta no es una tarea en solitario, pues aparte del Grupo de Lima está todo el tinglado fétido de la Organización de Estados Americanos (OEA) en cabeza de su Secretario General Luis Almagro. Pero este es uno de los tantos capítulos de una larga trayectoria que toma a Colombia como punta de lanza para someter a todo el continente. Esto va desde los inicios de la revolución bolivariana, cuando los gringos sintieron que perdían parte de su “patio trasero” por causa de la ola emancipadora que levantó el ejemplo de rebeldía antiimperialista del pueblo venezolano junto al comandante Hugo Rafael Chávez Frías, lo cual perdura en la herencia que retoma Nicolás Maduro Moros.

 

 

El Gobierno colombiano, en conclusión, es una pieza del tablero político intervencionista que juega el Pentágono para aplastar la Revolución Bolivariana y que el Comando Sur ha plasmado, más recientemente, en el manual “Venezuela Freedom 2 Operation”, que de manera específica establece el objetivo de derrocar al Presidente Nicolás Maduro mediante una operación militar que patrocinaría el TIAR y la Conferencia de Ejércitos Americanos con el respaldo de la OEA.

 

 

En el libreto intervencionista y golpista escrito por la Casa Blanca y operado por el Comando Sur mediante la OEA, el Grupo de Lima y el conjunto de la derecha internacional, todos están confabulados para, mediáticamente, calificar de dictador al Presidente Maduro y después del 10 de enero, fecha de su posesión para un nuevo mandato legitimo por venir del voto popular, desconocerlo y tildarlo de usurpador, arreciando el bloqueo económico y político. En ello, la acción militar hace parte de un menú demencial que está ayudando a preparar de forma irresponsable y servir de plataforma, el Presidente Duque. No dudo que este Gobierno mediocre e insulso aparte de estar acabando con los girones que quedan del Acuerdo de Paz de La Habana, está empujando al país a una guerra que de darse tendría desastrosas consecuencias de todo orden. No bastaría una década para recuperar los daños de una confrontación que en la práctica no duraría más de dos o tres días. Sería una locura, pero así es la condición humana despreciable de estos lacayos de Washington.

 

 

En las últimas semanas y meses se han dado grandes movilizaciones de las y los estudiantes universitarios colombianos por el derecho a la educación, en contra de la corrupción en las casas de estudio y en rechazo a la represión del ESMAD. ¿Qué significan para la Colombia actual y para su movimiento popular estas grandes y combativos  marchas de los estudiantes?

 

 

RESPUESTA: Las movilizaciones del estudiantado no son de ahora, como no la son las de los indígenas y otros sectores sociales, que en su mayoría sufren el ocultamiento de la gran prensa. Salen a flote cuando la rebeldía y la justa rabia se desbordan frente a tanta desatención y respuestas de choque. Esta es una situación que hace parte de un conjunto de acciones de protesta y de propuesta que el movimiento popular viene haciendo a lo largo y ancho del continente. América Latina está en efervescencia, en reacción contra las políticas neoliberales que han seguido sumiendo a las mayorías en el endeudamiento, la zozobra, la miseria. Decíamos antes, que hay una especie de implosión producida por el neoliberalismo y que se enmarca en lo que hoy por hoy es la crisis mundial del capitalismo, la crisis estructural del mismo. Los pueblos buscan alternativas y muchos gobiernos proclives a los intereses de las trasnacionales, lo que hacen es seguir los recetarios nefastos del FMI, entonces ahí tenemos las consecuencias. No es casualidad que se den levantamientos como los recientes de Perú, Ecuador y Chile, sin descontar la creciente inconformidad y protestas en Argentina y Brasil. El trasfondo de los problemas está en el neoliberalismo y de eso no escapa Colombia. Aquí el rechazo a la corrupción y a la impunidad es uno de los factores, como otro lo es el rechazo a la fuerza represiva criminal del ESMAD; pero hay otros elementos que se suelen ocultar como las voces por el derecho a la vida, las voces que claman no más asesinatos de líderes sociales y excombatientes que es pan de cada día. O lo que tú indicas en lo que respecta al derecho a la educación.

 

 

La paciencia de una juventud hastiada de pedir a las buenas por la solución de sus problemas acumulados durante décadas, sin que haya eco gubernamental favorable, se colma. El abandono de la educación pública es una vergüenza en Colombia; la indolencia gubernamental frente a este renglón de los derechos ciudadanos es tan grande como la que existe frente a todas las necesidades básicas de salud, vivienda, empleo, etc. Entonces, lo que se ve es apenas una muestra de lo que por lógica irá en crecimiento; sin duda las protestas irán en escalamiento porque las políticas sociales son un asco en estos tiempos del Aprendiz del Embrujo, Iván Duque, “que finge la paz, reinventa la guerra y privatiza lo público”, sin pudor, contando con el beneplácito de la jauría mediática empeñada en agudizar la criminalización de aquellos que se atreven, desarmados, a enfrentar tanta vagabundería con sus libros y sus ideas.

 

 

 

Fuente: www.jungewelt.de/artikel/365939.kolumbien-wie-lange-hätten-wir-noch-warten-sollen.html

 

 

 

 

 

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Entrevista a Jesús Santrich en prisión - Tercera Parte

 

SOBRE LA INDEPENDENCIA DE COLOMBIA Y EL “APOYO CRUCIAL DE LOS ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA”.

 

Ver segunda parte aquí: https://abpnoticias.org/index.php/revolucion-debate/entrevistas/5183-entrevista-santrich-carcel-2 

 

Enero 11 y 14 de 2019.

 

  1. EA: Esta claro tu punto devista sobre el papelde EEUU en el proceso de independencia, pero quisiera que me expliques si al menos después de haber reconocido en 1822 a Colombia como Republica, contribuyó a la consolidación de la misma, y cual fue también el desempeño político respecto a los demás países de Hispanoamérica.

 

 

  • Jesús Santrich: Desde los tiempos de Bolívar, lo que estaba claro era que Estados Unidos comenzaba a abrir un juego expansionista hacia Hispanoamérica; y el Libertador identificó y advirtió como el que más, su nociva proyección de manera temprana. Y desafortunadamente tuvo razón, pues la política intervencionista yanqui la hemos padecido desde entonces y sigue su curso con todo furor, a lo largo y ancho del continente, año tras año, década tras década, consolidando su preminencia en cada rincón de América Latina y el Caribe que convirtieron en patio trasero destinado al saqueo de recursos naturales y en plataforma para su injerencia planetaria.

 

 

Recordemos que, desde finales del Siglo XlX, los Estados Unidos ya asumían las aguas del Caribe como SU MARE NOSTRUM y alentaban maniobras como la que le permitió en la alborada del siglo XX anexionar a Texas, incluyendo el filibusterismo que impulso en función de imponer dominio territorial en Centroamérica.

 

 

Con el cercenamiento del istmo de Panamá también lesionaron la Unidad territorial de Colombia, sin que de ello se libre de responsabilidad la dirigencia política negligente y arrodillada de nuestro país, que coadyuvó sin duda a poner en manos del imperio su posición geoestratégica en la que se junta la cuenca del Caribe, el paso interoceánico más corto y la entrada a Sudamérica con sus riquezas ingentes.

 

 

Pronto los Estados Unidos se hicieron, al control generalizado de recursos y mercados, contando con gobiernos y fuerzas militares sumisas, valiéndose de su propio poder bélico, sus cañoneras y una constante ofensiva cultural adelantada a través de enormes contingentes mediáticos.

 

 

En su obra “Imperialismo y militarismo en América Latina”, (1969), Manuel Agustín Aguirre, publicado por Editorial Latina, en Madrid, explica que los ejércitos nacionales se convirtieron en brazos de los poderes financieros y políticos estadounidenses en Sur América, apuntando que “las fuerzas armadas fueron convertidas en ejército de ocupación de sus propios pueblos”.

 

 

Tal circunstancia, la afianza EEUU sistemáticamente sobre todo durante la “Guerra Fría” logrando mediante sus “misiones militares” tomar la mentalidad de los aparatos bélicos de represión a los que pusieron a actuar en contra de los intereses de sus propias naciones y en beneficio del dominio planetario del imperio norteño, el cual dentro de una visión de control y seguridad continental despliega además sus doctrinas de guerra contrainsurgente y de guerra “preventiva” para aplastar cualquier descontento social o rebeldía en el marco de “su espacio vital”, y su reacción frente al “peligro” del “comunismo Internacional”, como claramente lo deja sentado, o más bien reafirmado como política de Estado en el medio siglo veinte en la Conferencia Panamericana en Chapultepec (1945) y en la I Conferencia de Ejecitos Americanos en Fuerte Amador (Panamá), por ejemplo. Dentro de este contexto se instala la Escuela de las Américas en Panamá, y con ella un oscuro historial de formación de la oficialidad castrense que dirigió durante décadas acciones de guerra sucia contra el movimiento popular en Nuestra América. Las fuerzas armadas locales ya desnacionalizadas sirvieron de instrumento para expandir el poder corporativo y empresarial yanqui que ya tenía tentáculos globales. Recordemos, por ejemplo, su injerencismo en el sudeste asiático con grupos paramilitares con “licencia” para matar y para violar los derechos humanos; recordemos el tenebroso programa Phoenix y su accionar terrorista en Vietnam e Indonesia.

 

 

  • EA: Saliéndonos un poco del escenario de nuestro continente, ya que mencionas la injerencia en el sudeste asiático, brevemente, ¿Qué es lo que ocurrió en Vietnam, y para esa misma época que están haciendo los Estados Unidos en Latinoamérica?

 

 

  • Jesús Santrich:Lo que ocurre es la terrible Guerra de Vietnam.

 

 

Estados Unidos apoyaban y conducían el impopular gobierno de Vietnam del Sur, y las administraciones sucesivas desde Trumman a Kennedy, enviaron a millares de “Consejeros Militares” para sostener el régimen contra el creciente descontento de masas y la resistencia guerrillera que había insurgido en el norte y que a inicios de los 60 ya había fundado el Frente de Liberación Nacional. A mitad del decenio los gringos estaban de lleno interviniendo militarmente, con propias tropas en la Guerra del Vietnam. Su justificación era la “defensa del mundo libre” contra el comunismo. El resultado, la masacre criminal de un pueblo en lucha, por parte de un imperio insaciable. En medio del escenario dantesco, la bandera de la dignidad en alto, a pesar del luto vietnamita. Hacia 1964, según la historiadora argentina Alicia Rojo, habían muerto 147 soldados norteamericanos y 1.000 habían sido heridos. Hacía 1968 habían muerto 14.500 y habían sido heridos casi 93.000; ya estaba desplegado medio millón de soldados yanquis en tierra vietnamita y el gasto militar era del 56% del presupuesto federal (75.000 millones de dólares). Los bombardeos a discreción en las declaradas por EEUU como “zonas de fuego libre”, arrasaban con población civil, mujeres, ancianos y niños.

 

 

A principios del año lunar Vietnamita de 1968 inició el FLN la legendaria ofensiva del Tet que, aunque finalmente fue rechazada por las fuerzas imperialistas, fue el punto de quiebre de la moral de las tropas invasoras y motivo de rechazo mayoritario de la misma población norteamericana a la presencia de sus militares en el país asiático. EEUU lanzó 7 millones de toneladas de bombas sobre Vietnam, Laos y Camboya, que es el doble de lo lanzado sobre Europa y Asia en la Segunda Guerra Mundial. Se cree que murieron 3 millones de vietnamitas entre civiles y militares.

 

 

A principios de los 70 se iniciaron las negociaciones para el retiro de las tropas yanquis, y en 1975 Vietnam del Sur capituló ante Vietnam del Norte. El mundo entero dio por entendido que Estados Unidos había sido derrotado por el pueblo Vietnamita.

 

 

  • EA: Quiero una precisión. Te entiendo que la Ofensiva del Tet fue rechazada, pero al mismo tiempo dices que fue el punto de quiebre de la moral de las tropas invasoras. ¿Eso no es contradictorio?

 

 

  • Jesús Santrich: De ninguna manera. Lo que ocurre es que el poder militar de la fuerza yanqui era superior a la del FLN, y eso lo tenía claro la resistencia vietnamita. Pero el poder fundamental de esta resistencia era su fuerza moral fundada en el apoyo mayoritario del pueblo. Entonces, si bien la Ofensiva del Tet tiene un componente militar sustancial, su poder está en el apoyo popular, en su fortaleza moral y la de la justeza de sus razones. Lo cual venía siendo observado por el mundo entero y ascendiendo en simpatías, al tiempo que se incrementaba el rechazo a la invasión incluso, como ya dije, en el seno de la propia sociedad estadounidense. De tal manera que la Ofensiva del Tet con sus oleadas de enero, febrero, mayo, agosto… del 68, mostro a la opinión mundial la imbatibilidad de la resistencia vietnamita al tiempo que hacia esa misma opinión se mostraban las imágenes de los horrores que las tropas yanquis generaban en las aldeas del país asiático. El movimiento anti guerra que se venía gestando, sobre todo entre la juventud y el estudiantado universitario se agigantó en solidaridad con el pueblo vietnamita. En consecuencia, la Ofensiva del Tet se eleva a la dimensión de hito de la resistencia anti – imperialista, en ejemplo de que ese imperio es derrotable y termina no solo quebrantando la moral de los invasores sino estimulando las luchas de liberación en Asia, África y América Latina y el Caribe. Eso, en términos generales, en un mundo convulsionado por efecto de este y otros ejemplos de resistencia, de luchas emancipadoras y anticolonialistas; tiempos de búsqueda de caminos hacía lo que, en el caso de Nuestra América, que era el nombre que desde el siglo anterior ya le daba Martí a nuestro subcontinente para diferenciarlo del norte, debía ser la “Segunda y definitiva independencia”.

 

 

  • EA: Entonces volvamos a Nuestra América respondiendo la segunda parte de la pregunta; lo referente a ¿qué hacían los EEUU mientras se daban los sucesos de Vietnam?

 

 

  • Jesús Santrich: A propósito de José Martí y de la categoría de América Nuestra, podría decir que la convulsión que mencioné antes, es la mezcla de los efectos de la Guerra Fría, del intervencionismo yanqui del que hablé en la primera respuesta y de la resistencia al mismo por parte de los pueblos de esa América diferenciada de la anglosajona. Respecto a esta, es que precisamente Martí define la “Segunda Independencia”, inspirado también en Bolívar, a quien consideraba su Padre Espiritual. Y fíjate en qué circunstancia entramos, porque Martí está viviendo y protagonizando la lucha contra el colonialismo de España, retomando la herencia de Carlos Manuel de Céspedes, de Ignacio Agramonte, el Grito de Yara de 1968, la Guerra de los Diez Años, el ímpetu de Máximo Gómez, de Maceo… y al mismo tiempo, incluso en la víspera de su caída en combate en Dos Ríos (1895), está advirtiendo sobre el peligro imperial de Estados Unidos, aguijoneando sobre el deber “de impedir a tiempo con la independencia de Cuba, que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestra tierra de América”.

 

El Apóstol entregó su vida por esa causa, y no fue en vano, porque, aunque desde 1898 Estados Unidos logró incrustar sus garras intervencionistas que truncaron la plena independencia de La Mayor de las Antillas, coadyuvado esto en mucho por gobernantes a los que lograron colocar en actitud servil por algo más de medio siglo, el movimiento revolucionario de finales de los cincuenta retoma estos ideales haciéndolos ascender a la cumbre de la victoria. De hecho, en el juicio que el régimen anterior a la revolución hizo a Fidel Castro con ocasión del heroico asalto al Cuartel Moncada de 1953, el joven dirigente de la vanguardia que retomo el nombre de la generación del Centenario Martiano, indicó que era El Héroe de Dos Ríos, Martí, el autor intelectual de la osada acción insurgente. Y he ahí que se considera que aquella pieza política y literaria que recoge la defensa de Fidel ante sus juzgadores, titulada “La Historia Me Absolverá”, es el documento programático de un proceso de transformaciones políticas y sociales que ya cumple 60 años.

 

 

Esta revolución, sin duda, en plena Guerra Fría, estremeció al continente latino-caribeño; un espacio en el que, desde principios de siglo, los golpes de Estado orquestados por el imperio y las oligarquías criollas contra todo proceso de democratización eran una constante. No es admisible, entonces, que se pretenda hacernos creer que en algún momento EEUU pudo haber incidido de algún modo en el logro o en la consolidación de nuestra independencia.

 

 

  1. E A: Algunos estudiosos de la política estadounidense, como Howard Zinn en su obra “La otra historia de los Estados Unidos”, por ejemplo, observan que en el marco de la Segunda Guerra Mundial, sobre todo al final de la misma, ya existía en el seno de los EEUU, un “Estado paralelo” al formal y al del común de la gente, que era el del poder corporativo y de dominio empresarial ya actuando en función de la histeria anticomunista; tal como se denota en las acciones contra Cuba. ¿Qué otros hechos tenemos, que sean trascendentales representativos de esta situación?

 

 

  • Jesús Santrich: Aunque los dobles discursos y la doble moral también hacen parte de la historia en cabeza del imperio y de las oligarquías criollas, al respecto, sobre aquellos años 60, por ejemplo, recordemos que dos años después del triunfo de la Revolución Cubana, a mediados de enero de 196, Eisenhower pronunció un discurso en el que denunció la existencia de un poder tenebroso incubado al interior del gobierno de los Estados Unidos. Se refería a la influencia de la “gigantesca maquinaria industrial y militar”. Decía el presidente yanqui: “Los responsables del Gobierno tenemos que estar atentos a la adquisición de una influencia ilegitima, sea o no proyectada por el complejo militar industrial. El riesgo de poder desarrollar o utilizar un poder usurpador existe y persistirá…”

 

 

Pero este mismo personaje que advertía sobre ese peligroso poder secreto, ordenaba a la CIA contra “los barbudos” de la isla, una operación encubierta para derrocar su gobierno. Esta “genial” idea la concreto Kennedy entrenando en Miami y Centro América a militares batistianos. En la Brigada 2506 se diseñaron los planes de invasión. Kennedy llega a la Casa Blanca en enero de 1961 y un poco después de dos meses ordena el ataque con aviones bombarderos sobre aeropuertos militares cubanos. Cuba denunció el ataque el 16 de abril, y la invasión sobre Playa Girón y Playa Larga con mercenarios auspiciados por el imperio fue al día siguiente con 1300 efectivos. Pero las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba y sus milicias aplastaron a los invasores, desarticularon sus planes y tomaron 1100 prisioneros de guerra.

 

 

Lo cierto es que el expansionismo yanqui y la guerra fría se profundizaron, vino la crisis de los misiles, Kennedy inauguró el bloqueo a La Mayor de las Antillas, se abrió paso la tristemente célebre Doctrina de la Seguridad Nacional y la teoría del “enemigo interno” que colocó un manto de sospechas y de acciones contrainsurgentes al conjunto del movimiento social por considerarlo potencial enemigo subversivo.

 

 

En el 62 la CIA intentó y realizó golpes de Estado contra los gobiernos de Ecuador, Salvador, Perú; en 1963 en Honduras; en 1964 en Brasil; en 1965 Estados Unidos invadió República Dominicana para evitar que el presidente Juan Boch que había sido derrocado con un golpe Militar, retornara al gobierno; en 1966 el general Onganía protagoniza un golpe militar en Argentina; en el mismo año envían los yanquis sus boinas verdes a aniquilar la guerrilla guatemalteca; en 1967 la CIA conduce las operaciones contrainsurgentes que dieron con la captura y asesinato del Che en Bolivia; también con participación de boinas verdes. El Che es asesinado el 8 de Octubre en la Higuera, pero su imagen se elevó como ejemplo de rebeldía y resistencia insurgente que recorrió el mundo inspirando aún más la lucha por la emancipación anticolonial y antiimperialista, convirtiéndose incluso en símbolo de jornadas memorables como el Mayo 68 Francés o las del movimiento estudiantil mexicano de la misma época.

 

 

En los años 50 y 60 irrumpen las resistencias populares armadas en muchos puntos de la América Nuestra, por ejemplo, las FARC y el ELN en Colombia. Pero no se trata aquí de hacer el relato histórico de todo lo ocurrido sino de aproximar unas respuestas sobre el verdadero papel de EEUU en la obstrucción a la marcha libre del continente. Lo que hay es una historia de intervencionismo, opresión y depredación.

 

 

  • E A: Compleméntame esta afirmación dando un salto al momento actual del gobierno del Presidente Trump.

 

 

  • Jesús Santrich:Bien, pero se trata en materia de intervencionismo, más allá de si un gobierno es “Demócrata” o “Republicano”, de una política constante, de Estado, que tiene pilares comunes en todos los tiempos. Te doy algunas claves:

 

El componente militarista es fundamental al lado de los mercados y los negocios. Con claridad lo decía en 1999 Madeleine Albrigth, Secretaria de Estado de Estados Unidos: “Para que la mundialización funcione Estados Unidos no debe tener miedo de actuar como la superpotencia invencible que es en realidad. La mano invisible del mercado no funcionará sin un puño invencible. McDonald´s no puede expandirse sin Mc Douglas, el fabricante de los aviones F-15. El puño invisible que garantiza la seguridad mundial de las tecnologías del Silicón Valley, se llama ejercito de los Estados Unidos”. En otras palabras, para el imperio, su razón de ser son los negocios y estos van indefectiblemente de la mano de la fuerza.

 

 

Otro factor de enorme peso al lado del complejo militar es el accionar de las Corporaciones mediáticas, apuntando al control de las mentes con la desinformación de la llamado opinión pública. En este campo se inscribe la guerra psicológica que no es otra cosa que la planeación de la propaganda y las acciones psicológicas para la manipulación de las emociones, las opiniones y el comportamiento de las masas, a la manera más infame de la propaganda oculta Goebbelsiana.

 

 

El uso de estos instrumentos se ha depurado y agigantado, acentuando la concepción de “enemigo interno” y la guerra de baja intensidad. Todo lo cual, para el caso de nuestro país aun habiéndose surtido un proceso de paz sigue fortaleciendo la noción de “guerra política”, la misma que instaló en el Reglamento Interno de Combate de contra guerrillas, y que dice que las fuerzas subversivas están compuestas por la “población insurgente y el grupo armado”, colocando al movimiento sindical, campesino, indígena, estudiantil y social en general, en condición de contendiente militar, en objetivo de la guerra sucia o en términos del generalato fascista, en “el lobo al que hay que esquilar”.

 

 

Esta concepción se mantiene y ejecuta rompiendo con la noción de no repetición en el que se había comprometido el Estado en los Acuerdos de la Habana. Pero bueno, eso hace parte de la perfidia en la que hoy naufraga dicho pacto. Pero de esto ya hablamos en la primera entrevista, así que voy a lo de Trump: el hombre rudo, patán, del América First in Action; un programa que desde el mismo instante en que en 2017 este señor asumió el gobierno, expresa sin lugar a duda el propósito del crecimiento económico con base en el uso abierto o encubierto del ingente aparato militar del imperio. Con sus particularidades, es el mismo esquema del que te hablé al iniciar la respuesta. Pero ahora se denota un enfrentamiento, no sabría si más agresivo o si lo que está es más desnudo con la China y con Rusia, en el plano comercial y arancelario; para escalar una “Estrategia de Seguridad Nacional” que prioriza la economía estadounidense a cualquier costo, incluyendo el daño al medio ambiente o a los intereses de los países de la periferia, lo cual comprende la renegociación o el desconocimiento de tratados comerciales. En la era Trump se subraya expresamente que “seguridad económica” es “seguridad nacional”. El llamado espacio vital del fascismo se traduce en la categoría de “Intereses Nacionales Vitales” (INV), intereses unipolares, hegemónicos que terminan en que el horizonte valido es el de la omnipresencia de los Estados Unidos, la imperancia de su influjo, su liderazgo superior como único escenario de “mejor estar”, que no es otro que el del reino de las corporaciones desbocadas en sus apetitos; esos mismos que generaron y mantienen el saqueo de nuestros recursos y las mismas causas de la desigualdad y la miseria que detonaron el conflicto político, social y armado que nos sigue desangrando, y respecto al cual el imperio jamás ha reconocido responsabilidad ni ha tenido gestos de reparación y resarcimiento material o moral. Ni los tendrá, porque la rapacidad imperial hace parte de una política de Estado que sobrepasará la era Trump contando con la aquiescencia del Bloque de Poder Dominante que va más allá del papel sumiso que juega Iván Duque y que sin duda, en la medida en que se remarca la evidencia de expansión del saqueo y la traición de los intereses del común, avivará la resistencia y la confrontación que algunos consideraban superada. Por lo demás, valga decir que nunca el Estado tuvo intención diferente a buscar mediante el diálogo como ardid, no la paz, sino el desarme de la resistencia. Por eso jamás mermó su poderío militar, que no es otra cosa que parte del aparataje bélico del imperio desplegado en nuestro territorio.

 

 

  1. EA: Cerramos estas conversaciones agregando reflexiones tuyas sobre paramilitarismo y las bases militares yanquis en Colombia, escritas en 2009 y que guardan plena vigencia casi 10 años después.

 

 

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Entrevista a Jesús Santrich en Prisión

 

 
ENTREVISTA A JESÚS SANTRICH EN PRISIÓN
Realizada en enero de 2019.

 

 

PRIMERA PARTE:

 

Enero, 10 de 2019

 

 

SOBRE LA INDEPENDENCIA DE COLOMBIA Y EL “APOYO CRUCIAL DE LOS ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA”.

 

 

“Hace 200 años, el apoyo de los padres fundadores de Estados Unidos a nuestra independencia fue crucial” Iván Duque, Presidente de Colombia. 2 de Enero de 2019, trino que publicó en el marco del encuentro que sostuvo secretario de Estado de Estados Unidos, Mike Pompeo, en Cartagena.

 

 

“Los Estados Unidos parecen destinados por la providencia para plagar la América de miseria a nombre de la libertad”. Simón Bolívar en carta dirigida desde Guayaquil, en agosto de 1829 a Patricio Campbell.

 

 

El presente documento se construye sobre la base de una entrevista realizada por correspondencia entre el día 29 de diciembre de 2018 y el 11 de enero de 2019, con dos eventos presenciales los días miércoles 9 y viernes 11 de enero de 2019 en la Cárcel La Picota.

 

 

En principio nos centraríamos solamente en hablar del porqué de la sumisión del Estado colombiano al poder imperial de EEUU; un comportamiento en el que se inscribe el asunto de la extradición de nacionales colombianos mediante abyectos procedimientos que violentan principios universales del derecho y el ordenamiento constitucional de Colombia. Pero finalmente y retomando denuncias sobre el intervencionismo de vieja data practicado por la nación del norte, terminarán dialogando sobre el colonialismo yanqui, la distorsión de la historia de nuestra independencia, las hostilidades contra la hermana República Bolivariana de Venezuela y recordando la presencia de bases militares extranjeras en nuestro territorio, de tal manera que releímos e incluimos textos de la última década que guardan total vigencia referidos a la herencia trágica que para el continente ha tenido la Doctrina Monroe y el ánimo expansionista gringo que tal como ocurre con la Batalla de Boyacá, también tiene edad bicentenaria.

 

 

Diciembre, 29 de 2018

 

 

  1. A: El cierre del año ha sido algo agitado, caracterizado por escándalos de corrupción, por la permanencia de la guerra sucia contra el movimiento social, el incumplimiento de los Acuerdos de La Habana y hechos de conflictividad social y política que no se corresponden con lo que se supone debía ser una época de post conflicto, y mucho menos de paz estable y duradera. El caso mismo de la privación de libertad tuya y el incumplimiento del compromiso de amnistía respecto a más de 200 ex combatientes farianos muestra que está lejana la reconciliación ¿Cuál es tu balance de estos hechos?

 

Enero, 01 de 2019

 

 

SANTRICH: Tus preguntas me llegaron el 29 de diciembre, y comienzo respondiéndote el día 1° de enero de 2019. Aquí en la cárcel se supone que el sábado 29 y el domingo 30 había visita familiar y se “festejaba” el fin de año. De tal manera que el lunes 31 y hoy primero que son festivos (lunes y martes) no había entrada ni siquiera de abogados. El fin de semana transcurrió tranquilo, pero tal como la convulsa Colombia, el 31 de diciembre, desde las 07:00 am inicio el día con gases lacrimógenos y amotinamiento. La trifulca confluyó, afortunadamente sin mayores consecuencias, a las 14:00.

 

 

Hago esta anotación para precisarte que a mí me sacaron de la celda de aislamiento en la que permanezco hacia el tercer piso porque los gases invadieron todo. Pero en ningún momento estuve en peligro ni lesionado como se difundió. Pero como estamos en Colombia, cualquier cosa puede ocurrir.

 

 

Después de las 14:30, ya en la celda alcanzaba a escuchar la música que sonaba en los patios. A los presos finalmente no los encerraron. Yo también me puse a escuchar música hasta las 02:00 de hoy. Me acosté a dormir hasta las 06:15, hice mi rutina cotidiana de ejercicios, aseo, etc. Y me senté a responderte, sin dejar de escuchar música de año nuevo a todo timbal. Ayer, ya en la noche, en uno de los permisos que me dieron para llamar, envíe a través de los abogados un mensaje para familia y amistades que decía:

 

 

Ahora siento que llueve

 

Amor desde el alto cielo

 

Y que levanta su vuelo

 

Este dos mil diecinueve

 

Con fortaleza que mueve

 

La esperanza en el mañana

 

Y seguro nos hermana

 

La preciosa melodía

 

Que le canta a la utopía

 

De la paz bolivariana…, etc., etc.

 

 

Con optimismo y con mucho realismo, entonces mi balance es el que tú misma haces con tu pregunta; un año cerrando agitado, pues tanto que los gases de aquí son nada frente a tanto problema, guerra sucia que asesina líderes comunitarios y ex combatientes “amnistiados”, corrupción a tutiplén, perfidia y traición contra los Acuerdos de Paz de la Habana y mucho más.

 

 

Específicamente sobre este último aspecto te reitero lo que escribí mediante tu conducto al XII Foro Nacional por los Derechos Humanos, Defender la Vida, Construir la Paz, de mediados de noviembre de 2018, lo cual responde el conjunto de tus inquietudes enviadas el 29 de diciembre, la mayoría de las cuales aluden al estado de implementación de los Acuerdos después de dos años de la firma del Teatro Colon y a las perspectivas reales que existen de superar o no la violencia política. Cada afirmación es plenamente actual independientemente que el Gobierno se haya visto obligado a variar momentáneamente el raponazo fiscal que con el IVA a la canasta familiar había preparado para la gente del común y los sectores de clase media especialmente:

 

 

1° Por marcar una fecha de referencia, al menos desde la noche anterior a la fecha misma de la firma del Acuerdo Final en el teatro Colón de Bogotá (noviembre 24 de 2016), lo pactado transitó un proceloso rumbo que se desenvolvía entre la implementación y la perfidia. Uno de los primeros hechos de violación del consecutivo atropello a principios como el de buena fe y el de pacta suntservanda fue el de incluir un capítulo que, en favorecimiento de los militares, variaba y distorsionaba la estructura de la Jurisdicción Especial para la Paz pactada entre las partes. De ello existe una constancia de salvedad depositada por las FARC en manos de los garantes.

 

 

2° En este viacrucis el Acuerdo de Paz de la Habana ha sido el único acuerdo de este tipo, en el mundo, que ha sido sometido a renegociaciones forzadas todos los días por el poder del Estado o variadas de manera unilateral por sus instituciones, configurando el execrable crimen de la perfidia. Ya he señalado que consecutivamente han sidolesionados principios universales del derecho como el de buena fe y el del pacta suntservanda, lo cual de por si implica una grave lesión también a los compromisos con la Comunidad Internacional.

 

 

3° Después de más de medio siglo de confrontación política, social y armada derivada de las injusticias, la miseria, la desigualdad y las exclusiones de todo tipo impuestas por el régimen, la desconfianza para firmar un pacto de paz se superó acogiendo instrumentos que por parte de la insurgencia se creyeron suficientes para garantizar el respeto y cumplimiento del tratado, al menos por tres periodos presidenciales (Agosto de 2018 – Agosto de 2030).

 

 

  1. En el plano del Derecho Internacional, el Acuerdo Final se firmó como Acuerdo Especial del artículo 3 Común de las Convenciones De Ginebra de 1949 y se depositó ante el Consejo Federal Suizo.

 

 

  1. El Acuerdo Final fue cobijado con una Declaración Unilateral del Estado de Colombia ante la Organización de Naciones Unidas, lo cual es un compromiso de cumplimiento de orden vinculante e imperativo.

 

 

  1. El Acuerdo Final fue suscrito como documento oficial anexo a la Resolución 2261 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.

 

 

En el orden del Derecho Interno el Acuerdo Final tuvo las siguientes “salvaguardas”

 

 

  1. Refrendaciones del Congreso el 30 de noviembre de 2016.

 

 

  1. Se introdujo a la Constitución Política de Colombia por vía del Acto Legislativo No. 002 del 11 de mayo de 2017, el cual fue declarado exequible por la Corte Constitucional, asumiendo que “las instituciones y autoridades del Estado” tenían la obligación de “cumplir de buena fe lo establecido en el Acuerdo Final”. Queriendo decir esto, claramente que actuaciones de órganos y autoridades del Estado, desarrollos normativos del Acuerdo Final y su interpretación y aplicación debían “guardar coherencia e integralidad con lo acordado, preservando los contenidos, los compromisos, el espíritu y los principios del Acuerdo Final”.

 

 

No obstante, estos “seguros” que en teoría impedirían que el Acuerdo Final pudiera ser alterado por cualquier conducto, ha sido manoseado por la institucionalidad en este y en el anterior gobierno, haciendo realidad aquello dicho por Fernando Londoño en la convención del Centro Democrático de mayo de 2017, en cuanto a “volver trizas ese maldito papel que llaman acuerdo con las FARC”.

 

 

Las llamadas “mejoras” al Acuerdo no son otra cosa que alteraciones hechas vía legislativa o vía interpretación y “ajustes” gubernamental, en todos los puntos cardinales, lo cual se suma a las graves acciones, omisiones y negligencias de incumplimiento.

 

 

4° En el tránsito del Acuerdo entre la implementación y la perfidia, entre la violación a la buena fe y el pacta suntservanda, sin embargo, se ha construido a instancias del proceso, un incipiente marco jurídico que pese a las trasgresiones e incluso contradicciones que él impone a los textos originales, se forjó con el anhelo de que sirviera de base para lograr fases más profundas de transformación jurídica, política y social, que beneficiaran a las mayorías. Tal “nuevo marco jurídico derivado del Acuerdo con los trastornos ya mencionados, se resumen en lo que se conoce como “implementación normativa temprana”, textos básicos, formales cuya materialización practica en su mayor dimensión está por verse. Estas son:

 

 

  • 6 Actos legislativos.

 

 

  • 9 leyes surgidas del proceso fasttrack.

 

 

  • 36 Decretos Ley presidenciales.

 

 

  • 84 Decretos ordinarios

 

 

  • 5 Directivas presidenciales.

 

 

Otros desarrollos normativos quedaron proyectados, incluso radicados, sin pena ni gloria, en el Congreso y lanzados por ahora al cajón del olvido, como la reforma a la Ley de Víctimas, la reforma política, las circunscripciones territoriales de paz, etc.

 

 

5° A dos años de iniciada la llamada “implementación”, se puede decir con certeza que cumplidos todos los pasos que comprometió la insurgencia para completar la “DEJACIÓN” de las armas e iniciar la reincorporación y la participación en la implementación de los acuerdos, se acentuaron los incumplimientos por parte del Estado. De un carácter de débil implementación parcial y desfigurada de los acuerdos, se ha pasado a su obstrucción, desatención y anulación y distorsión generalizada; obviamente sin que las salvaguardas que habíamos reseñado sean para nada tomadas en cuenta, sin que a esta tendencia negativa se le observe reversibilidad. Más bien se agudiza en beneficio del régimen y su orden social establecido.

 

 

6° Es ya evidente que las transformaciones pactadas en el Acuerdo, nada de fondo cambiaron en el sistema de miseria, desigualdad y exclusiones imperante, y que, claramente, aquella máxima de las conversaciones de la Habana que dictaba que “nada está acordado hasta que todo esté acordado”, en realidad quedó convertida en que “nada de esto está acordado así todo esté acordado”. Aspecto de no poca monta que debe ser muy tenido en cuenta por el Ejército de Liberación Nacional si se llegaren a adelantar las conversaciones entre su Delegación en la Habana y el Gobierno Duque. El incumplimiento del Acuerdo es, sin duda, un hecho notorio y de tendencia irreversible en lo que respecta a lo que depende de las instituciones- Y se le agrega al mismo la interpretación de una guerra mediática de baja intensidad orientado a desacreditar y descalificar la historia de la resistencia insurgente, de la subversión, para colocarnos en la condición de victimarios y quitar piso a cualquier intento por superar el orden vigente.

 

 

7° El incumplimiento gubernamental al Acuerdo de Paz de la Habana, es un incumplimiento de Estado que ha llevado a una situación generalizada de inseguridad jurídica, inseguridad personal, inseguridad socioeconómica, agravada con la desfinanciación del Acuerdo en lo nodal y trascedente.

 

 

8° Paradójicamente, en la época de “implementación” de los Acuerdos, tiempo en el que se debería estar forjando la reconciliación, a lo que se asiste, además del incumplimiento, es la estigmatización de la Fuerza Alternativa del Común, y de sus integrantes, tratándolos como victimarios per se, moviendo todavía los hilos de la guerra de baja intensidad mediática contra ellos. De tal manera que asistimos a un escenario de difusión de verdad parcializada, distorsionada, a medias y falseada que NO ES VERDAD, movida para avivar la vindicta y aplicación de la justicia penal del enemigo en el marco de la desfiguración de la Jurisdicción Especial para la Paz y por ende del Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y no Repetición, del cual hace parte también la Comisión de Esclarecimiento de la Verdad, la Reconciliación y la No Repetición.

 

 

9° No se puede borrar el pasado, para no perder de vista las razones ciertas del presente y la perspectiva de la marcha de las sociedades hacia el buen vivir. Lo cual exige un sentido HISTÓRICO de la verdad, a fin de no caer en las enredaderas de una apariencia de verdad.

 

 

10° Los hechos del conflicto político, social y armado tienen causas, orígenes y factores que posibilitaron su expansión, intensidad y permanencia, como matrices y caracterización regionales y locales, etc. Que no podrían pasarse por alto si se quiere construir verdad, reconciliación y no repetición. Y si se pretende ciertamente lograr una nueva sociedad en condiciones de justicia y dignidad, lo adecuado, lo correcto era proceder con las reformas mínimas que abrieran vías a la superación de las causas del conflicto. Sin estas reformas el fin del conflicto es una falacia, y el statu quo es el peor atentado contra la paz. Esta es la circunstancia que estamos padeciendo. De tal manera que está claro que con la permanencia de los obstáculos a la reforma política que le de paso a la apertura democrática, el Estado viola el acuerdo de NO REPETICIÓN y, por ende, la RECONCILIACIÓN, en la misma dimensión de lo que es la traición a la Reforma Rural. Sinresolver estos problemas continuará la violencia, una violencia de trasfondo evidentemente político, la VIOLENCIA POLÍTICA, que ha sido la mayor degradación victimizarte de nuestra historia.

 

 

11° Una paz estable y duradera sin verdad no puede ser posible, pero la verdad sin contextos históricos no es tal. Y la reconciliación es improbable sin la no repetición. Pero la verdad que tenemos desde los momentos de inicio de la implementación temprana, es la violación del Estado a la buena fe y al pacta suntservanda; el crimen de la Perfidia que es -entre otros crímenes de lesa paz- temprana violación del deber de NO REPETICIÓN, por su reincidencia en sus acciones y omisiones generadoras de la violencia y repitiéndose como genitor de la misma.

 

 

12° La repetición consiste en la persistencia del modelo económico, en la acentuación del consenso de acumulación neoliberal en manos del mismo bloque de poder dominante que ha reprimarizado y financiarizado la economía y ha desbocado a sangre y fuego la acumulación por despojo. Nada de esto es asunto del pasado. Todo está latente como lo está la violencia como instrumento principal de su imposición estructural.

 

 

Pero a tal descripción general irrefutable por lo evidente, agréguesele el despojo también continúo al ingreso de los trabajadores mediante políticas tributarias que descaradamente se orientan al favorecimiento del gran capital.

 

 

Recordemos que, así como se ha hecho despojo a sangre y fuego de la tierra generando una criminal reconfiguración espacial del capitalismo, también se ha propiciado el despojo normativo de la tierra, como por norma tributaria se ha saqueado los bolsillos de la clase trabajadora, las llamadas capas medias y la población empobrecida. Reflejada se encuentra esta práctica tributaria en la propuesta de Ley de Financiamiento del ministro Carrasquilla, personaje para quien “el salario mínimo, en Colombia es un chiste escandalosamente alto”. Pretender gravar con el 18% del IVA casi toda la canasta familiar es muestra del carácter salvaje de su reforma.

 

 

13° Las imprecisiones sobre las enormes falencias y mal rumbo del proceso han sido advertidas por organismos que como la ONU para nada tienen sospecha de afinidad con las FARC. Recordemos que, por ejemplo, en noviembre 15 del año pasado, en el primer año de la implementación temprana Jeffrey Felman, Secretario General Adjunto para asuntos políticos, manifestó sus preocupaciones por las incertidumbres especialmente legales que generaba la implementación para los miembros de la FARC; luego, el 30 de noviembre, el Consejo de Seguridad respaldó lo dicho por Felman, y pidió la implementación y el proceso normativo en consonancia con lo acordado, al tiempo que abogó por la participación política de la FARC.

 

 

En contrario sentido, hoy la implementación normativa está paralizada y lo poco que avanza lo hace en deterioro del Acuerdo Final como ocurre respecto a la JEP en medio de circunstancias de persecución judicial pertinaz, crecimiento de la represión, eliminación de dirigentes sociales y de excombatientes en proceso de reincorporación, apartheid político contra el nuevo partido FARC, obstrucción y condicionamientos inadmisibles al ELN que imposibilitan la concreción del diálogo con esta fuerza insurgente.

 

 

14° El Instituto Krok de la Universidad de Notre Dame, designada para hacer seguimiento de la implementación del Acuerdo, pese a su enorme sesgo institucional, que le ha restado imparcialidad y credibilidad, apunta en su segundo informe (que es menos cuestionable que el primero) que sólo se ha concretado el 10%de las disposiciones del Acuerdo. Aunque no es posible tal alcance, aún si fuera acertado el cálculo, ese es un nivel que muestra el fracaso del propósito de la participación política de la apertura democrática y de aquello de “ampliar y cualificar la democracia como condición para lograr, bases sólidas para forjar la paz”.

 

 

15° Los puntos esenciales del Acuerdo Final están traicionados, y esta traición, además de abonar nuevos ciclos de violencia inimaginables, pesará enorme y negativamente en lo que pudiere ser un reinicio de conversaciones de paz entre ELN y Gobierno, con el agravante de los incalculables daños a la confianza que se desprenden de la devaluación de la palabra empeñada, y el incumplimiento de lo rubricado, e incluso la inanidad de lo que se normatiza. En fin, la perfidia aniquila no sólo la confianza, sino también la fe. Recuperar estos tesoros para cualquier proceso de reconciliación puede costar mucho tiempo y muchas vidas, mucho futuro y zozobra.

 

 

16° Hoy por hoy, queda absolutamente claro que el objetivo central del Estado a alcanzar, utilizando las mínimas promesas y compromisos del Acuerdo de la Habana, era la DEJACIÓN DE ARMAS por parte de una insurgencia embriagada por la buena fe y el somnífero de las mentiras del establecimiento, que desde siempre tramó convertirla en el chivo expiatorio de la guerra fratricida que hemos padecido por más de medio siglo.

 

 

17° La estrategia de negociación del Bloque de Poder Dominante nunca tuvo el propósito de introducir cambios de fondo al orden social vigente, ni de desarticular la estructura estatal y el sistema de “democracia excluyente”. Por el contrario, se han pervertido y derechizado todavía más con mayor rigor, logrando imponer un criterio por demás falso de ilegitimidad y de injustificación del ejercido derecho universal a la rebelión, desfigurando las causas históricas de la verdad sobre la confrontación, y reafirmando la actitud negacionista sobre la responsabilidad principalísima que tiene el Estado en la gestación y permanencia del conflicto y sus víctimas cuya causa se suele instrumentalizar, en muchos casos, en el discurso institucional, no para buscar su sincera reivindicación sino para deslegitimar la subversión.

 

 

El Estado que es el victimario por antonomasia instrumentaliza el dolor de las víctimas y la victimización que se deriva del conflicto en general para descalificar hasta la subversión como acción política sin armas y el cuestionamiento al orden establecido burgués, o a la búsqueda de un escenario post capitalista de buen vivir, pretendiendo condenarnos a la resignación y a la desesperanza.

 

 

Frente a tales retos nuestro deber y compromiso no tiene otra alternativa que radicalizar la subversión, la resistencia desde abajo, en todos los espacios sociales y políticos, en procura de sustituir el orden social vigente, en unidad con quienes tengan el mismo derrotero estratégico.

 

 

Enero, 04 de 2019

 

 

1° Con el inicio del 2019 los medios se plantean retos para el gobierno de todo tipo, entre los que se cuentan los compromisos de implementación de los Acuerdos, de lo cual parece estar muy pendiente la ONU. También incluyen la salida que Duque debería dar a un posible choque de trenes entre la Fiscalía General de la Nación y la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) al momento de tomarse una determinación sobre la solicitud de extradición contra Jesús Santrich. Aunque ya en la entrevista anterior hiciste tu balance sobre la implementación de los Acuerdos como un proceso fallido, quisiera que te refieras al tema considerando, también el asunto de la extradición.

 

 

¿Qué esperas de la JEP y qué de la Fiscalía General de la Nación?

 

 

¿Qué perspectivas ves de lograr tu libertad y qué ocurriría en caso de que la JEP no dé una solución favorable a ti?

 

 

2° Qué interpretación le das a la visita de Mike Pompeo a nuestro país tomando en cuenta la confrontación diplomática que el Gobierno de Iván Duque, en sintonía con Washington, encabeza contra la República Bolivariana de Venezuela.

 

 

3° Ayer, precisamente haciendo venias todavía al gobierno yanqui, el Presidente Duque manifestó vía twitter que “Hace 200 años, el apoyo de los Padres Fundadores de Estados Unidos a nuestra independencia fue crucial”. Esta afirmación, sin duda, es más que un cumplido de amigos o socios, pues entraña una visión de la historia y una posición política que avala el papel que la nación del norte pretende jugar como amo y señor del continente.

 

 

¿Tiene o no tiene razón el Presidente Duque en su afirmación?

 

 

¿Qué alcances y pretensiones tiene tal punto de vista en este año del bicentenario de la Batalla de Boyacá, la cual según sentimiento nacional concretó el 7 de agosto de 1819, la independencia de la Nueva Granada?

(…)

 

 

Domingo, 06 de 2019.

 

 

JESÚS SANTRICH. Tu segundo cuestionario me lo arrimaron el viernes. Te respondo hoy porque el viernes me dediqué a responder la correspondencia que los abogados me leyeron el jueves, “antes que se me olvide, como dijo el insigne Alí Rodríguez Araque en sus memorias. Por otro lado, el fin de semana me dediqué a atender la visita que bien sabes que es algo que siempre espero con ansiedad. Aproveché también para que me leyeran los materiales que me enviaste para que recordara lo que hace algún tiempo escribí sobre las bases militares yanquis en Colombia. Al respecto hice mis nuevos apuntes que a la luz de tus preguntas espero los escuchemos y corrijamos cuando vengas hasta aquí. Ahí vamos avanzando. Las preguntas que remitiste las responderé todas durante el desarrollo de la argumentación de las tres guías con que encabezaste tu carta, las cuales anteceden este texto del 06 de enero.

 

 

1° Sobre tu primera pregunta tratando de no repetir lo ya dicho en el balance del que hablamos en la primera entrevista te comento que el mismo primero de enero en que hice las primeras respuestas, en mi registro del día, antes de acostarme, a eso de las 20:30 escribí: “Cierro el día e inicio este año con mucho optimismo y convencimiento en que obtendré la libertad. Pienso en Iván, en nuestra gente firme y tengo fe en que lograremos darle rumbo a la lucha revolucionaria por un camino de emancipación y verdadera paz con justicia social.

 

 

Si en contravía de lo justo y del mismo derecho burgués deciden de manera desfavorable, reitero mi compromiso de luchar hasta mi último aliento por los principios farianos de origen y por la dignidad fariana sin doblegarme, sin someterme, sin rendirme. ¡Jamás, jamás, me dejaría extraditar y subordinarme a la “justicia del imperio”! Lo juro”.

 

 

Creo que esto resume mis expectativas en lo estrictamente personal, pero agregaría otras reflexiones. He escuchado en la radio sobre los retos del Gobierno a los que aludes en específico. El dos de enero también escuché muy temprano al señor Archila opinando sobre el informe del Secretario General de las Naciones Unidas sobre la implementación de los Acuerdos de La Habana. Muy en positivo, pero por lo que se conoce en el día a día, muy demagógico. El informe de Naciones Unidas, que no voy a repetir ni a resumir en este espacio creo que está escrito con lo que llaman un “lenguaje políticamente correcto”, reconociendo “los esfuerzos y el compromiso” del Gobierno para impulsar la implementación, pero al fin de cuentas le toca señalar que existen preocupantes problemas en materia de seguridad para los líderes sociales y para los ex combatientes. Esto en lenguaje directo se traduce en asesinatos por decenas, en crímenes respecto a los cuales negar su sistematicidad por parte del régimen sobrepasa el cinismo y la perversidad.

 

 

Las respuestas tanto del Alto Comisionado de Paz como del Sr. Archila frente a este drama humanitario suenan huecas y sórdidas. Igual ocurre para el resto de necesidades que se derivan de los Acuerdos. Por ejemplo, como se explica que ya casi durante cinco meses y ante tan enorme matazón la comisión de garantías de seguridad esté suspendida. Lo mínimo que se podíahaber hecho era una reunión de alto nivel que demostrara que hay verdadera preocupación por este problema tan grave. Pero tampoco se le dice nada convincente al país sobre qué pasará con los excombatientes que habitan en los ETCR después de agosto, cuando terminen los contratos de arrendamiento de esos espacios, y concluyan también los pequeños auxilios que se giran a quienes han dado de buena fe el paso a la legalidad sin concretar los proyectos productivos que se esperaban. Mucho menos se observa que se vayan a dar pasos hacia la materialización de la reforma rural integral que se pactó.

 

 

Considero que el comunicado de fin de año y saludo de año nuevo que hicieron público, a su nombre, Iván Márquez, Oscar Montero, Romaña, AldinéverMorantes y otros compañeros resume bien la situación que enfrentamos: “A la perfidia de Duque ya nada le queda por hacer. Entre su partido y el Fiscal despedazaron la Paz. Ahora dice que cumplirá el acuerdo en lo que tiene que ver con los combatientes de base y no con los comandantes…

 

 

Realmente actuamos como ciegos cuando no quisimos ver el largo historial de traiciones de esta oligarquía tras la firma de episodios de paz…” Complementaria estas ideas remitiéndome al total de las cartas enviadas por Iván después que tomó la determinación de no asumir la curul en el Senado de la República, como consecuencia de la alta traición del régimen al Acuerdo de Paz de La Habana.

 

 

Como parte de esta misma pregunta presentas la inquietud sobre la posibilidad de que me extraditen. Entonces, sin adentrarme en argumentaciones jurídicas, creo que las consecuencias del caso se están observando desde el momento mismo de mi captura arbitraria con la que se comenzó a concretar un montaje asqueroso que va más allá de una situación personal y que apunta a sabotear el proceso de paz en su conjunto. Ya hay daños que están hechos y que son irreversibles como los infligidos a la buena fe y a la confianza de la mayor parte de los excombatientes, de la militancia fariana en general y de quienes han creído en la posibilidad de la reconciliación.

 

 

De todas maneras, como te dije al principio de la respuesta, tengo fe en recobrar mi libertad, pero al mismo tiempo sé que enfrentamos poderosos y terribles enemigos respecto a los cuales el Fiscal es solo una ficha. Jamás cometí los hechos de que se me acusa y por eso pienso que, si La JEP falla “en derecho”, así hayan retorcido y desdibujado la normatividad de origen pactada en La Habana, tendrían que darme la libertad. Por ningún lado aparecen las famosas pruebas incontrovertibles y concluyentes de las cuales tanto habló el Fiscal Martínez Neira cuando ordenó mi captura al tiempo que me sentenció anticipadamente. Y esperemos ver con qué nos sale el imperio que me solicita en extradición, porque de lo que habla el indicment es de una supuesta “conspiración”, manido argumento que se trae de los pelos porque no tienen elementos fácticos que me incriminen.

 

 

Creo que es bueno que se sepa que, tras la firma del Acuerdo, desde que pisé Colombia, hasta el mes de enero de 2017 estuve las 24 horas del día bajo vigilancia y custodia policial viviendo en casas asignada por el gobierno. En esas casas y en las oficinas también designadas por el Gobierno hice todas mis reuniones de trabajo las cuales tenían que ver con el impulso de los Acuerdos, incluyendo los proyectos productivos.

 

 

 Desde enero la custodia estuvo a cargo de la UNP, pero la vigilancia y custodia de los sitios donde vivía estaba 24 horas a cargo de la policía. No hay absolutamente ninguna reunión que no haya tenido registro policial porque todo lo que realicé fue abiertamente, a ojos vista de las autoridades. De hecho, la policía tenía pleno conocimiento de la existencia de cámaras en todos los lugares donde viví y me reuní. Ellos deben tener todos los registros minuto a minuto de lo que hice, porque nunca estuve fuera del control de las autoridades. Pero sé que eso no basta porque la perfidia supera cualquier prevención y previsión que hubiera podido haber tomado. Por eso fíjate como el Fiscal impúdicamente me acusó con mentiras, prejuzgó y sentenció con la determinación de soslayar toda la normatividad derivada del Acuerdo de La Habana que en cualquier circunstancia semejante a la que tejió contra mí pone como juez natural a la Jurisdicción Especial para la Paz. En tal propósito no ha cesado, contando con el apoyo de grandes medios de comunicación que todos los días claman por la extradición a cualquier costo. Te pongo el ejemplo de la “W” en la que varios de sus periodistas imploran, exigen y casi ordenan que las autoridades judiciales o de lo contrario el mismo Presidente Duque, por sobre cualquier ordenamiento legal, me monte en un avión de la DDEA y me envíe “ya mismo” a los Estados Unidos. Denotan una mentalidad lacaya e irracional increíble.

 

 

Por su parte el Presidente Duque ha dicho que tiene la pluma lista para firmar la extradición porque sabido es que en esta materia no se trata de conjugar aspectos de cooperación en justicia sino de atender órdenes. Y para mi caso, con mayores veras porque de lo que se trata es de mantener sobre nuestra fuerza revolucionaria una espada de Damocles para el chantaje. Evidentemente ningún integrante de las FARC tendría posibilidad alguna de un juicio justo en un tribunal yanqui. Y si se quiere un ejemplo ahí está el caso de Simón Trinidad quien desmontó las falsas acusaciones que le hicieron de narcotráfico, pero que igual lo enterraron en una cárcel inhumana condenándolo por hechos que no cometió y los cuales no fueron el motivo de su tramposa extradición.

 

 

En una de tus preguntas de desarrollo de las tres guías que te estoy respondiendo, me presentas inquietudes muy puntuales sobre lo que pienso no del caso mío sino de la extradición en general. Te manifiesto algunos criterios ahora para no dejar en el aire este asunto que tiene que ver con la soberanía y con ese otro gran tema que es el del intervencionismo yanqui en nuestro país, al cual me referiré más a fondo cuando te conteste las otras dos preguntas guía.

 

 

En Colombia con esta figura se violenta la presunción de inocencia, principios como el de legalidad, debido proceso y todo lo que se te ocurra como fundamento de derecho una vez se comprende que lo primero que se pisotea es la soberanía.

 

 

Te repito que no pretenderé ahondar en las complejas nimiedades jurídicas que comporta este problema, pero trataré de darte mi punto de vista, que de paso someto a un debate que con urgencia necesitamos poner a juicio de la opinión nacional.

 

 

Es una constante la violación a los derechos humanos de quienes son sometidos a extradición, como cuando se someten a cadena perpetua a quienes se condena, a sabiendas que tal penalidad no existe en Colombia y por tanto no se debía asignar a nuestros connacionales, o cuando se ha extraditado homónimos por el apresuramiento de cumplir la orden de las cortes gringas. Existen estadísticas, a 2018, de por lo menos 17 demandas contra el Estado Colombiano, derivadas de los inauditos “errores judiciales” que no son otra cosa que el ejercicio de la arbitrariedad y el abuso de poder internamente, pero también de un evidente arrodillamiento a las autoridades norteamericanas. No de otra forma se puede entender que en el último decenio se hayan extraditado- y eso es un record mundial- alrededor de 2400 connacionales hacia los Estados Unidos. Y tal situación tiene el agravante de que se da bajo la sombrilla de un “tratado” espurio fechado en 1979. Y digo espurio porque en 40 años no cumple con los fundamentos básicos que exige el derecho internacional para llamarse tal, comenzando porque después de tanto tiempo ni ha sido denunciado por las partes que lo suscribieron, ni cuenta con reglas que lo hagan aplicable. Pero con lo que sí cuenta es con la imposición abusiva de Estados Unidos, que no tiene ni una pisca de reciprocidad. Si mal no estoy, jamás un ciudadano de EEUU ha sido extraditado a Colombia.

 

 

En estos días cuando escuchaba a Duque diciendo que tenía la pluma lista para firmar mi extradición, recordaba el cruce o si se quiere el revoltijo de competencias de las ramas ejecutiva y judicial que tiene el sistema, a lo cual se le agrega ahora lo que corresponde a la garantía de no extradición cuyo manejo está claramente en manos de la JEP para el caso de ex combatientes de las FARC, pero que tiene la obstrucción pertinaz de la Fiscalía, de la procuraduría y del Congreso, que han pretendido quitarle facultades en cuanto a ordenar pruebas, a la mencionada instancia.

 

 

En este tinglado por más de medio siglo la Corte Suprema había asumido un papel anodino en el trámite de un procedimiento casi que exclusivamente administrativo y de mero trámite de la orden extranjera. Recientemente la jurisprudencia del alto tribunal prioriza los derechos de las víctimas, a la extradición. No obstante, podamos asegurar sin lugar a equivocación que el tratamiento de la extradición sigue teniendo un manejo desacertado y apátrida en el que se mezclan intereses políticos y jurídicos que al volcarse sobre cada caso desdibujan el sentido altruista que debe tener el principio de la genuina cooperación judicial y policial contra la criminalidad que sobrepasa las fronteras nacionales. Sencillamente no se está partiendo del respeto efectivo de los derechos humanos, lo cual no deja de ser aberrante en la medida en que, además, se vienen transgrediendo garantías procesales consignadas en el Código de Procedimiento Penal, en la Constitución y en instrumentos del ordenamiento internacional, al aplicar un llamado “sistema mixto” que es inocultablemente enredado y malintencionado.

 

 

Siendo la fuente esencial del derecho extradicional los tratados, ante el déficit que ya se mencionó, lo que debía operar sería la normatividad interna. Pero tampoco ha habido el cuidado de hacer regulaciones precisas en la legislación procedimental penal, y ha habido profundas contradicciones doctrinales entre las altas Cortes desde los albores del Siglo pasado, con episodios agregados como el combate judicial de los años ochenta que con otros importantes juristas encabezó el doctor Reyes Echandía contra el Cartel de Medellín y el narcotráfico en general; o la prohibición de la extradición como norma constitucional de principios de los noventa; o la aparición de la Sentencia SU – 110 del 2002 de la Corte Constitucional que indica que la única vía para evitar la extradición es la tutela; pasando por alto, al parecer, que este es un mecanismo subsidiario a la aplicación de los instrumentos regulares que debe tener todo Estado de Derecho para tratar un aspecto judicial de consecuencias internacionales narcotizado como es el que estamos comentando.

 

 

En síntesis, lo que se observa es un pandemónium propio de un Estado de Derecho derogado y sometido a las extravagancias de la DEA, operador non Santo del poder intervencionista de un país, Estados Unidos, que no tiene ninguna autoridad moral para actuar como policía y juez del mundo en esta ni en ninguna otra materia.

 

 

Al respecto y sin pretender hacer una exposición de razones históricas de esta afirmación, menciono algunas verdades que la sustentan:

 

 

- Desde finales del siglo XIX laboratorios como Merck de Alemania y Parke Davis de los EEUU comenzaron a proporcionar y lucrarse del consumo de la cocaína, hasta llegar a excesos y problemas de adicción sin control, frente a los que procedieron desde comienzo de los 60 con medidas prohibicionistas ineficaces, que en diez años escalaron hacía acciones represivas dentro de un sistema de doble faz, en el sentido de que prohibía, reprimía y al mismo tiempo captaba fondos para adelantar operaciones encubiertas.

 

 

- Las operaciones paramilitares y la guerra sucia durante la guerra de Vietnam fueron financiadas por EEUU con fondos derivados de narco negocios.

 

 

- En ese mismo lapso la adicción a la cocaína, la heroína y las anfetaminas paso de 50.000 a más de medio millón de consumidores habituales, y hacía 1974, según las propias autoridades gringas, al menos 5 millones de estadounidenses habían probado el alcaloide.

 

 

- Estudiosos de este fenómeno coinciden que la clase política estadounidense en el poder, contribuyó por acción o por premeditada e intencionada omisión a la expansión y fortalecimiento de la economía del narcotráfico hacía América Latina y el Caribe, Colombia incluida. En ello, el sector financiero ha sido de los principales beneficiarios y los réditos del narcotráfico han sido utilizados impúdicamente como fuente subterránea de financiación de la guerra contrainsurgente y de apoyo por parte de la CIA a gobiernos afectos a Washington, como bien es conocido, por ejemplo, en los casos de Paz Estenssoro y Banzer Suárez, entre muchos otros.

 

 

- Es de público conocimiento que desde 1974 el Acta de Seguridad Nacional de los EEUU, exoneró a la CIA del cumplimiento de la ley, lo cual terminó extendiéndose por cuenta de la Agencia a narcotraficantes que hacían parte de sus redes de intervención.

 

 

- En mayo de 1988, el mismo senador John Kerry expresó ante medios de comunicación su preocupación por la inundación con drogas que tenían las fronteras de EEUU, apuntando que en los propósitos intervencionistas en Nicaragua y Panamá se habían usado “organizaciones narcotraficantes como fuentes de inteligencia…”. Esto lo decía de manera crítica. Con dineros del narcotráfico, los yanquis contribuyeron a la financiación de la “contra” nicaragüense.

 

 

No me extiendo en más ejemplos, pero debo decir que esta es solo la punta del iceberg en la caracterización criminal del Estado que me solicita en extradición a partir de falsedades, contando con un Fiscal en Colombia cuya probidad está por demás cuestionada, y su oposición al proceso de paz es más que evidente.

 

 

Prescindo de detallar las violaciones que la institucionalidad colombiana ha hecho de mis derechos, pero puedo indicar para no extenderme, que aparte del montaje oscuro de la acusación que me hacen de conspiración para narcotraficar, la Fiscalía nunca abrió paso al control de legalidad sobre la detención arbitraria que con fines de extradición profirió contra mí el 09 de abril de 2017. De contera, nunca la orden de captura que “formalizó” a destiempo fue revisada por autoridad competente. Y aquí debo precisar que, si bien la Corte Constitucional concluyó que la Fiscalía era el órgano competente, tal aseveración contradice la jurisprudencia de la misma Corte que establece que la JEP es la JURISDICCION COMPETENTE para conocer de los casos de ex combatientes de las FARC. Y agrego que, en todo caso, la Fiscalía General de la Nación, hasta donde se sabe no es órgano judicial, y por tanto no podría considerarse autoridad competente. Pero de forma inaudita, en contravía del orden constitucional y de la Convención Americana sobre Derechos Humanos que tanto suele invocar el Estado Colombiano, en nuestro país, para casos de extradición, se pueden realizar detenciones sin que estén sujetas a control de legalidad. Es decir que contra toda lógica del derecho se permiten las detenciones arbitrarias, lo cual de paso manda al traste el control judicial previo, el control judicial posterior y el artículo 28 de la Carta Magna.

 

 

Esta es mi situación y por ello he dicho desde el día que suspendí la huelga de hambre que sostuve entre el 09 de abril hasta el 20 de mayo de 2017, que confío en los resquicios de actuación en justicia y en derecho que se observan en la JEP. Ya veremos si no son vagas ilusiones que terminarán arrolladas por la insolente perfidia de los enemigos de la paz, entre los que se encuentra un Fiscal que a mi modo de ver nunca debió ser seleccionado para ese cargo, primero porque era un reconocido enemigo de la paz, y segundo, porque a tiempo muchas personalidades democráticas del país denunciaron los múltiples conflictos de intereses que lo rodeaban. Hoy está más claro que existen innúmeras causas que podrían configurar la nulidad de su nombramiento que, además, estuvo acompañado de tráfico de influencias.

 

 

2° Sobre la opinión que me merece la visita de MIKE POMPEO, Secretario de Estado de los Estados Unidos, a Colombia, y los choques diplomáticos que en sintonía con Washington genera el Gobierno de nuestro país contra Venezuela, lo siguiente:

 

 

Esta pregunta está muy relacionada con la tercera, así que seguramente tocaré aspectos que irán respondiendo también esta última.

 

 

Estos altos funcionarios a lo que suelen venir a nuestro país es a reafirmar su poder y dominio. A recordarle a sus cipayos quien es el que manda, y para esto no requieren más que un par de horas en las que, como acaba de ocurrir en Cartagena en la “Casa de los Huéspedes Ilustres, a los gobernantes locales les corresponde el papel de rendir cuentas, jurar sumisión, adular y recibir regaños y órdenes. Es una vieja práctica de los gobiernos de Colombia que Duque ejecuta con creces y genuflexión absoluta.

 

 

Es difícil saber los detalles de esa intimidad oscura, pero dentro del libreto histórico de sometimiento que ya señalé, aparte de la subordinación de las políticas internas, es de inferir que se afinan las orientaciones sobre el papel de desestabilización que el Gobierno colombiano juega contra el país hermano, actuando como marioneta principal dentro de la opereta del conciliábulo del llamado “Grupo de Lima”.

 

 

El canciller colombiano despliega desde el momento mismo de su posesión una ferviente campaña disfrazada de diplomacia para derrocar al Presidente Nicolás Maduro. Sus maniobras se mueven por doquiera anda el funcionario “estrella” de Duque, pero especialmente lo hacen en el tablado de la Organización de Estados Americanos (OEA) en cabeza de su Secretario General Luis Almagro. Pero este es uno de los tantos capítulos – quizás el más agresivo y descarado – de una ya larga trayectoria que toma a Colombia como punta de lanza para someter a todo el continente. Esta es una constante en escalada desde los inicios de la revolución bolivariana, momento en que el imperio sintió perder su “patio trasero” por causa de la ola emancipante que levantó el ejemplo de rebeldía antiimperialista del pueblo venezolano junto al comandante Hugo Rafael Chávez Frías.

 

 

El Gobierno colombiano, evidentemente hace parte del engranaje del plan diseñado por el Pentágono para aplastar la Revolución Bolivariana y que el Comando Sur ha plasmado, más recientemente, en el manual “Venezuela Freedom 2 Operation”, que de manera específica establece el objetivo de derrocar al Presidente Nicolás Madura mediante una operación militar que patrocinaría la Conferencia de Ejecitos Latinoamericanos y el respaldo de la OEA.

 

 

Es un libreto intervencionista y golpista ordenado por la Casa Blanca y operado por el Comando Sur mediante la OEA, el Grupo de Lima y el conjunto de la derecha internacional. Todos están confabulados para, mediáticamente calificar de dictador al Presidente Maduro y después del 10 de enero, fecha de su posesión para un nuevo mandato legitimo por venir del voto popular, desconocerlo y tildarlo de usurpador, arreciando el bloqueo económico y político. En ello, la acción militar hace parte de un menú demencial que está ayudando a preparar de forma irresponsable y servir el Presidente Duque. No dudo que este Gobierno mediocre e insulso aparte de estar acabando con los girones que quedan del Acuerdo de Paz de la Habana, está empujando al país a una guerra que tendrá desastrosas consecuencias de todo orden.

 

 

3° Sobre el twitter de Iván Duque en el que expresa que Estados Unidos tuvo un papel crucial en nuestra independencia, lo siguiente:

 

 

Esta tercera pregunta la responderé retomando algunas viejas notas que en el seno de las FARC hemos discutido sobre la estrategia de recolonización de Estados Unidos sobre la América Nuestra.

 

 

Comienzo por decir que es absolutamente falso lo dicho por el señor Iván Duque. Y no creo que su afirmación obedezca a la ignorancia de la historia, sino a la premeditada determinación de distorsionarla. No creo tampoco que sea una posición individual del personaje sino una posición de Estado que pretende ocultar el historial intervencionista yanqui que también cumple edad bicentenaria, y que Gobiernos pusilánimes como el de Duque tienen el compromiso de respaldar, y trabajar para sostenerlo, incluso en el plano académico, a punta de mentiras. En esto, las concepciones historiográficas pueden tener sentido diverso, pero los hechos sobre el proceso independentista como tal están bastante esclarecidos por los mismos protagonistas directos de esta gesta, como por uno de sus más encumbrados que es Simón Bolívar, de lo cual hay abundante documentación.

 

Pero antes de referirme a ejemplos concretos que respalda lo que digo te hago unas precisiones mínimas que tienen que ver en estricto con los llamados “Padres Fundadores”. Esta denominación está restringida a quienes crearon las 13 colonias que fueron la base para crear los Estados Unidos como República, y ni estos ni los gobernantes posteriores a la Constitución de Filadelfia jugaron papel alguno en la independencia de los países latinoamericanos. Incluso los “Padres Fundadores”, llegaron como colonos del “viejo mundo” a territorio norteamericano en el que habitaban pueblos originarios, indígenas, a los que sometieron, dos siglos antes de la independencia misma de los Estados Unidos. Y si se quiere llamar Padres Fundadores a los dirigentes y gobernantes que inauguraron a los Estados Unidos ya como República independizada de Inglaterra, tampoco aportaron a nuestra independencia, ni con apoyos materiales o morales, y ni siquiera con la neutralidad que en diversos momentos dijeron practicar. No podemos perder de vista, además, que en la medida en que España había favorecido de una u otra manera a los independentistas estadounidenses contra Inglaterra, entre 1775 - 1783, estos se sentían impedidos para actuar contra los peninsulares.

 

 

Entonces, definitivamente Estados Unidos nunca prestó como Gobierno y como Estado, ni ayuda política, ni militar, ni económica a ningún proceso independentista en Iberoamérica. Esta es una verdad tan grande y fundamental que no la pueden negar ni los tergiversados relatos de la historiografía oficial tan dada a encumbrar apariencias y falsos héroes, sin que se permita el debate de la historia. Construyen “verdades” absolutas, criterios de dominación y engaños que fortalecen con la ignorancia que sobre estos temas se instaura al eliminar del sistema educativo la enseñanza de la historia. Por eso creen que es fácil poner a personajes como Francisco Barbosa a hacer malabarismos argumentativos y a justificar lo injustificable con el cuento de las herencias ideológicas que dejó la Constitución de los EEUU o pretendiendo hacer ver la nefanda Doctrina Monroe como escudo de protección dispuesto para favorecer a Hispanoamérica.

 

 

Han tenido estos voceros del establecimiento el descaro de poner en boca de Simón Bolívar el reconocimiento del susodicho papel emancipador de EEUU, contrariando la abundante documentación que demuestra la posición crítica del Libertador respecto a la falsa neutralidad yanqui.

 

 

Te agrego ahora lo que durante años hemos pensado dentro de las FARC sobre el tema, más allá de lo que diga Duque y sus adláteres...

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Sobre la Independencia de Colombia y el "Apoyo crucial de los Estados Unidos de América

 

 
II Parte de la Entrevista a Jesús Santrich desde la Carcel
Enero, 10 de 2019

 

 

“Hace 200 años, el apoyo de los padres fundadores de Estados Unidos a nuestra independencia fue crucial” Iván Duque, Presidente de Colombia. 2 de Enero de 2019, trino que publicó en el marco del encuentro que sostuvo secretario de Estado de Estados Unidos, Mike Pompeo, en Cartagena.

 

 

“Los Estados Unidos parecen destinados por la providencia para plagar la América de miseria a nombre de la libertad”. Simón Bolívar en carta dirigida desde Guayaquil, en agosto de 1829 a Patricio Campbell.

 

 

El presente documento se construye sobre la base de una entrevista realizada por correspondencia entre el día 29 de diciembre de 2018 y el 11 de enero de 2019, con dos eventos presenciales los días miércoles 9 y viernes 11 de enero de 2019 en la Cárcel La Picota. Primera parte de la entrevista AQUÍ

 

 

En principio nos centraríamos solamente en hablar del porqué de la sumisión del Estado colombiano al poder imperial de EEUU; un comportamiento en el que se inscribe el asunto de la extradición de nacionales colombianos mediante abyectos procedimientos que violentan principios universales del derecho y el ordenamiento constitucional de Colombia. Pero finalmente y retomando denuncias sobre el intervencionismo de vieja data practicado por la nación del norte, terminarán dialogando sobre el colonialismo yanqui, la distorsión de la historia de nuestra independencia, las hostilidades contra la hermana República Bolivariana de Venezuela y recordando la presencia de bases militares extranjeras en nuestro territorio, de tal manera que releímos e incluimos textos de la última que guardan total vigencia referidos a la herencia trágica que para el continente ha tenido la Doctrina Monroe y el ánimo expansionista gringo que tal como ocurre con la Batalla de Boyacá, también tiene edad bicentenaria.

 

 

SEGUNDA PARTE:La estrategia de recolonización yanqui

 

 

El Colonialismo Yanqui contra el ideario del Libertador. (La trágica herencia de la Doctrina Monroe).

 

 

Desde su surgimiento como nación independiente, Estados Unidos ha tenido sus miras colonialistas puestas sobre Nuestra América. Antipatía causaba a los países anglosajones, en especial a los Estados Unidos, la política de emancipación y unificación de las ex colonias hispanoamericanas, propulsada por Bolívar; por lo que el interés fue constante, entonces, en cuanto a coadyuvar con cualquier iniciativa que apuntara a la balcanización de las mismas, procurando que se mantuvieran fragmentadas y en mutua hostilidad, de manera tal que les fuera más fácil a los nuevos imperios, la ocupación o control del espacio dejado por España. A esta pretensión le sumaron sin dilaciones la sumisión apátrida de los aristócratas criollos que desde temprano mostraron animadversión al proyecto anfictiónico del Libertador al margen de la que ya se vislumbraba como poderosa nación del norte. En su afán de dominación y de hacer de la América meridional su sirvienta, los gobernantes estadounidenses no desperdiciaron esfuerzos, así fue que, hacia 1823 John Quincy Adams, diligente diplomático yanqui, sugirió al presidente Monroe rechazar la propuesta que Inglaterra les había hecho en cuanto a pronunciarse conjuntamente contra la Santa Alianza, “a favor” de Hispanoamérica. Era evidente que la intención de los ingleses apuntaba a garantizarse espacio en los recién liberados dominios hispanos del “Nuevo Mundo”. Pero no; lo que ocurrió fue que Adams respondió con el mensaje que el presidente Monroe leyó al Congreso de la Unión el dos de diciembre de 1823, en el que se acuñaban los principios de la primera doctrina norteamericana en materia de relaciones exteriores.Adams había logrado que Monroe hiciera una declaración sin compromisos con los ingleses, quienes al mismo tiempo buscaban contener a los norteamericanos, más que para proteger a los países hispanoamericanos, para garantizar sus propias ventajas comerciales.

 

 

La Doctrina Monroe aparece así, con el pretexto de detener algunas incursiones rusas por el norte del Pacífico: “la nación norteamericana‐dice‐, está consagrada a la defensa de nuestro sistema, formado a costa de tanta sangre y tanto dinero, y madurado por la sabiduría de sus más sabios ciudadanos, sistema bajo el cual hemos alcanzado una felicidad sin ejemplo. La sinceridad y relaciones amistosas que existen entre los Estados Unidos y aquellas potencias, nos obligan a declarar que consideraríamos peligroso para nuestra paz y seguridad cualquier tentativa de parte de ellas que tenga por objeto extender su sistema a una porción de este Hemisferio, sea la que fuere”. (Citado en Santa Fe IV; “Latinoamérica Hoy”. LUCIER, James P. Directos del Staff del Comité de Relaciones Extranjeras del senado de los estados Unidos. Pág.2. Fotocopia sin referencia editorial).

 

 

El historiador argentino Rafael San Martín, en un documentado estudio sobre la historia de los Estados Unidos sintetiza los postulados de la Doctrina, de la siguiente manera: 1. No intervención de las potencias europeas en América;

 

 

  1. No implantación de sistemas políticos europeos en el continente;

 

 

  1. No colonización de parte alguna de éste por los países del viejo mundo, y

 

 

  1. No intervención de la Unión en los asaltos de Europa. Todo declarado “como principios en los que están comprometidos los derechos e intereses de los Estados Unidos”. (SAN MARTÍN, Rafael. Biografía del tío Sam. Pág. 158. Tomo I. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2006).

 

 

Y agrega que hubo un aspecto en que el Departamento de Estado fue completamente verás desde el primer momento (le iba en ello su mayor convencimiento): no dejar la menor duda sobre la índole absolutamente unilateral del estandarte que alzaba. En la fórmula elaborada por Adams, no había el reconocimiento implícito del derecho de las naciones hemisféricas para declararse independientes de sus metrópolis, ni para reclamar una parte proporcional en la defensa solidaria contra la amenaza de cualquier fuerza continental. (Ibídem. Pág. 158). Así como Inglaterra planeaba tutelar sus intereses, Estados Unidos también; y es ese el significado cierto de su declaración, a la cual en principio George Canning como ministro británico de Asuntos Exteriores y Presidente de la Cámara de los Comunes se negó a otorgar valor jurídico, atormentado porque Adams le había tomado ventaja en el “juego” geoestratégico. Así, una vez Downing Street (residencia oficial del primer ministro británico) reconoció la independencia de las repúblicas hispanoamericanas (1825), escribió con júbilo: “La América española es libre, y si no cometemos alguna lamentable torpeza al manejar nuestros asuntos, es inglesa” (ibídem. Pág. 158). Estaba claro que ninguna de las dos poderosas naciones tenía motivaciones altruistas respecto a la América meridional. Y para el caso de los Estados Unidos, con su Doctrina Monroe lo que se postulaba era la decisión no de protección sino de intervencionismo, mediante una declaración unilateral que pronto se hizo más clara en cuanto a que la actuación del país del norte sólo se daría en los lugares en los que tuviera un interés específico. Al respecto, el Secretario de Estado de John Quincy Adams, el señor Henry Clay, expresó en nota remitida al Ministro norteamericano en México Joel Poinsett, que: “los Estados Unidos no han contraído ningún compromiso ni han hecho ninguna promesa a los gobiernos de México o Suramérica o a algunos de ellos, garantizándolesque el gobierno de los Estados Unidos no permitirá que una potencia extranjera atente contra la independencia o la forma de gobierno de esas naciones, ni se han dado instrucciones aprobando tal compromiso o garantía” (29 de marzo de 1826). En el mismo sentido, el mismo Monroe, algunos meses después de su mensaje al Congreso, contestando a una consulta de Colombia que se refería a preocupaciones por una posible agresión extranjera, escribió: “el empleo de fuerzas españolas en América no constituye un caso que Estados Unidos considere justificado para salir de su neutralidad que ha observado hasta ahora”. (San Martín, Rafael. Óp. Cit. Pág. 159). En respuesta a la solicitud de ayuda que Colombia hiciera, para defenderse de las amenazas de la Santa Alianza, Adamas por su parte respondió que Estados Unidos “no podría oponerse a ellas (las potencias de la Santa Alianza) por la fuerza de las armas sin ponerse previamente de acuerdo con las potencias europeas cuyos intereses y principios permitían obtener una cooperación activa y eficaz en la causa”. (MEDINA CASTRO, Manuel: “Estados Unidos y América Latina, Siglo XIX”. Casa de Las Américas. La Habana, Cuba, 1968. P. 64.). De tal suerte que durante los años de lucha por la independencia no solamente no se contó con el auxilio o la solidaridad de Estados Unidos, sino que además, como una constante estuvo la intervención a favor de España (incluso vendiéndole armas), o la obstrucción a cualquier gestión que los patriotas meridionales realizaran en procura de recursos para la gesta emancipadora. Con la evidencia frente a si de que la guerra de independencia tendría resultados desfavorables para España, Estados Unidos anhelaba y trabajaba por la postergación del desenlace, dando espera a tener la fortalece que le permitiera imponer su predominio. En contraste con la colaboración brindada a los peninsulares, prisión y multas era lo que se estipulaba para quienes ayudaran a la causa independentista de Sudamérica. Con razón Bolívar, entonces, cuestiona la falsa neutralidad de Estados Unidos en una extensa polémica que se desató con las autoridades norteñas por la captura que el gobierno independentista hizo de las goletas Tigre y Libertad en aguas del Orinoco, al sorprenderlas transportando armas con destino a las fuerzas españolas.

 

 

Bolívar, introduce sus juicios con la siguiente reflexión: “Los ciudadanos de los Estados Unidos, dueños de las goletas Tigre y Libertad, recibirán las indemnizaciones, que por el órgano de V.S. piden por el daño que recibieron en sus intereses, siempre que V.S. no quede plenamente convencido de la justicia, hemos apresado los dos buques en cuestión (...) con los ciudadanos (norte) americanos que olvidando lo que se debe a la fraternidad, a la amistad y a los principios liberales que seguimos, han intentado y ejecutado burlar el bloqueo y el sitio de las plazas de Guayana y Angostura, para dar armas a unos verdugos y para alimentar unos tigres, que por tres siglos han derramado la mayor parte de la sangre americana, ¡la sangre de sus propios hermanos!” . (BOLIVAR, Simón. Al señor Agente de los Estados Unidos de la América del Norte, Bautista Irving. Angostura, 29 de julio de 1818). Luego en el mismo escrito Bolívar le manifiesta a Irving, quien aduciendo la neutralidad de Estados Unidos respecto al conflicto armado en Sudamérica, hablaba exigiendorespeto a los derechos de los propietarios de las embarcaciones capturadas: “en cuanto al daño de los neutrales, que V.S. menciona en su nota, yo no concibo que puedan allegarse en favor de los dueños del Tigre y la Libertad los derechos, que el derecho de gentes concede a los verdaderos neutrales. No son neutrales los que prestan armas, municiones de boca y guerra a unas plazas sitiadas y legalmente bloqueadas” (Ibídem). En su contundente y sesuda argumentación Bolívar precisa: “Desde el momento en que este buque (se refiere al Tigre) introdujo elementos militares a nuestros enemigos para hacernos la guerra, violó la neutralidad y pasó de este estado al beligerante: tomó parte de nuestra contienda a favor de nuestros enemigos, y del mismo modo que, si a algunos ciudadanos de los Estados Unidos tomasen servicio con los españoles, estarían sujetos a las leyes que practicamos contra éstos, los buques que protegen, auxilian o sirven su causa deben estarlo y lo están” (ibídem). Pero aun habiendo el Libertador expuesto con el mayor detalle y cuidado los argumentos que a la luz de las normativas internacionales de la época condenaban la conducta de la tripulación de las embarcaciones, el señor James Monroe por entonces Secretario de Estado de los Estados Unidos, acentuaba su desprecio y hostilidades contra los países de América del Sur difundiendo sus opinión de que lo que había en nuestros territorios no era más que una guerra civil entre partidos y bandos “cuyas fuerzas están equilibradas y que son mirados sin preferencia por los poderes neutrales”. (Citado por PIVIDAL PADRÓN, Francisco: “Bolívar: pensamiento precursor del antiimperialismo”. La Habana, Cuba, 1977. Pág. 59).

 

 

Monroe, en mensaje al Congreso del 2 de diciembre de 1817, manifestó: “A los dos bandos se les ha negado auxilios en hombres, dinero, barcos y municiones” (ibídem. Pág. 60). Con el argumento del “equilibrio de fuerzas”, mediante acta de abril 20 de 1818 se procedió a prohibir, además, que los suramericanos realizar en el territorio de Estados Unidos actos tendientes a prestarle auxilio material a la revolución. Bolívar no pasó por alto el trasfondo de doblez de esta “neutralidad”, por lo que, en la misma correspondencia a Irving, refutó diciendo que: “¿no sería muy sensible que la leyes las practicase el débil y los abusos los practicase el fuerte? Tal sería nuestro destino si nosotros solos respetásemos los principios y nuestros enemigos nos destruyesen violándolos”. Y en otra correspondencia del 20 de agosto de 1818, dirigida al mismo personaje, le dice: “Hablo de la conducta de los Estados Unidos del norte con respecto a los independientes del sur, y de las rigurosas leyes promulgadas con el objeto de impedir toda especie de auxilios que pudiéramos procurarnos allí. Contra la lenidad de las leyes (norte) americanas se ha visto imponer una pena de 10 años de prisión y 10.000 pesos de multa, que equivale a la muerte contra los virtuosos ciudadanos que quisiesen proteger nuestra causa, la causa de la justicia y de la libertad, la causa de la América”. “Si es libre el comercio de los neutros para suministrar a ambas partes los medios de hacer la guerra, ¿por qué se prohíbe en el norte?; ¿por qué a la prohibición se añade la severidad de la pena, sin ejemplo en los anales de la República del Norte? ¿No es declararse contra los independientes negarles lo que el derecho de neutralidad lespermite exigir? La prohibición no debe entenderse sino directamente contra nosotros que éramos los únicos que necesitábamos protección. Los españoles tenían cuanto necesitaban o podían proveerse en otras partes. Nosotros solos estábamos obligados a recurrir al Norte así por ser nuestros vecinos y hermanos, como porque nos faltaban los medios y relaciones para dirigirnos a otras potencias. Mr. Cobett ha demostrado plenamente en su semanario la parcialidad de los Estados Unidos a favor de la España en nuestra contienda. Negar a una parte los elementos que no tiene y sin los cuales no puede sostener su pretensión cuando la contraria abunda en ellos es lo mismo que condenarla a que se someta, y en nuestra guerra con España es destinarnos al suplicio, mandarnos exterminar.”

 

 

Pero finalmente, esta conferencia en la que se debatían asuntos del derecho internacional y de gentes fue rebajada por Irving a lenguaje burlesco que pretendía ridiculizar a los pequeños pero valerosos cuerpos armados que operaban en las corrientes fluviales de Venezuela, haciendo resistencia a las tropas españolas, lo cual provocó una reacción indignada del Libertador, quien mediante correspondencia del 7 de octubre de 1818 cerró el asunto expresando: “Parece que el intento de V.S. es forzarme a que reciproque los insultos: no lo haré; pero sí protesto a V.S. que no permitiré que se ultraje ni desprecia al gobierno y los derechos de Venezuela. Defendiéndolos contra la España ha desaparecido una gran parte de nuestra población, y el resto que quedan sería por merecer igual suerte. Lo mismo es para Venezuela, combatir contra España que combatir contra el mundo entero, si todo el mundo la ofende”.Así venían las cosas desde antes de la proclamación de la Monroe Doctrine, y una vez surgida esta de las contradicciones anglo‐norteamericanas por el control de la América meridional, la formula “América para los americanos”, no fue más que la premonición de los desafueros expansionistas y hegemonistas que vendrían. Ella pone expresa su rechazo a la intervención de potencias europeas en Hispanoamérica, pero deja a salvo su propio “derecho de intervención”, apoyándose en la truculenta afirmación de John Quincy Adams en cuanto a que “fue la voz del destino manifiesto” la que les puso en tal sendero; es decir, una especie de decreto divino expreso a lo largo de los tiempos en políticas como la del “interés superior”, la “diplomacia del dólar”, la “política del gran garrote”, la “protección ilimitada”, etc.

 

 

Monroísmo y Santanderismo, antítesis del Bolivarismo.

 

 

Pero Estados Unidos no despliega su voracidad en solitaria; desde siempre contaría con los cipayos criollos de cada país en el que ha intervenido. Desde el principio estos elementos generalmente surgidos del seno de las aristocracias, asumieron con beneplácito el mensaje de la Doctrina Monroe, casi que implorando vasallaje. Así ocurrió en el caso de Colombia, donde Francisco de Paula Santander, sin importarle las afrentas propinadas por Estados Unidos a Colombia, la acogió con jolgorio, contrariando los lineamientos patrióticos y anfictiónicos del Libertador, quien de manera tajante se oponía a cualquier trato con ese país.

 

 

El 2 de diciembre de 1825, Santander, abriéndole las puertas a la sumisión, escribe: “Con los Estados Unidos mantenemos las más cordiales relaciones (...). Colombia va a tener el laudable orgullo de ser el primer Estado de la antigua América española que presenta al mundo unido por medio de tratados públicos con la nación más favorecida del genio de la libertad.” (DE PAULA SANTANDER, Francisco. Memorias. 2 de enero de 1825. Citado por HERRERA, Juvenal en Bolívar el hombre de América, Presencia y Camino. Tomo II. Pág. 274. Edición digital de la Agencia Bolivariana de Prensa, ABP).

 

 

En el mismo contexto exhortó a reconocernos como “hermanos menores” y “dignos discípulos” de los Estados Unidos, diciendo que había que dar gracias a la Providencia por “haber encontrado el sitio de nuestra dicha en el mismo continente americano”. Como expresa el proyecto de Manifiesto del Movimiento Continental Bolivariano, refiriéndose a la intromisión yanqui en los asuntos internos de los países de Nuestra América, “Se nos fueron metiendo poco a poco agazapados en la intriga y la conspiración. Nada hubiesen logrado sin el concurso de los apátridas traidores… Sembraron la cizaña de la división y desmembraron el ejército libertador, garantía de independencia y libertad. Luego (…), mataron a COLOMBIA, categoría hermanadora y de unidad de pueblos. Cuánta razón tenía el Libertador al vaticinar que “Los Estados Unidos como el amo del reino más poblado de América, sería muy pronto señor de toda la tierra; por fortuna, ‐ decía‐ se ha visto con frecuencia un puñado de hombres libres vencer a imperios poderosos. Si no me creen, hagan grabar estas palabras en una pirámide de bronce, para que sea leída por las nuevas generaciones, ya que el futuro me dará la razón”. Al poco tiempo se adueñaron de más de la mitad del territorio de México. Encadenada colocaron en su bandera la estrella de Puerto Rico. Invadieron repúblicas, derrocaron gobiernos insumisos, impusieron dictadores y presidentes títeres, pero por donde quiera haya metido las narices su codicia, ha encontrado la resistencia del decoro. Aunque ese sigue siendo su propósito, nunca pudo engullirse al verde caimán de Cuba, y en su avance neocolonial siempre chocaron con sandinos y caamaños y con la resistencia de un pueblo, que por ahora es un gigante encadenado. Ya veremos cuando rompa los grilletes”. (Tomado del Proyecto de Manifiesto del Movimiento Continental Bolivariano. Septiembre de 2009). Como vemos, Simón Bolívar, El Libertador, percibió tempranamente la mezquindad de las pretensiones tanto de ingleses como de yanquis, y alertó sobre las mismas, dejando suficiente constancia para la historia. Bastante conocida es su advertencia plasmada en su carta dirigida desde Guayaquil, el 5 de agosto de 1829, a Patricio Campbell: “Los Estados Unidos parecen destinados por la Providencia para plagar la América de miserias a nombre de la libertad”. Desde Entonces (s. XIX) EE. UU ha escrito con sangre una historia de intervencionismo criminal en contra de la independencia de Indoamérica.

 

 

Si algo les convenía de los procesos de emancipación de los territorios meridionales respecto a España, era el desangre, la desarticulación y debilitamiento que les permitiera luego maniobrar para que finalmente cayéramos en sus garras. Bolívar, consciente de tales peligros, a toda costa tomaba previsiones que generalmente eran saboteadas por los apátridas que, desafortunadamente, con gran poder actuaban internamente a favor de los intereses de Estados Unidos y en contra del prospecto unificador del Libertador. Es claro que Bolívar actuó como precursor del antiimperialismo y el internacionalismo revolucionario reivindicando los intereses de las masas explotadas y bregando por la construcción de una gran república en la que se unificaran las ex colonias de lo que es Nuestra América. Así, al tiempo que propulsaba la realización del Congreso Anfictiónico de Panamá, dando pasos ciertos hacia la concreción de su ideal, incluía en sus principios de creación unificadora, fundamentales aspectos de justicia social como “La abolición del tráfico de esclavos de África”, lo cual sin duda indisponía a los Estados Unidos como primera potencia esclavista del mundo que era. A sabiendas de ello, y conocedor como era de las pretensiones de Santander de invitar a Estados unidos al certamen, Bolívar le escribe el 8 de mayo de 1825: “...repetiré nuevamente que la federación con Buenos Aires y los Estados Unidos me parece muy peligrosa...”. “Desde luego los señores (norte) americanos serán sus mayores opositores (se refiere a la Confederación y alianza con Inglaterra), a título de la independencia y libertad; pero el verdadero título es por egoísmo” (HERRERA TORRES, Juvenal. Op. Cit., pág. 170). Luego, el 21 de octubre del mismo año reitera a Santander: “Nunca me he atrevido a decir a usted lo que pensaba de sus mensajes, que yo conozco muy bien que son perfectos, pero que no me gustan porque se parecen a los del Presidente de los regatones (norte) americanos. Aborrezco a ese canalla de tal modo, que no quisiera que se dijera que un Colombiano hacía nada como ellos” (Ibídem. Pág. 171). Con este convencimiento observaba el Libertador al Imperio del norte, guardando además recelos por su conducta agraviante. Pues, el incidente de las goletas Tigre y Libertad no fue el único de ese tipo; entre otros casos en los que se observó que Estados Unidos, aún después de reconocer a la República de Colombia, siguió introduciendo armas para apoyar la contrarrevolución española. Está, por ejemplo, el incidente de la embarcación norteamericana Chappel, que desembarcó mil escopetas y otros pertrechos por Chagres (en Panamá). Sobre ello Bolívar le había escrito a Santander el 13 de junio de 1826, diciéndole: “… recomiendo a usted que haga tener la mayor vigilancia sobre estos (norte) americanos que frecuentan las costas: son capaces de vender a Colombia por un real...". (Ibídem. Pág. 171). Poco tiempo después escribe: “Los Estados Unidos son los peores y son los más fuertes al mismo tiempo” (en carta a Estanislao Vergara). (También citado por HERRERA TORRES en la obra referenciada).

 

 

Siendo Bolívar un militante de la libertad y de la justicia, no podía un país con pretensiones imperiales como Estrados Unidos mirarlo sino como enemigo. Sin profundizar en el asunto, sustentemos esta afirmación mencionando la manera pertinaz como conspiraron para impedir la unificación; recordemos el papel, por ejemplo, de William Tudor desde la legación yanqui en el Perú hacia 1827, época enque los Estados Unidos habían avanzado bastante en su papel intervencionista. De sus correos se colige su activa participación en la conspiración del coronel José Bustamante, quien sobornado por la aristocracia criolla peruana y el gobierno de Estados Unidos, al frente de 2.700 soldados sublevó la Tercera División Colombiana y redujo a prisión a los jefes y oficiales venezolanos al tiempo que anunció que desconocía la autoridad colombiana. Consecutivamente se desató una campaña de difamación contra “el tirano Bolívar”, a fin de liquidar su obra política en Perú y en todo el sur. En la correspondencia que Tudor envía en 1827 al Departamento de Estado se puede observar que el funcionario yanqui maneja información interna sobre los planes políticos de Colombia, que sólo habría podido ser entregada por Santander. De hecho, es manifiesta la animadversión de Tudor contra Bolívar y Sucre y la intención abierta de beneficiar a Santander. Ambos personajes, el norteamericano y el traicionero “colombiano”, actúan evidentemente como espías y manipuladores, pretendiendo definir los destinos de Lima y Bogotá en contra de los ideales del Libertador.

 

 

En uno de sus informes de febrero de 1827, manifiesta Tudor: "La esperanza de que los proyectos de Bolívar están ahora efectivamente destruidos, es una de las más consoladoras. Esto es no solo motivo de felicitación en lo relativo a la América del Sur, liberada de un despotismo militar y de proyectos de insaciable ambición (se refiere a Bolívar) que habrían consumido todos sus recursos, sino que también los Estados Unidos se ven aliviados de un enemigo peligroso en el futuro…si hubiera triunfado estoy persuadido de que habríamos sufrido su animosidad...".

 

 

"...su fe principal (la del Libertador) para redimirse ante el partido liberal del mundo la tiene depositada en el odio a la esclavitud y el deseo de abolirla. Leed su incendiaria diatriba contra ella en la introducción a su indescriptible Constitución; tómense en consideración las pérdidas y destrucción consiguientes a la emancipación y que el régimen no podrá ser jamás restablecido en estos países; téngase presente que sus soldados y muchos de sus oficiales son de mezcla africana y que ellos y otros de esa clase tendrán después un natural resentimiento contra todo el que tome eso de argumento pare su degradación; contémplese al Haití de hoy y a Cuba poco después y al infalible éxito de los abolicionistas ingleses; calculase el censo de nuestros esclavos…; y luego, sin aducir motivos ulteriores, júzguese y dígase si el “loco” de Colombia podría habernos molestado. ¡Ah, señor, este es un asunto cuyos peligros no se limitan a temerle a él...!”. (HERRERA TORRES, Juvenal. Óp. Cit., Tomo II. Pág. 232). Está claro en este informe por qué no les gustaba “el loco de Colombia”, por qué era incómodo el Libertador para quienes deseaban desmembrar a Colombia e instalar el régimen de sumisión que aún controlan con tanta saña en contra del pueblo, sobre todo desde el momento en que Andrew Jackson (como presidente de Estados Unidos), contando con la gran traición del santanderismo a los sueños de emancipación, ordenó la conspiración que concluyó con la muerte de Bolívar.

 

 

Para Estados Unidos de América, mantener el continente como su “patio trasero”, y campo de tiro para sus diversas políticas filibusteras, para sus cañoneras…, ha implicado fomentar la división política y sostenerlos gobiernos lacayos cuya máximaaspiración no pasa de ser la de recibir para las oligarquías las migajas que le deje caer el imperio. No obstante, no siendo dóciles los pueblos a los que pretenden sumisos, su política hegemónica incluye como factor principal la existencia de un aparato militar ingente que garantice su supremacía a toda costa.

 

 

 

 

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"Si no hay Jurisdicción Especial para la Paz no hay proceso de paz" Mark Burton, abogado de Simón Trinidad

 

 

Por: ABP Noticias

 

La Agencia Bolivariana de Prensa tiene el honor de presentar esta entrevista con Mark Burton, abogado encargado del caso jurídico de Simón Trinidad.

 

En la entrevista Mark Burton nos habla acerca de la situación jurídica y política del caso de Simón Trinidad, nos da opiniones en cuanto al proceso de paz de Colombia y la Jurisdicción Especial para la Paz. El destacado abogado nos comenta sobre otr@s prisioner@s politic@s del imperio estadounidense y habla del montaje judicial contra Jesús Santrich y su importancia para la la paz de Colombia.

 

Canciones:

 

"No hay patria sin libertad" - Musica fariana

 

"Tigre playonero" - Compositro: Cristian Pérez. Inertpretada por Benedicto González, integrante de las FARC-EP

 

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