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Entrevista a Jesús Santrich en prisión - Tercera Parte
SOBRE LA INDEPENDENCIA DE COLOMBIA Y EL “APOYO CRUCIAL DE LOS ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA”.
Ver segunda parte aquí: https://abpnoticias.org/index.php/revolucion-debate/entrevistas/5183-entrevista-santrich-carcel-2
Enero 11 y 14 de 2019.
- EA: Esta claro tu punto devista sobre el papelde EEUU en el proceso de independencia, pero quisiera que me expliques si al menos después de haber reconocido en 1822 a Colombia como Republica, contribuyó a la consolidación de la misma, y cual fue también el desempeño político respecto a los demás países de Hispanoamérica.
- Jesús Santrich: Desde los tiempos de Bolívar, lo que estaba claro era que Estados Unidos comenzaba a abrir un juego expansionista hacia Hispanoamérica; y el Libertador identificó y advirtió como el que más, su nociva proyección de manera temprana. Y desafortunadamente tuvo razón, pues la política intervencionista yanqui la hemos padecido desde entonces y sigue su curso con todo furor, a lo largo y ancho del continente, año tras año, década tras década, consolidando su preminencia en cada rincón de América Latina y el Caribe que convirtieron en patio trasero destinado al saqueo de recursos naturales y en plataforma para su injerencia planetaria.
Recordemos que, desde finales del Siglo XlX, los Estados Unidos ya asumían las aguas del Caribe como SU MARE NOSTRUM y alentaban maniobras como la que le permitió en la alborada del siglo XX anexionar a Texas, incluyendo el filibusterismo que impulso en función de imponer dominio territorial en Centroamérica.
Con el cercenamiento del istmo de Panamá también lesionaron la Unidad territorial de Colombia, sin que de ello se libre de responsabilidad la dirigencia política negligente y arrodillada de nuestro país, que coadyuvó sin duda a poner en manos del imperio su posición geoestratégica en la que se junta la cuenca del Caribe, el paso interoceánico más corto y la entrada a Sudamérica con sus riquezas ingentes.
Pronto los Estados Unidos se hicieron, al control generalizado de recursos y mercados, contando con gobiernos y fuerzas militares sumisas, valiéndose de su propio poder bélico, sus cañoneras y una constante ofensiva cultural adelantada a través de enormes contingentes mediáticos.
En su obra “Imperialismo y militarismo en América Latina”, (1969), Manuel Agustín Aguirre, publicado por Editorial Latina, en Madrid, explica que los ejércitos nacionales se convirtieron en brazos de los poderes financieros y políticos estadounidenses en Sur América, apuntando que “las fuerzas armadas fueron convertidas en ejército de ocupación de sus propios pueblos”.
Tal circunstancia, la afianza EEUU sistemáticamente sobre todo durante la “Guerra Fría” logrando mediante sus “misiones militares” tomar la mentalidad de los aparatos bélicos de represión a los que pusieron a actuar en contra de los intereses de sus propias naciones y en beneficio del dominio planetario del imperio norteño, el cual dentro de una visión de control y seguridad continental despliega además sus doctrinas de guerra contrainsurgente y de guerra “preventiva” para aplastar cualquier descontento social o rebeldía en el marco de “su espacio vital”, y su reacción frente al “peligro” del “comunismo Internacional”, como claramente lo deja sentado, o más bien reafirmado como política de Estado en el medio siglo veinte en la Conferencia Panamericana en Chapultepec (1945) y en la I Conferencia de Ejecitos Americanos en Fuerte Amador (Panamá), por ejemplo. Dentro de este contexto se instala la Escuela de las Américas en Panamá, y con ella un oscuro historial de formación de la oficialidad castrense que dirigió durante décadas acciones de guerra sucia contra el movimiento popular en Nuestra América. Las fuerzas armadas locales ya desnacionalizadas sirvieron de instrumento para expandir el poder corporativo y empresarial yanqui que ya tenía tentáculos globales. Recordemos, por ejemplo, su injerencismo en el sudeste asiático con grupos paramilitares con “licencia” para matar y para violar los derechos humanos; recordemos el tenebroso programa Phoenix y su accionar terrorista en Vietnam e Indonesia.
- EA: Saliéndonos un poco del escenario de nuestro continente, ya que mencionas la injerencia en el sudeste asiático, brevemente, ¿Qué es lo que ocurrió en Vietnam, y para esa misma época que están haciendo los Estados Unidos en Latinoamérica?
- Jesús Santrich:Lo que ocurre es la terrible Guerra de Vietnam.
Estados Unidos apoyaban y conducían el impopular gobierno de Vietnam del Sur, y las administraciones sucesivas desde Trumman a Kennedy, enviaron a millares de “Consejeros Militares” para sostener el régimen contra el creciente descontento de masas y la resistencia guerrillera que había insurgido en el norte y que a inicios de los 60 ya había fundado el Frente de Liberación Nacional. A mitad del decenio los gringos estaban de lleno interviniendo militarmente, con propias tropas en la Guerra del Vietnam. Su justificación era la “defensa del mundo libre” contra el comunismo. El resultado, la masacre criminal de un pueblo en lucha, por parte de un imperio insaciable. En medio del escenario dantesco, la bandera de la dignidad en alto, a pesar del luto vietnamita. Hacia 1964, según la historiadora argentina Alicia Rojo, habían muerto 147 soldados norteamericanos y 1.000 habían sido heridos. Hacía 1968 habían muerto 14.500 y habían sido heridos casi 93.000; ya estaba desplegado medio millón de soldados yanquis en tierra vietnamita y el gasto militar era del 56% del presupuesto federal (75.000 millones de dólares). Los bombardeos a discreción en las declaradas por EEUU como “zonas de fuego libre”, arrasaban con población civil, mujeres, ancianos y niños.
A principios del año lunar Vietnamita de 1968 inició el FLN la legendaria ofensiva del Tet que, aunque finalmente fue rechazada por las fuerzas imperialistas, fue el punto de quiebre de la moral de las tropas invasoras y motivo de rechazo mayoritario de la misma población norteamericana a la presencia de sus militares en el país asiático. EEUU lanzó 7 millones de toneladas de bombas sobre Vietnam, Laos y Camboya, que es el doble de lo lanzado sobre Europa y Asia en la Segunda Guerra Mundial. Se cree que murieron 3 millones de vietnamitas entre civiles y militares.
A principios de los 70 se iniciaron las negociaciones para el retiro de las tropas yanquis, y en 1975 Vietnam del Sur capituló ante Vietnam del Norte. El mundo entero dio por entendido que Estados Unidos había sido derrotado por el pueblo Vietnamita.
- EA: Quiero una precisión. Te entiendo que la Ofensiva del Tet fue rechazada, pero al mismo tiempo dices que fue el punto de quiebre de la moral de las tropas invasoras. ¿Eso no es contradictorio?
- Jesús Santrich: De ninguna manera. Lo que ocurre es que el poder militar de la fuerza yanqui era superior a la del FLN, y eso lo tenía claro la resistencia vietnamita. Pero el poder fundamental de esta resistencia era su fuerza moral fundada en el apoyo mayoritario del pueblo. Entonces, si bien la Ofensiva del Tet tiene un componente militar sustancial, su poder está en el apoyo popular, en su fortaleza moral y la de la justeza de sus razones. Lo cual venía siendo observado por el mundo entero y ascendiendo en simpatías, al tiempo que se incrementaba el rechazo a la invasión incluso, como ya dije, en el seno de la propia sociedad estadounidense. De tal manera que la Ofensiva del Tet con sus oleadas de enero, febrero, mayo, agosto… del 68, mostro a la opinión mundial la imbatibilidad de la resistencia vietnamita al tiempo que hacia esa misma opinión se mostraban las imágenes de los horrores que las tropas yanquis generaban en las aldeas del país asiático. El movimiento anti guerra que se venía gestando, sobre todo entre la juventud y el estudiantado universitario se agigantó en solidaridad con el pueblo vietnamita. En consecuencia, la Ofensiva del Tet se eleva a la dimensión de hito de la resistencia anti – imperialista, en ejemplo de que ese imperio es derrotable y termina no solo quebrantando la moral de los invasores sino estimulando las luchas de liberación en Asia, África y América Latina y el Caribe. Eso, en términos generales, en un mundo convulsionado por efecto de este y otros ejemplos de resistencia, de luchas emancipadoras y anticolonialistas; tiempos de búsqueda de caminos hacía lo que, en el caso de Nuestra América, que era el nombre que desde el siglo anterior ya le daba Martí a nuestro subcontinente para diferenciarlo del norte, debía ser la “Segunda y definitiva independencia”.
- EA: Entonces volvamos a Nuestra América respondiendo la segunda parte de la pregunta; lo referente a ¿qué hacían los EEUU mientras se daban los sucesos de Vietnam?
- Jesús Santrich: A propósito de José Martí y de la categoría de América Nuestra, podría decir que la convulsión que mencioné antes, es la mezcla de los efectos de la Guerra Fría, del intervencionismo yanqui del que hablé en la primera respuesta y de la resistencia al mismo por parte de los pueblos de esa América diferenciada de la anglosajona. Respecto a esta, es que precisamente Martí define la “Segunda Independencia”, inspirado también en Bolívar, a quien consideraba su Padre Espiritual. Y fíjate en qué circunstancia entramos, porque Martí está viviendo y protagonizando la lucha contra el colonialismo de España, retomando la herencia de Carlos Manuel de Céspedes, de Ignacio Agramonte, el Grito de Yara de 1968, la Guerra de los Diez Años, el ímpetu de Máximo Gómez, de Maceo… y al mismo tiempo, incluso en la víspera de su caída en combate en Dos Ríos (1895), está advirtiendo sobre el peligro imperial de Estados Unidos, aguijoneando sobre el deber “de impedir a tiempo con la independencia de Cuba, que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestra tierra de América”.
El Apóstol entregó su vida por esa causa, y no fue en vano, porque, aunque desde 1898 Estados Unidos logró incrustar sus garras intervencionistas que truncaron la plena independencia de La Mayor de las Antillas, coadyuvado esto en mucho por gobernantes a los que lograron colocar en actitud servil por algo más de medio siglo, el movimiento revolucionario de finales de los cincuenta retoma estos ideales haciéndolos ascender a la cumbre de la victoria. De hecho, en el juicio que el régimen anterior a la revolución hizo a Fidel Castro con ocasión del heroico asalto al Cuartel Moncada de 1953, el joven dirigente de la vanguardia que retomo el nombre de la generación del Centenario Martiano, indicó que era El Héroe de Dos Ríos, Martí, el autor intelectual de la osada acción insurgente. Y he ahí que se considera que aquella pieza política y literaria que recoge la defensa de Fidel ante sus juzgadores, titulada “La Historia Me Absolverá”, es el documento programático de un proceso de transformaciones políticas y sociales que ya cumple 60 años.
Esta revolución, sin duda, en plena Guerra Fría, estremeció al continente latino-caribeño; un espacio en el que, desde principios de siglo, los golpes de Estado orquestados por el imperio y las oligarquías criollas contra todo proceso de democratización eran una constante. No es admisible, entonces, que se pretenda hacernos creer que en algún momento EEUU pudo haber incidido de algún modo en el logro o en la consolidación de nuestra independencia.
- E A: Algunos estudiosos de la política estadounidense, como Howard Zinn en su obra “La otra historia de los Estados Unidos”, por ejemplo, observan que en el marco de la Segunda Guerra Mundial, sobre todo al final de la misma, ya existía en el seno de los EEUU, un “Estado paralelo” al formal y al del común de la gente, que era el del poder corporativo y de dominio empresarial ya actuando en función de la histeria anticomunista; tal como se denota en las acciones contra Cuba. ¿Qué otros hechos tenemos, que sean trascendentales representativos de esta situación?
- Jesús Santrich: Aunque los dobles discursos y la doble moral también hacen parte de la historia en cabeza del imperio y de las oligarquías criollas, al respecto, sobre aquellos años 60, por ejemplo, recordemos que dos años después del triunfo de la Revolución Cubana, a mediados de enero de 196, Eisenhower pronunció un discurso en el que denunció la existencia de un poder tenebroso incubado al interior del gobierno de los Estados Unidos. Se refería a la influencia de la “gigantesca maquinaria industrial y militar”. Decía el presidente yanqui: “Los responsables del Gobierno tenemos que estar atentos a la adquisición de una influencia ilegitima, sea o no proyectada por el complejo militar industrial. El riesgo de poder desarrollar o utilizar un poder usurpador existe y persistirá…”
Pero este mismo personaje que advertía sobre ese peligroso poder secreto, ordenaba a la CIA contra “los barbudos” de la isla, una operación encubierta para derrocar su gobierno. Esta “genial” idea la concreto Kennedy entrenando en Miami y Centro América a militares batistianos. En la Brigada 2506 se diseñaron los planes de invasión. Kennedy llega a la Casa Blanca en enero de 1961 y un poco después de dos meses ordena el ataque con aviones bombarderos sobre aeropuertos militares cubanos. Cuba denunció el ataque el 16 de abril, y la invasión sobre Playa Girón y Playa Larga con mercenarios auspiciados por el imperio fue al día siguiente con 1300 efectivos. Pero las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba y sus milicias aplastaron a los invasores, desarticularon sus planes y tomaron 1100 prisioneros de guerra.
Lo cierto es que el expansionismo yanqui y la guerra fría se profundizaron, vino la crisis de los misiles, Kennedy inauguró el bloqueo a La Mayor de las Antillas, se abrió paso la tristemente célebre Doctrina de la Seguridad Nacional y la teoría del “enemigo interno” que colocó un manto de sospechas y de acciones contrainsurgentes al conjunto del movimiento social por considerarlo potencial enemigo subversivo.
En el 62 la CIA intentó y realizó golpes de Estado contra los gobiernos de Ecuador, Salvador, Perú; en 1963 en Honduras; en 1964 en Brasil; en 1965 Estados Unidos invadió República Dominicana para evitar que el presidente Juan Boch que había sido derrocado con un golpe Militar, retornara al gobierno; en 1966 el general Onganía protagoniza un golpe militar en Argentina; en el mismo año envían los yanquis sus boinas verdes a aniquilar la guerrilla guatemalteca; en 1967 la CIA conduce las operaciones contrainsurgentes que dieron con la captura y asesinato del Che en Bolivia; también con participación de boinas verdes. El Che es asesinado el 8 de Octubre en la Higuera, pero su imagen se elevó como ejemplo de rebeldía y resistencia insurgente que recorrió el mundo inspirando aún más la lucha por la emancipación anticolonial y antiimperialista, convirtiéndose incluso en símbolo de jornadas memorables como el Mayo 68 Francés o las del movimiento estudiantil mexicano de la misma época.
En los años 50 y 60 irrumpen las resistencias populares armadas en muchos puntos de la América Nuestra, por ejemplo, las FARC y el ELN en Colombia. Pero no se trata aquí de hacer el relato histórico de todo lo ocurrido sino de aproximar unas respuestas sobre el verdadero papel de EEUU en la obstrucción a la marcha libre del continente. Lo que hay es una historia de intervencionismo, opresión y depredación.
- E A: Compleméntame esta afirmación dando un salto al momento actual del gobierno del Presidente Trump.
- Jesús Santrich:Bien, pero se trata en materia de intervencionismo, más allá de si un gobierno es “Demócrata” o “Republicano”, de una política constante, de Estado, que tiene pilares comunes en todos los tiempos. Te doy algunas claves:
El componente militarista es fundamental al lado de los mercados y los negocios. Con claridad lo decía en 1999 Madeleine Albrigth, Secretaria de Estado de Estados Unidos: “Para que la mundialización funcione Estados Unidos no debe tener miedo de actuar como la superpotencia invencible que es en realidad. La mano invisible del mercado no funcionará sin un puño invencible. McDonald´s no puede expandirse sin Mc Douglas, el fabricante de los aviones F-15. El puño invisible que garantiza la seguridad mundial de las tecnologías del Silicón Valley, se llama ejercito de los Estados Unidos”. En otras palabras, para el imperio, su razón de ser son los negocios y estos van indefectiblemente de la mano de la fuerza.
Otro factor de enorme peso al lado del complejo militar es el accionar de las Corporaciones mediáticas, apuntando al control de las mentes con la desinformación de la llamado opinión pública. En este campo se inscribe la guerra psicológica que no es otra cosa que la planeación de la propaganda y las acciones psicológicas para la manipulación de las emociones, las opiniones y el comportamiento de las masas, a la manera más infame de la propaganda oculta Goebbelsiana.
El uso de estos instrumentos se ha depurado y agigantado, acentuando la concepción de “enemigo interno” y la guerra de baja intensidad. Todo lo cual, para el caso de nuestro país aun habiéndose surtido un proceso de paz sigue fortaleciendo la noción de “guerra política”, la misma que instaló en el Reglamento Interno de Combate de contra guerrillas, y que dice que las fuerzas subversivas están compuestas por la “población insurgente y el grupo armado”, colocando al movimiento sindical, campesino, indígena, estudiantil y social en general, en condición de contendiente militar, en objetivo de la guerra sucia o en términos del generalato fascista, en “el lobo al que hay que esquilar”.
Esta concepción se mantiene y ejecuta rompiendo con la noción de no repetición en el que se había comprometido el Estado en los Acuerdos de la Habana. Pero bueno, eso hace parte de la perfidia en la que hoy naufraga dicho pacto. Pero de esto ya hablamos en la primera entrevista, así que voy a lo de Trump: el hombre rudo, patán, del América First in Action; un programa que desde el mismo instante en que en 2017 este señor asumió el gobierno, expresa sin lugar a duda el propósito del crecimiento económico con base en el uso abierto o encubierto del ingente aparato militar del imperio. Con sus particularidades, es el mismo esquema del que te hablé al iniciar la respuesta. Pero ahora se denota un enfrentamiento, no sabría si más agresivo o si lo que está es más desnudo con la China y con Rusia, en el plano comercial y arancelario; para escalar una “Estrategia de Seguridad Nacional” que prioriza la economía estadounidense a cualquier costo, incluyendo el daño al medio ambiente o a los intereses de los países de la periferia, lo cual comprende la renegociación o el desconocimiento de tratados comerciales. En la era Trump se subraya expresamente que “seguridad económica” es “seguridad nacional”. El llamado espacio vital del fascismo se traduce en la categoría de “Intereses Nacionales Vitales” (INV), intereses unipolares, hegemónicos que terminan en que el horizonte valido es el de la omnipresencia de los Estados Unidos, la imperancia de su influjo, su liderazgo superior como único escenario de “mejor estar”, que no es otro que el del reino de las corporaciones desbocadas en sus apetitos; esos mismos que generaron y mantienen el saqueo de nuestros recursos y las mismas causas de la desigualdad y la miseria que detonaron el conflicto político, social y armado que nos sigue desangrando, y respecto al cual el imperio jamás ha reconocido responsabilidad ni ha tenido gestos de reparación y resarcimiento material o moral. Ni los tendrá, porque la rapacidad imperial hace parte de una política de Estado que sobrepasará la era Trump contando con la aquiescencia del Bloque de Poder Dominante que va más allá del papel sumiso que juega Iván Duque y que sin duda, en la medida en que se remarca la evidencia de expansión del saqueo y la traición de los intereses del común, avivará la resistencia y la confrontación que algunos consideraban superada. Por lo demás, valga decir que nunca el Estado tuvo intención diferente a buscar mediante el diálogo como ardid, no la paz, sino el desarme de la resistencia. Por eso jamás mermó su poderío militar, que no es otra cosa que parte del aparataje bélico del imperio desplegado en nuestro territorio.
- EA: Cerramos estas conversaciones agregando reflexiones tuyas sobre paramilitarismo y las bases militares yanquis en Colombia, escritas en 2009 y que guardan plena vigencia casi 10 años después.

