Revolución a debate

  • Escrito por Super User
  • Categoría: Revolucion a Debate
  • Visitas: 1041

Hasta siempre Santrich

 

Por: Miguel Ángel Sandoval

 


Escribo estas notas bajo el impacto de una noticia que en verdad no quería que llegara nunca. Y son las primeras bajas del nuevo alzamiento guerrillero en Colombia, de compañeros que firmaron la paz en La Habana y que, ante tanto incumplimiento, violación de los acuerdos y compromisos, optaron por volver a la guerra con sus consecuencias y en medio de un debate amplio y complejo. Entre los muertos en un combate inesperado esta Santrich.

 

 

No tuve el privilegio de conocer a Jesús Santrich, menos de intercambiar con él. La ocasión que más cerca estuvo fue en los días de las reuniones de la Habana, pero otras actividades no permitieron viajar en esos días a la isla. Sin embargo, llego a mis manos un libro escrito por él, uno de los tantos que escribió, pero ese tenía historias y poemas en donde la cosmovisión indígena, de los habitantes originarios, de Colombia tenía un lugar central.

 


Cuando se iniciaron las conversaciones de paz en Cuba, me llamó la atención su particular imagen en las fotos que circularon de la delegación de las FARC. Uno era el detalle de sus anteojos, con color negro profundo y supuse que tenía algo parecido eso que se llama fotofobia que es una sensibilidad extrema a la luz, especialmente esa luz intensa del Caribe. El otro era ese pañuelo palestino que llevaba siempre como una muestra de solidaridad con ese pueblo.
No tengo la menor duda que la reciente campaña de agresión de Israel sobre Palestina fue condenada desde la selva donde se encontraba Santrich. Los anteojos negros de Santrich y el pañuelo palestino que portaba ese excepcional comandante guerrillero, lo acompañaron hasta el combate en donde cayó empuñando las armas.

 


En esas vueltas de la vida, si tuve el gusto de conocer a un combatiente internacionalista que se había convertido en el intimo camarada de Santrich. La razón que les llevó gradualmente a intimar con el comandante de los anteojos negros y el pañuelo palestino, fue su tarea en el frente guerrillero. Se convirtió en el lector de Santrich, que por su ceguera no tenía el placer directo de la lectura de lo que fuera, pues se trataba de un lector empedernido.

 


Así, los documentos de la guerrilla pasaban delante de los ojos de ese combatiente internacionalista, que como Santrich, era también pintor. Leía para el Comandante ciego, poesía, novela, historia, informes políticos, cartas personales. En una palabra, se hicieron inseparables.

 


Se firmó la paz hace algunos años, con todos los problemas y dificultades que un proceso de esa naturaleza entraña, y la posibilidad de encontrar a Santrich se hizo más cercana. Entre otras razones, esta es una de las que me hicieron aceptar de un día para otro, un viaje a Bogotá con el propósito de participar en una reunión de gentes que habían tenido experiencias en procesos de paz ya concluidos.

 


En esa ocasión hubo amigos de Irlanda, El Salvador, de otros países con quienes intercambiamos durante esos días. Sin embargo, ya entonces Santrich estaba en el proceso que lo llevaría a retomar las armas y su paradero era desconocido. Si escuché algún rumor sobre las diferencias que existía al interno del nuevo proyecto político, sobre los groseros incumplimientos de la agenda de la paz, de la violencia contra líderes sociales o el asesinato de combatientes guerrilleros, pero no imagine que ello derivaría en un nuevo alzamiento. Ello forma parte de los asuntos internos de los revolucionarios colombianos y las decisiones de ellos merecen siempre mi mayor respeto.

 


Por ello esa reunión que había pensado para conversar de sus experiencias en el trabajo con pueblos indígenas no tuvo lugar. Así como la idea de intercambiar algunos poemas inspirados en las luchas populares de Guatemala. No pudimos comentar, intercambiar o tomar una taza de café. Solo le hice llegar el poemario de mi autoría, que seguramente le fue leído por el pintor internacionalista que lo acompañaba en esa tarea.

 


La figura de Santrich, siendo como era un comandante guerrillero ciego, que pintaba, tocaba el saxofón, escribía cuentos y poesía, es algo que invita a la más alta reflexión sobre las causas profundas de las luchas sociales en Colombia, armadas o multitudinarias en las calles del país entero como ocurre en la actualidad.

 


Mi solidaridad a sus compañeros. Solo puedo decir, hasta siempre Santrich.

Guatemala, 19 de mayo de 2021.

  • Escrito por Super User
  • Categoría: Revolucion a Debate
  • Visitas: 763

Crónica de un desastre anunciado

 

 

Por: Úrsula Saavedra Reflexiones desde Colombia

 


#SOSColombia #SOSColombiaDDHH

 

 

El Paro Nacional del pasado 28 de abril fue convocado por las centrales obreras, el movimiento estudiantil y algunas organizaciones sociales; fue una respuesta a la reforma tributaria que propuso el gobierno de Iván Duque. Las manifestaciones que acompañan las jornadas del paro han sido masivas a pesar de la pandemia y el creciente número de contagios que registra el país, tal vez porque, como se leía en algunas pancartas, “si un pueblo sale a protestar en medio de una pandemia, es porque el gobierno es más peligroso que el virus”.

 

 


No sorprende el malestar social, porque la reforma tributaria fue sólo la gota que rebasó el vaso, equivalente al alza del pasaje del metro en Chile o al retiro del subsidio a la gasolina en Ecuador. En todos los casos ha sido un zarpazo más del giro neoliberal que, desde las dos últimas décadas del siglo pasado, ha venido asfixiando nuestras naciones a punta de privatizaciones, desregulaciones y aumento de la deuda, con el consecuente sometimiento de los gobiernos a los dictados de la banca privada internacional; esa que se presenta a sí misma como “organismos multilaterales” o “bancos de desarrollo”.

 

 


El desespero es inevitable, el hambre y la desprotección han quedado en evidencia con la incapacidad del gobierno para garantizar los mínimos vitales. La situación sanitaria suma a la tragedia que ya arrastran nuestros Estados, secuestrados por gobiernos que administran para el beneficio de los capitales, en lugar de gobernar para sus pueblos.

 

 


En Colombia las movilizaciones acumulan el descontento social que ya se manifestaba en las protestas de 2019. Estaban suspendidas por el confinamiento, pero la gente ha vuelto a las calles, agravada la situación por el aumento de la pobreza1, el desempleo, la débil respuesta del sistema de salud ante la emergencia sanitaria y la incapacidad del gobierno que ubica al país entre los peores del mundo en el manejo de la pandemia2, a pesar de las nuevas deudas que contrajo con el FMI y el Banco Mundial para atenderla.

 

 


Tan legítimos son los reclamos y demandas populares, como desproporcionada y criminal ha sido la represión por parte de la fuerza pública, que parece haber declarado la guerra al pueblo y que tiene a Colombia en el ojo de la comunidad internacional y en alerta a todos los organismos de Derechos Humanos.

 

 

Elementos de la guerra contra el pueblo

 


El derecho a la protesta está consagrado en la Constitución y es esencial en el Estado social de derecho, pero la represión policial ha sido constante. La policía en Colombia tiene un carácter más militar que cívico, de hecho, está adscrita al Ministerio de Defensa y no al del Interior. Cuenta además con los Escuadrones Móviles Antidisturbios – ESMAD, una fuerza de despliegue cuya función principal es el manejo y control de disturbios y debe actuar cuando los recursos y medios de la policía se ven rebasados. Sin embargo, desde su creación, en 1999, el ESMAD hace presencia en las ciudades incluso antes de iniciada cualquier manifestación que se haya convocado y ha sido objeto de cuestionamientos por el uso desmedido e injustificado de la fuerza. En un país donde varias generaciones de militares y policías se han formado bajo el discurso del enemigo interno, en el que su principal enemigo es otro colombiano, estos son elementos relevantes para poder explicar el absurdo actuar represivo.

 

 


Las masivas movilizaciones en esta ocasión iniciaron con un hecho sin precedentes: el día anterior al inicio del paro, a propósito de la pandemia, y en respuesta a una acción de tutela, el Tribunal de Cundinamarca ordenó suspender las marchas hasta tanto no contaran con un protocolo de bio-seguridad establecido. Esto se pudo entender como un intento por reprimir las protestas que, en lugar de hacer desistir a los manifestantes, sumó al disgusto que se canalizaba en el rechazo a la reforma tributaria.

 

 


Un factor que no se puede desconocer es la influencia que tiene el expresidente Álvaro Uribe sobre el gobierno actual y sobre algunos sectores de la sociedad colombiana. Iván Duque era casi un desconocido seis meses antes de haber sido elegido presidente, ganó las elecciones por haber sido “el que dijo Uribe”.

 

 


Bastó un trino de Uribe en Twitter, posteriormente retirado por la plataforma por incitar al odio, en el que invitaba a la fuerza pública a defenderse con sus armas frente al “terrorismo vandálico”, para que se legitimara en muchos sectores de la sociedad la matanza de la que hemos sido testigos.

 

 


Las cifras más cautas3 indican que al día 7 de mayo hay 47 personas asesinadas; 39 de ellas por la policía, pero ya la misma Policía Nacional ha reconocido que en la ciudad de Cali salió a las calles aproximadamente una veintena de policías vestidos de civil y armados, que quedaron registrados en videos mientras salían de un camión matriculado a nombre de la Institución, si bien aclaran que los policías no tenían la misión de asesinar manifestantes. A esto se suman las aterradoras cifras de 548 desaparecidos; 963 detenciones arbitrarias; 12 casos de violencia sexual, todos hacia mujeres; 28 víctimas de lesiones oculares; y más de 1.800 casos de agresiones policiales.

 

 


Si bien las manifestaciones han tenido lugar en todo el territorio nacional, han sido las ciudades de Cali, Bogotá, Medellín, Barranquilla, Pereira y Bucaramanga las más golpeadas hasta el momento por esta guerra que se libra contra la clase trabajadora empobrecida, que ya denuncia incluso agresiones por parte de personas armadas que disparan desde automóviles particulares. En Cali, capital del Valle del Cauca, han tenido lugar hechos de extrema gravedad, como redadas nocturnas en la comuna de Siloé, con saldos de muertos diarios, cortes de luz y de servicio de internet durante varias horas.

 


Mientras que la ONU y la Defensoría del Pueblo denuncian agresiones por parte de la fuerza pública a delegados de Derechos Humanos de Naciones Unidas, el ministro de defensa lo niega. Mientras que recorren en las llamadas redes sociales los videos de madres llorando al lado del cadáver baleado de sus hijos, asesinados por la fuerza pública, el presidente sale en televisión a ofrecer recompensas para quien contribuya a la captura de los “vándalos”. Porque para Duque el soberano es Uribe y esto de ofrecer recompensas para poder presentar resultados es muy de su estilo4.

 

 


Cuando sólo el pueblo salva al pueblo: la Minga

 


El Consejo Regional Indígena del Cauca -CRIC-, organización que agrupa varios cabildos y asociaciones indígenas de la región (hace parte de la ONIC, Organización Nacional Indígena de Colombia), ha puesto en marcha la Minga, que ha cumplido un papel relevante en esta situación y se ha detenido en Cali donde ha logrado apoyar y organizar la protesta, constituido el Corredor para la defensa y el cuidado de la vida en Cali5, e incluso consiguió capturar un civil que disparaba contra los manifestantes, y que posteriormente confesó ser miembro de la policía6.

 

 

 

En medio de tan confusos hechos, la constante es la pugna entre las élites que claman por restaurar la paz que tal vez sólo existía para ellos, en sus conjuntos residenciales enrejados y vigilados; y las mayorías del pueblo, compuestas por trabajadores explotados y estudiantes con un futuro cada vez más incierto al que será muy difícil volar con el grillete de la deuda en los tobillos. Ponía en su pancarta una joven “Al ESMAD no le conviene asesinarme, le debo 50 millones al ICETEX”7. A ellos se suman los campesinos amenazados por la eterna guerra del despojo y los pueblos indígenas que han padecido el bicentenario abandono de un Estado que sólo se acuerda de ellos cuando necesita abrir paso a una compañía multinacional para explotar el territorio de los resguardos o cuando se le antoja al narcotráfico trazar por ellos sus rutas y se confunde, en este Estado secuestrado de mafia, de dónde vienen las agresiones porque a veces son lo mismo.

 

 


Intentos de sentido

 


Un sector de la sociedad se pregunta por qué continúan las protestas, si ya el gobierno retiró el proyecto de reforma tributaria y hasta renunció el Ministro de Hacienda; otro sector se pregunta por qué, si la reforma tributaria nació muerta (la apoyaba apenas una minoría del partido de gobierno), el presidente arriesgó tanto. La primera pregunta ya está contestada, es más que una reforma tributaria, así como en Chile es más que un aumento del pasaje o en Ecuador más que el retiro de un subsidio. Es mucho más y es lo mismo en todos nuestros países, hijos de una misma madre sometida: la patria grande latinoamericana. Estos hermanos, inexplicablemente lejanos, se empiezan a acercar, empiezan a tender puentes. Y no lo hace la gestión de los gobiernos o la diplomacia, sino la fuerza del movimiento popular y el grito que exige dignidad.

 

 

 


La segunda pregunta tiene varios caminos de respuesta, que pueden ser simultáneos: la reforma tributaria fue un intento, si resultaba, bien; y si no, sería un buen distractor para pasar la reforma de la salud, que nos llevaría de un régimen semi-privatizado a la privatización total y el desentendimiento del Estado para la garantía de este derecho. Una oportunidad de negocio muy apetitosa para los inversionistas privados. Al fin de cuentas, para ellos es que trabajan nuestros gobiernos, y los ministros y presidentes van y vuelven entre los cargos públicos y sus puestos en estas corporaciones financieras.

 

 

1 Durante el 2020, la pobreza aumentó en 6,8 puntos porcentuales respecto a 2019. Esto significa que de un
35,7% de la población en condición de pobreza, se pasó a un 42,5%. Más de 21 millones de colombianos
sobrevive con menos de $331.688 pesos colombianos, lo que equivale a 87,87 dólares, o $61.103 pesos
chilenos. De ellos, alrededor de 7,5 millones vive con menos de la mitad de ese ingreso. Cfr: Departamento
Administrativo Nacional de Estadística DANE, disponible en:
https://www.dane.gov.co/index.php/estadisticas-por-tema/pobreza-y-condiciones-de-vida/pobrezamonetaria

 

2 En el ranking de Bloomberg se midió la efectividad de los países para atender la pandemia. Se hizo el
estudio entre 53 países, Colombia se ubicó en el lugar 51. El estudio fue publicado en noviembre de 2020.
Cfr: https://www.bloomberg.com/news/articles/2020-11-24/los-mejores-y-peores-lugares-para-estar-en-laera-
del-covid-khwlaifq 

 

3 Datos de la Defensoría del Pueblo, Indepaz y la ONG Temblores.

 


4 Justamente este año la Jurisdicción Especial para la Paz -JEP- reveló la cifra de 6.402 civiles asesinados,
disfrazados de guerrilleros y presentados con un arma en los brazos yertos como abatidos en combate, por
miembros del ejército que ganaban con ello días de vacaciones u otras bonificaciones.
5 Para conocer la estructura, la plataforma política y los comunicados del CRIC, consultar: https://www.criccolombia.
org/portal/ 

 

6 Cfr. “CRIC hizo entrega de policía que estaba infiltrado en la Minga. El Espectador. 7 de mayo de 2021.
https://www.elespectador.com/noticias/nacional/cric-hizo-entrega-de-policia-que-estaba-infiltrado-en-laminga-
indigena/

 


7 El ICETEX es la entidad estatal que otorga créditos educativos.

 

 8 Según la encuestadora Invamer. Cfr. https://www.valoraanalitik.com/2021/04/22/invamer-desaprobacion-de-ivan-duque-llega-al-63-2/ 

  • Escrito por Super User
  • Categoría: Revolucion a Debate
  • Visitas: 869

¿Quién paga la cuenta por el desastre?

 

Por: Sergio Rodríguez Gelfenstein

A mi amigo y hermano nicaragüense

Luis Armando Guzmán (El Chiri)

que se nos fue antes de tiempo,

dejándonos para siempre

su espíritu noble, combativo, fraterno y solidario.

 

 

Mucho más que una simple crisis coyuntural, el sistema capitalista se está confrontado a fallas de fondo que dicen relación con las contradicciones que se generan en su fase imperialista monopólica. La pandemia del Covid19 ha mostrado como nunca antes las costuras de la estructura de dominación mundial en las que los ciudadanos son simples espectadores que asisten al drama de su propio sacrificio en pro del sostenimiento del capital.

 

 

Ante esto, los grandes centros del poder de Occidente se han abocado a la búsqueda de antídotos que permitan el tratamiento del mal no solo en lo inmediato de la crisis, sino sobre todo preocupándose de  actuar hacia lo profundidad del sistema.

 

 

Pero como no se puede curar el cáncer con aspirina, se está recurriendo a terapias de shock para exterminar a quien consideran un virus maligno que ha penetrado en sus entrañas para desestabilizarlo.

 

 

Así, alejados de las potencias, varios de los países que se han esgrimido como modelo en la implementación de sistemas neoliberales de democracia representativa autoritaria y violenta, se desmoronan bajo el impulso de pueblos que acusan el cansancio ante una exclusión que los coloca en niveles infrahumanos de subsistencia. Son los casos de Yemen, Chile, Colombia y Palestina por solo citar algunos donde la crisis se torna más dramática.

 

 

En los propios centros del poder mundial, los gobiernos se apresuran a tomar medidas que manifiestan la desesperación ante la necesidad de salvarse. En el discurso del presidente Joe Biden ante el Congreso al cumplirse cien días de su asunción a la más alta magistratura del país, se puso de manifiesto la necesidad de incrementar la inversión social “a tono con las más ortodoxas tradiciones del liberalismo demócrata” según el analista cubano Jesús Arboleya. Al anunciar algunas medidas en este sentido, Biden pretendía dar respuesta a sectores cercanos a Bernie Sanders que tras la defección del senador, se vieron compelidos a apoyar al ex vicepresidente ubicado políticamente en las antípodas dentro de su partido.

 

 

Según Arboleya, el problema que emana de estas propuestas viene dado por la capacidad de concretarlas. Las medidas que se inscriben dentro de una típica orientación keynesiana, refieren a lo que cada vez más analistas advierten en cuanto al interés de Biden por parecerse a su homólogo Franklin D. Roosevelt. Pero tal hecho recuerda que Roosevelt tuvo que responder de esa manera para enfrentar la que hasta ahora era considerada la mayor crisis en la historia de Estados Unidos: la ocurrida entre los años 1929 y 1933. Esta situación da cuenta del tamaño de la crisis actual que atraviesa la potencia del norte.

 

 

Entre las medidas tomadas más recientemente que están incluidas en un paquete que asciende a 1.8 billones de dólares, destacan –según Arboleya- “…planes multimillonarios de alivio a los efectos económicos de la pandemia y grandes inversiones estatales en la infraestructura civil, […] miles de millones de dólares para garantizar el acceso gratuito a universidades comunitarias, el cuidado infantil y mejoras en el sistema de salud, lo que se ha denominado como el Plan de la Familia Americana, a lo que se sumó la convocatoria a enfrentar problemas sociales relacionados con la equidad social, el racismo sistémico, los derechos de las mujeres, la protección del voto universal, el control de las armas, el cuidado del medio ambiente y un mejor trato a los inmigrantes”.

 

 

Este nuevo plan, se suma a uno anterior por 2 billones de dólares dedicados a infraestructuras, el cual se agrega  a los 4,3 billones de dólares que se han destinado a acciones legislativas desglosados (3,8 billones) y administrativas (0,5) de los 6,8 billones comprometidos y a los 2,9 billones (de los 6 comprometidos) de la Reserva Federal, todo lo cual  -de todas maneras- resulta insuficiente si se considera que el costo total de la pandemia en Estados Unidos es de 16 billones de dólares  según lo señala Juan Torres López,  economista español, catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Sevilla, citando  a David M. Cutler y Lawrence H. Summers (The Covid-19 Pandemic and the $16 Trillion Virus).

 

 

El problema del problema es, entonces, buscar los recursos para hacer realidad estas propuestas. En este sentido la administración Biden puede recurrir a la emisión inorgánica de dinero. Más que más, ellos son los dueños de la maquinita que los fabrica y no tendrán inconvenientes en hacerlo, cargando de esa manera la salvación de Estados Unidos a todo el planeta. A esto se va a sumar otra opción encaminada a elevar los impuestos a los sectores más altos de la sociedad, los dueños del capital y las grandes empresas, lo cual podría contrariar a los millonarios y generar conflictos

 

 

Pero, ¡oh sorpresa!. Aunque se trata de aumentar los impuestos a los ricos del 20 al 40% no se ha conocido la menor oposición de su parte. Se dan cuenta que es eso o iniciar el tránsito por la ruta del infierno toda vez que no es posible sostener un país que se precia de ser la mayor potencia mundial con un ingreso mínimo de 8 dólares por hora de trabajo.

 

 

Por otro lado, en un escrito de Luis Casado ya citado en artículos anteriores, este analista chileno nos recuerda que Estados Unidos llegó a tener impuestos del 90% cuando disfrutaron de sus más altos niveles de crecimiento. Citando a “The History of Taxation in the USA”, Casado refiere que: “Para los años fiscales de 1944 a 1951, la tasa marginal máxima para el impuesto a la renta individual fue de 91%, subiendo al 92% para los años 1952 y 1953, y regresando al 91% para los impuestos de los años 1954 a 1963. Para el año fiscal 1964 la tasa marginal más alta para el impuesto a la renta fue reducida a un 77%, y luego al 70% para los años fiscales de 1965 a 1981”.

 

 

También nos dice que últimos 6 presidentes en los 40 años transcurridos desde 1981 dieron continuidad a la disminución de la carga impositiva a los millonarios llevándola al 20%. He ahí la razón, por la que -visto en perspectiva histórica- este “aumento” del 20%, en realidad significa una reducción de un 50%, todavía altamente ventajosa para incrementar ganancias. Los hechos recientes, sobre todo desde el inicio de la pandemia, así lo demuestran.

 

 

Alguien podría decir que Biden se volvió “socialista” tomando medidas típicas de los gobiernos de esa orientación que asumen la prédica de la una alta intervención del Estado en la gestión de la economía. Sin embargo, en el fondo, esta realidad es manifestación clara de la dimensión de las dificultades que aquejan al sistema, sin que ni siquiera los grandes capitalistas manifiesten preocupación por el “decrecimiento” de sus niveles de ganancia si son obligados por ley a asumir un mayor protagonismo para solventar los costos de la crisis.

 

  • Escrito por Super User
  • Categoría: Revolucion a Debate
  • Visitas: 774

Colombia no futuro

 

Por: Alberto Pinzón Sánchez

 

En 1990, hace 31 años nada más, se presentó una película en el festival internacional de Cannes, titulada “Rodrigo D No futuro”, donde se mostraba la desesperanza-aprendida y su triste final de unos jóvenes sacados de la misma calle uno de ellos el protagonista llamado Rodrigo, habitantes de la famosa ciudad colombiana de Medellín o “Medallo”, famosa en el Mundo desde esos años por la violencia narco- paramilitar y militar oficial generalizada incluso en todo el Valle de Aburrá.

 

 

 Cuya expresión máxima fue la masacre de la Comuna 13 los días 12 y 13 de octubre del 2002, u “operación Orión” comandada por el genocida pero muy condecorado general Montoya su ejecutor, y ordenada por el presidente Uribe Vélez junto con la “veterana” ministra de guerra Marta Lucía Ramírez, hoy vicepresidenta del Pelele cebado Duque y aspirante a reemplazarlo en la subpresidencia de Colombia en las elecciones (si se realizan) del año próximo.

 

 

Operación Orión genocida de terror Estatal contra la población civil, cuyos macabros resultados conocidos hasta hoy, la mayoría en la impunidad, además de los 70 muertos es de 200 heridos, 300 arrestos ilegales aleatorios ocurridos durante esas pavorosas noches y madrugadas, doce 12 de ellos torturados con métodos nazis para arrancarles delaciones y  471 desaparecidos enterrados en “La Escombrera”, basurero municipal convertido en una verdadera fosa común en donde reposan hasta hoy más de diez mil (10.000) restos cadavéricos, despojos y huesos carcomidos, para identificar.

 

 

Desde esos años ya todo el mundo sabía que el Terrorismo fascista de Estado y la contrainsurgencia imperialista dominaban a Colombia y Hegemonizaban su realidad y su pensamiento. Se sabía en el mundo también que los jóvenes colombianos no tenían futuro. No podían tener educación y menos trabajo. Pero lo verdaderamente alarmante es que hoy, pasada una generación (exactamente 31 años despues) todavía la opinión pública mundial, la misma que en 1945 volteo la cara para no molestarse con el hedor del humo fétido que salía de los hornos crematorios del campo de concentración nazi de Buchenwald a un lado de la bella ciudad de Weimar; con motivo del estallido social que se está dando en Colombia en esta semanas de comienzos de mayo 2021, como si se trata de una novedad vuelve a hablar del NO Futuro que espera a los jóvenes colombianos rebelados que expresan su hartazgo, su ira y como decimos en colombiano su verraquera, en las calles y carreteras de Colombia, demostrando que el único futuro posible está ahí, en las calles y carreteras, no en las oficinas oficiales asépticas desde donde los “vándalos de cuello blanco” con su corrupción desjetada, tomando café tinto a sorbos pequeños, roban y saquean impunemente los dineros del pueblo.

 

 

El chancho cebado que funge de subpresidente colombiano conmovido allá en su seno, les ofrece  como dádiva a esos jóvenes rebelados para que se calmen y abandonen su ideales, que les va a rebajar la matrícula en las Universidades Estatales, mientras  gruñendo y con el ceño fruncido por su autoestima herida por los carteles y caricaturas porcinas que lo desnudan, da órdenes (como hace 31 años lo ordenó su jefe AUV) de arreciar el terror fascista del Estado, de militarizar ciudades y veredas; de endurecer la brutalidad policial y narco-paramilitar combinadas y sincronizadas contra esos mismos jóvenes alzados y los demás demostrantes. Su reducida mollera de niño rico con mucho futuro por ser hijo de un reconocido jefe de la contrainsurgencia Turbayista de fines del 70, que en 2018 lo llevó a la presidencia de Colombia en brazos de AUV, no le permite entender que el asunto es más hondito.

 

 

Que viene de lejos y tiene raíces más profundas que los investigadores e historiadores llaman “estructurales”. Que estamos en medio de un gran Proceso Histórico movido por la lucha de clases que abarca el continente latinoamericano y caribeño llamado SEGUNDA INDEPENDENCIA, el cual se entronca históricamente con el proceso de  la primera independencia iniciado por nuestros Padres fundadores en 1810 contra el “decadente” Imperio Español, ahora contra otro Imperio tal vez más Global y posiblemente más poderoso y cruel militarmente y voraz financieramente, pero al que también le ha llegado la hora histórica de su reemplazo y la pérdida de su Hegemonía, corroída no solo por la emergencia de potencias rivales (Rusia, China, Norcorea, Irán, etc) sino por la lucha decidida de todos los pueblos del mundo:

 

 

En Asia Central, en el Mundo Musulmán, en África descolonizada y, también en Nuestramérica, donde sucesivos alzamientos y estallidos sociales así lo demuestran a lo largo de todas estas décadas de lucha contra el neoliberalismo imperial: En el Caribe, en el Cono Sur, en Centroamérica, Brasil, y ahora último en Venezuela, Chile, Perú, Ecuador y al final aunque no será el último, en Colombia.      

 

 

 Es un Proceso Histórico complejo y contradictorio de avances y retrocesos pero irreversible un poco difícil de entender para quien no lo quiere o no lo puede entender por estar rodeado del envanecimiento y los elogios de los yupis de palacio, de los cortesanos intrigantes, pelechadores y “vándalos de la corrupción”, que por la mañana asesoran al subpresidente cebado en sus mal llamados “consejos presidenciales”, mientras engullen croissants con mermelada y beben café espumoso y le nublan al jefe con sus consejos la poca captación de la realidad exterior que le permite su meollo.

 

 

Por ejemplo, acogiendo la muy argumentada, novedosa y reciente teoría de la “conspiración internacional” que le trasmite desde Washington su embajador el gran intelectual y futurólogo colombiano descubridor del agua tibia doctor Phil Francisco Santos, fundador del bloque capital del narco paramilitarismo en Bogotá, que le manda decir a su jefe a través del ministro del interior que:  "Colombia vive una violencia organizada que busca desestabilizar al país" ( ver https://www.las2orillas.co/colombia-vive-una-violencia-organizada-que-busca-desestabilizar-al-pais/

 

 

O cuando tienen un poco más de elevación conceptual y pierden el tiempo jugando a la construcción de escenarios futuros que cambian con cada demostración o combate callejero, pero que de todas maneras la falsimedia adicta les publica como el análisis de la semana: Que si en Colombia se dará el escenario Chileno de una constituyente pactada, o el Ecuatoriano contra el cuadripléjico Lenin Moreno que concluyó derrotando electoralmente al “progresista” Pablo Aránguiz, o el Salvadoreño de una guerra civil convertida en los “Maras” , o el escenario de Myanmar con una dictadura militar abierta más sanguinaria y represiva de lo actual.

 

 

Cuando todo el mundo sabe que, el fascismo mientras más mata más muere porque esa es su contradicción interna. Y que podrá tener triunfos parciales deteniendo el Movimiento Social por el momento con perfidias y engaños como lo hicieron Pastrana en 2001 que pensó obtener una gran victoria para su clase oligárquica cipaya, destruyendo el proceso de paz del Caguán con el Plan Colombia impuesto por los EEUU, pero que agravó la situación general de toda la sociedad.

 

 

O, JM Santos en el 2016, quien aliado en la Habana con el liquidador Timochenko pensó obtener un gran triunfo político y social para la tradicional democracia electoral colombiana manejada por su clase financiera transnacional en disputa con AUV, adelantando un Proceso de Paz que desde su diseño estaba planeado incumplir o convertir en papel mojado, porque fundamentalmente su clase financiera no tenía con qué financiar semejante adefesio firmado, y por tal perfidia, el enconado conflicto que pretendió resolver se ha agravado y reciclado en uno peor.

 

 

Por un bien se obtuvo un mal. Ese es el movimiento contradictorio que da la interminable lucha de clases que forja la Historia de la humanidad y Colombia no es ni será excepción ahora que está inserta en la globalidad tecno-informática.  

 

 

Por el contrario, la más importante negociación social y política pendiente durante tantos años en Colombia, la que se debía realizar esencialmente con el Movimiento Social, en los cuatro años del proceso de la Habana se reemplazó con el desarme de las FARC y con unas charlas y eventos con algunos gastados figurones de la política, gerentes de la sociedad civil y la cúpula obrerista cooptada, todos ellos presentados como “representantes de las Sociedad Civil, y que no condujeron a ninguna negociación social. Lo que resultó del acuerdo Santos Timochenko 2016, fue simplemente la liquidación de las Farc-EP. Nada más

 

 

Hoy la verdadera negociación, la negociación politica con la sociedad que no se realizó en la Habana, se tiene que realizar por la potencia y la presencia en calles y carreteras colombianas de todo el pueblo sometido y su juventud sin futuro, exigiendo cambios estructurales para la sociedad en un ambiente de alzamiento social, represión fascista desbordada y terrorismo contrainsurgente de Estado que tampoco tendrá futuro.

 

 

Y por todo esto, al chanchito cebado en su pseudo palacete encortinado le está sucediendo lo que le pasó al Rey francés Luis XVI, quien a comienzos de la Revolución Francesa, viendo la muchedumbre que venía por él, asomado en el balcón de Palacio real preguntó a su ministro consejero y a los intrigantes que lo rodeaban: -” ¿Es esto una manifestación de respaldo al Rey? A lo cual el ministro le respondió: - “No, Sir, es una revolución”.

 

 

Así considerando el futuro que es ya, el estallido o alzamiento social en Colombia solo tiene dos posibilidades: Una, es derrotado y aplastado cruel y sanguinariamente con ayuda de la potencia estadounidense y el estupor mundial, durante otro lapso para volver a reaparecer porque sus causas profundas no se han resuelto.

 

 

O triunfa, imponiendo una negociación social y política favorable a las clases subordinadas explotadas cuya potencia por fin se ha visto en las calles y carreteras de Colombia, volviendo a traer la esperanza a millones de colombianos y quizás a millones de latinoamericanos que miran azorados lo que está sucediendo.

 

 

Fuente imagen Internet. En la foto: el presidente Uribe Vélez y los generales Padilla de León y Montoya.        

Subcategorías