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Hasta siempre Santrich

Por: Miguel Ángel Sandoval
Escribo estas notas bajo el impacto de una noticia que en verdad no quería que llegara nunca. Y son las primeras bajas del nuevo alzamiento guerrillero en Colombia, de compañeros que firmaron la paz en La Habana y que, ante tanto incumplimiento, violación de los acuerdos y compromisos, optaron por volver a la guerra con sus consecuencias y en medio de un debate amplio y complejo. Entre los muertos en un combate inesperado esta Santrich.
No tuve el privilegio de conocer a Jesús Santrich, menos de intercambiar con él. La ocasión que más cerca estuvo fue en los días de las reuniones de la Habana, pero otras actividades no permitieron viajar en esos días a la isla. Sin embargo, llego a mis manos un libro escrito por él, uno de los tantos que escribió, pero ese tenía historias y poemas en donde la cosmovisión indígena, de los habitantes originarios, de Colombia tenía un lugar central.
Cuando se iniciaron las conversaciones de paz en Cuba, me llamó la atención su particular imagen en las fotos que circularon de la delegación de las FARC. Uno era el detalle de sus anteojos, con color negro profundo y supuse que tenía algo parecido eso que se llama fotofobia que es una sensibilidad extrema a la luz, especialmente esa luz intensa del Caribe. El otro era ese pañuelo palestino que llevaba siempre como una muestra de solidaridad con ese pueblo.
No tengo la menor duda que la reciente campaña de agresión de Israel sobre Palestina fue condenada desde la selva donde se encontraba Santrich. Los anteojos negros de Santrich y el pañuelo palestino que portaba ese excepcional comandante guerrillero, lo acompañaron hasta el combate en donde cayó empuñando las armas.
En esas vueltas de la vida, si tuve el gusto de conocer a un combatiente internacionalista que se había convertido en el intimo camarada de Santrich. La razón que les llevó gradualmente a intimar con el comandante de los anteojos negros y el pañuelo palestino, fue su tarea en el frente guerrillero. Se convirtió en el lector de Santrich, que por su ceguera no tenía el placer directo de la lectura de lo que fuera, pues se trataba de un lector empedernido.
Así, los documentos de la guerrilla pasaban delante de los ojos de ese combatiente internacionalista, que como Santrich, era también pintor. Leía para el Comandante ciego, poesía, novela, historia, informes políticos, cartas personales. En una palabra, se hicieron inseparables.
Se firmó la paz hace algunos años, con todos los problemas y dificultades que un proceso de esa naturaleza entraña, y la posibilidad de encontrar a Santrich se hizo más cercana. Entre otras razones, esta es una de las que me hicieron aceptar de un día para otro, un viaje a Bogotá con el propósito de participar en una reunión de gentes que habían tenido experiencias en procesos de paz ya concluidos.
En esa ocasión hubo amigos de Irlanda, El Salvador, de otros países con quienes intercambiamos durante esos días. Sin embargo, ya entonces Santrich estaba en el proceso que lo llevaría a retomar las armas y su paradero era desconocido. Si escuché algún rumor sobre las diferencias que existía al interno del nuevo proyecto político, sobre los groseros incumplimientos de la agenda de la paz, de la violencia contra líderes sociales o el asesinato de combatientes guerrilleros, pero no imagine que ello derivaría en un nuevo alzamiento. Ello forma parte de los asuntos internos de los revolucionarios colombianos y las decisiones de ellos merecen siempre mi mayor respeto.
Por ello esa reunión que había pensado para conversar de sus experiencias en el trabajo con pueblos indígenas no tuvo lugar. Así como la idea de intercambiar algunos poemas inspirados en las luchas populares de Guatemala. No pudimos comentar, intercambiar o tomar una taza de café. Solo le hice llegar el poemario de mi autoría, que seguramente le fue leído por el pintor internacionalista que lo acompañaba en esa tarea.
La figura de Santrich, siendo como era un comandante guerrillero ciego, que pintaba, tocaba el saxofón, escribía cuentos y poesía, es algo que invita a la más alta reflexión sobre las causas profundas de las luchas sociales en Colombia, armadas o multitudinarias en las calles del país entero como ocurre en la actualidad.
Mi solidaridad a sus compañeros. Solo puedo decir, hasta siempre Santrich.
Guatemala, 19 de mayo de 2021.
