El profesor de relaciones internacionales de la UPV/EHU Alex Ugalde analiza la figura de Fidel Castro en la sociedad cubana actual UNA ENTREVISTA DE M. MARTÍNEZ FOTOGRAFÍA DE OSKAR MARTÍNEZ
¿Qué legado deja Fidel Castro?
-Es una persona fundamental para Cuba y para la historia del mundo en el siglo XX. Él solo, más allá de Cuba, es un actor internacional. Ha sido un influyente de las relaciones internacionales, sobre todo en el plano ideológico y político. Si eso lo unes a la Revolución y a haber sido jefe de Estado y de Gobierno durante tanto tiempo, y ligas su figura a Cuba, todavía es más resaltable.
¿Qué destacaría de su figura?
-Dos cosas. Lo principal es que contribuyó a un antes y un después en Cuba. La Revolución cubana es un hecho histórico de primera magnitud. Definiría esta revolución como él hizo en 1961: como una revolución socialista y democrática con los humildes y para los humildes, y eso yo creo que es lo principal desde el punto de vista del propio país. Luego, desde el punto de vista internacional, logró que un país tan pequeño territorialmente, con una economía no muy fuerte y con menos de 10 millones de habitantes en las décadas pasadas haya sido uno de los principales países del mundo. Y en todo esto incide su personalidad.
¿Qué supone Fidel para los cubanos actualmente?
-Como en todo, hay para todos los gustos. En Cuba he recogido todo tipo de opiniones, desde los que están completamente con la revolución y sus logros, aunque reconozcan ciertas deficiencias, y aquella gente absolutamente crítica con Fidel Castro o con la revolución. La diferencia con otros sitios es que quienes le han criticado siempre lo han hecho con bastante respeto; en otros países igual la carga es más despectiva, en Cuba no se llega a ese punto. Un poco distinto a las escenas que estamos viendo de Miami. Pero esa comunidad ha cambiado mucho, lo que se está viendo no es la opinión mayoritaria de la comunidad cubana de Miami y esto está avalado por estudios académicos.
Diez años después de abandonar el poder, Fidel seguía despertando pasiones.
-Sí. Siempre que iba a Cuba un visitante notable muy habitualmente acaban visitándole en la casa, eso no es casualidad. Y cada vez que en estos años se han tomado decisiones importantes en la isla, normalmente ha habido un pequeño escrito de Fidel Castro haciendo un comentario. De alguna manera seguía estando ahí. Lo único que el paso de ceder el poder a su hermano fue bastante positivo. Incluso pienso que igual podía haberlo hecho antes.
¿Qué supone su muerte?
-Si hubiese seguido siendo secretario general del Partido Comunista, jefe de Estado y de Gobierno esa pregunta tendría más relevancia. Como el poder estaba traspasado desde hace tiempo, eso va a tener más efecto. La pregunta es si se van a dar más pasos, que antes su hermano no se atrevía a dar porque estaba Fidel vivo, eso es difícil de saber. Pero creo que no se van a dar grandes cambios, creo que sigue su curso, están haciendo reformas, algunas bastante atrevidas para lo que ha sido la isla y desde que se inició el proceso de reformas yo lo valoro muy positivamente. Igual ahora se aceleren un poco más las reformas, pero esto ya lleva su marcha.
El cambio, en todo caso, se producirá cuando Raúl Castro abandone el poder. ¿Qué vendrá entonces?
-Eso será el siguiente movimiento. Raúl no va a repetir mandato y seguramente traspasará el mando a quien venga. En los mentideros se habla de (Miguel) Díaz Canel (vicepresidente). La cosa creo que va a ir relativamente tranquila, sobre todo si se logran implementar las reformas. Aquello de que en Cuba va a haber cambios trascendentales, yo creo que no.
¿Cree entonces que el poscastrismo seguirá siendo revolucionario?
-Sí. Creo que fue un acierto el traspaso de poder y también el inicio de las reformas. Sin estos dos factores no se hubieran dado, podríamos estar planteándonos qué incógnitas hay. Pero con estas dos circunstancias, la posibilidad de cambios importantes, como desearían algunos, yo creo que no va a ser así.
¿Está en peligro el deshielo entre Estados Unidos y Cuba con la victoria de Trump?
-Yo creo que no. Creo que los avances que se han dado con Obama son irreversibles. Creo que el nuevo presidente de Estados Unidos está interesado en que esa línea se mantenga, no creo que se den pasos para atrás. Incluso, me atrevería a decir que hay algunos pasos adelante. Más allá a veces de lo que ha sido Trump en campaña, suele ser muy práctico desde el punto de vista económico y comercial, y creo que a Estados Unidos también le interesa. Yo creo que ahí tampoco va a haber marcha atrás.
Pablo Beltrán, jefe de la delegación de paz del ELN, subraya en respuesta al cuestionario remitido por GARA que «el asunto de fondo a debatir es el derecho a la rebelión. Cuando se trata, como en este proceso, de buscar un arreglo político, el corazón del problema está en resolver las causas que originan la rebelión; porque algunos creen que la rebelión desaparece con tan solo hacer un conjuro». Destaca que la guerrilla comparte con el Gobierno el deseo de «ir creando un clima de paz para crear confianza mutua».
La instalación de la mesa de conversaciones está en el aire tras la decisión del presidente Juan Manuel Santos de suspender el viaje de sus negociadores a Ecuador a la espera de que se concretase la liberación del excongresista Odín Sánchez, en manos del ELN.
¿Qué desafíos entraña iniciar la fase pública de conversaciones en un contexto tan difícil como el actual, con el acuerdo de La Habana en el limbo?
En la mentalidad de la élite dominante en Colombia, este ejercicio de pacificación –no de paz– que desarrollan, es apenas «explotar el éxito» logrado por medio de la fuerza bélica y la satanización mediática contra la insurgencia. En el guión de ellos, Santos aparece como el «policía bueno», mientras Uribe hace de «malo». Así polarizan la sociedad y la colocan a matarse entre sí, mientras ellos, cuando les conviene, se unen y se abrazan. Con una escenificación igual comenzó este conflicto, hace siete décadas, cuando perpetraron el magnicidio de Jorge Eliécer Gaitán. Algunos analistas afirman que la pérdida del plebiscito del 2 de octubre fue un hecho prefabricado por la oligarquía. El actual vicepresidente, Vargas Lleras, lo dijo sin tapujos, que gracias al triunfo del «No» iba a ser posible renegociar lo acordado con las FARC, para que quedara más a gusto de ellos. Entonces, como podrá observar, lo que se viene para el proceso que genera esta mesa es fuego por todos los flancos; como dijo a principios de este año un diplomático de EEUU, a «los elenos para que aflojen, hay que hacerlos sangrar y arrinconarlos mediáticamente».
¿Qué diagnóstico hacen de la sociedad colombiana actual, tanto de la urbana como de la rural, tras los resultados del plebiscito y la alta abstención?
Muchos de los que votaron por el «Sí» lo hicieron por convicción, votaron de verdad por la paz; mientras muchos de los que votaron por el «No» lo hicieron para evitar que Colombia cayera en manos del «castro-chavismo», como rezaba la propaganda de Uribe. Pasó lo mismo que con el Brexit, donde se enfrentaron maquinarias de manipulación, miedo y compra de conciencias y resultó más efectiva la extrema derecha. Dos minorías votaron y cada una obtuvo el 18% de los votos, pero el 63% que no votó les dijo: «no me importa esa polarización». El reto está en interesar a esa mayoría para que participe en los debates sobre el destino del país. Meta difícil, porque la apatía y la indiferencia son producto del tipo de régimen dominante, no surgen por generación espontánea.
El escritor colombiano Héctor Abad Faciolince sostiene en tono muy crítico que el resultado del plebiscito refleja que «la sensatez no da votos: produce bostezos. Y a lo que más temen los votantes es a aburrirse». ¿Comparten esta reflexión?
En Colombia, el sistema no forma ciudadanos, como en todo el mundo capitalista, solo le importa mantener consumidores de productos y de propagandas políticas. Esto es lo sensato para el sistema. Y un componente esencial de la actual manipulación política está en generar miedo para poder vender seguridad. A los británicos les asustaron con una invasión de turcos y Uribe asustó a los colombianos con los socialistas y comunistas. En Colombia, quienes no votaron el 2 de octubre se quedaron en casa porque no le creen al sistema. Mientras, los que salieron a votar por el «No» lo hicieron asustados y enardecidos.
¿Es posible una paz completa sin el uribismo?
La paz se hace con los enemigos. Este proceso de solución política del conflicto busca que las mayorías nacionales que quieren la paz neutralicen a la derecha violenta que se lucra de la guerra. En ese momento tendrá que haber una negociación con Uribe y sus seguidores.
El acuerdo de La Habana está en el limbo, el cese al fuego bilateral entre las FARC y el Gobierno vence, por el momento, el 31 de diciembre y las conversaciones públicas con ustedes arrancan el 3 de noviembre. El tiempo apremia porque las presidenciales, que se celebrarán en 2018, están a la vuelta de la esquina. ¿Cómo puede condicionar un escenario preelectoral? ¿Temen que un hipotético cambio de gobierno haga inviable la implementación de los acuerdos que se logren con las FARC y en la mesa con ustedes?
Los delegados de Santos nos han dicho que el Gobierno aspira a dejar abierta esta mesa de conversaciones con los elenos, cosa que parece sensata. Otros dicen que hay que negociar rapidito con nosotros, a lo que les hemos respondido que no aceptamos unas conversaciones exprés. En La Habana cada tema de la Agenda implicó 6 meses de negociación y el más complejo, que fue el de justicia, requirió de 19 meses. El que la insurgencia no tengamos a un solo interlocutor al frente, a medio y largo plazo, ha sido una falla estructural de los procesos de paz en Colombia. Hablamos con un gobierno y llega el siguiente y desconoce lo avanzado.
Desde sus orígenes, el ELN ha mantenido una estrecha relación con sectores de la Iglesia católica. ¿Cómo valoran el auge de las iglesias contrarias a los acuerdos de La Habana y que fueron uno de los factores que propiciaron el «No»?
En los últimos 50 años ha ido creciendo una idea de cristianismo, que une su suerte a los pobres del mundo, contrario a la vieja idea de religión como apología de la fatalidad y la resignación. A la primera vertiente la denominan de liberación, en contraposición con la llamada tradicionalista. Camilo Torres, «el Cura Guerrillero», es un referente para los cristianos de la liberación, que son estigmatizados por quienes asumen la Iglesia como palanca de poder, más que de servicio. Las iglesias tradicionalistas son un medio clave para la enajenación programada, que en la coyuntura del plebiscito tomaron partido por el «No». Lo que ha desatado un interesante debate, porque son operadores políticos, pero no pagan impuestos; prerrogativa que es tan atractiva, que de media cada día se funda una iglesia nueva en Colombia.
Hablando de enfoque de género, ¿qué lugar ocupa la mujer guerrillera en el ELN y en la etapa pública de las conversaciones que arrancan en Quito?
En la insurgencia se trata de vivir y luchar en medio de la igualdad entre compañeras y compañeros; ideal que mantenemos muy presente, porque es una cotidianidad muy exigente al ser la sociedad colombiana altamente machista. Tres compañeras llegan a nuestra delegación para ser parte de los negociadores principales. Ellas aspiran a representar a todo el ELN y aportar en todos los temas de la Agenda; y por supuesto, ellas encarnan el enfoque de género que hemos desarrollado como proyecto insurgente.
Los primeros puntos que se abordarán en la mesa son los relativos a la participación de la sociedad y el subpunto f del punto 5 sobre acciones y dinámicas humanitarias. ¿En qué desean que se traduzca esa participación? ¿Qué acciones y dinámicas humanitarias plantean para construir confianza?
El plebiscito demostró que la mayorías no participan; no lo hacen porque también están desorganizadas y con poco interés en la política. Todo esto es producto de la contrainsurgencia, que descabeza las organizaciones sociales y políticas del pueblo; y de la idiotez social construida por la industria de los medios masivos de manipulación. Aspiramos a que los sectores organizados se echen al hombro la tarea de promover la participación de las mayorías excluidas y nunca tenidas en cuenta en las decisiones sobre el rumbo del país. Con el Gobierno estamos de acuerdo en ir creando un clima de paz, por medio de ir rebajando la intensidad del conflicto; que, como usted dice, vaya creando la confianza entre las partes, que no existe. A la élite gobernante le interesan los dolores de ellos, pero les hemos dicho: todos somos colombianos, todos tenemos dolores y tales dolores son iguales, no hay unos que valgan más que otros. Entonces, interesémonos por todos los dolores y vamos haciendo alivios para todos. Del lado del pueblo, lo más sentido es la persecución política, que sigue produciendo asesinato, desaparición, destierro y encarcelamiento de líderes.
En el anuncio sobre la apertura pública de las conversaciones, se recogen los términos «secuestrados/retenidos». Desde amplios sectores se ha pedido al ELN el fin de esta práctica. ¿Cómo acogen esa petición?
Nuestra respuesta ha sido que estamos en la disposición de debatir y acordar este tema en la mesa de conversaciones, una vez iniciemos la ronda en Quito. Es un tema complejo porque como insurgentes tenemos derecho a privar de la libertad por diversas razones propias del conflicto. En estos términos, el asunto de fondo a debatir, es el derecho a la rebelión y cuando se trata –como en este proceso– de buscar una solución política, el corazón del problema está en resolver las causas que originan la rebelión; porque algunos creen que la rebelión desaparece con tan solo hacer un conjuro.
¿Qué lugar ocupan las víctimas en este proceso?
Quien pone los muertos en un conflicto es el pueblo, los de la élite no mandan a sus hijos a la batalla, por eso muchos de los súperricos están cómodos y piden que la guerra siga. Por tal motivo las víctimas son del pueblo. Solo los desplazados suman siete millones, más que en Siria o Ruanda; y dos terceras parte de ellos son mujeres. Hay que ser muy insensible para no valorar la dimensión de este sufrimiento y para no comprometerse a resolverlo de raíz. El punto número 4 de la Agenda dice que los derechos de las víctimas están en el centro de estas conversaciones. Para nosotros la mejor reparación es que no haya repetición y para ello debe haber arrepentimiento, el cual no existe sin reconocimiento; o sea, que todo se edifica sobre la verdad y la asunción de responsabilidades; sin ellas, nunca habrá perdón ni reconciliación.
El sorpresivo triunfo del "No" en el plebiscito que pretendía dar legitimidad al acuerdo de paz entre el gobierno colombiano y la guerrilla de las FARC arrojó el proceso en su peor crisis.
En una semana extraordinaria, los colombianos rechazaron el proceso, Álvaro Uribe se sumó a las conversaciones, el presidente Juan Manuel Santos recibió el premio Nobel de la Paz y marchas y manifestaciones a favor del proceso empezaron a pulular por todo el país.
¿Y las Farc? Inmediatamente después del resultado del plebiscito, su máximo comandante, Rodrigo Londoño "Timochenko", anunció que la búsqueda de la paz continuaba. Desde entonces están en contacto constante con los negociadores del gobierno y esperan en La Habana las propuestas que les deben pasar las tres mesas en las que delegados del "No" que trabajan con representantes del presidente Juan Manuel Santos.
En las últimas semanas ha pasado mucho en cuanto al proceso de paz. ¿Cuán presionados se sienten ustedes?
La verdad es que hemos trabajado de manera distendida. No hay problemas, entendemos la situación que se ha presentado. Ha habido un empate técnico entre el "No" y el "Sí" en el plebiscito. El "No" no tiene una mayoría absoluta pero tiene un talón de Aquiles y es que fue construido sobre la base de la mentira.
Lo ha confesado el propio jefe de la campaña del "No", el señor Juan Carlos Vélez, entonces deja en una posición muy débil a uno de los sectores del "No", que es el del senador Álvaro Uribe Vélez.
El "No" es muy variado. Los seis millones de votos del "No" no le corresponden a Uribe Vélez, sino que ahí están representados los cristianos. Y otros sectores de la sociedad que por razones propias y por su convicción resolvieron darle un no a la actuación del presidente.
Aquí se está calificando, no el acuerdo final de La Habana, firmado en Cartagena, sino que se está juzgando una actuación política del presidente de la República porque los plebiscitos no tienen ningún tipo de alcance jurídico.
¿Cuáles son los puntos para usted que consideran no negociables?
Nosotros no estamos hablando de no negociables. Tenemos la satisfacción de contar ya con un acuerdo que contienen los elementos suficientes para iniciar la construcción de una paz estable y duradera para los colombianos.
El logro de la paz y de la reconciliación es lo que más nos interesa.
Pero evidentemente habrá que entrar en una especie de negociación para incluir algunos puntos de la campaña del "No". Los partidarios de esta opción rechazan que los comandantes que hayan cometido crímenes de guerra no paguen cárcel y puedan ser elegidos para cargos públicos.
La campaña del "No" tuvo una base en la mentira. Ha habido una manipulación inaceptable de la opinión pública y eso está demostrado. Así lo registran los medios de comunicación en Colombia y lo reconocen algunos de los promotores del "No". Es el caso del señor Juan Carlos Vélez.
No va a haber impunidad. La jurisdicción especial para la paz no contempla la posibilidad de que los delitos no amnistiables y no indultables queden en la impunidad.
Hay una sanción, quiero reiterarlo. Pero es una sanción restaurativa, reparadora.
Quiero remarcar esto. La jurisdicción especial para la paz no es solo para las FARC, es para todos los involucrados en el conflicto, incluida la cúpula la política, los militares, los empresarios, los guerrilleros, los paramilitares, la policía, los directores de grandes medios que azuzan día a día la guerra.
Esa jurisdicción especial para la paz es para todos los implicados en el conflicto, entonces hay que partir de esa base porque nos podemos equivocar en los enfoques que tenemos de la realidad colombiana.
Pero usted, Iván Márquez, ¿estaría dispuesto a ir a la cárcel unos años?
Nosotros vamos a aportar verdad. Su pregunta no tiene lugar porque no consulta la jurisdicción especial para la paz.
Esta contempla cárcel para aquellos que no aporten verdad. Esos, los que se nieguen a ir a los tribunales de paz, tienen que pagar una sanción punitiva y deben ir a la cárcel.
¿Qué es lo novedoso de esta jurisdicción? Que usted va a aportar verdad para sanar heridas, que usted va a asumir responsabilidades y si su actuación está enmarcada dentro de lo no indultable en coherencia con el derecho internacional humanitario, entonces usted no tendrá ninguna impunidad, sino que será tratado con un procedimiento novedoso que es restaurativa.
Pero si eso no es suficiente no solo para la campaña del "No" sino para una mayoría de colombianos.
La mayoría de colombianos quiere la paz. ¿Usted ha visto semejantes manifestaciones que se han producido en el país? En Bogotá, en Medellín, en Cali. Dejar atrás 52 años de guerra, que es lo que no quieren algunos sectores.
Quieren la paz, es evidente. Pero, como dijo el lema del "No", no así. Y ahí está el problema que ustedes tienen.
Es lo que hemos convenido, ¿cómo no va a ser así? Si ahí están los elementos que realmente nos pueden conducir a la paz.
¿Ellos quieren la paz? Pues ahí tenemos un instrumento en nuestras manos que se llama acuerdo final. Tomémoslo.
Agreguémosle, sí, como usted sugiere al comienzo de la entrevista, algunos planteamientos para enriquecer ese acuerdo final y así tener un acuerdo fuerte que cuente con el respaldo de toda la nación.
Por ahora, ¿qué está haciendo la campaña del "No" y en especial el sector de los políticos? Dilatar, dilatar el proceso para llevarlo a una encrucijada, a una situación donde el proceso termine. Y Colombia no quiere eso.
¿Cómo está la tropa en este momento? ¿Desanimada?
No, el ánimo de la tropa y se lo voy a decir parafraseando un poco al poeta Pablo Neruda: "el ánimo y la moral es tan elevada que toca al mismo invisible pecho del cielo".
La gente está a la expectativa, sí, esperando los desarrollos que saben que estamos tratando de concretar tanto en Bogotá como en La Habana.
Estamos trabajando arduamente para buscar fórmulas jurídicas y políticas. Porque debemos escuchar a los del "No" y del "Sí".
Y vamos a escuchar también a la abstención, a más del 60% que se abstuvo de votar en Colombia.
Es justo que nosotros escuchemos pero también advirtiendo una cosa. Que realizamos foros temáticos en los cuales participó la mayoría de los sectores del país. Esas opiniones las recibimos en La Habana y las plasmamos en el acuerdo.
En ese aspecto, nos sentimos tranquilos y satisfechos porque hemos logrado tomar el pensamiento y la visión que tiene el movimiento social y político de Colombia en los acuerdos que firmamos.
¿La guerrilla no se siente en una especie de limbo en este momento?
Hay que salir rápido de esa situación de incertidumbre. Por eso reafirmamos que la dilación que pretende uno de los sectores del "No" es para dar por terminado el proceso de paz, pero los colombianos no estamos dispuestos a eso.
Ya el país lo ha demostrado fehacientemente en sus manifestaciones masivas por todo el territorio nacional.
¿Temen deserciones?
Realmente no. No existe en la dirigencia de las FARC ese temor. Hemos sido claros, precisos y lo digo sobre todo después de realizar la X Conferencia de las FARC, donde la delegación de paz de las FARC en La Habana, recibió el más unánime de todos los respaldos a una política realizada como es la que desplegamos en los diálogos de paz.
En las condiciones actuales, ¿por cuánto tiempo se puede seguir sin tener determinada una fecha final?
Es cierto lo que usted dice y recuerde que nosotros no estamos cobrando impuesto a ninguna empresa en este momento.
Estamos haciendo uso de una economía de guerra. De un poco dinero que aún nos queda para sostener un ejército. Eso no es fácil y requiere de muchos, pero muchos recursos económicos.
Tenemos muchos rubros como por ejemplo la alimentación, el sostenimiento, la dotación de un guerrillero, la salud, el transporte. Es un ejército y demanda recursos.
Usted me dijo anteriormente "no tenemos plata". De hecho la campaña del "No" usó esa línea en su contra. Luego, el día antes de la votación, dijeron que iban a pagar indemnizaciones a las víctimas.
Lo que hubo fue una declaración donde las FARC se refirieron a que existe una economía de guerra. Es obvio que las FARC tienen que vivir de algo. Tenemos que cultivar la tierra. Ese puede ser un bien.
Tenemos también bienes muebles, como ganado, de donde sacamos la leche, la carne y el queso que comen los guerrilleros.
Y algunos bloques pueden tener unos ahorritos y a eso nos referimos. Son unos dineros que entran en lo que llamamos economía de guerra.
Por eso tenemos que agilizar esto, porque se pueden agotar.
No es cierto que las FARC sean una organización rica como pregonan estos sectores malintencionados.
¿Es una opción para ustedes volver a la guerra?
No quisiéramos volver a la guerra. Colombia no se merece más guerras. Recuerdo las palabras del comandante Alfonso Cano al concluirse los diálogos de paz con el gobierno de Gaviria en Tlaxcala, México, cuando dijo con tristeza: "Nos vemos dentro de 10.000 muertos".
Colombia no resiste más victimizaciones, necesita hacer sus mejores esfuerzos por lograr la reconciliación, la paz.
Y como le estoy diciendo, en ese acuerdo final está la clave, la fórmula, la ruta y el camino para llegar a una paz con vida digna, que es lo que nosotros queremos. Con democracia dilatada, la más amplia que se pueda, con soberanía.
De la forma que habla usted, suena como si el proceso de paz no está en crisis, pero al resto del mundo le parece que sí...
Somos optimistas frente a la crisis. No nos amilanamos frente a los problemas. Hemos enfrentado desde los más serios en toda esta historia de resistencia y este no nos va a amilanar.
Estamos seguros de que hay argumentos políticos y jurídicos que permitirán sacar adelante y muy pronto este proceso de paz.
¿Cuál el próximo paso para usted?
Nos vamos a reunir nuevamente con el gobierno en los próximos días. Hoy (miércoles) seguramente tenemos una reunión para ponernos de acuerdo en términos del protocolo sobre el cese el fuego y hostilidades definitivo.
Estamos pensando en la posibilidad de reagrupamiento de la fuerza en unos puntos, entonces necesitamos ponernos de acuerdo en el contenido de esos protocolos para así pedirles a Naciones Unidas que su misión tripartita y su mecanismo de monitoreo y verificación entre a actuar para preservar la situación de no confrontación armada que hoy se vive en Colombia.
Tenemos que proteger esta suerte de armisticio que tenemos.
Durante estos años de negociación parecía que era un proceso entre el gobierno de Juan Manuel Santos y las FARC y al final de cuentas parece que el exmandatario Uribe tiene tanto que decir como esos dos actores.
No quisiera hablar del señor Uribe ni de sus posiciones. Esas son sus convicciones, nosotros tenemos las nuestras. Pensamos que Colombia no merece la guerra.
Uribe tuvo ocho años para intentar aniquilar por la vía militar a las FARC y no pudo. Si no pudo ganar la guerra, que permita a los colombianos hacer la paz. Eso es lo que le podemos pedir.
Usted se encontró con la BBC hace un año más o menos. Dentro de un año, ¿volveremos a encontrarnos aquí?
Nosotros aspiramos a que esta situación se resuelva pronto y estamos trabajando en esa dirección. La discusión no puede ser eterna porque hemos discutido por más de cinco años ya.
Es que los colombianos somos especiales. Colombia es un gran Macondo, ese Macondo de García Márquez donde ocurren tantas cosas inverosímiles.
Y es inverosímil que una gente se pronuncie en contra de la actuación de un presidente que quiere la paz para Colombia.
Platicamos con el intelectual vasco Iñaki Gil de San Vicente sobre el necesario engranaje entre la lucha por el socialismo y la lucha antipatriarcal. La entrevista se realizó para el mensuario PolítiK.
Cira Pascual Marquina (CPM): En el continente latinoamericano somos testigos de rápidos procesos de pauperización. En casos como el venezolano, donde un gobierno progresista se mantiene en el poder, el horizonte de lucha del pueblo tiende a limitarse a resolver los graves problemas familiares que se presentan cotidianamente de forma individualizada. En un contexto así, la lucha antipatriarcal podría ser caracterizada como trivial o pequeñoburguesa.
Muy por el contrario, nosotras opinamos que este es un momento donde la lucha de género debe asumir un rol importante en el proyecto anticapitalista. Las mujeres pobres son las que cargan la mayor parte del peso de la crisis sobre sus hombros, y si bien la superación absoluta de esta situación es solo posible en el socialismo, estamos convencidas de que la lucha por la emancipación de la mujer debe ser del presente. Es así porque mientras la mujer sea dominada por el hombre y la crisis se desplace sobre ella, la tendencia es a postergar la confrontación con el capital. En un momento de crisis económica y política, ¿cómo engranarías la lucha por el socialismo con la lucha antipatriarcal?
Iñaki Gil de San Vicente (IGSV): Las fuerzas revolucionarias venezolanas, y en especial las que luchan con más decisión y perspectiva histórica por la emancipación de la mujer trabajadora, cometerían un error suicida si minusvalorasen la importancia de la lucha antipatriarcal como una piedra basal del socialismo. El error consistiría en creer que como ya se han logrado algunos derechos elementales de la mujer, y dadas las serias dificultades actuales que pueden llevar a la derrota del Proceso Bolivariano, teniendo todo esto en cuenta, ahora es necesario volcarse en otras luchas “más importantes”.
Otros muchos procesos revolucionarios han cometido este mismo error: el ruso de 1917, el del Estado español de 1936, el chino de 1949 y el chileno de 1970 por citar algunos. En ellas la emancipación de la mujer, con grandes conquistas iniciales, terminó debilitándose y posponiéndose a otras “prioridades”. Los resultados fueron desastrosos a medio y largo plazo: resurgimiento de valores patriarcales y sexistas primero en la vida mal llamada “privada” y luego en lo “público”; debilitamiento de la fuerza social de los movimientos populares y obreros que son la base del poder revolucionario; reforzamiento de las tendencias burocráticas inherentes al poder patriarcal renacido dentro de la izquierda; envalentonamiento de la burguesía, y, junto a otras causas, la derrota última de la revolución.
CPM: Aunque reivindicamos y somos partícipes de luchas por cambios en la legislación que garanticen, por ejemplo, la legalización del aborto –que por cierto, está penalizado en Venezuela–, somos también conscientes que los cambios en la ley no implican la superación de la doble explotación de la mujer. En La mujer, August Bebel plantea algo muy importante: conceder derechos de igualdad a la mujer no cambia la condición de sujeto subalterno para la mujer trabajadora. Hay estructuras económicas y culturales que reproducen la condición de dominación de género. ¿Podrías explicarnos cómo funcionan estas estructuras económicas y culturales?
IGSV: Las estructuras económicas y culturales de explotación de sexo-género funcionan en dos áreas diferentes pero unidas en la práctica: la de la explotación de la fuerza de trabajo sexo-económica de la mujer por el hombre, y la de la dominación cultural, afectiva, emocional, amorosa, sexual, política, etc., del patriarcado. La unión práctica entre explotación y dominación produce la opresión capitalista de sexo-género. El sistema patriarcal es anterior al capitalismo, pero éste lo ha integrado, subsumido en su lógica, convirtiéndolo en una pieza clave de su existencia, pieza que demuestra especialmente su eficacia en dos circunstancias decisivas. Durante las crisis, el patriarcado refuerza el aplastamiento de la mujer en todos los sentidos para aumentar los beneficios capitalistas en todas sus expresiones; durante las luchas revolucionarias, el patriarcado intenta convencer a las mujeres de que no luchen, que sean pasivas y, sobre todo, que se opongan a la revolución.
CPM: Silvia Federici ubica una parte importante de la resistencia al desarrollo capitalista en la mujer trabajadora y pobre (la campesina, la obrera, la desempleada, la trabajadora sexual). Según Federici, durante los últimos 500 años se han dado grandes luchas por la protección de lo común (y de lo comunal) desde el bloque social de la mujer trabajadora. Reconociendo el acumulado histórico de estas luchas que pueden convertirse en faros, ¿cómo debemos orientar la lucha hoy día?
IGSV: Otras revolucionarias han dicho lo mismo o parecido que Federici, pero con otros énfasis y en otros contextos, y todas ellas tienen razón. En el capitalismo actual hay, al menos, cuatro luchas cruciales en las que la mujer trabajadora debe ejercer la dirección. Éstas son: la reproducción como parte de la producción; la (re)construcción de lo colectivo, comunal; la lucha cultural y ética contra las ideologías patriarco-burguesas; y la actualización del principio de autodefensa social como contrario a la violencia patriarco-burguesa.
La Revista Kabái, revista de estudiantes de la Facultad de Ciencias Humanas y Económicas de la Universidad Nacional sede Medellín, se complace en presentar la entrevista realizada a Jesús Santrich, miembro de la Delegación de Paz de las Farc-Ep, realizada en el mes de julio del año 2016 en La Habana, Cuba.
Esperamos con esta entrevista aportar a la pedagogía de paz.