Por la Patria grande y el socialismo

Progresismo en srisis

Por: Narciso Isa Conde


Sometidos a una intensa embestida ultraderechista, en nuestra América se registra la declinación de procesos dirigidos por fuerzas y liderazgos autoproclamados de izquierdas o progresistas, disimiles entre sí en cuanto a la profundidad de las reformas que emprendieron.


Ciertamente la oleada de cambios progresivos a nivel de Estados y gobiernos luce estancada, entrampada, retrocediendo, a la defensiva…sufriendo reveses ya no solo a consecuencia de la fuerza del contra-ataque feroz del imperialismo y las derechas, que como en casos como el de Honduras o Paraguay, el pueblo no pudo contrarrestar pese a la formidable resistencia popular, sino también por su desgaste, inconsecuencias y pérdida de apoyo popular…


Por no atreverse a ir más allá, por no profundizar las transformaciones, o por caer en la tentación de reproducir prácticas de gobiernos y “formas de hacer política” de las derechas. Por corromperse o tolerar la corrupción en sus filas....


Por pretender socialismo sin romperle la columna vertebral a la gran burguesía coexistente, por confundir de nuevo socialismo con estatismo o no decidirse a darle vida al poder popular en lugar del poder individual, partidista o estatal; por reproducir las culturas de la decadente civilización burguesa: mercantilismo, consumismo, rentismo, paternalismo, egoísmo, insolidaridad, caudillismo, autoritarismo, nepotismo, patriarcado y perpetuación vía reeleccionismo indefinido…


Por acomodarse paulatinamente a asumir el socialismo más como retórica y proclamas que como hechos; por la autocensura que fortaleció la subordinación a un modelo que reproduce variados grados de divorcio de la democracia respecto al socialismo y grandes carencias en la creación de la conciencia política anticapitalista que facilite la superación del sistema y la ruptura de sus controles y mecanismos alienantes.


Entonces, en baja los periodos de bonanzas de las exportaciones, ocurre lo que ocurrió en Argentina y en Brasil, y lo que está ocurriendo -descontada la mayor radicalidad y resistencia desplegada- en la Venezuela bolivariana. O lo que se percibe en un país como El Salvador con alto riego de viraje a la derecha; o lo que dentro de su propia estabilidad acontece en Nicaragua: la creciente deformación autoritaria del proceso, cargado de caudillismo, nepotismo y maniobras cuestionables.


Consumados los reveses en Argentina y Brasil, evidentes las garras y colmillos de sus pérfidos gestores, el desafío que tiene por delante el pueblo trabajador venezolano, su pobrecía contestaría, el chavismo revolucionario, los militares patriotas, los comunistas y socialistas de verdad, es imperioso y crucial.


Igual en cualquier caso parecido de subversión imperial combinado con crecientes debilidades y vulnerabilidades propias de los llamados gobiernos progresistas, más aun cuando el controversial pacto de desarme unilateral de las FARC-EP concertado con el régimen santanderista presidido por Juan Manual Santos, precisamente en un territorio ocupado militarmente por EEUU y lo peor del militarismo y el paramilitarismo, tiende a envalentonar a las derechas y a debilitar resistencias populares y anti-imperialistas en el continente.


El momento exige una reflexión profunda que procure detener esa pendiente y relanzar las rebeldías liberadoras.

 

La paz en Colombia signo de la nueva epoca

Por: Miguel Ángel Sandoval


I


Colombia se encuentra a las puertas de terminar de manera formal el proceso de guerra que inicio en sus condiciones políticas, sin exagerar, con el bogotazo allá por el año 1948. Mas adelante, con los ataques a las llamadas republicas independientes de Marquetalia, el Pato, Guayabero, Rio Chiquito por el año de 1964, y dio inicio la guerra de guerrillas en un proceso que ahora termina y que duro más de 50 años con sus días y sus noches. Hubo en estos años varios intentos de buscar la paz mediante el dialogo pero ello no dio sus mejores frutos.


Seguramente este resumen no hace justicia a todos los episodios vividos en ese proceso. Pero la intención de esas notas (de forma muy resumida y sintética) es reflexionar sobre lo que a partir de ahora se inicia como proceso en Colombia. Se hace sobre la base de otras experiencias, en particular sobre la guatemalteca que es el proceso en el país que vivo y nací desde hace muchos años; también por haber acompañado de manera solidaria, aún si a distancia, el desenvolvimiento del proceso colombiano en los últimos 5 años por lo menos.


Hace unos días, entrevistado por Notimex, afirmaba ante la pregunta sobre las diferencias entre el proceso colombiano y guatemalteco, que había dos o tres temas que en Colombia se habían, hasta este día, desarrollado con mejores resultados que en Guatemala. Hablo de lo firmado en la mesa, lo cual debe pasar por un proceso de implementación que tiene como siempre muchas interrogantes. De manera esquemática se pueden identificar:


Una visión mucho más desarrollada sobre la justicia transicional y los derechos de las víctimas del largo conflicto armado.


Un acuerdo agrario de una amplitud que deja pensar en un cambio profundo en la estructura agraria colombiana.


El inicio de la transición política donde junto a la construcción de un instrumento político, hay la participación de un buen grupo de cuadros de las FARC en la vida política institucional.


El plebiscito que debe confirmar los acuerdos, a realizarse en el mejor de los tiempos políticos en este tipo de procesos.


Hay otros puntos que no tienen el mismo desarrollo que los acuerdos alcanzados en Guatemala y uno de ellos tiene que ver con la disminución de efectivos del ejército o la construcción de una policía de nuevo tipo. Esto tiene que ver con las realidades nacionales de Colombia y con los imperativos de la geopolítica, y pienso en este terreno, en las fronteras de Colombia y las diferencias que de manera objetiva existen con los regímenes políticos que existen en Venezuela, Ecuador o Brasil que son las fronteras naturales reales.


II


A partir de los planteamientos anteriores hay un mundo de posibilidades, en donde el tema de la dejación de las armas, con todo lo importante que es, pasa a ser de segundo plano. Existe además el marco de las posiciones de orden ideológico y todas las facetas políticas que se puedan identificar, pero hay un hecho que no puede ser soslayado. Con la firma de la paz en Colombia se está produciendo un hecho político de alcance estratégico que entraña un cambio de época en ese querido país. Me parece que ese hecho en la coyuntura mundial que existe debería contar con todo nuestro decidido apoyo.


Ese cambio de época que viene con el fin de la guerra y la firma de la paz, permite pensar en cambios políticos de una naturaleza que en su desenvolvimiento pueden dar lugar a nuevos procesos sociales al incorporar nuevos actores que si bien es cierto apoyaron de alguna forma las posiciones de la guerrilla o fueron víctimas de las oleadas represivas, ahora pueden jugar un rol diferente como acores de sus propios intereses.


No se trata de nada especulativo pues si algo ha sido históricamente motor de amplias movilizaciones sociales en nuestra América, han sido los procesos agrarios, del carácter que sean pero que signifiquen nuevas condiciones de vida para las masas campesinas. Sin duda el arquetipo de esas movilizaciones campesinas se encuentra en la revolución mexicana, y luego en Guatemala de la revolución democrática de los años 44-54 con el resultado que se conoce. Adelante fue Cuba en el marco de una revolución socialista. Antes fue Bolivia y luego en Perú, con los cambios agrarios impulsados por militares desarrollistas.


En suma, en todos los casos señalados con actores diversos hay resultados que no pueden dejar de ser considerados, con sus luces y sombras hay que decir. El campo se convirtió en un actor de primera línea. Esa es una gran oportunidad que tiene origen en los acuerdos de paz firmados en Colombia. Y esa es una de las grandes diferencias entre el proceso de paz colombiano y el guatemalteco. Si se habla de ello es porque, a pesar de todo lo que se diga, se trata de sociedades con un gran componente agrario en su realidad actual. En otro orden de ideas, los cambios en la vida de los grandes conglomerados campesinos constituyen, desde la perspectiva que se quiera, procesos de naturaleza revolucionaria o renovadora si se prefiere.


Queda un aspecto del debate que no está concluido: es el carácter de esos cambios. Son o no parte de un proceso democrático, socialista o reformista. Me parece que ese debate con lo importante, es por ahora secundario pues la sola idea de poder desencadenar en el campo colombiano una nueva fase con estas características es en sí mismo, un proceso de cambio que en la época actual va más allá de algunos postulados del amplio laboratorio teórico. En particular porque la insurgencia colombiana posee un proyecto y rumbo de alcance estratégico. Esas son herramientas que pueden potenciar de manera importante el acuerdo sobre el tema agrario. Aquí dependerá en mucho, la capacidad de la dirección política de la guerrillerada convertida en activistas políticos, de dotar de sentido estratégico al proceso.


En el tema de los avances logrados en el caso guatemalteco, hay uno que me parece capital: es el acuerdo que tiene que ver con los derechos de los pueblos indígenas, que es la mayoría de la población. A la fecha se estima que es el de menor cumplimiento en términos de lo concretado, aunque si se analiza desde la perspectiva del desenvolvimiento de los espacios que día con día ocupan los pueblos indígenas lo menos que se puede señalar es que los acuerdos abrieron una época para los pueblos indígenas guatemaltecos, pues se trata de la primera vez luego de la conquista y colonia en donde se habla de derechos para los pueblos originarios. Sin duda es un proceso fundacional y abierto que tiene carácter irreversible.


III


Otro de los temas es el de la justicia transicional. Quizás el dato más relevante s que la justicia transicional es una construcción moderna que ve la luz luego de los procesos que nos llevan de las guerras a la paz o de las dictaduras a las democracias y ello a nivel mundial. Es un conjunto de ideas, normas y procedimientos que solo han visto la luz después de las tragedias de la exyugoeslavia, el drama de Ruanda y los procesos negociados en países como Guatemala, África del Sur y otros, dentro de los cuales se pueden incluir los desarrollos ulteriores post derrumbe de los países del este.


En esta perspectiva se trata de los antecedentes de los que se ha beneficiado el proceso de construcción de la paz en Colombia. De cierta forma, se trata de las medidas compensatorias para las víctimas, las normas para los participantes en estos procesos de guerra y violaciones de los derechos humanos, y el castigo sin excusas a los delitos de lesa humanidad. En el caso guatemalteco un momento de severa crisis política incluso con polarización grave, ha sido el juicio por genocidio en contra del dictador Efraín Ríos Montt. Algo que está claramente previsto en la ley de reconciliación nacional, que no excluye los crímenes de lesa humanidad y genocidio. No obstante, apareció la defensa a ultranza de las posiciones mantenidas en la guerra por parte de sectores conservadores. Sin duda, los temas desarrollados en la justicia transicional son un conjunto de normas perfectibles pero que si crean condiciones para concluir procesos como el de las guerras que optan por la salida negociada, pactada.


No está demás advertir que en estos procesos de justicia transicional hay el riesgo de enfrentamientos ideológicos, se atrincheramientos políticos y toda suerte de debates que pueden ser mucho mas ríspidos que las discusiones en la mesa negociadora, y es bueno que se diga, con muchas cajas de resonancia en los medios de comunicación que no se reciclan al mismo ritmo que quienes combatieron durante muchos años. Es la experiencia que deja el análisis de los procesos de la posguerra.


Los derechos de las víctimas son sin duda uno de los ejes principales de la justicia transicional pues no queda la menor duda que uno de los sectores de población mas afectados es lo que se denomina como la población civil no combatiente, que sin estar de manera abierta de parte de una u otra fuerza, sufre los embates de la guerra. Es el caso de los desplazados por bombardeos, o de las personas que sufren por los combates de mayor o menor intensidad que tienen lugar en sus territorios o lugares de habitación. Y hay el gran tema y desafío que representa la reinserción social y productiva de los desplazados por la guerra, de los refugiados y exiliados así como de los combatientes. Es un proceso delicado con muchas dificultades pero que debe ser acometido. No es el fin simple de un conflicto armado, es la solución de las causas originarias y de los fenómenos creados en el proceso desencadenado.


Son temas que en su desarrollo hacen que delitos ligados a los procesos de guerras internas sean tratados con perspectiva política, humanitaria y de derechos humanos. Pensar en el todo o nada o vincular estas aristas de los conflictos armados a una ideología o a una postura política, podría dar como resultado el fracaso del proceso que concluye de manera negociada. En estos procesos hay otra perspectiva que no puede perderse de vista y es el de modificar las causas que le han dado origen a la guerra. Seria a toda luz impensable la conclusión de un proceso negociador sin tener esta idea central como perspectiva. Esta variable solo se produce en casos de derrotas totales nunca en procesos con salida negociada.


IV


La transición política es quizás el tema más delicado de la época de la posguerra, pues si se alcanza una buena implementación de los acuerdos y de todo lo relacionado con la justicia transicional, el proceso de pasar de la guerra a la política, de la guerra a la paz, comporta siempre múltiples riesgos y desafíos pues no es un proceso que pueda ser cumplido como otros acuerdos. A título de ejemplo, legalizar las tierras y dotarlas de seguridad jurídica no es algo que pueda ser equiparado al cambio de mentalidad que debe operarse en los combatientes, o en la gente que observa el fin la de la guerra y la conversión de los guerrilleros en políticos.


En el caso guatemalteco uno de los temas más difíciles fue el convertir a las viejas organizaciones guerrilleras en un proyecto político, que fuera más allá del cumplimiento de los compromisos de la paz. Incluso se puede afirmar que este cumplimiento y los retrasos en los calendarios establecidos, así como en las dificultades para dar cabal cumplimiento a los acuerdos que a 20 años siguen sin ser honrados, tienen en la mala transición política su más grande explicación. No es fácil convertir estructuras militares en proyectos políticos del día a día. De la misma forma que convertir a un combatiente con años de montaña o clandestinidad en un activista para las campañas políticas luego de los acuerdos alcanzados en la mesa. Es entonces en donde debe salir a la luz del día la naturaleza de los revolucionarios.


En otra perspectiva, la guerra si algo genera en las filas de combatientes es la certeza de un adversario o enemigo, claro, identificable. La represión unifica aun si no siempre es así, pero en la lucha política, el enemigo o adversario se difumina, los objetivos no son siempre los mismos y los errores cometidos no son algo que pueda permanecer en ese marco enorme del conflicto en donde no existen responsables visibles. Salvo que se hable del gobierno, de la oligarquía, del imperialismo. Pero en la lucha política como la que tendrá lugar en Colombia de la construcción de la paz, todos los actores son visibles o su peso se expresa por vías privadas que finalmente son visibles. Es ahora la lucha y el combate en otro terreno, a veces desconocido y ello es parte de los nuevos riesgos.


Con todo, es ahora a veinte años de la firma de la paz en Guatemala cuando aparece por diversas vías la idea que los compromisos de la negociación son necesarios para el país, y que acaso constituyen el único pacto de país planteado desde lo que se considera el proceso democrático guatemalteco. Es una constatación que puede ser tardía y ello solo nos indica que los tiempos políticos son irrepetibles, salvo que nuestros esfuerzos se ubiquen es espacios marginales. Por supuesto que esto habla del nivel político pues en términos estructurales en el ámbito económico-social hay estancamiento, incluso retrocesos.


Distinto es el desarrollo de la postguerra en El Salvador. Se puede señalar los pocos avances en materia social o económica pero no se puede dejar de observar un hecho político que a la fecha sigue sin ser asimilado en toda su dimensión: en términos políticos la sociedad salvadoreña sigue en una especie de empate. Hay bipartidismo, y el mismo determina el comportamiento de la sociedad en general. Es un rasgo que no puede ser modificado a voluntad ni se puede modificar invocando las ideas teóricas de cualquier corriente política. Son los hechos que están diciendo que la realidad salvadoreña tiene esas características y con ellas hay que trabajar.


Diría a manera de conclusión, que en los procesos señalados, la transición política ha dado lugar a fenómenos distintos en realidades diferentes. Y en uno y otro, la salida política ha demostrado ser válida luego de más de veinte años de transitar por ella, y ello aun con todas las limitaciones conocidas. Las sociedades respectivas así lo indican. No es en ninguno de los casos, procesos que puedan ser caracterizados como revoluciones ni mucho menos, antes bien se trata de procesos de reformas del más diverso calado inscritas en el marco de eso que denominamos democracia a lo occidental. Es claro que por los cambios ocurridos en los últimos tiempos permiten ver con optimismo el rumbo que por ahora se vislumbra en el proceso que se inicia en Colombia.


Finalmente he afirmado que el plebiscito para ratificar los acuerdos se produce en los mejores tiempos políticos y con una clara vocación por la paz y la sanción de los compromisos. En ello la experiencia guatemalteca es de tomar muy en cuenta. Tiene lugar una consulta popular para intentar la ratificación de unas 50 reformas constitucionales y no para ratificar los acuerdos de paz alcanzados. Por ello el resultado adverso, en un momento a casi tres años de la firma, en que ya habían aparecido, aun si como embriones, todos los aspectos no totalmente aclarados en las negociaciones, los aspectos de sombra y las limitaciones y ese resultado fue determinante para ponerle freno al proceso de paz en su conjunto. Aunque como se señala líneas arriba, es ahora a veinte años que crece la idea que la mejor oportunidad para tener un mejor país tenía en la firma de la paz su mejor acuerdo nacional y mejor posibilidad.


Quizás haga falta tener presente un tema que no es para nada menor. Si durante la negociación por la paz y el fin de la guerra el apoyo de la comunidad internacional es efectivo, en la construcción del nuevo proceso deja mucho que desear, al menos en la experiencia guatemalteca. Ello es un proceso de partida doble. La finalización de la guerra es mucho más urgente que la construcción democrática. La firma de la paz es más relevante que la culminación de los compromisos adquiridos y respaldados. Es por ello un aspecto a no perder de vista.


En el caso colombiano, con todas las precauciones que es necesario tener en mente, creo que se ha escogido por las partes el mejor momento para la ratificación de los compromisos de la paz por la vía del plebiscito. El futuro no está garantizado ni tiene seguro adquirido. Es un tiempo de nuevas jornadas de lucha con la más amplia participación social. Es ahora el tiempo de la sociedad colombiana para la construcción de esa paz estable y duradera, así como un mejor país. De todo corazón, muchos éxitos.


Guatemala, 17.9.2016

!Ay¡ Si las FARC entregan las armas...

Por: Narciso Isa Conde


Por múltiples vías –desde mi posición solidaria con las FARC-EP, el ELN y todas la fuerzas insurgentes y de izquierda colombianas- he expresado mi opinión contraria al desarme y desmovilización militar de esas organizaciones revolucionarias en el marco de ese Estado criminal, gansterizado e intervenido por el Pentágono y sus bases militares; sometida Colombia al cruel imperio de fuerzas paramilitares y regulares de corte terroristas, con patrocinio de la CIA y el MOSAAD israelí.


En adición a esa valoración, he sostenido que la paz es inseparable de la refundación del Estado colombiano vía Constituyente Popular y Soberana y que los EEUU están aplicando una estrategia regional y mundial contraria a la paz, la democracia, la justicia social y la soberanía de nuestros pueblos, que incluye su determinación de imponer a sangre y fuego un destructivo programa minero y de control de valiosos recursos naturales en Colombia, la Amazonía y toda la región.


Sin embargo, la dirección FARC-EP, sorpresivamente para mi, ha decidido entregar unilateralmente sus armas y transformarse en fuerza política legal en un plazo de 180 días, confiando en una ilusoria “reconciliación” de ese Estado y el lumpen imperialismo que lo sustenta con la fuerzas que se le han opuesto y han sido perseguidas, asesinadas, torturadas; esto a raíz del Acuerdo de Paz de la Habana que será sometido en estos días a su X Conferencia Nacional Guerrillera.


Sin sorpresa, pero con mucho pesar, he recibido esta reseña del prestigioso periódico “Resumen Latinoamericano”:


“14 sep.- CI.- Tras el anuncio del gobierno de cese al fuego y hostilidades, más de una decena de líderes sociales, indígenas, campesinos, etc. han sido asesinados en el país…entre el 26 de agosto y el 14 de septiembre…”


“El pasado 11 de septiembre fue asesinado Néstor Iván Martínez, dirigente social del departamento del Cesar y quien pertenecía al congreso de los pueblos. El mismo día murió el líder campesino Álvaro Rincón. Dos días antes, en Barbosa, Antioquia,  fue asesinada María Fabiola Jiménez de Cifuentes, lideresa social de 69 años quien fue abaleada cuando viajaba en un bus de transporte público.”


“La grave situación motivó un pronunciamiento de Amnistía Internacional el pasado 12 de septiembre. ...El pronunciamiento fue realizado tras conocerse el asesinato del miembro de la comunidad afro-descendiente, Néstor Iván Martínez, quien además era un férreo opositor a los proyectos mineros en la región del Cesar.”


Esto así con solo anunciarse que las guerrillas de las FARC pronto entregarán sus armas. Si las entregan… ¡hay papá mué! Por lo que seguiremos clamando: ¡no las entreguen!


 

En nuestra Ameríca: no habrá democracia sin socialismo, ni socialismo sin democracia

Por: Narciso Isa Conde


El devenir de los procesos revolucionarios en los siglos XX y XXI ha mostrado que democracia y socialismo son inseparables e imprescindibles para no sucumbir ante el capitalismo, las contra-reformas y las contrarrevoluciones. Con mayor razón en la fase imperialista del capitalismo y más aun frente a un imperialismo decadente, usurero, guerrerista, depredador, destructivo y generador de despotismo, violencia y delincuencia como el actual.


Socialismo y Estado.


Igual -sin descartar un rol adecuado del Estado en el arranque y despliegue de la socialización y democratización, y en los cambios estructurales anti-imperialistas y anticapitalistas- el socialismo no debe ser confundido con la estatización; por lo que eso de “socialismo de Estado” ha devenido siempre en negación del socialismo y de la democracia que debe ser esencial a él a partir de la necesaria destrucción del viejo Estado y de una firme apuesta a la progresiva reducción del Estado Revolucionario transitorio, siempre a favor del poder decisorio de una sociedad libre y auto-gestionada.


El socialismo como transición revolucionaria a la sociedad comunista, hacia el predominio absoluto de lo colectivo o comunitario bajo el reino de la libertad, sin explotaciones ni opresiones clasistas ni de género ni de generaciones ni de “razas”, sin discriminaciones de ningún tipo, sin agresiones de los seres humanos a sus entornos naturales, sin Estado, sin represión, recibiendo de cada quien lo que necesita y aportado cada quien lo que puede en materia de capacidades materiales y espirituales, trabajos manuales e intelectuales… debe convertir progresivamente la propiedad sobre los medios de producción, comunicación, distribución, patrimonio natural y servicios en propiedad colectiva o social.


Debe incluso transformar progresivamente la propiedad pública o estatal heredada -o adquirida temporalmente a través de las expropiaciones y nacionalizaciones- en propiedad social gestionada democráticamente, conjurando todo negocio con los servicios de salud, educación, seguridad social y seguridad ciudadana.


Debe diseñar y aplicar un sistema de concurrencia al mercado temporalmente heredado de la vieja sociedad, en el que participen las nuevas empresas de propiedad social, con regulaciones que impidan los monopolios y oligopolios comerciales en el marco de una visión estratégica destinada a reemplazar el sistema de precio y la ley capitalista del valor, por el intercambio de equivalencias en función del tiempo de trabajo y capacidades invertidas en los productos y servicios.


Debe reemplazar las gerencias y las administraciones típicamente capitalistas, ejercidas en función de las ganancias privadas, por la planificación democrática- participativa, la cogestión y autogestión de los/as productores/as.


Debe detener la invasión tóxica de los seres humanos y de su entorno natural a nombre de una salud frágil y del incremento de la productividad agropecuaria e industrial en detrimento de lo natural.


Debe sustituir paulatina y persistentemente el Estado reformulado para esa transición por el poder de la sociedad auto-organizada, por el poder de las comunidades, por el poder popular.


Debe, combinándolas, superar constantemente la supremacía de democracia representativa o por delegación, por la de la democracia directa; así como erradicar las culturas despóticas e individualistas que impregnan la ideología capitalista, llegando a extremos aberrantes en la era neoliberal; la cultura clasista, la cultura del pillaje, la cultura patriarcal-machista, racista, antropocéntrica, adulto-céntrica, la xenofóbica, la homofóbica y otras discriminaciones dominantes y constantemente recicladas desde los centros generadores del universo cultural de la civilización capitalista.


Debe superar los marcos exclusivamente nacionales de las luchas por la felicidad colectiva y por la preservación de la vida del planeta en su relación con el universo, e internacionalizar en grande las rebeldías, las luchas, las insubordinaciones y los procesos emancipatorios frente a una dominación destructiva y alienante de un sistema capitalista-imperialista con implantación, dimensión e impactos mundiales cada vez más degradantes y antidemocráticos.


Un registro histórico aleccionador.


Una ruta no consecuente con esas perspectivas liberadoras termina empantanando los procesos de cambios y haciéndolo vulnerables y reversibles. Incluso los más hermosos y esperanzadores.


Esto a mi entender es válido para América Latina y el Caribe y también para el mundo. Y ahora, con lo que pasa con los llamados gobiernos “progresistas” o de “izquierda”, con los procesos reformadores en la región -incluidos aquellos que anunciaron nuevo socialismo o socialismo del siglo XXI, y con lo que aconteció el llamado “socialismo real” euro-oriental y lo que acontece en China y más recientemente en Cuba- esos criterios indudablemente se han fortalecido.


Las reformas dentro del orden capitalista, sin revoluciones, se estacan, se degradan y pueden ser abatidas. El capitalismo actual, que ya no es el de la libre competencia y el liberalismo político, reduce cada vez los espacios democráticos, se traga las libertades y los derechos humanos proclamados en su contexto, se militariza, erosiona gravemente la seguridad ciudadana y pervierte el sufragio y la política.


Las revoluciones, incluso obreras y populares, que no se profundizan en cuanto a creación de democracia y socialismo, que sufren serias deformaciones estatistas, burocráticas, sucumben en brazos de la burguesía mundial.


Las transformaciones a medias o de escasa profundidad coexistiendo con él, ya con reemplazo o no del viejo Estado y sus instituciones, ya con reformas o cambios más o menos significativos, ya con significativos procesos constituyentes o no, se tornan fallidas, se contaminan, dando pie, facilitando, reabriéndole paso tarde o temprano paso a represalias reaccionarias con apoyo de masas y con ellas a regímenes mucho peores que los que son reemplazados, e incluso peores que los que existieron antes del inicio de los procesos de cambios.


En esos contextos las conquistas democráticas y de derechos sociales de diversos calados son aplastadas por las contra-reformas y las contrarrevoluciones atizadas por la manipulación de las insuficiencias, insatisfacciones, mediatizaciones y deformaciones presentes en alto grado dentro de esos procesos abigarrados; contra-reformas y contrarrevoluciones -alimentadas por la falta de socialismo y de democracia en diversos órdenes y por la abundancia de burocracia, corrupción y capitalismo de las peores especies- son permanentemente engendradas, potenciadas y motorizadas por el gran capital privado local y transnacional y por los Estados imperialistas colonizadores, con agresivas y periódicas embestidas.


Esto sucede casi inexorablemente -sin necesariamente anular importantes vertientes de la conciencia política históricamente creada- independientemente de los logros alcanzados, de las formidables o limitadas conquistas plasmadas… sobre todo cuando el descontento popular (espontaneo e inducido), motivado por otras causas y por serias fallas coexistentes, las arropa.


Esto tiende a ser así independientemente de que a corto y mediano plazo los regímenes contrarrevolucionarios, contra-reformadores, neoliberales duros, mafiosos..., resulten mil veces peores que los que desplazan. El inmediatismo y la enajenación combinados posibilitan atraer y confundir a no pocos sectores que inicialmente no captan la esencia del fenómeno.


Esto pasó en el siglo pasado en los países euro-orientales con el denominado “socialismo real”, caracterizado, en la medida se degradaron las revoluciones proletarias, campesinas, democráticas y populares en Rusia y en sus colonias y los trascendentes cambios sociales y políticos resultante de la victoria de la heroica URSS y el mundo pro democracia frente al nazi-fascismo en esa región, dando paso a regímenes con altos niveles de justicia social, poderosos Estado distribuidores de riquezas pero generadores a la vez de burocracia, sistema de privilegios y corrupción, negadores de democracia política, participación y poder de decisión popular.


Esto también ha dado lugar, especialmente en casos parecidos pero donde se ha logrado evitar tal colapso en medio de las crisis del estatismo burocrático, a procesos de restauración del capitalismo privado (con preeminencia del capital transnacional); combinado con regímenes político centralizados y negadores de democracia participativa y del poder popular, con un estatismo reformado, métodos administrativos más eficaces y preservación de una parte conquistas sociales al compás de un riesgoso incremento de las desigualdades sociales, de la economía capitalista de mercado y la concentración de la riquezas. China es el ejemplo más señero de esa modalidad de restauración del capitalismo privado junto a capitalismo de Estado y proteccionismo social bajo la dirección del Partido Comunista.


Esto conduce a reemplazar el antiimperialismo por el nacionalismo y a caminar por el tortuoso rumbo del capitalismo a nombre del “socialismo de mercado”.


En Cuba hay señales iníciales del emprendimiento de esa vía, con mayor lentitud y severas inseguridades, conservando cuotas todavía importantes conquistas históricas espiritualmente nutridas por la legitimidad, el prestigio internacional y la dignidad nacional que le imprimió a ese proceso revolucionario excepcional su heroica generación histórica.


Los hechos en el presente continental.


Otras modalidades de declinación-degradación están aconteciendo en nuestra América en procesos de cambio de otro tipo, dirigidos por fuerzas y liderazgos autoproclamados de izquierdas, considerados originalmente algunos como revolucionarios o pro-socialistas, disimiles entre sí por los diversos grados de profundidad de las reformas y transformaciones que emprendieron, con variados niveles de progresismos y reformismos, con cero, poco o algo significativo de vocación revolucionaria, con nada, un poco o bastante visión socializante.


La oleada de cambios a nivel de Estado y de gobierno luce más que estancada, entrampada, declinando, retrocediendo, en crisis, a la defensiva…sufriendo reveses ya no solo por la fuerza del contra-ataque feroz del imperialismo y las derechas, que como en casos como el de Honduras, el pueblo no pudo contrarrestar pese a la formidable y ejemplar resistencia popular, sino también por su desgaste, inconsecuencias, pérdida de apoyo popular, vulnerabilidades, fallas, degradaciones evidentes…


Por no atreverse sus liderazgos a ir más allá de procesos en agotamiento, o por no profundizar en el tiempo debido las reformas emprendidas, por caer en la tentación de reproducir las prácticas de gobiernos y de “hacer política” de las derechas, por corromperse o tolerar la corrupción en sus filas, por proceder de mala manera al frente de una buena causa; o por pretender socialismo sin romperle la columna vertebral a la gran burguesía coexistente, por confundir de nuevo socialismo con estatismo o por no decidirse a darle vida al poder popular en lugar del poder individual, partidista o estatal; o por reproducir o no subvertir las culturas de la decadente civilización burguesa: mercantilismo, consumismo, rentismo, paternalismo, individualismo, egoísmo, insolidaridad, caudillismo, autoritarismo, nepotismo, patriarcado y perpetuación vía reeleccionismo indefinido…


Por acomodarse paulatinamente a sumir el socialismo más como retórica, consignas proclamas que como hechos.


Por la autocensura y el acriticismo de no pocos movimientos y partidos inmersos en esos procesos, por el peso de la subordinación incondicional al “mando central”.


Y, en fin, por variados grados de divorcio de la democracia respecto al socialismo y viceversa, serios déficits en la interrelación entre ambos valores y grandes carencias en la creación de la conciencia política anticapitalista que facilite la superación del sistema, la ruptura de sus controles y mecanismos alienantes y los cambios estructurales al compás de las reivindicaciones alcanzadas y de los avances sociales en periodos de bonanzas.


Entonces ocurre lo que ocurrió en Argentina y en Brasil, y lo que está ocurriendo -descontada la mayor radicalidad actual de ese proceso y ese pueblo- en la Venezuela bolivariana. O lo que se percibe en un país como El Salvador con alto riego de viraje a la derecha; o lo que dentro de su propia estabilidad, nacionalismo y hegemonía política (por el hábil aprovechamiento de factores geo-estratégicos utilizados con esos fines), acontece en el proceso sandinista: su creciente deformación autoritaria, cargada de caudillismo, nepotismo y maniobras cuestionables.


Luego de consumados los reveses en Argentina y Brasil y de que éstos mostraran sus garras y colmillos, el desafío que tiene por delante la parte más consciente el pueblo trabajador venezolano, su pobrecía más contestaría, el chavismo auténticamente revolucionario, los militares revolucionarios, los comunistas y socialistas de verdad, se ha tornado en gran medida imperioso y crucial.


Venezuela y la imperiosa pertinencia del “Golpe de Timón”.


En Venezuela, el Gobierno, su modelo hibrido vigente, sus oscilaciones entre la rigidez y las concesiones al enemigo, sus devaneos socialdemócratas y el propio marco institucional del país…lucen agotados, erosionados, en declive persistente… y todo parece indicar, que aunque tardíamente, es imprescindible arriesgarse a dar el postergado “Golpe de Timón” que recomendó el Comandante Chávez: romperle oportunamente el espinazo a la gran burguesía local y transnacional que nutre esa derecha feroz y voraz, traspasar el poder al pueblo, controlar socialmente comercio exterior, divisas, medios de producción y distribución, crear las comunas y Estados Comunales dinámicos, superando previamente, “dinamitando políticamente” una institucionalidad estatal que ya bloquea la profundización del proceso.


De lo contrario pienso que la iniciativa en el viraje inmediato la tendrá el bloque de las derechas pro-imprialistas y habrá que enfrentarlo desde abajo en forma más enérgica y de manera ascendente a partir del efecto de su “golpe made in usa” y del desplazamiento del actual gobierno, posiblemente con más vigor, violencia y masividad que en otros casos y desde una oposición/insubordinación popular, chavista, antiimperialista, socialista…


Una eventual desmovilización de las FARC-EP como ejército popular vecino, no ayudaría a la resistencia masiva venezolana que habrá de enfrentar la violencia imperial y el plan de reconquista estadounidense contra su soberanía, por la reapropiación de sus valiosos recursos naturales; pero tampoco bloquea totalmente esa posibilidad. Lo óptimo es que el proceso del desarme fariano en Colombia se detenga o lentifique.


Una reflexión crítica imprescindible.


No está en cuestión para mí la perversidad de los opositores de derecha y ultraderecha en Venezuela y en todos esos casos, como tampoco la necesidad de rechazar y enfrentar con el mayor nivel de energía el accionar de esas fuerzas y sus padrinos imperialistas.


Esos virajes, como lo muestran su impacto en Honduras, Paraguay, Argentina, Brasil…son nefasto. Su producto es contrario a todo lo positivo del progresismo y de los demás procesos de cambio, y mil veces peor que las cargas negativas de sus lamentables degradaciones e inconsecuencias. Es peor que una simple restauración neoliberal por tratarse de la entronización de sus peores engendros: usureros encopetados, saqueadores, mafias, neofascismo, racismo, narco-poderes, paramilitarismo…


Pero no es sabio ignorar las causas de la declinación y la vulnerabilidad de esos procesos que implicaron reformas, mejorías de condiciones de vida e independencia política, generando esperanzas que ahora tienden a desvanecerse.


De ninguna manera ayuda ocultar los motivos de su creciente deslegitimación por pérdida de popularidad, desconocer su auto limitaciones en el marco de un capitalismo neoliberal global y local en decadencia, incapaz de auto-reformarse, de re-constituir a su interior una clase dominante y un cuadro mundial parecido a aquel hegemonizado por el keynesianismo y las corrientes social-demócratas o reformadoras.


Los hechos demuestran que las izquierdas que en este periodo de la humanidad y de crisis mayor del sistema capitalista, desde los espacios de gobierno y de poder alcanzados, no asumen el anti-imperialismo en estrecha relación con el anti-capitalismo y con una actitud consecuentemente internacionalista, y no opten por rupturas sistémicas que posibiliten una transición revolucionaria con precia e incontestable orientación socialista, evolucionan tornándose funcionales al capitalismo y a su dinámica actual, y dejan de ser fuerzas transformadoras al resignar la radicalidad requerida, exponiéndose a desplazamientos y a serias represalia.


En verdad sus iniciativas reformadoras y reivindicaciones alcanzadas durante sus respectivas gestiones, terminan entrampadas dentro de las redes del sistema capitalista y de la multi-crisis crónica que lo estremece; convirtiéndose en presa y en víctima de las fuerzas que actualmente auspician un retroceso neoliberal con características peores a los ya conocidas. Los golpes reaccionarios facilitados por su social-democratización, su empecinamiento y su negativa a impulsar la ruptura, tienen funestas consecuencias. En realidad no tienen nada de “blandos” como se pregona.


Aprender de los reveses.


Las izquierdas que temen asumir la perspectiva de nuevas revoluciones anticapitalistas,claros y precisos programas de transición al socialismo para ser firmemente ejecutados y líneas de internacionalización de la insurgencia global contra la globalización del capitalismo neoliberal -no importa su grado de progresismo o vocación reformadora- se desgastan en el ejercicio de gobierno, reproducen prácticas de las derechas y se quedan sin alternativa; abriéndole cauces a la recomposición de las derechas astutamente alimentadas por el capital local y transnacional. Los hechos así lo confirman.


A las revoluciones y los socialismos del presente y del futuro hay que liberarlos de las trabas del pasado, aprendiendo de sus experiencias y, sobre todo, de sus reveses y errores. Por eso entiendo imperioso no repetir las fallas e insuficiencias, ni del pasado remoto ni del pasado reciente.


Y algo cada vez más crucial es la superación de los déficits en pensamiento subversivo, propuestas convincentes, conciencia, mística, organización y acción de las fuerzas conductoras de los procesos de cambios que de todas maneras siguen tocando las puertas de nuestras sociedades, de nuestra región y del mundo, cruelmente sometidas al caos y a la degradación capitalista-imperialista, al conservadurismo religioso, a la violencia patriarcal, a la reproducción de falsos valores y nuevas banalidades y alienaciones


Procesos que pueden accidentarse, complicarse, entorpecerse, pero no detenerse, con estos brutales retrocesos políticos, con estos reveses drásticos, pero evidentemente pasajeros y fofos, en medio de mayores niveles de conciencia y experiencias acumuladas, de tendencias a nuevas confrontaciones por el derecho colectivo a sobrevivir, de frustraciones hirientes por las opciones insuficientes temporalmente fallidas, pero frente a deterioros crecientes a ser generados por la nuevas derechas que habrán de resultar realmente insoportables e inaceptables y que nos imponen nuevos retos.


Nuevos cambios exigen nuevas fuerzas conductoras, nuevos cauces, nuevos métodos, nuevos aportes a las concepciones revolucionarias. Los ensayos históricos posibilitan rescatar los aciertos y descartar los errores. Estas pruebas merecen reflexiones crítica profundas sin abrirles brechas a nuevas renegaciones.


 

11-09-2016, Santo Domingo, RD.
En homenaje al gesto heroico de Salvador Allende, 43 años después.

La Geo-Estrategia en el acuerdo de Paz de la Habana

Por Alberto Pinzón Sánchez

Una sola pregunta sirve para orientar el “análisis concreto de la situación concreta” que se ha abierto no solo en Colombia, sino en toda la Región, tras la firma de los acuerdos de paz de la Habana:

¿Por qué la firma este acuerdo, coincide con una ofensiva Imperial contra todas las fuerzas llamadas de Izquierda en Nuestramérica, en especial en Venezuela?

Responder esta compleja pregunta, implica tener en cuenta y priorizar toda una constelación de elementos y factores de la dialéctica real Global-Local, que incluye también el nivel Regional, que nos conducen a una realidad esencial:

La triada Imperialista USA, Europa Japón y en especial su núcleo duro anglosajón (USA-Inglaterra) se encuentra empeñado en detener violenta y militarmente su crisis general de decadencia y pérdida de Hegemonía, que ha permitido a otras potencias capitalistas financieras llamadas BRIC´s, (Brasil, Rusia, India, China) emerger dentro de la concurrencia capitalista en la actual economía-mundo.

Esto explica no solo las innumerables guerras locales existentes a lo largo del mapamundi, más las que van a estallar en un muy próximo futuro, sino también por ej, el llamado “Brexit” o salida de Inglaterra de Europa para tener las manos libres amarradas desde Bruselas y muy a pesar de los daños ocurridos en su economía.

Aclara también, la destrucción y desestabilización a toda costa y sin importar los costos políticos ni económicos (tal como se está viendo hoy mismo) del bloque comercial del Sur o Merco-Sur, liderado por los gobiernos desestabilizados de Brasil, Argentina, Uruguay, Venezuela, Bolivia y hasta Ecuador, calificados de Izquierda populista; así como de cualquier tendencia integradora de la Patria Grande inspirada en el Pensamiento de nuestro Padre Simón Bolívar, llamado por ellos con repulsa “Castro-Chavismo”, para remplazarlo por el bloque regional neoliberal denominado “Bloque Pacífico” conformado por países que tienen TLC con USA como México, Chile, Perú, Panamá, y contando con el papel de gendarme militar que le dan las 9 bases gringas a Colombia y un ejército inflado de 500 mil hombres.

Colombia pues no es ninguna rueda suelta en toda esta Geo-Estrategia del Imperialismo Neoliberal depredador, sino lo contrario, un elemento central y axial. ¿Qué hace nuestro estimado ex ministro de la guerra Pinzón actualmente en Washington?

Además, nos indica cómo se está intentando bloquear radicalmente en Nuestramérica, incluso por medios militares, violentos y desestabilizadores, cualquier tipo de negocios o intercambio comercial o económico, con las otras potencias emergentes como China o Rusia, Irán, ect.

Esto revela también, por qué una fracción financiera trasnacional ligada a estos negocios extractivista y depredadores del bloque contra insurgente dominante en Colombia, asesorada desde Washington, hubiera propuesto en el 2010 a las Insurgencias Guerrilleras colombianas (incluso contra la fracción latifundista tradicional) un acuerdo para finalizar dicha guerra contrainsurgente que hasta el momento y después de 60 años no había podido ganar militarmente, con el fin de liberar recursos financieros estatales (6% del PIB) que todavía se comen las infladas Fuerzas Militares, pacificar el campo donde se irían a realizar las inversiones minero energéticas y agroindustriales, descargar el peso del fracaso de la War Drugs Imperial, y desarrollar un masivo programa de desarrollo vial ( para sacar las materias primas a los puertos marinos) que fue encomendado a un delfín de la oligarquía más rancia de Colombia como Germán Vargas Lleras.

No es pues en de extrañar que, este “delfín” oligárquico de la fracción financiera hubiera sido llevado por JM Santos como su reemplazo en la Vicepresidencia en las pasadas elecciones presidenciales del 2014, y consentido con todo tipo de manejos presupuestales que ahora como candidato va a recoger con votos.

Tampoco es un azar que este poderoso, agresivo y epileptiforme personaje, también enemigo jurado del Castro-Chavismo, después de 4 años de silencio, haya utilizado la firma del acuerdo de paz de la Habana para hacerle criticas mal intencionadas y mendaces (no reparos) con el objetivo encubierto de lanzar desde la plataforma de la Vicepresidencia de la república su candidatura presidencial para el 2018, obviamente contando con la complicidad de su superior JM Santos.

Vargas Lleras quien fuera operado en enero del 2016 de un ”agresivo” tumor cerebral, que según parte médico le dejó secuelas cerebrales importantes y permanentes y lo obligó a someterse a una terapias radioactivas que sin ninguna duda científica debieron junto con las células cancerosas “quemar” neuronas sanas, claro está que ahora, manipulado por las poderosas fuerzas económicas y financieras que están detrás suyo (Sarmiento Angulo, el Fiscal Néstor Humberto, los Ñoños, Oneida, el garaje de Cambio Radical, ect) y ante el descredito en el que ha caído ante el mundo Uribe Vélez con su círculo de parapolíticos y amigos encarcelados; está presentándose como “unificador y puente” entre las dos fracciones de la oligarquía contrainsurgente enfrentadas, con el claro propósito de recomponer su división interna, y sin perder el objetivo estratégico contrainsurgente de siempre: “derrotar electoralmente a las Farc e en el 2018”, ya que militarmente tampoco pudo; basándose en el errado análisis maoísta de que las FARC desaparecerán o morirán, es decir desconociendo que, el gusano hirsuto y pringoso muy probablemente se puede trasformar en una activa mariposa política de diversos y multiples colores. Y agregando (no podía faltar) en su futuro programa presidencial la pretensión del Uribismo “de derrotar el Castro Chavismo, restablecer la “democracia” (la bogotana) en Venezuela y en los países vecinos”.

Con lo cual el objetivo Geo Estratégico de las agresivas Fuerzas Imperiales trasnacionales que están detrás suyo quedará asegurado, al materializarse en Colombia en su patética figura.

Es por esto que el “Vice”, como lo llaman sus válidos, no esté interesado en que gane el SI el Plebiscito refrendatorio de los acuerdos convocado para octubre. Él sabe que los “voceros” de la Corte Constitucional (como llama a los magistrados) han diseñado un escenario a su medida: Es la incertidumbre política o “limbo” que deja el fallo de la Corte Constitucional si gana el No en el Plebiscito, lo que bien vale la pena leer con despacio.

Lo dicho: ¡De lo Global a lo Local, pasando por lo Regional!

Foto Internet: Santos Vargas Lleras firman la pregunta del Plebiscito. 30. 08.2016