La costumbre de matar

Imagen: Julián Athos Caggiano

Por: Julián Athos Caggiano

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Argentina es un extenso  país que se encuentra al extremo sur del globo; conocido por el tango, la carne y  Maradona, es también la madre patria del Che Guevara y de la Madres de Plaza de Mayo.

En el siglo XX vivió seis golpes de Estado, viendo así interrumpida su vida democrática de forma violenta  durante la mayor parte de ese siglo, pero la última dictadura militar, que comenzó el 24 de marzo de 1976 fue, por lejos, la más violenta y mortífera, dejando 30 mil desaparecidos, 15 mil fusilados, miles de detenidos políticos y exiliados, y unos 500 niños nacidos en cautiverio y robados a sus familias.

En ese entonces se empezaron a juntar en la Plaza de Mayo algunas madres que buscaban a sus hijos desaparecidos, y algunas, las abuelas, que buscan además a sus nietos apropiados. Esas mujeres fueron el núcleo de la oposición a la dictadura. 

Como último acto criminal el 2 de abril de 1982 la dictadura ocupó las Islas Malvinas entrando así en guerra con el imperio inglés mandando a la primera línea a jóvenes proscritos que no contaban con entrenamiento ni equipo para poder enfrentar uno de los ejércitos más poderosos del mundo, dejando en el suelo de las islas a 649 víctimas mortales mientras los oficiales que habían participado en el exterminio de los opositores políticos se rendían sin oponer resistencia.

La derrota militar puso en crisis a la dictadura que se vio obligada a llamar a elecciones. Y con el retorno de la democracia en 1983 el primer gobierno democrático fue presidido por Raúl Alfonsín entre 1983 y 1989. El mismo que había impulsado los juicios a las juntas militares, presionado por las amenazas de las fuerzas armadas promovió la sanción de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, que sumadas al indulto presidencial a los ya juzgados, promovido por el presidente Menem (1989-1999), fueron las leyes que garantizaron la impunidad de los implicados en las violaciones de derechos humanos.

La impunidad garantiza la posibilidad de la continuidad de prácticas represivas ilegales e inhumanas. 

Las fuerzas armadas de la dictadura se habían encargado de reprimir a la oposición política y social con el fin de instaurar  el terror en la sociedad, disciplinarla y terminar con las organizaciones capaces de organizar y producir alternativas políticas y de esta manera allanar el camino a la imposición de un modelo económico ultraneoliberal. 

Con la vuelta  a la democracia, los militares dejaron de ser el brazo armado de  la represión dejando a  las fuerzas policiales el monopolio de este rol.

En estos años se populariza el término “gatillo fácil” acuñado por diversos organismos de DDHH  que alude concretamente a una ejecución extrajudicial que  tiene una función distinta que la represión dictatorial. Se trata de efectuar una represión preventiva e indiscriminada contra los opositores potenciales, el nuevo enemigo interno es ahora el joven pobre, desocupado, marginado, que habita principalmente las periferias urbanas.

Sin embargo tampoco se dejó de reprimir la protesta social; solo en los días 19 y 20 de diciembre de 2001 durante las protestas por la crisis, se registraron 39 muertes por mano policial. 

Es así que desde el retorno de la democracia hasta diciembre de 2021, según el relevamiento de la Coordinadora Contra la Represión Policial e Institucional (CORREPI), hubo 8.172 personas asesinadas a manos de las fuerzas de seguridad.

En este contexto, en donde la costumbre de matar de las fuerzas policiales no representa ya una sorpresa, el caso de Santiago Maldonado representó un llamado de atención a la sociedad, ya que recordó las prácticas de la dictadura, habían vuelto la desaparición forzada de un activista político, la negación por parte de los responsables políticos, y el rol central de los familiares como principales referentes de las demandas de justicia y verdad.

 

 

Las Madres de la Plaza siguen luchando, en estos años han conseguido que los responsables de la represión de la dictadura sean juzgados y cumplan sus condenas en cárceles comunes.

Las Abuelas lograron encontrar a 130 nietos y siguen luchando para recuperar a los más de 300 que faltan.

Las madres de las víctimas del “gatillo fácil“ se organizan y luchan para que se termine la impunidad de los asesinos de sus hijos.

Sergio Maldonado y sus familiares siguen luchando para que se sepa qué pasó con Santiago y hechos como este no se vuelvan a repetir.