Por: Iñaki Gil de San Vicente Nota: artículo escrito para la editorial de la Agencia Bolivariana de Prensa.
Como un terrible y bello trueno que convoca al huracán rojo así ha sido la gigantesca manifestación del pueblo trabajador argentino contra la ferocidad neoliberal. Las masas brasileñas, por su parte, han empezado también a enfrentarse al golpe de Estado blando, parlamentario y teledirigido desde EEUU. En México, decenas de miles de personas se manifiestas contra el terror patriarcal y otras barbaridades, y crece el horizontalismo que reivindica la vuelta con vida de los 43 de Ayotzinapa. La Cubanía se reafirma orgullosa frente a la alienación capitalista. La lucha por la democracia da nuevos pasos en Honduras y Paraguay.
“Cuando la rebeldía nace del espectáculo de una condición propia, injusta e incomprensible, o cuando surge de observar en otros los efectos degradantes de la opresión, o cuando a través de la rebelión se busca la solidaridad humana como defensa de una dignidad común a todos los hombres, así, con todo esto, el ser subversor no puede convertirse sino en algo positivo para la sociedad”
Una Sociología Sentipensante para América Latina, Antología de Orlando Fals Borda, pag. 391
Son tiempos turbulentos los actuales, las crisis del capitalismo son cada vez más profundas y generan mayor voracidad para mantener el proceso de acumulación, las potencias imperiales intentan reorganizar sus estrategias de dominación y control de recursos a escala global e imponen su voluntad por la fuerza, los aparatos mediáticos conducen la opinión de la gente y Hollywood construye la realidad, las estrategias de dominación son cada vez más refinadas y se fundamentan en el miedo, miedo al extraño, miedo al cambio climático, miedo al diferente, miedo a lo desconocido, la mayor preocupación de la “opinión pública” es la seguridad y las mejores opciones de gobierno son las que cuentan con dirigentes que se muestren capaces de garantizarla.
La memoria, inspiración de la historia, galería de lo inmarcesible, nos trae cabalgando hoy al Comandante Hugo Chávez. Ya nunca más un cinco de marzo podrá ser invisible en el calendario. ¿Cómo entregarle al sórdido olvido el día de una siembra que sangró el corazón de los pueblos esperanzados del mundo? Imposible, porque seguimos siendo pueblos esperanzados, porque su prédica, que es la nuestra, sigue siendo necesaria.
“El Socialismo es el camino para construir un mundo de Justicia Social, igualdad y hermandad”, proclamó Hugo Chávez cuando nadie lo esperaba, rompiendo las vestiduras del Capitalismo que creía haber aislado al pensamiento revolucionario, en medio de su orgía neoliberal.
Vino el Comandante, heredero de la lucha independentista, con andar de niño descalzo, con voz de pueblo que vende dulces, con alegría de joropo, con emoción de juego de pelota, con ilusión de soldado que piensa en Patria, con el hablar claro y las frases directas; y se levantó contra un mundo de injusticias, esas que nunca le fueron ajenas porque, al fin y al cabo, como él mismo lo percibió: “Chávez es el pueblo”.
Por ello, reivindicó el derecho de los pobres, ancianos, mujeres, indígenas, afrodescendientes, obreros, campesinos, infantes, discapacitados y todos los eternos excluidos de la historia. Por eso, oía las voces de Bolívar y percibía su padecimiento de apuñalado cuando la Patria Grande fue ahogada en la cuna.
El Comandante Chávez asumió su tarea: volver sobre la senda que nos legó la independencia. Tras ello, despejó caminos y tendió puentes para avivar la hermandad detenida después que el crimen alcanzó a Sucre en Berruecos, y Simón dijo adiós en Santa Marta.
Entonces, lo vimos en el alumbramiento de la Alba y la Celac; lo acompañamos a enfrentar al monstruo en sus propias entrañas: “Ayer estuvo el diablo aquí…huele a azufre todavía…”, dijo sin parpadear ante la ONU.
Tal como aseguró sin dudar: “ojala nosotros podamos ver, todos, el día en que se firme la Paz en Colombia…habrá fiesta en Venezuela y estoy seguro que habrá fiesta en Colombia…”.
Razón tiene la memoria para conminarnos a recordar el paso a la inmortalidad de Hugo Chávez, sobre todo en momentos de asechanza contra el camino liberador que Latinoamérica viene labrando. Su legado: la lucha por la igualdad social, el derrumbe del imperialismo, la creación de una Patria Grande Socialista, la conquista de la Paz en Colombia, en fin…su lucha por el desquite de la historia que anuncia tiempo de pueblos, es ahora más que vigente, necesaria, urgente. Es tiempo de arrojo inevitable, de acción renovada, de vanguardia acometida, de vista en el horizonte.
Las justas ideas nunca mueren, perviven como sus portadores en quienes las asumen.
El destino y la actualidad de nuestra América Latina y el Caribe y muy en especial todo lo acontecido en estas últimas décadas, no lo debemos separar de los documentos de Santa Fe. Documentos orientados a dirigir lo que ha de ser la política del poder yanqui frente a América Latina y el Caribe.
Más que usanza y solemnidad, para el pueblo bolivariano la conmemoración del 23 de Enero es consecuencia, ratificación de causa, pues ese día de 1958 ocurrió una rebelión popular-militar de la juventud militar patriótica y del pueblo venezolano, tal como lo caracterizó el Comandante Hugo Chávez en 2008.
Por mucho que la derecha venezolana intente reivindicar para sí el levantamiento popular de 1958, el 23 de Enero cuenta un episodio de la lucha de clases en Venezuela donde el pueblo se alzó en victoria por objetivos que, hasta este momento, siguen teniendo validez, y que se conectan directamente con la insurrección popular de 1989, conocida como El Caracazo, la Rebelión Militar del 4F y la Revolución Bolivariana.
Es necesario, entonces, reivindicar la insurrección de 1958 para contextualizar acertadamente el presente, acechado por esa maña de las fuerzas imperiales contra la memoria colectiva que narra la historia en fragmentos inconexos buscando desunir los tiempos y presentar al pasado como recuerdo, al presente como destino y al futuro como calco.
Conmemorar el 23 de Enero obliga a izar banderas revolucionarias, tal como lo efectuó la Junta Patriótica en 1958, organismo de unidad popular pensado por el Partido Comunista de Venezuela que logró movilizar al pueblo, desde sus diferentes sectores, en función de un mismo objetivo: derrocar el régimen dictatorial dirigido por Marcos Pérez Jiménez, y plantearse un gobierno popular.
La mecánica de la Junta Patriótica basada en acciones de resistencia urbana como mítines, eventos de calle, propaganda masiva y convocatoria a una huelga general, tenía un carácter revolucionario que urgía en las calles, y desde la clandestinidad, por la disolución del Congreso Perezjimenista y la elección directa de una Asamblea Nacional Constituyente.
Las reivindicaciones eran claras: soberanía política y económica, democracia popular, reforma agraria, libertad sindical y de prensa; todas y cada una, enterradas después del derrocamiento de Pérez Jiménez por traición parida en el “Pacto de New York “ y bautizada, luego, en criollo como “Pacto de Punto Fijo”.
Lo que vino después fue la negación de causa popular y una represión dirigida desde los partidos Acción Democrática y Copei, apoltronados en el gobierno, que obligó al surgimiento de guerrillas, hecho referido por Alí Rodríguez Araque, uno de los dirigentes históricos de la Revolución Bolivariana, como “inevitable”.
Sin la traición al Espíritu del 23 de Enero, el pueblo venezolano no habría tenido que vivir cuarenta décadas de represión, tampoco padecería dolores perpetuos como Las Masacres de Cantaura y El Amparo, El Caracazo, el 11 de Abril, el Sabotaje Petrolero, Danilo Anderson destrozado, los muertos de La Guarimba, entre otras tragedias escritas desde el imperio estadounidense y ejecutadas por la derecha venezolana bajo sus mutadas denominaciones: AD, Copei y MUD.
Corresponde al pueblo bolivariano, cohesionado en el chavismo, asumir este nuevo momento, caracterizado por Emergencia Económica, repunte electoral de la derecha, Guerra Económica, ofensiva a gran escala de manipulación mediática, y amenazas imperiales de intervención, con El Espíritu del 23 de Enero, es decir, con unidad, organización, claridad de objetivos, iniciativa de calle y ubicación del enemigo natural, para cerrar filas como Patria Bolivariana por una historia que no repita el pasado, supere el presente y apalenque un futuro de Justicia Social y Paz.
“Los violadores que mas ferozmente violan la naturaleza y los derechos humanos, jamás van presos. Ellos tienen las llaves de las cárceles (…)”
Eduardo Galeano, Patas Arriba, La Escuela del Mundo al Revés
La razón dominante al igual que la historia se ha convertido en un derecho de los más fuertes, el poder imperialista del gran capital ha creado un orden jurídico-político y cultural que intenta imponer a nivel global, por métodos directos como el ejercicio de la violencia y por mecanismos de control en teoría más sutiles como los medios masivos de comunicación, que difunden toda suerte de tergiversaciones históricas y estados virtuales de bienestar afianzando en la población los postulados ideológicos necesarios para el buen funcionamiento del sistema.
Toda voz disonante del proyecto de dominación es atacada, tergiversada e incluso aplastada por la fuerza, los intentos de los pueblos por crear alternativas al capitalismo, por hacer uso del derecho a la autodeterminación, por exigir justicia social y una democracia de corte popular diferente al modelo “USA” - los pueblos que se han atrevido a resistir - son condenados a la desaparición, tildados de terroristas y convertidos en objetivos militares por el imperialismo.
El mundo parece estar patas arriba como lo describió a la perfección Eduardo Galeano, los valores dominantes en la actualidad están cada día mas alejados de una sociedad centrada en los seres humanos, los derechos del capital son elevados a rango de ley por los Estados por encima del bienestar de su población y cualquier intento de subvertir esta realidad es tratado militarmente. En la nueva historia, la que ha reescrito el imperialismo no hay cabida para la rebeldía, de hecho la violencia de los explotados que ha sido un motor fundamental de la historia de la humanidad, que fue promovida y utilizada por la burguesía en el proceso de consolidación del capitalismo e incluso reconocida por las potencias capitalistas bajo el derecho a la rebelión en la carta universal de derechos, ya es innecesaria.
No existe para el gran capital el derecho a la rebelión, ni a la resistencia, reducen de manera caricaturesca las luchas de pueblos dignos como los palestinos, los vascos, los kurdos, entre otros, a simples bandas de fanáticos, terroristas o narcotraficantes. Los aparatos mediáticos de las potencias imperialistas crean ficciones para justificar el ejercicio de la violencia “buena”, la necesaria para imponer el modelo democrático “USA”, convencen a la gente que los niños palestinos deben ir a la cárcel por atacar con mortíferas piedras a indefensos tanques del pobre ejército israelí por el simple hecho de invadir su territorio.
Es un mundo virtual donde empuñar las armas como último recurso ante un Estado que ha usado la violencia como eje central de su accionar político es terrorismo, donde reivindicaciones como salud de calidad gratuita, educación de calidad gratuita a todos los niveles, trabajo en condiciones dignas, redistribución de la riqueza, tierra para el que la trabaja son subversivas y donde quienes se han atrevido a ejercer el derecho a la rebelión deben pagar cárcel después de expiar sus culpas en la plaza pública.
Un caso particularmente destacado es el colombiano, donde se libra una importante lucha por el poder hace mas de 50 años, entre un Estado autoritario que ha usado el terror como mecanismo para contener a la oposición política, e importantes sectores del pueblo colombiano, que a través de diversas formas de lucha han ejercido su derecho a la rebelión, buscando construir un nuevo poder en oposición al modelo hegemónico impuesto por el imperialismo norteamericano. Una de las expresiones más importantes de la lucha del pueblo colombiano es la lucha guerrillera, que hoy atraviesa por un importante momento gracias a que han logrado sentar al Gobierno colombiano en una mesa de diálogo para discutir una posible salida política al conflicto social y armado que vive el país.
Este proceso de dialogo sintetiza la discusión sobre la legitimidad del derecho a la violencia de los explotados, contra el ejercicio de la violencia de la burguesía, el marco de referencia que la gran prensa le ha creado al proceso es de una banda de narcotraficantes y terroristas que ya están derrotados y a los que el gobierno les quiere dar una salida para verse en la penosa obligación de matarlos. Pero por más que el gobierno colombiano se ha esforzado en difundir esta especie con el apoyo del imperialismo, se le hace imposible ocultar el carácter político de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – Ejercito del Pueblo FARC-EP y el proyecto de país que estas representan, puesto de manifiesto en centenares de propuestas presentadas en la mesa de la habana, frente a las cuales el gobierno se ha limitado a ridiculizarlas o desestimarlas sin ninguna propuesta real que dé cuenta de su voluntad de llegar a un acuerdo.
Hasta el momento han sido las FARC-EP quienes han presentado la mayoría de propuestas en la mesa de diálogos, han buscado todos los mecanismos posibles para la participación de las organizaciones políticas y sociales en los diálogos, han hecho importantes gestos de paz como las treguas unilaterales y la entrega de un general de la Republica y a cambio han recibido bombardeos, asesinato de sus comandantes, entre estos dos miembros de la delegación de paz y un constante hostigamiento de los medios de comunicación que intentan quitarles en el mundo virtual el estatus político que el Estado ya les reconoció en el mundo real.
Existe una importante presión del gran capital para que se termine la guerra en Colombia, ya que importantes proyectos estratégicos para la reorganización del capitalismo mundial pasan por América Latina, pero el escenario contemplado no alberga transformaciones en detrimento del capital en este proceso de pacificación, por el contrario aspiran a una rendición sin condiciones de las fuerzas insurgentes, acompañadas de un castigo ejemplar para todos aquellos que se atrevan a ejercer su derecho a la violencia revolucionaria.
Está claro que la vía menos dolorosa para el pueblo colombiano es la salida política, pero mientras el gobierno colombiano no tenga una voluntad real de negociación, no se avizora una posibilidad de llegar a buen puerto, la guerrilla de las FARC-EP es un importante referente de organización política en Colombia, con presencia nacional y capacidad de accionar militar, representa un importante sector de la población y tiene una propuesta de desarrollo de país diferente a la del gran capital. Mientras el gobierno colombiano no la reconozca en esa dimensión y siga intentando con elaborados artificios lograr un vergonzoso proceso de rendición en el que los insurgentes tengan que pagar con cárcel el ejercicio del derecho universal a la rebelión, va a ser difícil que los resultados de este proceso se concreten en el corto tiempo como a diario lo exige la elite colombiana.