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El Nobel de Literatura en su laberinto. La disidente y el hombre del “momento inoportuno” lavan la cara de un premio en bancarrota

 

Por: Lina Arregocés


“La poesía es la única prueba concreta de la existencia del hombre”, dijo el guatemalteco exquisito, Luis Cardoza y Aragón. No obstante el sistema exalta las cualidades creativas individuales como mercancía y aprecia y deprecia al ritmo de lo que el mercado imponga. Hasta la poesía.


El premio Nobel no es la excepcion: Sacralización del individuo, obsecuencia con la “genialidad”de unos escogidos, y relumbrón de reflectores del aparato de propaganda. Cualquier mercancía.


Como a toda lotería, al Nobel se le ven las costuras. Escándalo y desprestigio (y no me refiero a otros Nobeles no literarios que han puesto la guinda en la torta, como el de paz de Santos, tributo a la perfidia y a la felonía, o el de Obama, cuyo eco fue superado por los bombardeos que él mismo había consentido) lo han acompañado en diversos momentos, y es lo que se refleja en esta edición que premia a dos ganadores 2018 y 2019, ya que el año anterior no se entregó por el escándalo que prendió el ventilador en los medios: abusos sexuales, encarcelamiento del cuerpo del delito, renuncias masivas y otras yerbas.


En aras de la discusión podemos decir que los dos premiados resisten el análisis: La “disidente” Olga Tokarczuk (Polonia, 1962) cuidadora de enfermos mentales y psicoterapeuta como profesión ejercida antes de su éxito editorial en el año 1996 “Un Lugar llamado Antaño”, historia (literaria) de Polonia en el siglo XX, que se convirtió en libro de culto.


Tokarczuk, crítica impenitente de la derecha perniciosa que maneja su país, lo cual responde el por qué la llaman “disidente” desde diversas orillas ideológicas. El término no es fácil de glosar y se muerde la cola. A quien se le endilga, se le dibuja una cruz en la frente. Y espero que no sea una frase literal. Es también ambientalista (Partido Verde) y feminista, como corresponde a una “buena conciencia” contemporánea. Su aseveración sobre que Polonia había cometido “actos horrendos” de colonización en el pasado, le puso la cruz ya mentada en el anterior párrafo. También la democrática Europa te la pone y obligó, a la hoy Nobel, a andar con guardaespaldas a la editorial! Ni que estuviera en Colombia!
La “academia” sueca le entregó el jugoso premio argumentando “una imaginación narrativa que con pasión enciclopédica representa el cruce de fronteras como una forma de vivir". Fronteras de toda clase; solo repasar la ordalía que fue la mal llamada “segunda guerra mundial” y lo que le suspuso a Polonia.

 

Peter Handke (Austria 1942) es ícono de muchos europeos, y de un cierto círculo latinoamericano, que no se averguenza de ser llamado “intelectual”(!) Fue reconocido por su obra “llena de ingenio lingüístico que ha explorado la periferia y la singularidad de la experiencia humana”. Paisano del mediocre personajillo que usurpó el “papel del individuo en la historia” entre vítores y tambores de hojalata, es Handke un fecundo escribidor, crítico feroz del extremismo de derecha de su país, opositor militante de los horrores de las guerras balcánicas, viajero impenitente, mejor dicho, correcaminos, quien se vanagloria de ser parte de la "gente del momento inoportuno". Dijo que la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) buscaba “un nuevo Auschwitz”, campo de extermino alemán, criticando también a los grandes medios internacionales que construyeron la opinión pública a favor de la intervención contra Serbia. Al conocerse la concesión del premio a Handke, saltaron tirios y troyanos. El Primer Ministro de Albania, Edi Rama, tuiteó : “¡NO, no podemos ser tan insensibles con el racismo y el genocidio!” Del otro lado roncó Kusturika asegurando que la “lucha política de Handke ha sido la continuación de su literatura”.

 
A mi juicio no salimos muy trasquilados ni trasquiladas, con los agraciados escogidos en esta versión duplicada. Hubiera podido ser peor: Dos blancos, machos y de derecha! Pero es cierto que el centrismo y el europeismo están vivitos y coleando. Y eso que Anders Olsson, responsable del nuevo comité del Nobel, había previamente afirmado: “Hemos tenido una visión eurocéntrica de la literatura y ahora estamos mirando por todo el mundo. Anteriormente, estábamos más enfocados en los hombres. Ahora hay muchas mujeres que son realmente excelentes”.

 
Desde Venezuela uno no sabe si reír o llorar. Porque lo que si es claro es que LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA va leguas por delante en cuanto al reconocimiento de las mujeres en las artes y las letras! Basta decir que la ganadora Olga Tokarczuk es la mujer número quince de 116 premiados en la historia del premio. Cifra que se comporta como cuerpo del delito. El Nobel esconde en el fondo y en el trasfondo mucha tela que cortar. Van algunos casos: Bertrand Rusell, filósofo y matemático premiado en 1950, nunca escribió poesía o ficción. Recibió el Nobel de literatura “en reconocimiento de sus variados y significativos escritos en los que ha luchado por los ideales humanitarios y la libertad de pensamiento”. Sartre rechazó el premio, quejándose de varias falencias, entre otras y justa por demás, “que no se ha adjudicado, por ejemplo, a Neruda, que es uno de los más grandes poetas de América del Sur”; afirmó también “me parece menos peligroso rechazar el premio que aceptarlo. Si lo acepto, me ofrezco a lo que llamaré "una rehabilitación de objetivos." Su carta a la academia sueca, es un documento enorme de ese Sartre (había varios...) y su denegación rotunda “Por razones que me son personales y por otras que son más objetivas, no quiero figurar en la lista de posibles laureados y ni puedo ni quiero, ni en 1964 ni después, aceptar esta distinción honorífica”.


A Winston Churchill se lo adjudican en 1953 "por su dominio de la historia y descripción biográfica, así como por la brillante y exaltada oratoria en defensa de los valores humanos". Se sabe que escribió "La Historia de la Segunda Guerra Mundial" donde todos los méritos eran para si mismo ignorando, por ejemplo, la hambruna de Bengala en 1943, con un saldo de 3,5 millones de víctimas. Y como si fuera poco, por políticas y decisiones del propio autor de la susodicha. Su otro texto, fue sobre la existencia de extraterrestres. Sería por tan magros resultados literarios que decidió enviar a su esposa a recoger el premio? No. Dejó saber que el Nobel que realmente quería, era el de paz.


Elfriede Jelinek (Austria), ganadora del premio en el año 2004, tampoco fue a recibir el premio argumentado que si sus ataques de pánico la detenían al tratar de entrar al ascensor de su edifico, cómo iba a estar en un escenario como la academia sueca, expuesta a todo el mundo. Traslapaba detrás de ese argumento, que ella, como su paisano Elías Canetti, repudia y se averguenza del pasado (y presente) nazi de su país, lo que la convierte en otra “disidente” (se va aprestigiando la lista...). En su discurso de recepción del premio en la Embajada de Noruega en Viena, le espetó a la “academia” “¿Es escribir la facultad de plegarse a la realidad, de acomodarse a ella? Nos encantaría acomodarnos, pero ¿qué me sucede entonces? ¿Qué les sucede a aquellos que no conocen realmente la realidad? Está tan enredada. No hay peine que pueda alisarla”.

 
Su elección fue cuestionada de manera radical por Knut Ahnlund, miembro de la academia, manifestando que la nula categoría de la obra de Jelinek, "ha arruinado el valor de esta distinción por varios años" y renunciando a su posición.


A Bob Dylan se le concede en el año 2016 "por haber creado una nueva expresión poética dentro de la gran tradición americana de la canción", aún nos produce alegría y esperanza: No es acaso Silvio Rodriguez, gran poeta de nuestro tiempo y realidad? Y no propongo a nuestro ALI PRIMERA, porque los intrincados lineamientos formales del premio, solo lo entregan a personas vivas. Nuestro Bob sacó, sin culpa, el balón de las librerías y lo ensartó en las tiendas de discos. Razón con derecho: Like a Rollin stone, es himno generacional, hallazgo y pérdida. Como una de sus mejores letras, afirmó respecto al premio que creía que sus probabilidades de ganar eran tan posibles como poner "un pie en la luna".

 

Toni Morrison, quien acaba de morir en Agosto de este año, mujer y negra, fue galardonada en 1993. Morrison fue artífice de un género muy complejo: Dejarle dicho al hombre blanco que el pensamiento no es su propiedad privada. Y se lo dijo con la voz clarividente de una obra tan basta como la Madre ÁFRICA.

 

“Quiero descubrir una verdad sobre la vida cotidiana de Estados Unidos, la vida de los afroamericanos viviendo en un contexto histórico crítico que se ha ocultado.
A los países les gustan los cuentos de la patria porque le da seguridad a las personas. La realidad es una triste verdad donde tenemos mucho que ocultar y avergonzarnos. En mis libros busco hacerlo desde el lado del conquistado. Lo que hago es quitar las tiritas para que se vea la cicatriz de la sociedad, la realidad. No hay que tener miedo de mirar al pasado porque solo así se sabe quiénes somos”.

 


De otra materia y proporción es el sentimiento cada vez más vivo y verosímil de aquel 8 de diciembre de 1982 cuando nuestras cabezas contenidas artificialmente por un sistema santanderista, donde a la capital la llaman la “Atenas Suramericana”, y las oligarquías toman, todavía, té a las cuatro de la tarde, escucharon aquella voz que alertaba “América Latina no quiere ni tiene por qué ser un alfil sin albedrío, ni tiene nada de quimérico que sus designios de independencia y originalidad se conviertan en una aspiración occidental”. Era Gabo vaticinando “la victoria contra los sordos poderes de la muerte”. En eso andamos.

 

 

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