Pax Romana | 25 de Julio: Día Internacional de la Mujer Afrodescendiente

 

 

Por: Lina Arregocés
Colectivo "Maria Barilla", Mujeres afrocolombianas en Venezuela.


"Quiero contarle mi hermano un pedacito de la historia negra. De la historia nuestra caballeros y dice asi”…
(Joe Arroyo “No le pegue a la Negra”. Canción popular colombiana.)

 


Introducción

 

 

Leyla Arroyo, lideresa del Proceso de Comunidades Negras, una dinámica organizativa que articula a más de 140 organizaciones de base, consejos comunitarios y personas „por la defensa de los derechos de las comunidades negras", se pregunta frente al genocidio de las comunidades afro y el fenómeno creciente del desplazamiento de nativos de la región y llegada de inversores foráneos implicados en megaproyectos económicos depredadores:

 

 

"En ninguno de esos lugares se dice ‘se vende’ pero en las casas de nuestra gente sí. ¿Qué es lo que hace que asuste a mi gente y no asuste. Quienes compran son blanco mestizo y hoy tienen grandes hoteles y edificios con supermercados. ¿Por qué a ellos no les entraron las balas?“

 

 

"Nos están asesinando por la resistencia que hacemos y por defender nuestros territorios”, afirma sin vacilaciones Francia Márquez, reconocida lideresa afro que integra el Proceso de Comunidades Negras (PCN) y la Asociación de Consejos Comunitarios del Norte de Cauca (Aconc). Señala como causa primera la defensa que han hecho del proceso de paz: “Cauca, Valle, Nariño y Chocó fueron los departamentos que le dijeron sí al proceso de paz de manera unánime. Hicimos una apuesta grandísima porque son nuestros territorios los que, desproporcionalmente, han sido los más afectados por el conflicto armado”.

 

 

Las mujeres negras que han sufrido siglos de exclusión, segregación, y expolio, quienes enfrentan la guerra en los territorios, violencias diversas y son ejemplo de lucha y resistencia no pueden ni quieren aceptar la Pax Romana, resultado de un proceso de paz fallido y traicionado.

 

 

Hoy 25 de julio Día International de la Mujer Afrolatinoamericana y Afrocaribeña, reiteramos la lucha en el amplio sentido, como única posiblidad de transformación de las condiciones que nos oprimen. No vamos a cohonestar con la perfidia. No es nuestra la felonía.

 

 

1- La “Negredumbre”

 

 

En Colombia, la primera ley que proclamó la libertad de los esclavos, producida en 1821, fue ya un triunfo del legalismo formal y atávico. Quienes se lucraban de la esclavización le dieron la vuelta envenenando el texto con alevosía para poder continuar explotando al esclavizado y torciéndole el pescuezo a la libertad. Fueron parte de la estrategia contra la abolición, introducir en el articulado de dicha ley la “libertad de vientres”, que aseguraba la propiedad sobre los hijos de las esclavas hasta la mayoría de edad; promulgando la ley de “libertad solo para esclavos citadinos”, por medio de la cual aseguraban a los esclavizados en los enclaves mineros y en las haciendas; vendiendo a los esclavizados en otros países donde aún no se hubiera decretado la abolición, como en Perú, en donde se da en el año 1854. Todo bajo el margen de la ley de Dios y de los hombres, y ya con el respaldo de tinterillos y uso de artificios, como hasta hoy.

 

 

Manuel Lucena Salmoral, en su enciclopédico tratado “Leyes para esclavos. El ordenamiento jurídico sobre la condición, tratamiento, defensa y represión de los esclavos en las colonias de la América española”, ilumina la estrategia del sistema esclavista:

 

 

“El ordenamiento jurídico sobre la condición, tratamiento, defensa y represión de los esclavos en las colonias de la América española que prohíbe que se castigue a los esclavos cortándoles los genitales nos está indicando que se estaba usando tal práctica; cuando otra prohíbe "corregirlos" poniéndoles de cabeza en el cepo es porque así se hacía; cuando se ordenaba que las amas no enviasen a sus jornaleras a prostituirse es porque era una práctica corriente; cuando se prohibió separar los hijos de la madre esclava es porque era frecuente, etc. Una lectura contraria a lo establecido por las normas nos ayuda así a conocer también los "horrores" a los que se pretendía poner coto.”

 

 

La tierra, como fetiche, se convirtió en posibilidad de mantener sirvientes en derredor, entregándole pequeñas parcelas al “libre” y su familia, donde podía sembrar y vivir, sin desmedro de que las mujeres y los niños y niñas, continuaran prestándole el servicio doméstico. Pero el cimarronaje, y el deseo de libertad se colaba por todos los intersticios posibles, y por eso se ubicaron en zonas alejadas, de difícil acceso para los ex amos y las autoridades.

 

 

En 1851 se declara abolida de manera definitiva la esclavitud. Pero ya estaba instalada la brecha, la estigmatización, las asimetrias, la segregación, que ha negado la posibilidad de ser reconocidos plenamente en el país "político" y en el país "nacional".

 

 

Sobre todo ese legado oprobioso, se funda el hecho en que todavía en Bogotá haya carteles en barrios de gente pobre, que anuncien que “No se le arrienda a negros”.

 

 


2- La Ley 70

 

 

La Ley 70 de 1993 es el resultado formal de la lucha social y el consiguiente reconocimiento histórico del valor del trabajo y de las prácticas ancestrales de las comunidades negras en Colombia. El artículo transitorio 55 de la Constitución Política de 1991 reconoce algunos derechos de las comunidades negras, conquistas de la lucha de la diáspora africana en Colombia a punta de sangre.

 

 

Se logra el reconocimiento de la propiedad colectiva de las comunidades negras con base en sus prácticas tradicionales de producción y sus formas de vida, y se crea mecanismos para la protección de la identidad y la cultura, mediante la etnoeducación afrocolombiana.

 

 

Pero no solo por la tardanza en la reglamentación completa de dicha ley (hasta hoy) y que ha impedido el disfrute real de los derechos de la comunidad afrocolombiana, los objetivos mayores no se han logrado. La población negra sigue siendo objeto de diferentes expresiones del racismo,y sigue siendo víctima del conflicto armado y de las diferentes amenazas que se mueven sobre sus territorios. El conflicto armado, los proyectos de agricultura extensiva, el "turismo basurero" y el narcotráfico, planean sobre la realidad de nuestros territorios impidiendo la aplicación central de la Ley, cual es la titulación colectiva de las tierras y la seguridad para poder empoderarse en éstas.

 

 

Otra estrategia de guerra sucia del poder es titular tierras y desplazar. Dos movimientos opuestos pero que funcionan bien en un país que asume que el pueblo es el enemigo. No hay duda de que la violencia estructural en los territorios no posibilita la vida. Las disposiciones de la Ley 70 con respecto a la educación, al desarrollo económico (que incluye asistencia financiera) y al gobierno local, son actualmente cantos de buitres.

 

 


3- El Capítulo étnico se perdió por el camino

 

 

Fue un dilatado proceso que se extendió por cuatro años, dentro de un proceso más dilatado aún de cincuenta años de guerra, para lograr la firma de un acuerdo de "paz" entre el gobierno de Colombia en la presidencia de Juan Manuel Santos y las FARC-EP. Cuatro años no son la vida, pero si se van muchas vidas en ellos. Finalmente las partes, se extendieron las manos. Se cerraba, o así se presuponía, que la confrontación de más de medio siglo, terminaba. Ilusión fallida. 240 miembros de la ex FARC-EP y más de mil líderes sociales asesinados desde la firma del Acuerdo, refrendan la aseveración.

 

 

Las comunidades afrodescendientes e indígenas llegaron a La Habana en el marco del Acuerdo de Paz, en el último momento. En junio de 2016, cuando ya se habían acordado cinco de los seis puntos del Acuerdo Final para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera, la Comisión Étnica de Paz compuesta por diez miembros de las comunidades negras, diez de las comunidades indígenas y dos de las comunidades Rom, acudió por primera vez a la Mesa de Negociaciones. El 24 de agosto, se declara que las negociaciones habían concluido con éxito y los representantes del gobierno nacional y de las Farc firmaron el Acuerdo de Paz. La Comisión había logrado incluir cuatro páginas: el Capítulo Étnico.

 

 

Resultados de ese hito? Para Marino Córdoba, integrante de la IEANPE por parte de la Comisión Étnica de Paz y de la Asociación Nacional de Afrodescendientes Desplazados (Afrodes), lo que está ocurriendo con la instancia de verificación de los pueblos originarios demuestra la falta de voluntad política del gobierno nacional: "Frente a la comunidad internacional hay un discurso, pero en el país hay otras acciones. Es un discurso hacia afuera de que se está avanzando con la implementación del Acuerdo y que por la tanto no tiene por qué preocuparse.” (https://verdadabierta.com/tortuoso-camino-la-instancia-seguimiento-del-capitulo-etnico/)

 

 

Álvaro Jiménez Millán, director de la Campaña Colombiana Contra Minas y amplio conocedor de este tema, manifiesta: “Todas las manifestaciones de un conflicto armado están presentes en este departamento: los combates con interposición de población civil, los desplazamientos y los confinamientos, las retenciones y los controles a la movilidad, el uso de artefactos explosivos improvisados y minas antipersona”.

 

 

„El gobierno no tiene voluntad política en poner en marcha el Acuerdo de Paz y la implementación del Capítulo Étnico”, afirma de manera categórica, un vocero de la Federación de Asociaciones de Cabildos Indígenas del Departamento del Chocó (Fedeorewa), que integra a los pueblos Embera Dovida, Katío y Chamí. (https://verdadabierta.com/implementacion-del-capitulo-etnico-acuerdo-paz-aun-no-llega-a-choco/)

 

 

Para el SAT (Sistema de Alertas Tempranas) de la Defensoría del Pueblo, las acciones de diversos actores armados en ese territorio, en tiempo de pandemia, son “un factor que agrava la situación de confinamiento de la población e impide la realización de actividades tradicionales para el cuidado de la salud y la seguridad alimentaria, tales como la medicina tradicional, la caza, la pesca y la agricultura”.

 

 


4- Nosotras

 

 

El subregistro de la violencia contra las mujeres, como el feminicidio y la tentativa de feminicidio, así como la ausencia de una base de datos unificada, contribuye a la invisibilización de la violencia contra las mujeres. En el departamento del Chocó esas condiciones impiden la realización de un análisis profundo de la violencia feminicida. A pesar de que la Ley 1761 de 2015 en su artículo 12, establece la adopción de un Sistema Nacional de Estadísticas sobre Violencia Basada en Género, no ha sido cumplida por el Estado colombiano, ni por las entidades involucradas directamente en la creación del sistema, situación que redunda en la ausencia de una base de datos unificada sobre la violencia basada en género, y especialmente, aquella que viven las mujeres.

 

 

El territorio referido está ubicado en el Pacifico Colombiano. Es sin embargo reflejo de lo que acontece en Colombia, con los grupos étnicos, y sobre todo, con las mujeres y las niñas y niños. El contexto de discriminación y violencia es el caldo de cultivo.

 

 

Audre Lorde, escritora afroamericana, feminista, lesbiana y activista por los derechos civiles, pero sobre todo POETA, nos lleva de la mano al cerrar estas modestas reflexiones:

 

 

“Yo he mamado la ira de las fauces del lobo y la he utilizado para alimentar la iluminación, la risa, la protección, el fuego allá donde no había luz, ni comida, ni hermanas, ni refugio. No somos diosas ni matriarcas ni monumentos del divino perdón; no somos el enardecido dedo de la justicia ni instrumentos de flagelación; somos mujeres que siempre retomamos a la fuerza nuestro poder de mujer”.

 

 

Las luchas siguen y en eso andamos!