Por: Alberto Pinzón Sánchez

 

Como se ve en el cuadro presentado por el sociólogo investigador y profesor universitario Oscar Fresneda, en su análisis estricto de la estructura de clases en Colombia, titulado “Evolución de la estructura de las clases sociales en Colombia 1938- 2010”, que se encuentra disponible en http://www.scielo.org.co/pdf/soec/n33/1657-6357-soec-33-00205.pdf

 

 

 

Son varios los desmentidos que, con explicaciones y soporte empíricos hace el investigador al cúmulo de falacias tanto tiempo propaladas, por la hegemonía dominante y aceptados acríticamente por el postmodernismo, sobre la desaparición de las clases sociales en la base productiva de Colombia:

 

 

El primer desmentido es el que los obreros industriales y los agropecuarios, ligadas a la producción (de mercancías y productoras por tanto de ganancias) ha sido reemplazada o desaparecido de la sociedad colombiana a causa de la implantación de la economía neoliberal y la globalización imperialista; cuando los datos, desde 1964 al 2012, muestran que a pesar de las fluctuaciones los obreros industriales se han mantenido tendencialmente por encima del 10% del conjunto analizado (14,4% en 1964, al 11,0 % en el 2012)

 

 

 Y los obreros agropecuarios, a pesar de su drástica disminución del 20,7% en 1964, en el 2012 continúan manteniéndose en un 5,8 %, con un importante peso numérico dentro de la estructura económico social colombiana.

 

 

El segundo desmentido es que Colombia se convirtió en un país “homogéneo” de boyantes y cultas clases medias, cuando la realidad muestra muy diversos y distintos desarrollos específicos en cada grupo analizado. Si bien el investigador Fresneda, excluye de la categoría “clase media”, a tres importantes grupos sociales que no están ligados a la producción asalariada, para ubicarlos en el grupo de clases populares o inferiores, como son: Los trabajadores independientes no agropecuarios en negocios hasta con 5 empleados. Los campesinos en explotaciones hasta de 5 trabajadores. Y, los empleados domésticos (con salarios imperfectos).

 

 

 Se puede observar que:

 

 

 1-Los profesionales y técnicos subieron del 5,1% en 1964, al 9,6% en 2012

 

2-Los empleados saltaron del 9,5% en 1964, al 19% en 2012

 

3-Los trabajadores independientes no agropecuarios con más de 5 trabajadores se sostuvieron del 2,2% en 1964, y el 2,7% en 2012.

 

4-Los campesinos con explotaciones de más de 5 trabajadores se redujeron de 1,7% en 1964, al 0, 4% en 2012

 

5- Los trabajadores independientes no agropecuarios en negocios hasta 5 trabajadores, subieron del 12% en 1964, al 34% en 2012

 

6-Los campesinos con explotaciones hasta 5 trabajadores cayeron del 26% en 1964, al 11% en 2012

 

7 Los empleados domésticos se redujeron del 7% en 1964, al 3,5% en 2012.

 

 

Por ultimo queda la “clase alta” sobre la cual el investigador Fresneda advierte: “en la clasificación no se fija, como tampoco lo hace Goldthorpe, una posición diferenciada para los capitalistas o “gran burguesía” por dos razones: la baja frecuencia de este grupo que impide la estimación de su magnitud mediante encuestas por muestreo, y la dificultad operativa para captar por este mecanismo los capitalistas “rentistas” que no están realizando un trabajo en las empresas de su propiedad. Esta pauta se extiende a los “terratenientes” y otras fracciones de propietarios en distintos sectores económicos (Breen, 2015). El análisis de esta clase social requiere recurrir a procedimientos y fuentes diferentes”; y que en el cuadro mostrado queda presentada como Directivos, que comprende a los trabajadores de coordinación y mando, quienes tienen poder de decisión sobre los medios de producción y sobre otros trabajadores”; que pasaron de ser el 0,8% en 1964, al 2,5% en 2012.

 

 

Con lo cual se confirma que, en la formación social colombiana existen tres grandes clases sociales. Una, la de los propietarios de los medios de prodición nominada en el cuadro como clase alta. Dos, la de los obreros, bien sean los industriales o agropecuarios productores de ganancia. Y tres, la abigarrada y compleja categoría de las clases medias, basculando entre las dos anteriores: viviendo de un salario y queriendo ser grandes propietarios pero despreciando al obrero.         

 

 

Ahora bien con esto, es posible tratar de explicarse porqué durante los 48 años mostrado en el cuadro, las expresiones políticas de cada una de las clases situadas en la base económica (tanto en la producción, como en los servicios) no ha correspondido al peso específico y cuantitativo dentro de la estructura social y el desarrollo económico social.

 

 

La fecha de 1964 tomada como inicio del cuadro en comento, fue cuando se bombardeó a los 48 campesinos de Marquetalia y a otras regiones colombianas, iniciándose el llamado conflicto armado interno: Es una fecha como la de 1948 que están escrita con sangre en la memoria reciente de los colombianos, para no citar las anteriores. Coincide con la inauguración internacional del Estado Plebiscitario del Frente Nacional creado por el pacto Lleras Camargo-Laureano Gómez en 1957, que instauró en régimen dependiente de la dictadura excluyente del partido único de la clases dominantes o Frente Nacional, junto con la adopción abierta de la teoría de la contrainsurgencia estadounidense impuesta por el general USAmericano W. P. Yarborough en sus visitas a Colombia en los años anteriores.

 

 

No está en el objetivo de este escrito analizar el desarrollismo económico dependiente de la economía estadounidense con sus tortuosas evoluciones posteriores y las desastrosas secuelas de proletarización, contrarreformas agrarias y despojos campesinos, empobrecimiento generalizado , desigualdad, miseria y represión desaforada en campos y ciudades, que a partir de esos años fue impuesto violentamente al país con el rotulo inicial de la “Alianza para el Progreso” del presidente Kennedy como reacción al demonio de la revolución cubana.

 

 

Y que llevó a las clases explotadas y sectores sociales oprimidos a la insurrección del paro cívico de 1977, a su respuesta Estatal del estatuto de Seguridad Nacional, a los acuerdos de paz en Casa Verde; luego, a la quema del palacio de justicia en Bogotá, los genocidios de la Unión Patriótica y otras agrupaciones políticas contestarias, al auge del narcotráfico con su infiltración institucional mafiosa y  corruptora, a los procesos de paz del 90 y a la Constitución de 1991 que implantó los gobiernos neoliberales autoritarios y corruptos de Samper, Pastrana. Al Plan Colombia de reingeniería completa de la Fuerza Pública por los EEUU y al fracaso del proceso del Caguán, seguidos por los “octienios” de la Seguridad Democrática de Uribe Vélez, de JM Santos con su acuerdo burlado y fallido de la Habana en 2016, hasta desembocar en la subpresidencia actual de Duque con su genocidio terrorista del Estado, gota a gota, contra líderes sociales y ex combatientes reinsertados.          

 

 

 Y no lo está, porque además de los contextos analíticos dados por el investigador Fresneda, existen muchos otros estudios más específicos  de contenido clasista sobre la economía colombiana, por ejemplo, los contenidos en el libro gordo de Petete sobre el conflicto colombiano editado por la Comisión Histórica del Conflicto en 2015, y dentro de los cuales se destaca la visión económica de largo plazo aportada, entre otros, por el economista y profesor universitario Jairo Estada Álvarez. (consultar http://www.indepaz.org.co/wp-content/uploads/2015/02/Version-final-informes-CHCV.pdf)  

 

 

Lo que vale destacar, como dije antes, es la minusvalía política en el escenario público de las clases productivas obreros industriales y agropecuarios, junto con las varias clases y capas intermedias agrupada bajo la denominación clase media constituyentes del bloque de clases “sometidas” o subalternas, es decir explotadas y dominadas, que no concuerda con el peso numérico de ellas en la sociedad. No quiere decir esto, en ningún caso, que no existieran en tanto clases sociales con expresiones concretas, reivindicaciones, movilizaciones y luchas por lo demás intensas. Lo que se pretende resaltar es su sometimiento violento por el bloque hegemónico. Su subalternidad.

 

 

Entonces es cuando debemos volver a mirar nuevamente el concepto de fascismo, la ideología que lo motiva y las condiciones de su génesis; expresada originalmente por el gran antifascista italiano y fundador del Partido Comunista A Gramsci en todos sus escritos sobre el ascenso de Mussolini al poder en Italia, y recogidos en varias publicaciones de las cuales se deben destacar el libro de editorial Era. México 1979 titulado “sobre el fascismo” y, el libro de la editorial Altamarea España 2019 titulado “Fascismo la sombra negra de cien años de barbarie”, en donde con la lucidez y trasparencia de su prosa, deja establecido que  el fenómeno fascista solo es posible cuando logra dos condiciones ineludibles; una, desorganizar y demoler las organizaciones de la clase obrera, y dos, crear una base de masas en el seno de lo que él llama para Italia la pequeña burguesía, que en nuestras sociedades dependientes del imperialismo, correspondería al concepto de clases medias.  

 

 

Y esto es precisamente, lo que ha sucedido a lo largo del siglo XX cuando surge la clase obrera en Colombia, y en lo que va corrido del siglo XXI: desorganizar y demoler todas y cada una de las organizaciones de la clase obrera hasta hacerla prácticamente invisible (de ahí que los post modernos digan que no existe) valiéndose tanto de la represión legal, como ilegal de facto, junto con la avalancha de todos los Aparatos Ideológicos del Estado como escuela, partidos políticos, sindicalismo eclesiástico, medios de comunicación, Ong y sistemas de cooptación dentro del gobierno, etc.

 

 

Es sobre la base histórica del clericalismo dominante como aparato ideológico de Estado preferente desde la constitución autoritaria de 1886,  que se construyó dentro de toda la población (obreros y capas medias) un relato hegemónico dominante de masas, que aún perdura, basado en la satanización del comunismo y el socialismo como fuerzas del mal y enemigos internos, hasta doblegar totalmente estas dos clases explotadas y subalternas suprimiéndoles cualquier posibilidad de independencia, hasta convertirlas en aliados, cuando no mediante la cooptación integrarlos directamente del bloque de clases dominantes.  

 

 

Los casos recientes de los dos líderes obreros “Garzones”, o el “pacto histórico” por la paz realizado en 1991 entre la clase dominante con las guerrillas “populares y étnicas” desmovilizadas unos meses antes (una de ellas ya integrada con los narco paramilitares de Carlos Castaño) con el fin de proclamar la Constitución neoliberal y contrainsurgente de 1991 excluyendo a las Farc y al ELN, y que hoy 30 años después solo arroja resultados negativos en la solución de los problemas estructurales que aquejan a la sociedad colombiana; son ejemplos paradigmáticos que comprueban, en la vida, la afirmación gramsciana en nuestra desangrada Colombia.         

 

 

En Colombia no hubo un movimiento de masas de la pequeña burguesía reforzado por el Lumpen, condición que los “negacionistas” del fascismo en Nuestramérica ponen a raja tabla como condición “sine qua non” para aceptar el concepto. No lo hubo porque además de la demolición de la clase obrera, la ideología fascista dominante era aceptada masivamente por las clases dominadas (Ideología Alemana. Marx), y un movimiento de masas de la pequeña burguesía antiobrera y antisindical para demolerlo como en Alemania o en Italia, en Colombia no era necesario. Se dio mas bien lo que el austro marxista Wilhelm Reich dijo en su momento: “no, las masas no han sido engañadas: han deseado el fascismo”.

 

 

 200 años de “pactos históricos” Inter-clases firmados por personas o individuos que “representan” unas al Estado colombiano y otras a su opositores, todos fallidos, incumplidos y frustrados como lo demuestra la lideresa Piedad Córdoba https://rebelion.org/kombilesa-benkos-400-anos-de-perfidia/ nos obligan, simplemente, a seguir siendo precavidos.  

 

 

Nos obligan a pensar que talvez sea mejor explorar la posibilidad de cambiar las reglas y las estructuras dominantes que han hecho fallar todos esos pactos en un ambiente colectivo, democrático y de masas como lo es un proceso constituyente popular amplio, deliberativo y democrático, que le de a la estructura de clases de Colombia mostrada en el cuadro de Fresneda, una verdadera ley de leyes  o Constitución nacional que permita en el país una vida democrática digna, legal y legítima.

 

 

Autor de la Foto-Imagen: Oscar Fresneda Bautista.   

¡Venezuela vencerá!

 

#SimónDignidad

 

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