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Por: Jaime Corena Parra

En gran parte de los territorios venezolanos y colombianos, situados de cara a la llamada frontera y un poco adentro de ésta, atravesados por la Cordillera Oriental de los Andes, el pueblo trabajador desayunaba con caldo de huevo o pisca andina, arepa de maíz pelado, un trocito de queso y chocolate, café con leche o agua de panela. Y cuando los ingresos de los hogares eran precarios, otra parte del pueblo desayunaba caldo sin huevo y sin arepa, o sea con una changua (agua de sal con picadillo de cilantro y cebolla en rama); si las condiciones lo permitían, la changua se acompañaba de un mendrugo de pan y agua de panela. Hoy, como se dice en los santanderes y en el Táchira, a ambos lados de la frontera, desayunar con caldo de huevo o pizca andina “es un lujo”.

Las anteriores expresiones del pueblo llano son útiles al examinar el avance de los acuerdos para el inicio de la construcción de la Paz en Colombia, rubricados a finales de junio de 2016 en La Habana, entre el Gobierno del presidente Santos y las FARC-EP.

Será un proceso un proceso con changua o con caldo de huevo. La paz de la changua, de ser ésta la que se intente imponer por el liberalismo de la Democracia Representativa y la praćtica del desarrollo dirigido a sostener o aumentar la tasa de ganancias del capital, resultará sin duda efímera y provocará múltiples resistencias sociales.

En cambio, la Paz con caldo de huevo o pisca andina se hará por los amplios y múltiples caminos de la Democracia Participativa y Protagónica, el pueblo trabajador colombiano desde abajo, y también ganando las elecciones de la Democracia Representativa, pintará su vida con los colores de la máxima suma de felicidad y seguridad posibles; le agregará al caldo nuevos nutrientes.

En Colombia está tomando cuerpo abierto, de cara a toda su población y a la de los vecinos hermanos, después de largos años de lucha política militar insurgente, la gran contienda histórica que el capital internacional y nacional no pudo impedir con el asesinato de Gaitán, los Estatutos de Seguridad, el terror, el hambre y el exterminio de la Unión Patriótica (UP). Se trata, nada menos que, de la lucha franca, sin manipulación mediática, de millones de seres de la Colombia fragmentada, expresada en la formación y auto transformación de la conciencia colectiva, estrechamente vinculada a la producción y reproducción de la vida cotidiana.

Estamos a las puertas de la producción de la nueva conciencia expresada en un cambio epocal organizado para la libertad, la igualdad y la justicia sustantivas, y no sólo proclamadas, o de la reproducción de la conciencia para la ganancia y el conservadurismo del hambre y la miseria.

El cambio epocal no es changua, es un proceso de Paz Estable y Duradero centrado, con sus tropiezos incluidos, en la práctica de la Democracia Participativa y el desarrollo producido por el pueblo trabajador, dirigido a garantizar la satisfacción de las necesidades materiales y espirituales, sin ninguna exclusión de todo el pueblo y el ejercicio de la solidaridad entre pueblos hermanados sin fronteras.

El cambio epocal, es caldo de huevo con nuevos nutrientes, es participación democrática nacional, regional, municipal y comunal en las decisiones fundamentales que comprometen el futuro de la sociedad. Es el pueblo erigido en soberano que con su trabajo dirige, a través de asambleas y consejos, la aprobación del plan nacional de desarrollo social y los presupuestos a todo nivel, como también el control y rectificación de sus aplicaciones.


 

 

 

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