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Por: Alberto Pinzón Sánchez

Cada día que pasa JM Santos, el astuto jugador de naipes, (pero ausente de la realidad por estar concentrado en la próxima jugada) se encuentra con un nuevo hecho social que golpea su gobierno en pleno, sufre un barrigazo, como le señaló cierto consejero que le sopla al oído desde uno de los diarios del oligopolio contrainsurgente.

Barrigazo cuando descubrió que el Catatumbo no era otro Bronx bogotano, donde desde hace muchos años, pero muchos, la tradicional incuria gubernamental y la podrida complicidad policial del anillo, permitieron a pocas cuadras del llamado Palacio Presidencial la creación de una zona de descomposición y podredumbre social de que se tenga noticia en el mundo, sin ningún control o domesticación oficial y, regida solamente por las leyes más criminales del capitalismo neoliberal más salvaje, primitivo, degradante conocido.

Barrigazo cuando se dio cuenta de la incapacidad o impotencia, de las innumerables y seleccionadas “Task Forces” civiles y militares del heroico ejército colombiano, enviadas a “militarizar” la región limítrofe del Catatumbo para rescatar a la “opinadora” del diario el Tiempo Salud Hernández, de la provocación contra el proceso de paz realizada en acuerdo con su jefe Uribe Vélez y otros medios periodísticos contrainsurgentes; debiendo esperar pacientemente a que el ELN los liberara de buena voluntad después de haberlos “retenido para registrarlos”. Es decir, sin haberles podido imponer a los guerrilleros la voluntad del gobierno y del Estado que representa.

Barrigazo como en 2013, cuando se dio cuenta de que el tal Paro Agrario Étnico y Popular, ignorado como siempre ocurre con los reclamos de la despreciada gentecita de a pie (explotada y oprimida) no solamente era una realidad “realmente existente” en las seis “zonas rojas” sin control o Catatumbos señalados por los medios contrainsurgentes; sino una realidad nacional generalizada que contaba con amplios apoyos y solidaridades de clase de otros sectores sociales también explotados y oprimidos como obreros, campesinos, maestros, camioneros, empleados bancarios, estudiantes, intelectuales, poetas, colectivos de mujeres y transgénero. Y con la solidaridad nacional e internacional de ONGs, partidos políticos y otros sectores sociales y movimientos populares, democráticos y progresistas.

Paro Agrario Étnico y Popular, excelentemente nombrado y conducido, cuya bandera de lucha hoy como siempre es y ha sido simplemente exigir (lo mismo que están pidiendo las dos insurgencias de Las FARC y el ELN) que les cumplan los acuerdos signados anteriormente, y frente al cual, el gobierno ha respondido con la única respuesta que conoce desde hace 200 años: Violencia oficial, bombardeos militares, represión sangrienta y robotizada con balas oficiales recalzadas que presentan como armas de la guerrilla; muerte indiscriminada y desmesurada y más muerte, en lugar de simples soluciones democráticas.

Barrigazo terrible, al darse cuenta definitivamente que el Bloque de Poder Contrainsurgente, cuya dirección en el Estado se disputa a mordisco limpio con su rival Uribe Vélez, ha perdido definitivamente el control hegemónico (político e ideológico) sobre un amplio sector del campesinado y trabajadores del campo, ect, de negritudes y de indígenas, agrupados y movilizados en el actual Paro Agrario Étnico y Popular; quienes ya no comen más cuento oficial.

Y al comprobar que han fallado todos los mecanismos de engaño, de zalamerías y de cooptaciones de ministros obreros y de ministros consejeros sociales, de zarrapastrosos bien vestidos y perfumados con alhucema y pachulí baratos.

Barrigazo más terrible aún, al confirmar día tras día que ha fallado su astucia y habilidad de jugador de póker, con la cual siempre contó para ganar tiempo e imponer su victoria cuando decidió entrar en un proceso de paz con la insurgencia de las FARC; diciendo arrogantemente que “la llave de la paz estaba únicamente en su bolsillo”. Que, jugada tras jugada, incertidumbre tras incertidumbre, regateo tras regateo, tiempo va y tiempo viene hasta llegar a la victoria final o pax santista, como si dispusiera de todo el tiempo posible y las circunstancias no se modificaran constantemente, en lugar de llegar a acuerdos prontos y expeditos para superar el síndrome social de la desconfianza por el reiterado incumplimiento oficial a los acuerdos pactados (lo que hoy es el motor del Paro Agrario actual).

Esa llave de la paz de Santos, ha sido sacada de la faltriquera santista, lentamente, por un Pueblo Trabajador actuante, que finalmente ha entendido que la llave de una verdadera Paz con Justicia Social, con una verdadera Democracia y una verdadera Soberanía Popular, es la más amplia y unitaria Movilización Social como la que estamos viendo y presenciando, y no, las elecciones oficiales realizadas con un estatuto electoral inspirado en las leyes que rigen el Bronx bogotano.

Bienvenida la movilización social en todas sus formas de expresión. Bienvenida la toma de conciencia social y bienvenida la lucha por una verdadera paz con justicia social y soberanía. Que, al Pueblo Trabajador colombiano fraguado en miles de combates de masas durante más de 200 años, tampoco le va a temblar la mano a la hora de seguir movilizado.

Si Santos y su ministro Echeverri ofrecen más violencia oficial, más bombardeos, más robots represivos con balas recalzadas y más muerte; hay que pararles la mano con más Movilización Social. Parodiando a Churchill: de barrigazo en barrigazo hasta el barrigazo final.

Fuente Imagen: Internet. Santos anuncia que no le temblará la mano.

 

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