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Por: Narciso Isa Conde

Los presidentes de EEUU se pasaron 88 sin visitar Cuba y los últimos 53 se dedicaron a cercar, agredir y bloquear ese país, colocándole impedimento de viaje a la isla rebelde a todos/as sus conciudadanos/a.
En estos días Obama se quitó el impedimento para viajar a Cuba y avanzar algo más el restablecimiento de relaciones interestatales que tiene poco de inocente, recogiendo a la vez el “prestigio” que emana de esa “histórica visita”.

 

Es conocido que previamente, en diciembre del 2014, los gobiernos de Cuba y EEUU anunciaron a través de sus respectivos presidentes la decision “hacia concertada de “normalizar” de los vínculos entre ambos Estados.
Hace 53 años el imperialismo estadounidense optó por una política de agresión a la Revolución Cubana, que se ha traducido en enormes daños para ese hermano país y su heroico pueblo.

El gobierno de Barak Obama, camino a ser desplazado, decidió cambiar esa línea cuando la misma lucía agotada e ineficaz para lograr la completa revocación contrarrevolucionaria de ese proceso caribeño; contando de seguro con el respaldo de importante sectores del “establiment” estadounidense.

Su visita a Cuba sella la admisión del fracaso del bloqueo y del desmontado cerco político, y abre otro capítulo; en el que el imperialismo no dejará de ser imperialismo, y muy específicamente en estos tiempos un imperialismo decadente y mafioso.

EEUU recula para emprender otro tipo de contraofensiva, a su entender más eficaz; contando además con el favor de las presiones empresariales internas que ambicionaban entrar al ya abierto mercado cubano y aprovechar su benévola ley de inversiones extranjeras, procurando superar el retraso respecto a China, Rusia, Brasil, Francia y otros países europeos; dando por descontado que el mal mayor causado a Cuba con el bloqueo ya se produjo sin haber logrado desplomar su régimen politico.

Cuba, que resistió dignamente, ha logrado avanzar liberándose parcial y todavía limitadamente de ese cruel bloqueo, conquistando la plena libertad de sus patriotas encerrados vilmente en las cárceles del imperio y apuntando hacia la recuperación de la Base de Guantánamo.

INCERTIDUMBRES

Pero hay otras cosas por ver.

Habrá que ver en qué consistirá esa nueva política imperialista frente a Cuba y como será desplegada en lo adelante.

Habrá que ver, a la luz de los resultados de los nuevos comicios estadounidense, hasta dónde llega el consenso interno bipartidista en EEUU y, sobretodo, el consenso en su poder permanente: grandes corporaciones, Wall Street, Pentágono, CÍA... en medio de la crisis de decadencia que afecta gravemente al sistema imperialista-capitalista y lo induce a una política altamente destructiva en muchas parte del mundo; lo que no descarta, en medio de sus debilidades esenciales, negociaciones para atenuar presiones temporales y luego reemprender la ofensiva integral.

Habrá que ver cómo procederán las grandes corporaciones gringas y sus agencias en el marco de esa apertura y esa nueva relación.

Habrá qué ver que acepta Cuba y qué no, y cómo operará la competencia inversionista y comercial estadounidense frente a los avances de China, Rusia y Brasil en ese país, y que impacto tendrá la actual inflexión de la crisis capitalista mundial y la contraofensiva estadounidense en esas potencias emergentes.

Igual quedan pendientes los efectos de las iniciativas que en las nuevas circunstancias está poniendo en práctica el poder imperial: nuevas formas de penetración, ablandamiento político, promoción de fuerzas opositoras, y aprovechamiento de las dificultades y descontentos; facilitadas por esa distensión diplomática en medio del estancamiento y la crisis que afecta al modelo estatista cubano, combinado con ciertas modalidades de privatización y la apertura a la inversión extranjera.

UNA REFLEXIÓN MÁS ALLÁ DE LA SUPERFICIE

Vale entonces la reflexión en el entendido de que en esta fase del capitalismo decadente no estamos frente a un imperialismo ablandado, aunque si con fuertes debilidades y contrapartidas que no le permiten imponer sus designios en toda la línea y a lo largo de su accionar. Es sí estamos frente a un lumpen imperialismo capaz de camuflajear sus maldades por momentos, pero no de deponerlas.

El giro en la política estadounidense respecto a la Cuba actual no indica un cambio de esencia ni una fase más moderada en su existencia como imperio, sino modalidades temporales de acción para lograr el propósito de hacer avanzar en esa isla el capitalismo privado y la economía de mercado bajo su control, debilitar las tendencias socialistas y antiimperialistas y, eventualmente, mellar la soberanía cubana.

Contempla además favorecer en ese país tendencias centristas y derechistas hacia un modelo político seudo-democrático al interior de la sociedad cubana; sin renunciar a la subversión violenta en caso, o de un determinado descontrol en esa transición, o de una oportunidad aprovechable para la desestabilización.

Obama, ni antes ni durante la visita, no ha ocultado su intención de promover la economía y la cultura capitalista en Cuba y de gravitar a favor, junto a la derecha cubana, de su modelo democracia representativa de tan tristes resultados en el continente y ahora mucho más impregnado de la impronta gansteril del capitalismo actual.

Además, no se debe perder de vista que Cuba está en una fase muy delicada, marchando lentamente hacia un todavía indefinido y contradictorio proceso de transición, tanto en el plano del cambio generacional como en cuanto a la necesidad de reemplazar un modelo estatista-burocrático agotado.

Esa realidad coexistente con reformas limitadas en las que predominan impulsos al individualismo económico, a las pequeñas, medianas y grandes empresas capitalistas, a la conformación de un mercado capitalista dolarizado; coincidiendo con precarias y débiles modalidades cooperativas, con una economía de estado estancada y en retroceso, con un sistema partido único y de organizaciones escasamente participativo, acompañado de un creciente apoliticismo de las nuevas generaciones; y todo esto en medio de procesos que implican crecimiento de las desigualdades, empobrecimientos relativos y carencias de oportunidades y esperanzas para la juventud más preparada.

En ese contexto es evidente la gravitación en Cuba de procesos inspirados en modelos como el chino y el vietnamita, ambos fuertemente inclinados a la restauración capitalista desde el ejercicio de un gobierno y un Estado bajo control del Partido Comunista; vía esta que en Cuba, por la proximidad con EEUU y la dimensión de sus recursos y riquezas, sería todavía más adversa a una retoma del curso revolucionario y a la ruta de la socialización, que lo que ha sido en ambos países asiáticos, incluso podría afectar su autodeterminación.

Todo parece indicar que en ese contexto EEUU persigue ingresar -con menos resistencia que la que históricamente generó el bloqueo y la agresividad descarada, y con menos hostilidad aparente de su parte- en la economía, en la cultura y en la política cubana, con sus propios fines contrarrevolucionarios.

Y esto plantea nuevos desafíos a las fuerzas revolucionarias cubanas, consistente en promover el antiimperialismo a más profundidad y asumir con vigor el planteo de la transición hacia un nuevo modelo socialista que tienda progresivamente a superar tanto la estatización burocrática como la privatización capitalista, y que revitalice el poder popular desde una perspectiva de democracia participativa e integral.

CONTRASTE CON OTRAS POLÍTICAS EN LA VECINDAD Y MAS ALLA

El rostro benévolo de Obama y EEUU hacia Cuba y hacia la ruta de paz en Colombia se desdibuja cuando se trata de su contraofensiva reaccionaria en Venezuela, Brasil, Ecuador, Bolivia….consumada recientemente en Argentina con una formula grotesca del neoliberalismo decadente y mafioso. Ni hablar de la conducta del imperialismo occidental en Palestina, Irak, Afganistán, Libia, Siria, en África y en la propia Europa…

La tendencia dominante –con efímeros re-juegos tácticos- es la contrarreforma, la contrarrevolución, el neoliberalismo aberrante, la promoción de las seudo-democracias corrompidas y corruptoras y el empleo a discreción del poderío militar estadounidense bajo la tutela del complejo industrial militar destructor, las mafias financieras, las corporaciones del saqueo ambiental y la dictadura mediática.

El “poder suave” de Obama se endure cuando anuncia que después de Raúl Castro su interlocutor continental será Macri, el nuevo presidente ultraderechista de la Argentina, donde precisamente se ejecuta con dureza el neoliberalismo podrido de los tiempos de la decadencia imperial que amenaza también arrasar las conquistas democráticas y avance sociales alcanzados en Brasil y en Venezuela.

El anuncio de esa visita en el curso de la cubana es un meta-mensaje realmente diabólico, que a buen entendedor no debe dejar dudas acerca de la meta fundamental de la estrategia actual de EEUU en Nuestra América y el Mundo, independientemente de las variadas tácticas temporales que incorpora a su accionar permanente.

Estos no son tiempos para costosas ingenuidades en las filas revolucionarias, por favor.


 

Santo Domingo, D

 

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