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Por: Libardo Muñoz


Dos anuncios se conocieron al mismo tiempo hoy: el aumento de la cantidad de niños guajiros, de la etnia wayuu, muertos por desnutrición en lo que va de 2018, y el presupuesto escandaloso del gobierno de Duque, para gastos militares, que incluirá compra de misiles a Israel.


El año pasado, para estos días, murieron 27 niños de la etnia wayuu, de La Guajira, por desnutrición, y hoy, a tres meses de finalizar 2018, ya van 30 niños a quienes el hambre les quitó la vida.


Tal vez, ni siquiera habrá quien se ocupe de grabar los nombres de esos niños muertos en alguna tumba por ahí, de esos cementerios que parten el alma de sólo verlos y de pensar que allí haya seres humanos, que alguna vez fueron la esperanza de alguien.


El Instituto Nacional de Salud, INAS, que tiene por qué saberlo, precisó que en la semana 36 del año, han encontrado 961 casos de niños con desnutrición crónica, sólo en La Guajira, con la conclusión de que la mortalidad infantil, en esa parte de la Región Caribe, va en aumento.


 En el resto de Colombia es igual, o tal vez peor está tragedia del hambre wayuu, que el Estado de oligarcas y rentistas que tenemos por nación, no ha sido capaz de solucionar, como se deduce de las constantes denuncias, marchas y protestas de la población Guajira, que no se resigna y que anuncia nuevas movilizaciones de protesta, al conocer que el gobierno de Duque se alista para aumentar 3.6 billones de pesos al presupuesto militar, incluida la compra de misiles.


Además, la ultraderecha en el poder, tiene un plan de acción comprometido con el regreso del glifosato por aspersión aérea, con el "fracking responsable" y con la minería extractivista, con el telón de fondo del paramilitarismo y el asesinato sistemático de líderes sociales, que se creía limitado a ciertas áreas convulsas, pero que se extendió a ciudades y pueblos que sentian libres de los crímenes de Estado.


Sería vergonzoso saber a cuanto asciende el contrato de suministro de glifosato con Monsanto para continuar envenenando familias campesinas en las montañas, por eso los grandes periódicos ni Arizmendi se atreven a publicarlo.


Todo hace pensar que Duque se envalentonó con los estrechones de mano a Trump en la ONU, y va a afiliarse a la empresa nada menos que de una invasión a Venezuela para tumbar a Maduro.


Gran parte de una población nacional que no tiene medios para expresarse tiene los nervios de punta y está indignada con la torpeza y la incoherencia sazonada de corrupción que muestra un gobierno de poco más de un mes de iniciado y con un ministro de hacienda en entredicho.


Los ministros dicen una cosa en la mañana y el presidente Duque los rectifica en la tarde.


El INAS responsabiliza de la desastrosa e ineficiente atención de la nutrición infantil guajira a las ÉPS, a las IPS incapaces de cubrir un departamento de 15 municipios, que tiene un ex gobernador preso y varios ex alcaldes fugitivos por uso indebido de recursos para el ICBF, donde siguen atrincherados los fieles seguidores de Cambio Radical.


Mientras los colombianos nos preparamos para entrar, de la mano de la OTAN, a la próspera época de un ejército armado de misiles, leamos estas palabras de Betty Martinez Arpushana, una madre wayuu: "a veces, sólo comen al mediodía, y al día siguiente no tienen nada para comer, sólo comen una vez al día, a veces comen desayuno, y no comen almuerzo, o si tienen un poquito para la noche, le dan, y si no tienen pasan todo el día así, eso es lo que les pasa a los niños en las rancherías".

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