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Los cuarteles de las FFMM colombianas se están convirtiendo en una gran Escuela de las Américas. El ministro de guerra derrotado numero 28, Juan Carlos Pinzón realizó una gira por algunos países de Centro América y el Caribe. Además de lanzar mensajes de disuasión al gobierno de Nicaragua en el contexto de la disputa territorial, esta diplomacia tiene la misión de ofrecer su portafolio de bienes y servicios de terror. Pinzón vende armamento y entrenamiento. Éste último es financiado por los Estados Unidos y Canadá. 

 

La diplomacia del terror tiene varios componentes en su justificación: unos superficiales y otros de fondo. En cuanto a los primeros, encontramos un discurso que oferta la defensa y seguridad con los términos de cualquier producto en el mercado del miedo.. Conceptos como “apertura de negocios, exportación de experiencias y de desarrollos tecnológicos” son comunes en los discursos de los funcionarios colombianos que recorren Nuestra América ofreciendo sus capacidades en la materia. 

 No en vano es el principal aliado de los países del norte en nuestra Región y el principal depositario de su ayuda militar. Los avances son propios de un país que invierte más en ciencia y tecnología aplicada a la guerra que en la salud o cualquier otro sector del desarrollo nacional y del bienestar social. Las empresas del sector defensa generan grandes utilidades. Han desarrollado armamento con una gran capacidad de destrucción, la cual han probado con uso desproporcionado y sobre seguro en la guerra contra el pueblo. 

Al discurso del negocio de defensa se suma al de la seguridad y la “lucha y cooperación contra el crimen transnacional”. El narco Estado colombiano pretende mostrarse como el adalid de la guerra al narcotráfico. Sin que fuese suficiente con el derrotado Plan Colombia, ahora se continúa con la narcotización de las relaciones internacionales. Sin que haya sido su verdadero propósito acabar con el tráfico de estupefacientes, Colombia se propone dictar cátedra en un tema que le sirve de colchón a su economía y de alternativas de ingresos para un sector importante de la población, siendo el campesinado uno de estos.      

Pero el negocio de la defensa y el crimen transnacional son las variables más superficiales de la diplomacia del terror. De fondo encontramos la lucha anticomunista y antibolivariana. Basta con recordar conceptos también utilizados a manera de eufemismos en esta política: “mantenimiento de la paz y la democracia en la Región y ayuda humanitaria”. Conceptos que hacen parte de la justificación imperialista para invadir según dicten sus intereses.   

 El mismo ministro de guerra ha señalado a los gobiernos progresistas de América Latina de “ideologías expansionistas”. No ha guardado reserva para diseñar escenarios de guerra antes de que termine esta década. Es el mismo impulsor de una relación más estrecha con la OTAN, pregonero de la lucha en favor de la democracia y las ayudas humanitarias. Las tristes experiencias han mostrado en qué termina la “solidaridad” del Tratado. 

Por eso no sobra preguntar de nuevo: ¿Cuál puede ser el impacto ideológico en los militares latinoamericanos capacitados por el régimen de terror colombiano? Según el viceministro de Defensa Jorge Enrique Bedoya, “los últimos dos años Colombia ha entrenado a más de 9.000 integrantes de Fuerzas Armadas de 45 países del mundo "en todo lo que tiene que ver con el fortalecimiento de capacidades, con la lucha contra el crimen transnacional organizado, la lucha contra el narcotráfico y la lucha contra la delincuencia común".

Idéntico discurso fue usado en el Plan Colombia. Y todos sus recursos financieros, militares y políticos terminaron orientados contra la revolución en Colombia. Detrás de la supuesta lucha contra el narcotráfico se esconde la lucha contra insurgente. El etiquetamiento no es más que parte dela estrategia de confusión y deslegitimación. En último término, las capacidades bélicas terminan siendo aplicadas en favor de la recolonización, el saqueo de los recursos naturales y el intento por doblegar la lucha de los pueblos.

La formación que reciben las FFMM de cada país siempre será objeto de estudio de los movimientos revolucionarios. La experiencia de la Escuela de las Américas y la doctrina impulsada desde allí, es parte de una lamentable historia de represión que aun continua. Precisamente en las conversaciones de la Habana entre las FARC y el gobierno de Colombia, uno de los puntos importantes es el desmonte de la doctrina del enemigo interno. Es evidente que los yanquis caminan en una suerte de “tercerización” de sus programas de formación anticomunista y antibolivariano y ahorrarse algunos puntos en la ya extendida deslegitimación en América y todo el mundo.  Ya formó un buen multiplicador.

Jimy Ríos

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