Por: Joaquín Rondón

 

 

Como ocurrió con Libia, ocurre con Haití y han pretendido hacerlo con Venezuela, la Unión Europea quiere lavarse la cara por la “desolación” que ha dejado la guerra en Siria. El dramatismo de la UE reunió en Bruselas al elenco que recaudaría millonarias donaciones para una nación, no sólo arrasada por ataques genocidas, donde fuerzas europeas participaron, sino impedida de realizar transacciones económicas y financieras para garantizar la recuperación de su pueblo. Con total descaro, Josep Borrell celebró que el bloque apoye a los sirios y a quienes los recibieron cuando escaparon de la crisis, desconociendo que el sufrimiento continúa y el nivel de vida de los ciudadanos sirios, antes de la guerra promovida por Obama, no causaba a sus habitantes un deterioro como el desatado por el DAESH y las fuerzas occidentales.

 

 

En la conferencia, la UE reunió 50 países y 30 organizaciones internacionales para recaudar unos 560 millones de euros. Se jacta Borrell de superar los 25.000 millones de euros en ayuda a los sirios durante la larga década del conflicto, pero en realidad los recursos benefician, principalmente, a toda una red de instituciones corruptas, manipuladoras, contrabandistas y de falsa bandera, como lo han demostrado tribunales en Europa y Estados Unidos. Si a cifras nos referimos, sólo el costosísimo lobby que la Unión Europea le financió a la junta usurpadora, opositora al gobierno de Al Asad, y que recorrió el mundo pidiendo bombardear Siria, salió más caro que toda la logística de Bruselas y los gastos militares de los aliados occidentales, triplican en un solo año, lo que el viejo continente recaudó para las víctimas. La guerra es un negocio.

 

 

Según los mismos delegados de la ONU en el evento, la guerra en Siria ha dejado unos 500.000 muertos, 100.000 desaparecidos, doce millones de refugiados y desplazados internos y más de 13 millones de personas en necesidad de ayuda humanitaria. Afirmó Mark Lowcock que “Hay menos violencia, pero más sufrimiento”. Lo único sensato y más sincero que se dijo en la Cumbre por Siria, fueron las palabras del Secretario General de la ONU António Guterres, quien expresó: "Durante diez años, los sirios han padecido muerte, destrucción, desplazamiento y privaciones… Y las cosas están empeorando, no mejorando. Más de 13 millones de personas necesitan ayuda humanitaria para sobrevivir este año”.

 

 

Pero ninguno en Bruselas se atrevió a reflexionar sobre la Siria antes de que la administración Obama financiara el DAESH y la UE pusiera alfombra roja a la Junta Usurpadora, algo así como la del opositor venezolano. Para citar sólo una de las memorias independientes de esa Siria en paz, me permito un extracto de Longué: “Recuerdo la primera vez que estuve en Damasco. Fue en 2006. Sus calles eran una mezcla fascinante de imágenes bíblicas y de una dinámica capital moderna. Alepo, en aquella época la localidad más poblada, era una ciudad culta y muy bien conservada. Sus habitantes se vanagloriaban de contar con el bazar más antiguo de Oriente. Hoy es imposible distinguir aquellas Alepo y Guta Oriental en las imágenes que toman los drones”.

 

 

Una respuesta que, en todo caso, no tuvo preguntas en Bruselas ni en los grandes medios, es el destino de los “bondadosos” fondos: la mayoría desviados para el enriquecimiento de corporaciones, familias parasitarias que engordan sus arcas, corruptos de alto calibre y, simplemente, estafadores, como lo demostró el Departamento de Justicia de Estados Unidos cuando enjuició al Comité Internacional de Rescate por una investigación que comprobó cómo la ONG se robó la ayuda humanitaria en Siria. Algo que podría parecerse mucho al caso venezolano, excepto por dos detalles: USA y la UE no han enjuiciado a Guaidó por robarse la “ayuda humanitaria” y ni Trump, ni Biden, ni Duque, ni el Grupo de Lima pisarán con sus botas insolentes el sagrado suelo de los Libertadores y las Libertadoras, ni por diez años, ni por diez horas.

 

 

Joaquín Rondón – Profesor de la Unellez


@LaGuaratara

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