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Por: http://elcorreodenigale.org.ve

Por los mares del mundo flotan mares de óleo, van en archipiélagos de acero, sobre lomos de acero, van dormidos esos charcos de fluidos fósiles, van inocentes a las calderas del orbe, a las insaciables arcas.

En mis playas quedaron rastros del saqueo. Peces mutantes, peces ausentes. Obreros desechados para morir. Desechos de muerte. O mucha muerte tirada al fondo de mi mar íntimo, otrora delicia vital, un manjar de olvido.

Miden en barriles el despojo, cuentan en monedas la prevaricación.

Desde mi orilla –mi país insomne- veo alejarse la llegada al sueño. Soy pescador de antaño, conozco el cardumen por el tronío.

Muchos brazos huyeron al arado, abandonaron las atarrayas, rompieron los lápices. Todo para echarse ebrios a un lupanar de usura.

Mis enemigos vencen con fuerza corruptiva, erosionan las virtudes, carcomen la belleza, subyugan las almas. Hay fortunas más mortíferas que el veneno.

El amor al saber es un jardín liberador, huerto generoso que atrinchera greyes.

Lo humano nació de la energía transformadora que gastamos en acercar las utopías. Todo esfuerzo creativo es compartir siglos identitarios.

Pero el trabajo y el estudio han sido derrotados. En los castillos señoriales se enseña la avaricia y el ocio humillante. Los privilegios dominan la escena, todo vale por alcanzarlos.

Los sátrapas asaltan las colmenas del pueblo, se llevan la miel a un paraíso maldito para existir condenados a la opulencia.

Allí ondea la bandera de franjas sangrientas en constelación carroñera.

Aletear de buitres esparce nuestro humo sagrado, será cenizas la madera madre y morirá la señal inspiradora que sube al éter hecha canto.

La pérdida del amor es noticia vana en este terreno degenerado de hastío, donde lo tierno se extinguió, donde germinó la noche de las fosas hambrientas.

Han asesinado la solidaridad, nadie se entere.

Nadie perturbe el éxtasis del codicioso hojeando fajos de billetes extranjeros. Algunos ya alcanzaron la gloria que anhelaban, cuelgan de su pecho las preseas que deshonran una nacionalidad.

El verbo a veces es disfraz para el zarpazo. La máscara púrpura esconde la fría daga que acecha. Hay epopeyas truncadas por el cementerio que la traición dejó a su paso.

Estas notas tristes brotaron tras una lluvia de obituarios que inundó la tarde. Unos cayeron abaleados, otros simplemente se fueron al más allá, más allá de la modestia que los trajo al podio, más allá de la clase que juraron defender.

 

 

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