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Caras Nuevas en Venezuela - La Guaratara

 

Por: Joaquín Rondón 

 

Venezuela se encamina a las elecciones legislativas, luego de superar numerosos obstáculos impuestos, no por un “régimen dictatorial” -como vocifera el paranoico Cártel de Lima- sino por los súper demócratas que “autoproclamaron” un pelele, financiaron invasiones, actos terroristas, se robaron Citgo y Monómeros y convirtieron la oposición en una corporación criminal, hundida en un lodazal de narco-paramilitarismo y mediocridad que apenas comienza a decantarse en pequeños intentos por volver a la lucha política y parecerse a su propia ciudadanía. En este contexto de reencuentro con el cauce electoral, de victoria en paz y firme gobernanza bolivariana contra las sanciones inhumanas y la pandemia, el líder del PSUV y Presidente Constitucional Nicolás Maduro ha pedido caras nuevas en las candidaturas revolucionarias.

 

 

El líder chavista demanda “caras nuevas” y el Primer Vicepresidente Diosdado Cabello, incluso criticando, sin complejos, saltos apresurados de los partidos aliados y peleas internas entre militantes del PSUV; todos con justas aspiraciones, pero que no justifican los ataques fratricidas y divisionistas porque al que hay que dividir es al oponente. No se puede esperar menos de una dirigencia que recibió el legado del Estadista más importante, carismático y brillante de este tiempo; un liderazgo que enfrenta las sanciones, golpes y sabotajes jamás lanzados contra un pueblo y un gobierno. Nicolás Maduro, Diosdado Cabello y su alto Mando Político y Militar, no sólo han vencido la confabulación narcoparamilitar, bancaria e imperial más feroz, sino que, en esos días de incontables batallas, mucho han aprendido. Mientras Trump, Moreno, el Uribismo, Bolsonaro y Piñera se aferran al terror, el fanatismo y la corrupción para detener el avance civilizatorio, Maduro pide caras nuevas y ejerce un liderazgo de nuevas perspectivas.

 

 

Quienes han tachado a Maduro de “ultroso izquierdista” y dicen que es un “dictador populista, rentista y demagogo”, pelaron el pedal. No hizo falta una década para entender que el presidente Chavista edificaba, con audacia, una economía productiva y una política basada en la paz, la convivencia y la fe en su Pueblo. Maduro ha superado lo equivalente a cinco operaciones contra Libia, pero su Fe, reitero, su amplitud de ideas y maniobras, le permite comprender la sociedad como procesos vivos y dinámicos, imposibles de abordar con un solo lente. Antes, incluso, que líderes europeos, Nicolás Maduro percibió la crisis civilizatoria en la cual los pueblos tienen el protagonismo y que jamás Trump, Piñera o Biden aceptarán. Acumulando todo el aporte histórico, científico, teológico liberador y bolivariano, Maduro actúa como un líder Humanista de este bucle epocal.

 

 

Si se asume el llamado de Maduro a la altura, el Chavismo no sólo seguirá venciendo en las elecciones, sino iluminando la senda de Latinoamérica. El líder bolivariano habla de caras, cosa compleja en la política donde hay muchas caretas: gente vestida de rojo, pero machista y arrogante, jóvenes vestidos de rojo pero de conductas clientelares y sectarias, sin la forja estudiantil del arte y el deporte; sesudos de caretas rojas pero sin innovación; los vestidos de Comuneros, pero improductivos, los de rojo pero con alma adeca, los que dicen ser un “rio crecido” pero reducidos a células sectarias, los vestidos de sindicalistas, pero que gozan sus licencias gremiales en el exterior, los que cargan el Libro Rojo como escapulario, pero todos los días atacan su propio partido, en lugar de construirlo, los que sufren la bipolaridad de ser gobernantes y a la vez señores feudales y dueños de corporaciones en el Caribe. “La Curul es una misión, no recompensa de un talento inútil” (Martí).

 

@LaGuaratara - Joaquín Rondón – Profesor de la Unellez

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Recompensa - La Guaratara

 

Por: Joaquín Rondón 

 

La historia está llena de carteles de recompensas ofrecidas por hombres incómodos para la realeza, el oscurantismo y los tiranos de todos los tiempos. Por Joaquín Murrieta, el Robín Hood latinoamericano, cuya familia torturaron y asesinaron colonos norteamericanos, famoso en los corríos mejicanos, ofrecían bolsas de oro robado a sus mismos compatriotas. La inquisición emitió numerosas órdenes de captura contra Francisco de Miranda a quien excomulgaron por su empeño de libertad plena para el hombre y la mujer en tiempos coloniales. Desde Cristo, Bruno, el Che Guevara hasta Julian Assange y Snowden, los  carteles de recompensa al estilo salvaje del oeste americano, sólo han variado de la rudimentaria imprenta a los modernos flyers donde se ofrecen sumas millonarias por caras distintas con la misma determinación: denunciar y derrotar la tiranía corrupta e imperial que somete los pueblos a la barbarie.

 

 

En esa misma lista que tiempo atrás encabezaron Murrieta, Miranda, Pancho Villa, El Che y numerosos luchadores por la libertad y la dignidad de América, África y Asia, hoy se inscriben Nicolás Maduro, Iván Márquez y Jesús Santrich. De estar vivo, seguramente la lista comenzaría por el Comandante Hugo Chávez, porque todos coinciden en un aspecto fundamental: ser protagonistas y garantes de los Acuerdos de la Habana, en los cuales se estableció la ruta para la Paz de Colombia que los gobiernos de Santos y Duque burlaron descaradamente porque no saben vivir, ni enriquecerse de otra forma si no por el narcotráfico y la guerra, como nos esclarece el mismo Iván Márquez en su denuncia contra la “farsa de la guerra contra las drogas”, citando al ex gobernador de Minnesota quien vincula a la DEA y la CIA con dinero del narcotráfico para financiar la desestabilización de gobiernos soberanos. De hecho la inversión y el despliegue militar del Plan Colombia ha sido tan colosal que el fracaso norteamericano en su “lucha anti narcótica” es vergonzoso como en Vietnam: los carteles protegidos por la DEA se han fortalecido, especialmente el de los Soles Colombianos, conformado por militares intocables del uribismo.

 

 

 

Ante la magnitud de la derrota gringa en Colombia, se yergue la victoria de Venezuela contra la operación militar y para-militar más colosal de todos los tiempos para derrotar a un gobierno soberano. A la mentira y el fraude gringo no sólo le han ganado Santrich y muchos otros en las cortes y la opinión pública colombiana, sino que la Fuerza Armada Nacional Bolivariana de Venezuela ha contenido, desmontado y ridiculizado todas las operaciones golpistas, de saboteo y manipulación promovidas desde Bogotá con apoyo de grupos paramilitares y el dinero del narcotráfico. Bastaría con observar desde un satélite cómo fluyen diariamente los cargamentos de cocaína hacia la costa oeste de Estados Unidos o escuchar unos minutos al Chapo Guzmán para conocer quiénes lo desplazaron en la comercialización de la droga que circula, cómodamente, por California, Texas, Houston y Nevada, con una demanda de dólares en efectivo que sólo altos funcionarios y banqueros pueden garantizar en territorio norteamericano.

 

 

 

La suma que ofrece Donald Trump por hombres que desafían la hegemonía norteamericana pudiera mejor sustentar a la OMS y alentar a quienes descubran la cura contra las pandemias que amenazan la vida de norteamericanos, brasileños y palestinos: el coronavirus y el genocidio supremacista, porque al fin y al cabo, no se trata de un puñado de hombres sino, como dijo Gaitán: de un Pueblo.

 

 

 

@LaGuaratara - Joaquín Rondón – Profesor de la Unellez

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La Policía del Futuro - La Guaratara

 

Por: Joaquín Rondón 

 

Seattle, la ciudad más grande, exuberante y excitante de Washington, sede de las corporaciones informáticas más importantes de Estados Unidos y legendaria tierra del Gran Jefe Pielroja –con quien Fritjof Capra abre su gran obra La Trama de la Vida- es hoy, causalmente, La Zona Autónoma de Seattle, la República de Seattle, La Comuna Norteamericana del Siglo XXI, a sólo un día de camino de la Casa Blanca, los ciudadanos comunes han fundado la Zona Autónoma “Capitol Hill”, sin controles policiales, que es como decir sin el control brutal de Donald Trump, cuyo mandato se ha basado en la supremacía racial, el desprecio a las mayorías, las minorías y las diversidades, con una política de represión, violencia, corrupción y fanatismo, apenas secundado por el Estado de Israel, que también se funda en el genocidio y el desconocimiento de los Derechos Humanos y los acuerdos internacionales.

 

 

Capitol Hill no es lo que era antes: una zona policial, pero tampoco es un festival Beat, aunque todos los rincones están plenos de literatura, recitales de poesía, música y galerías. Es la Comuna Norteamericana, pero no es la Comuna de Paris, ni las concebidas por el Comandante Chávez, aunque contengan ese legado europeo, la esencia hippie y la rebeldía creadora del Gigante Latinoamericano. La entidad autónoma de Seattle es una suma de todo eso y más que todas sus partes. Como reza en la entrada principal del edificio tomado, “Este espacio es propiedad de los ciudadanos de Seattle”, como si se leyera una de las grandes frases del Partenón, ahora de los ciudadanos; es el Partenón de los nuevos tiempos, libre, no sólo de la brutalidad de Donald Trump y todo el sistema racista de Estados Unidos, sino también de la engañosa democracia que tanto exaltamos de Grecia, pero que, como dijo Bolívar en Roma, ha dado para todo.

 

 

Capitol Hill, en un solo episodio y sin un solo centavo, derrumbó los relatos de Hollywood sobre las policías del futuro que tantas veces ha reiterado Robocop y otras producciones multimillonarias, donde se perfilan los ciudadanos cada vez más violentos, criminales y anarquistas y los Estados más necesitados de agentes especializados, al punto de concebirlos como piezas cibernéticas incapaces de conciliar con personas normales; es el racismo que Hollywood promueve y justifica, que ahora Seattle y todos los ciudadanos del mundo repudian con valentía y creatividad pacífica. En lugar de policías inhumanos y feroces, la policía del futuro realmente no sería necesaria si, como exigen los manifestantes de Seattle, se invierte más en la salud, educación, cultura e igualdad. Pero quienes pagaron por Robocop y pagan para arrasar con Palestina, no se quedarán de brazos cruzados. Trump ha amenazado con usar militares. Quienes más necesitan de la represión policial son los poderosos para garantizar el dominio de una clase bancaria y corrupta sobre la población, así como Duque necesita desaparecer a los luchadores sociales y Piñera contener a los chilenos.  

 

 

Capitol Hill no es Atenas, ni es Christiania, ni es Angostura. Es una manifestación propia de esta época de rebelión y renacimiento. Los ciudadanos del mundo entienden que ya es bastante con que la pandemia haya develado el funcionamiento piramidal grotesco y descarado del sistema neoliberal que condena a pobres, negros, ancianos y migrantes a una muerte evitable; que el fanatismo evangélico se hunda en un fango perverso y corrupto con Bolsonaro. Hoy, las capitales del mundo denuncian, junto a los habitantes de Estados Unidos, el orden de cosas que no les deja respirar. Desafortunadamente una “súper policía del presente” se perfila como candidata a Vicepresidente con Biden, alejando la posibilidad de que Sanders contribuya a ganarle a los supremacistas con los verdaderos votos determinantes: los votos de los que nunca se han expresado en los colegios marginados. Norteamérica sabe que Hillary no es tan negra como Obama, ni Rice tan humana como las cuatro calles más sublimes del Estado de Washington.

 

 

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Hermanos de George Floyd - La Guaratara

 

Por: Joaquín Rondón

 

Desde la brutal masacre de Tulsa, en el Greenwood District de Oklahoma (1921), al horrendo asesinato de George Floyd, ha transcurrido una centuria. En todo este tiempo el racismo de la élite y las instituciones norteamericanas, no sólo se ha sistematizado, sino que el Gobierno de Donald Trump lo ha conducido a niveles de guerra civil, cuyas consecuencias se han desatado. En el año 2001 el Race Riot Commission, a propósito de hechos investigados en Tulsa, concluyó que los procedimientos policiales de 1921 influyeron en lo que sería el ataque racista contra toda una comunidad afroamericana, conocida como “The Black Wall Street”, un lema inadmisible para los sectores que simpatizan con Donald Trump. Pese a los dramáticos eventos de hace un siglo, la memoria de las comunidades afroamericanas, los numerosos informes de diversas comisiones gubernamentales e independientes, las lecciones de la II Guerra Mundial, incluso el Museo de Tulsa, la brutalidad racista policial vuelve a cobrarse vidas como la de George Floyd y las prácticas genocidas de Tulsa son exportadas a regiones tan lejanas como Palestina.

 

 

Desde la Casa Blanca se trasladó el racismo genocida a políticas gubernamentales, manuales militares, películas y ejercicios policiales. Las “asesorías militares” que hoy pisotean la dignidad de Colombia y comienzan a cobrar vidas de niños, jóvenes y campesinos inocentes en Ituango, la Macarena, el Guaviare y el Meta son la nueva versión del Plan Cóndor que dejó enormes heridas en toda centro y Suramérica. Pero es Donald Trump quien asumió a los supremacistas como segmento de alianza y maniobra electoral. Esto lo saben en Los Ángeles, California y las ciudades que se movilizan en el mundo; Alemania, Paris, Buenos Aires, Santiago y Bruselas, acompañan a los Hermanos y Hermanas de George Floyd para denunciar, como lo expresó el Ayatolá de Irán, que “pueblos enteros no pueden respirar” debido a las políticas de Estados Unidos. Las alertas se esparcen desde Minneapolis a Gaza, ya que en estos momentos el gobierno ilegítimo de Israel ejecuta, en Palestina, la misma crueldad que en Oklahoma, demoliendo casas y linchando personas, sólo por tratarse de “negros”. Esa brutalidad policial de Minnesota, es practicada por los militares de Israel que arrasan la zona industrial de Palestina, como si Trump y Netanyahu acordaran “celebrar” aquel horroroso junio de Tulsa.

 

 

Pero esta generación de ciudadanos, de jóvenes, de líderes comunitarios, universitarios, emprendedores, artistas y ciudadanos de todo el mundo está decidida a participar, activamente, en el curso de la humanidad, sin esperar las lecciones de una tercera guerra mundial. Por estas mismas razones, reitero, Donald Trump usa a Colombia como “ensayo atómico”, mientras Netanyahu arremete contra Palestina. Luchar contra el racimo es hacer que valgan las vidas de Floyd, como de los migrantes, los palestinos y todos los oprimidos por su condición étnica o cultural. El “Hemisferio Libre” por el cual deliraba Trump no es más que un hervidero: la humillación que significa la presencia militar en Colombia puede implicar un error garrafal para Trump porque la tensión se ubicará en Bogotá y no en Caracas, que permanece en perfecta Unión Cívico Militar y Pluripolar. La Colombia Humana está decidida a defender el Acuerdo de Paz de la Habana, avalado por Naciones Unidas, y ve con repugnancia cómo el uribismo trae matones gringos a masacrar campesinos en plena lucha contra la pandemia. Ya no se trata de un Macondo aislado y solitario por donde pasa un tren cargado de víctimas; es todo un continente indignado y Bolivariano.

 

 

Al imperialismo poco le importa la democracia, sin embargo el racismo es la maniobra electoral de Trump, como la trampa lo es del uribismo. En este momento los republicanos pierden la reelección en todas las encuestas, pero la movilización del voto es otra cosa. Sólo con Bernie Sanders como Vicepresidente, se movilizarían sectores abstencionistas y fuerzas de votantes que aspiran un verdadero cambio político en las estructuras del gobierno norteamericano.  

 

 

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Golpe de Estado en Washington - La Guaratara

 

Por: Joaquín Rondón

 

Intelectuales y artistas de todo el mundo se han interesado en el fenómeno que significa la sociedad norteamericana, comenzando por sus extraordinarios escritores, como Mark Twain y Harper Lee, académicos como Chomsky y líderes históricos afroamericanos como Malcom X y Luther King, han militado en el desafío de comprender la complejidad de un país construido sobre los despojos de sus pueblos originarios, con el espíritu de inmigrantes y, especialmente, la fuerza apasionada de los hijos e hijas de África, sin embargo, sólo por razones de espacio, quiero resaltar la luminosidad de Ludovico Silva, la enorme fe de Hugo Chávez y la claridad de Howard Zinn, ante la revolución que vive Estados Unidos, harto del sistemático racismo, violencia, crueldad policial y supremacía que le impone la elite gobernante, desde ambos partidos y desde ambas capitales: Tel-Aviv y Washington.

 

 

El brutal asesinato de George Floyd, pudiera ser el punto movilizador que Zinn advierte para desatar una “revolución norteamericana” que trascienda su partidocracia. El autor de Una Historia Popular de Estados Unidos, considera que esa revolución posible requiere la unión de los activistas anti guerras, los inmigrantes, grupos feministas, trabajadores, consumidores y diversidades, junto a las comunidades afroamericanas, pero valora como fundamental la comprensión de la subordinación que el sistema económico superpone a los derechos civiles conquistados por el pueblo norteamericano. Ese sufrido tránsito de las diversidades norteamericanas genera convulsiones peligrosas que Ludovico Silva analizaba en su Interpretación Femenina de la Historia y que Hugo Chávez percibió con la ternura que, jamás, tendrían los inquilinos de la Casa Blanca hacia sus ciudadanos “de color”. Lo que no contemplaba ningún analista era la coyuntura del Covid19 que marca un bucle crítico, expuesto por el propio Trump en su, trágico, modelo de pandemia: 2 millones de contagios y 200 mil muertes, sólo que esas muertes son, claramente, en las mal llamadas “minorías”, como lo demuestran los casos de David y Gary Gambrell. Si trasladamos  el paneo de tales “minorías” a la Oficina Oval y al Departamento del Tesoro son, realmente, “inexistentes”.

 

 

Pero esa “inexistencia” no es sólo una silla vacía en el banquete de la plutocracia mundial, también es una aspiración manifiesta en “la patraña del siglo” diseñada por el yerno de Donald Trump junto a Netanyahu. El plan implica la desaparición del pueblo Palestino, tanto como Hitler quería borrar a los comunistas. En Norteamérica esa inexistencia también es objetivo político, menos territorial, pero de hecho estructural, ahora bien: ni los Palestinos ni los Afroamericanos están dispuestos a ser masacrados sin luchar, mucho menos en esta coyuntura del Covid19 que ha estremecido las conciencias, como Howard Zinn esperaba. Dentro y fuera de Estados Unidos, en Alemania, Francia, Irán, Suramérica, incluso Israel, las nuevas generaciones condenan la brutalidad genocida y corrupta de la élite gobernante, de policías y militares contra palestinos y gente de color. Por esa razón se dio el golpe de Estado en Tel-Aviv, limitando la votación juvenil y estableciendo un “acuerdo de gobernabilidad” para disfrazar la dictadura que busca blindar a Netanyahu, como todo un Pinochet.

 

 

Esa maniobra dictatorial tienta a Donald Trump y se evidencia en su, peligroso, ataque a Venezuela, denunciado valientemente por Gustavo Petro. Sea el Covid19 o una conflagración en la Guajira, las elecciones norteamericanas se suspenderían, dando lugar a un golpe de Estado al estilo israelí, para tratar de sostener -una década más- al dólar, mientras se acrecienta la brutalidad sobre Palestina. Pero una estupidez de Duque o la desesperación de Netanyahu pudieran derrumbar -en una semana y a un costo muy alto para la humanidad- la hegemonía imperial que tiene delirando al esposo de Ivanka Trump, con las mismas alucinaciones de Nerón. Citando a Wladimir Ruiz Tirado: “Existen los gérmenes de una cultura democrática para cambiar a la primera potencia imperial”. (APV 2007)

 

 

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Pandemia y Fanatismo - La Guaratara

 

Por: Joaquín Rondón 

 

En la columna anterior apostamos a la llegada de los barcos iraníes a Venezuela, no sólo como victoria de la hermandad Persa y Bolivariana ante Trump, sino como avance del comercio internacional contra la diplomacia norteamericana y la dictadura del dólar. A esta hora, la gasolina y aditivos para reimpulsar la petroquímica venezolana están siendo descargados, desesperando aun más a la derecha que se apresura a robar los activos de Citgo y el oro depositado en Europa. La lectura compleja y dialéctica de nuestra civilización, da cuenta de un fanatismo perverso que se ha involucrado en la más alta política, en plena pandemia, haciendo mucho más vergonzosa la conducta de líderes, como los del Grupo de Lima y de la Unión Europea, que se roban millones de dólares con el pretexto de ayudar a los migrantes venezolanos y el tratamiento “profético” del Covid19 a costa de la muerte y exclusión de los latinoamericanos.

 

 

Como alertamos en la columna “Pandemia a la Americana”, la política servil de Perú, Ecuador, Colombia y Brasil, copiando de forma adulante y mediocre, la gestión irresponsable de Trump, ha convertido América en el epicentro mundial de la pandemia con Brasil agravándose, mientras su presidente continúa cegado por una de las más claras evidencias del fanatismo implicado en la política de un Estado tan robusto como el gigante amazónico; la maquinaria sionista, disfrazada de “evangélica” logró penetrar la política y sociedad brasileña. Bolsonaro no sólo acogió la promesa de “salvación” divina que administran organizaciones evangélicas, sino que está gobernando con fanatismo, usando los poderes, recursos y organismos de seguridad en todo el tejido social, asumiendo una “salvación” hebraica que excluye la diversidad étnica y cultural de la nación Carioca, cometiendo un genocidio de proporciones inimaginables, en el cual la élite gobernante vislumbra un Brasil sin samba, sin comunidades ancestrales, sin su rica diversidad religiosa. El protagonismo de la bandera de Israel en sus actos es, apenas, un indicio de lo que sucede en las instituciones y sociedad brasileña mezclada al recio evangelismo genocida, donde el Covid es una “plaga que mata a los de poca fe que traicionan el Pentateuco en la brujería amazónica”.

 

 

Por cierto, en momentos cuando los pueblos Islámicos celebran el final del Ramadán en homenaje a la ciudad de Al-Quds, manteniendo el legado del Ayatolá Jomeiní, es válido aclarar que, mientras la postura genocida de Israel y EEUU es fanática e iluminista, la de Palestina es un derecho humano, con base moral, legal y también un sustento religioso, pero no fanático, como han pretendido venderlo las infames campañas sionistas. 70 años después de la ocupación criminal, Palestina sigue resistiendo con el reconocimiento de la ONU y, junto a la solidaridad de los pueblos Musulmanes, incluso en y América, el Vaticano y jóvenes europeos e israelíes, reconocen que Palestina es víctima de una ocupación genocida, ilegal y corrupta, llevada a cabo por el estado de Israel y perpetrada por connotados criminales como Benjamín Netanyahu. Hoy día, ante el fracaso de la “Estafa del Siglo” diseñada por el yerno de Trump -que de forma fanática se volvió sionista y arrastró a su esposa- las palabras de Ben-Gurión, en lugar de profeta, lo dejan como un verdadero fiasco, ya que la apuesta del invasor de que los nietos de los palestinos desplazados olvidarían su tierra, no solo son patrañas, sino que, en este siglo, los viejos, niños, jóvenes y todas las generaciones de Palestina, árabes, cristianos, musulmanes, incluso hebreos, siguen resistiendo y denunciando la ocupación sionista.  

 

 

Israel aprovechó la pandemia para desconocer como ciudadanos y transeúntes a palestinos y cristianos. Qué harán Bolsonaro y las iglesias evangélicas con las banderas de Israel en sus templos si, oficialmente, el Estado hebrero desconoce a Jesús como Cristo. Qué mesías, entonces, avala la salvación que venden las iglesias donde están los símbolos sionistas si Cristo fue expulsado nuevamente de su palestina natal? Es un tema que trataremos en la próxima columna Rebelde.

 

 

 @LaGuaratara - Joaquín Rondón - Profesor de la Unellez