Compartir

 

 

 

Por: Alberto Pinzón Sánchez

 

 

Cuando el presidente J M Santos aquel fatídico 11 de noviembre del 2011, asesorado por el advertido “advaisor“ Hector Riveros, tomó la decisiónmás difícil de su vida (según su propia confesión, ver revista Semana N° 1.925, marzo. 2.019 y que reproduce parte de su reciente libro) de ordenar la muerte del máximo Comandante de las Farc-EP Alfonso Cano, también sabía por los informes de la inteligencia militar conjunta colombo-estadounidense, que no solo se quitaba de encima el mayor obstáculo para llevar a feliz termino la negociación (sic) dada la solidez política, moral y mental del “antropólogo de la nacional”(sic) sino que además conocía que por las estrictas reglas guerrilleras “quien” lo iría a remplazar. Pero por sobre todo, tenía completa información sobre la educación, la moral, el compromiso político ideológico y especialmente el estado de salud del “reemplazante” de aquel a quien iba a ordenar neutralizar. Y esa fue la apuesta sangrienta del frio “ludópata”, que hoy tiene a Colombia ad portas de un nuevo ciclo de violencia política y social, y, en la pendiente irreversible de la reactivación paulatina del llamado conflicto colombiano.

 

 

¿Porqué?

 

 

Porque el Comandante Cano, desde el complejo proceso de paz con el presidente Betancur (1982-1986), siempre, ojo, siempre sostuvo firmemente la opinión del “secretariado” de la organización de la cual formaba parte junto con Jacobo Arenas y Marulanda Vélez, de concluir mediante una Constituyente, amplia, democrática y autónoma, cualquier proceso de paz con el régimen dominante, instalado como revolución pasiva de larga duración, a partir del pacto anticomunista del bipartidismo de 1.957 firmado en Sitges, por los dos capitostes del tadicional anticomunismo colombiano: el religioso de Laureano Gómez y el tecnocrático estadounidense de la guerra fría de Alberto Lleras que ya comenzaba a instalarse en el país.

 

 

Esta firmeza por legitimar y legaliza adecuadamente mediante una Constituyente un proceso constituyente de paz en Colombia, fue el obstáculo insalvable que el “advaisor” Riveros, junto con Chucho Bejarano y Humberto de la Calle (a quien Santos no menciona en sus confesiones) encontraron en Caracas en el proceso de paz frustrado de 1.990 durante el gobierno de Cesar Gaviria. Y esta fue la “razón de Estado” para ordenar quitar de en medio “el obstáculo”. Su punto de mira estratégico.

 

 

¿Porqué?

 

 

Porque dentro del Bloque de Poder dominante (cuya supraestructura hegemónica es la Contrainsurgencia) es de amplio conocimiento que un proceso popular constituyente así concebido; implica una serie de trasformaciones profundas en el Estado (tanto en la Hegemonía como en la Coerción, al decir de Gramsci) es decir, conlleva cambios en la correlación de fuerzas políticas y sociales que se expresan o están representadas en la Constitución que rige en ese momento.

 

 

Esta fue la famosa “linea roja” defendida inflexiblemente por el Todo institucional, con el argumento peregrino y leve de que “en una constituyente cualquier cosa pude pasar”, y ante la cual el endeble “reemplazante de Cano”, inexplicablemente cedió tan fácil, pasando autoritariamente por sobre las observaciones que un sector crítico de la organización guerrillera hiciera oportunamente al respecto y, aceptando sumisamente substituir la Constituyente final como mecanismo de refrendación del Acuerdo de Paz, por un referendo (al mejor estilo del plebiscito de Laureano y Lleras Camargo en diciembre de 1957), el cual se sabía de antemano iría a ser derrotado como en efecto sucedió aquel recordado y “enverracado” 02 de octubre 2016.

 

 

Derrotado el plebiscito, perdón, “el referendo por la paz de Colombia”, como se llamó, y perdida la legitimidad del Acuerdo de Paz de la Habana, comenzó una enredada y agobiante carrera “legalista” para darle cierta legalidad, que finalmente la Corte Constitucional mediante la Sentencia C-630/17 agregó a la Constitución vigente en Colombia, el acto legislativo 02 del 11 de mayo de 2017, con lo cual se pretendió dar estabilidad y seguridad JURIDICA al Acuerdo de la paz de la Habana.

 

 

Obtenida así una cierta “legalidad pero sin la legitimidad de las urnas ”, se inició la manipulación política de esta contradicción por los adversarios de la fracción oligárquica rival de la dirigida por JM Santos, para “hacer trizas ese maldito papel que llaman Acuerdo de Paz”, como lo sentenció el orate contrainsurgente Londoño Hoyos; a la par que se le dio vía libre a la ofensiva militar contrainsurgente que a la fecha lleva más de 500 lideres sociales fusilados y más de 130 ex guerrilleros reinsertados “neutralizados”, con el fin de allanar o limpiar el camino, mediante el Terror del Estado, el triunfo electoral en las elecciones del próximo octubre. Confirmándose una vez más que en Colombia las cosas son, no al revés, sino al contrario: La política es la guerra por otros medios, que invierte la famosa y tan citada sentencia del general prusiano von Clausewitz de la guerra como política por otros medios.

 

 

Nadie con sentido común o mejor en sano juicio, puede estar en contra de un Acuerdo de paz como el alcanzado con tantas dificultades en la Habana en 2016. Lo que la ciencia política y ese mismo sentido común están indicando a las personas que hacen política racional en y paraColombia; es que algunos textos adulterados de ese Acuerdo de paz del 2016, que como un chicle masticado se le ha pegado a la mesa de la Constitución colombiana por mandato de de unos seres humanos (parlamentarios unos, magistrados de la Corte Constitucional otros) puede y debe ser corregido también por hombres de carne y hueso, antes de llegar al borde de la pendiente que deslizará a Colombia irremediablemente hacia un nuevo ciclo de violencia y conflicto interno de duración impredecible.

 

 

Así las cosas, la coyuntura actual necesariamente va a continuar dándole la razón a los viejos luchadores de la resistencia popular, imponiendo la necesidad de legitimar ese Acuerdo de paz mediante una Constituyente amplia, democrática y popular que lo incorpore legítimamente a la Constitución vigente, para que las nuevas fuerzas que están pujando, desde abajo y desde hace tanto tiempo, por ser representadas en esa Constitución tengan expresión legal. Y esa Constituyente debe incluir a todas, ojo, a todas las fuerzas de la movilización social y popular que con reivindicaciones políticas existentes actualmente en Colombia, y, eso se llama Solución Política al conflicto interno de Colombia. Con el convencimiento claro, de que no hay solución militar posible y menoscontrainsurgente para tal conflicto en Colombia.

 

 

Foto: Portada revista Semana Nº 1925

Compartir

 

Con un performance en el espacio público al ingreso de Plaza Mayor, los jóvenes expresaron su rechazo ante la crisis humanitaria que vive Colombia por cuenta de los homicidios y exigen acciones efectivas de protección a la vida del gobierno local y nacional. En el día de cierre de la Asamblea de la OEA en Medellín, los ciudadanos manifestaron su preocupación ante la comunidad internacional por el constante y creciente asesinato de jóvenes en Medellín (van 338 homicidios en 2019), líderes sociales (son 615 desde la firma del Acuerdo de Paz), y ex combatientes de la antigua guerrilla de las Farc que dejaron las armas (van 138 desde la firma del Acuerdo).

 

 

Sábanas blancas cubren los cuerpos tendidos en el piso al ingreso del recinto de la Asamblea de la Organización de Estados Americanos (OEA) que se desarrolla en Medellín esta semana. Bajo las telas, ciudadanos indignados y preocupados por el aumento de homicidios quieren llamar la atención de las delegaciones internacionales y los gobiernos locales. Sus amigos, sus hermanos, sus líderes sociales, sus amigas, sus compañeros de clase, sus colegas de trabajo, sus parejas, sus padres, han sido asesinados en los últimos días generando, además del dolor y la pérdida individual, una tragedia que involucra a toda la sociedad colombiana y sobre la cual muchos sectores aún quieren mantener los ojos cerrados.

 

 

Nos están matando la mejor generación en Medellín

 

 

En Medellín, la tasa de homicidios va en ascenso durante la administración de Federico Gutiérrez. Este año Medellín suma 18% más de asesinatos que el año anterior, incluyendo masacres, descuartizamientos, fosas comunes, quema de cuerpos y modalidades de violencia que evidencian la degradación del conflicto urbano que, pese a avances en diversos aspectos de la ciudad, sigue vivo y mostrando los dientes llevándose, en su mayoría, a nuestros hombres jóvenes de clases populares. Hasta el 27 de junio, 338 personas habían sido asesinadas en Medellín proyectando así una tasa de homicidios de 27 por cada 100 mil habitantes, cuando la meta que trazó el Alcalde Federico Gutiérrez en el Plan de Desarrollo es del 16.

 

 

Nos están matando a quienes nos han salvado en Colombia

 

 

El genocidio a líderes sociales y defensores de derechos humanos sigue escandalizando al mundo, pero poco a las autoridades locales, cuyos múltiples planes y respuestas inmediatas fracasan pues no solo siguen matando mujeres y hombres que ejercen liderazgo en las zonas más difíciles del país, sino que las amenazas, ataques y estigmatización crecen a la par. Según Indepaz, desde la firma del Acuerdo de Paz entre gobierno y Farc en diciembre de 2016, han sido asesinados 615 líderes sociales.

 

 

Ciudadanos se manifiestan por aumento de homicidios en Colombia durante Asamblea OEA

 

 

Todos tenían en sus agendas el respaldo al Acuerdo de Paz abiertamente atacado por el actual gobierno del presidente Iván Duque, además de la reclamación de tierras, la defensa del medio ambiente, la oposición a proyectos extractivos, y el apoyo a la sustitución de cultivos ilícitos como la hoja de coca.

 

 

Nos están matando a quienes cambiaron fusiles por palabras

 

 

Para quienes cumplieron con su parte del tratado de paz más aplaudido en los últimos años en el mundo, la muerte también se volvió pan de cada día. Desde la firma del Acuerdo, 138 ex combatientes han sido asesinados, generando indignación por la crueldad que en ocasiones han tomado, como el caso de Dimar Torres, que tanto rechazo generó en el país. Dimar fue asesinado por el Ejército en momentos en que el New York Times escandalizó al país, revelando que la política que llevó a las ejecuciones extrajudiciales podría regresar.

 

 

Es de recordar que en Colombia los homicidios se incrementaron 38% respecto a 2017 —pasando de 933 a 1.283 muertes violentas— y la tasa por cada cien mil habitantes aumentó 16 puntos porcentuales, mientras que a nivel nacional el alza fue del 5% según cifras de la FIP (Fundación Ideas para la Paz); todo ello en contraste con la tasa de homicidios más baja registrada en el país tras la firma del Acuerdo de Paz que puso fin a una confrontación armada de más de 50 años, y cuyos desafíos tienen hoy en jaque a las estructuras criminales que se benefician de la cocaína generando en parte la violencia de Medellín y la tragedia humanitaria que vive hoy Colombia.

 

 

Esta acción simbólica cargada de dolor, preocupación y a la vez de esperanza y dignidad de una generación que se resiste a aceptar el homicidio como algo normal o un destino de Colombia, también quiere llamar la atención de la sociedad en general: Medellín y el país tienen que hacer un alto en el camino desde una postura ética para condenar que nos sigamos matando entre hermanos y hermanas.

 

 

Colectivos y activistas de Medellín y Colombia / NO MATARÁS


Aquinoticias, El Derecho a No Obedecer


Concervezatorio

 

Paz A La Calle


Revista Generación Paz

Compartir

 

Por: Nicolás Armando Herrera

 

Las clases dominantes también quieren privatizar la memoria y la historia, para despojar a las clases populares de referencias, tradiciones, héroes, mártires y épicas

 

 

I

 

Terminada la dictadura militar argentina, encabezada por el General Jorge Rafel Videla, se creó una Comisión de expertos, dirigida por el literato Ernesto Sábato, que analizó los hechos acaecidos durante ese período histórico. El resultado, llamado “Informe Sábato” o “Nunca Más”, interpretó los hechos en una perspectiva que ha sido denominada “teoría de los dos demonios”, según la cual, en Argentina había habido una guerra a muerte entre dos grupos igualmente armados, poderosos y criminales (las fuerzas armadas y las guerrilleras) que habían victimizado a la sociedad indefensa y desinteresada de las cuestiones que ocurrían entre ellos.

 

 

Sin embargo, la realidad histórica, producto de la incansable lucha de las organizaciones defensoras de los Derechos Humanos, demostró que la inexistencia de tal simetría pues, sobradamente, las fuerzas armadas estatales contaban con mayores recursos económicos, técnicos, logísticos, mediáticos y bélicos que sus oponentes; no se trata, pues, de dos demonios sino de grupos en disputa en cuyo desarrollo el Estado, responsable de la garantía de los Derechos Humanos actuó como violador sistemático, estableciendo campos de exterminio (Centros Clandestinos de Detención, Tortura y Desaparición) y promoviendo la apropiación ilegal de niños y niñas nacidas en cautiverio a quienes se negó su derecho sagrado a la identidad. Pero, además, el accionar terrorista del Estado fue impulsado, cobijado, beneficiado y servil a ciertos intereses privados empresariales, políticos y religiosos, por lo que, para mayor precisión, se ha acuñado la definición de “dictadura cívico-militar”

 

 

El ejemplo de esta tierra hermana nos sirve como punto de partida para pensar nuestra experiencia, desde una perspectiva del pensamiento crítico, en donde la memoria histórica cumple un rol central para desmontar los discursos establecidos y hegemónicos, buscando dejar de lado la banalización del mal y la barbarie y procurando continuar con la mala costumbre de llamar a las cosas por su nombre. Así pues, partiendo de la psicología social, en las siguientes líneas queremos arriesgar unas reflexiones en torno al rol de la memoria histórica en la construcción posible de una paz, que sea estable y duradera.

 

 

II

 

Desde aquí arriesgamos un primer planteamiento: la perspectiva promovida desde las élites colombianas plantea que en el caso colombiano contaría con tres demonios: las fuerzas armadas, las guerrilleras y los paramilitares, en donde estos últimos habrían surgido de manera espontánea por campesinos auto-organizados quienes, azotados por las acciones guerrilleras y ante la ausencia del Estado, decidieron “defenderse” y ejercer justicia por mano propia. Tan loable motivación sólo sería enlodada cuando los intereses narcotraficantes entraron en juego.Consideramos que esta perspectiva ha ganado fuerza histórica y se ha establecido como patrón analítico del conflicto, de tal manera que pensamos que se halla en la base del renombrado informe “Basta Ya!” del Grupo de Memoria Histórica[ii].

 

 

Esta interpretación histórica obvia un elemento fundamental: el rol del Estado en el agenciamiento, promoción, encubrimiento y acompañamiento del paramilitarismo, pieza clave en la estrategia contrainsurgente y anticomunista, en un modelo prototípico de los diseños de los Conflictos de Baja Intensidad de la década de 1980. Esta omisión ha sido señalada por el jesuita Javier Giraldo como “esquizofrenia estatal”[iii] y, para confirmar su postura, nos recuerda que en el informe presentado por la misión militar estadounidense encabezada por el General Yarborough[iv] en 1962 se recomendaba la conformación de tales grupos para enfrentar la subversión, dos años antes del surgimiento de las guerrillas de orientación revolucionaria[v].

 

 

Así pues, partiendo de las víctimas reales y no meramente estadísticas, consideramos más comprensivo y analítico, con potencia de memoria histórica, el informe Colombia Nunca Más, que apenas logró publicar 4 de 7 volúmenes sobre los hechos ocurridos a lo largo de tres décadas (1960-1990) y cuya actualización a nuestros días superaría la decena de libros.

 

 

La exposición de dos posiciones contradictorias evidencia dos puntos de partida ético-políticos distintos, como lo hemos trabajado en otro texto[vi]. Cualquier desprevenido interpretaría nuestra perspectiva como negativista o disociante, alejada del rigor académico y de los anhelos colectivos de paz; incluso, podría interpretarse como una posición que encubre resentimiento o rencor y, yendo más allá, revelaría una suerte de “cripto-militancia”[vii].

 

 

El segundo planteamiento que arriesgamos, siguiendo a Boaventura de Sousa Santos[viii], es que el pensamiento crítico contemporáneo ha venido perdiendo los sustantivos críticos y se ha enfocado en adoptar adjetivos. De allí que, pese a la evidencia histórica, la insistencia mediática y política (aún de ciertas fuerzas progresistas) se enfoquen en caracterizar este período como “de paz” (en el mejor de los casos “paz incompleta”) en lugar de llamarlo “posacuerdo” (con una de las partes).

 

 

Para poder hablar de “paz” se requiere una negociación completa con los demás actores del conflicto (y no sólo con las FARC) y el cese del hostigamiento y asesinato de líderes y liderezas sociales y de activistas de derechos humanos. Pero, también, se exige una comprensión de los lineamientos generales que guiaron la negociación finalizada, el desarrollo de la misma y la implementación del acuerdo.

 

 

En la instalación de la mesa de negociaciones entre el gobierno y las FARC en Oslo (Noruega) en octubre de 2012, los delegados del gobierno establecieron los lineamientos “inamovibles” que regirían el diálogo y que hemos llamado la “Santísima Trinidad” de la paz santista: Doctrina militar, modelo económico y modelo de propiedad.

 

 

Después, en el desarrollo de la negociación comenzaron a aparecer puntos neurálgicos del país que fueron considerados como “salvedades” y, al no haber acuerdo pleno entre las partes, fueron a parar al “congelador”. Hasta lo conocido en 2014 había 28 salvedades sobre los tres primeros puntos de la agenda: 10 referidos al problema agrario, 14 a la participación política y 4 a la erradicación de cultivos de uso ilícito y narcotráfico[ix]; pero, si incluyéramos los puntos de víctimas y cese al fuego definitivo, podríamos inferir que las “salvedades” exceden la treintena. De hecho, un amigo comentó una vez que eran tantas y tan importantes las “salvedades” que podrían ser la estructura de una nueva constitución.

 

 

Finalmente, frente a la implementación del Acuerdo, algunos analistas estiman el cumplimiento de sólo el 18% del mismo[x], mientras se avanza a pasos agigantados en la redefinición de lo acordado en función de un posacuerdo de la amnesia obligatoria. Así podemos explicar las objeciones del presidente Iván Duque a la JEP, el recorte presupuestal a la Comisión de la Verdad, los hechos relacionados con el “caso Santrich” y el marco general de impunidad en torno a los asesinatos de líderes sociales y activistas, especialmente el crimen cometido contra el excombatiente Dimar Torres, y el clima de polarización extrema que tiende a convertir en enemigos a la diferencia.

 

 

Esta exposición no puede verse como contraria a la paz como derecho, anhelo o valor, pues partimos de un compromiso ético con el sufrimiento de las víctimas y de la necesidad de comprender la paz no sólo como el silenciamiento de los fusiles y de los actos de guerra, sino como posibilidades reales de paliación, solución real y progresiva a los padecimientos, carencias y sufrimientos de las grandes mayorías.

 

 

III

 

De los y las estudiosas del campo de la memoria social y el recuerdo colectivo (como Maurice Halbwachs y Elizabeth Jelin) hemos aprendido que, detrás de todo acto conmemorativo o recuerdo colectivo hay una intencionalidad con sus actores y protagonistas que responden a una comunidad de intereses. No hay recuerdo inocente, desprevenido y/o desapasionado, y los misterios incoloros, indoloros e insaboros del rostro del recuerdo se develan cuando se responden preguntas básicas: ¿quién?, ¿qué?, ¿cómo?, ¿para quién?, ¿desde quién?, ¿por qué?

 

 

Siguiendo a las y los zapatistas vamos a definir la memoria como “una de las siete guías que el corazón humano tiene para andar sus pasos. Las otras seis son la verdad, la vergüenza, la consecuencia, la honestidad, el respeto a uno mismo y al otro, y el amor”[xi]. Al igual que la historia, ésta está mirando para atrás mientras otea el porvenir; es decir, que no alude a una nostalgia del pasado ni a una emoción con bronces y épicas añejas, sino que escarba el polvo del pasado para comprender el presente y edificar el futuro, aunque sus ojos miren horrorizados las ruinas de la llamada “civilización occidental”, como el “ángel de la historia” benjaminiano[xii]. Así pues, la memoria no es una nostalgia rancia sino una clave explicativa y una anticipación prefigurativa y, por este camino, se convierte en conjuro contra el silencio y el olvido, en llave para superar el marasmo y en clave explicativa contra la amnesia obligatoria.

 

 

Comprendemos la memoria como potencia y desafío y, parafraseando al maestro Estanislao Zuleta, como “campo de combate”. Esto nos remite a tres consideraciones. Por un lado, la sentencia orwelliana de 1984: “Quien controla el presente controla el pasado y quien controla el pasado controlará el futuro”. Por otra parte, recuperamos las reflexiones del compañero argentino Rodolfo Walsh en torno a la experiencia del Cordobazo de 1969, en las que consideraba que las clases dominantes, que se revelaban como dueñas de todas las cosas, también querían privatizar la memoria y la historia para despojar a las clases populares de referencias, tradiciones, doctrinas, héroes, mártires y épicas, de tal manera que tuvieran siempre que empezar de cero sus luchas, separadas de las anteriores y desconociendo los acumulados colectivos históricos. Finalmente, traemos de nuevo al maestro Orlando Fals Borda, quien consideró como tarea fundamental la recuperación de la memoria histórica para avanzar en cualquier proceso de transformación social, en el sentido de descubrir selectivamente los elementos de pasado que fueron útiles y que ahora pueden volver a serlo. La memoria es semilla de transformación.

 

 

Entonces, consideramos a la memoria como eslabón fundamental de la cadena que permite la configuración de la identidad personal y colectiva, pues permite identificar tradiciones y culturas. De aquí se deriva que, atentar contra la memoria es atentar contra la identidad, la dignidad y la vida, y defenderla sea, al mismo tiempo, “una poderosa vacuna contra la muerte y alimento indispensable para la vida”[xiii].

 

 

IV

 

Desde los orígenes culturales, desde antes de la expropiación de los saberes por parte del exterminio y sometimiento patriarcal y heteronormativo, las madres han sido las guardianas privilegiadas de la memoria. Por eso, Eduardo Galeano las llamo “madres coraje”, mujeres paridas por sus hijos e hijas, ejemplos de salud mental que se niegan a olvidar en tiempos del olvido obligatorio[xiv]. Esto puede permitirnos comprender el rol bíblico de María, y los roles históricos de Isabelita Restrepo (madre del padre Camilo Torres), las madres de Plaza de Mayo, de La Candelaria, de Soacha, de las y los vascos prisioneros políticos en Francia y España, y las de las y los luchadores del Kurdistán. Todas ellas han sabido actuar histórica y políticamente como una minoría activa, convirtiéndose en una reserva moral de la Humanidad.

 

 

Justamente las Madres de Plaza de Mayo, junto a familiares, sobrevivientes e hijos e hijas, nos han enseñado una consigna fundamental para las luchas por la memoria: “No perdonamos, no olvidamos y no nos reconciliamos”. ¿Qué significaría esto para la construcción de paz?

 

 

“No perdonamos” permitiría avanzar en la verdad, evitando que las cosas que han sucedido queden atrás, en la nebulosa indiferenciada del pasado. En este sentido, “no perdonar” no puede ser interpretado como sinónimo de odio, sino como lucha contra la banalización del mal. Esto nos permite reconocer que los crímenes, como afrenta a la humanidad, no son producto azaroso ni de malabarismo del destino, sino que son una fabricación artificial, debidamente diseñada, planificada, ideada y sistematizada racionalmente en función de unos intereses determinados. La criminalidad sistemática tiene una dimensión productora que busca producir una determinada realidad necropolítica. “No perdonamos” nos permite recuperar nuestros rostros estallados, reducidos a pedazos de pedazos, de ausencias, desesperanzas y dolores, recuperar nuestro horizonte y nuestros sueños.

 

 

“No olvidamos” permite mantener con vida a los y las nuestras, entendiendo que detrás de cada acto de violencia o de barbarie está la intencionalidad de llevarse con esas vidas sus pensamientos y sueños. Cualquier llamado al olvido es una invitación encubierta al suicidio colectivo, aunque su motivación sea noble. Los criminales no sólo desarrollaron y desarrollan sus actos por ambición y deseo de acumulación (de tierras, dinero o poder), sino también por miedo que, en sus manos, se convierte en violencia, terror, arbitrariedad y autoritarismo; es decir, en deshumanización. La psicología en general se ha ocupado de la agresión y el miedo, y la psicología política en particular ha reflexionado sobre la instrumentalización política del miedo: ¿A quién beneficia el miedo colectivo?, ¿quién lo promueve y perpetúa? Olvido y miedo se convierten así en siniestros siameses al servicio de un grupo determinado.

 

 

“No nos reconciliamos” nos impide pactar con la barbarie y nos evita el crimen de lesa complicidad. Para el Poder instituido, poder del capital, la reconciliación es la máscara de la impunidad. De tal manera que, si recordar es “volver a pasar por el corazón”, reconciliarnos sería “volver a arrancar del corazón”.No se trata de exacerbar los odios y las rencillas sino de esclarecer la escisión social, lo que no significa el deseo permanente del exterminio.

 

 

V

 

La consigna de “No perdonamos, no olvidamos y no nos reconciliamos” está atada inexorablemente a otra: “Memoria, verdad y justicia”. Por ello, queremos insistir aquí que la memoria histórica es el punto de partida de cualquier solución histórica. Negar la memoria es negar la identidad e impedir la identidad resulta traumático para cualquier construcción democrática de la diversidad ideológica.Una sociedad que sostiene la memoria está madura para la paz.

 

 

Eso sí, a la memoria se la sostiene como aquellas macondianas y macondianos que, amenazados por la epidemia de la amnesia, comenzaron a nombrar las cosas, incluso describiendo sus funciones, oficios y perfiles; o como aquellos habitantes de la distópica Fahrenheit 451 que conservaban oralmente lo antiguamente dicho en los textos que han sido sistemáticamente editados.

 

 

La memoria permite evitar que vivamos el pasado como tragedia o como farsa, de allí que apunte siempre al mañana, renueve las esperanzas y permita recuperar nuestra carta de navegación e identidad. Luchar por la memoria es luchar por reconstruir nuestros propios rostros, totalmente alejados de “las prótesis que el Poder oferta”[xv]. Caminar la memoria es caminar la vida, y mantener siempre viva la llama de la dignidad.

 

 

La memoria se convierte, pues, en acicate de la resistencia. Esta resistencia, siguiendo al compañero Jorge Alemán[xvi], sería lo contrario de la resiliencia que “demanda una sumisión despolitizada al siguiente mandato: hagan lo que hagan contigo vamos a premiar que lo soportes y haremos de esto una cualidad que te designa”. Por ello, la resiliencia resulta un término propio del nuevo capitalismo que resalta como virtud el sometimiento a la autoridad. Por esto, no se puede seguir confundiendo optimismo con entusiasmo, y, siguiendo a Gramsci, hay que seguir anteponiendo el “optimismo de la voluntad” al “pesimismo de la inteligencia”.

 

 

----

Notas

 

[i] Intervención en el conversatorio “Otras experiencias de paz en el mundo” celebrado en Neiva (Colombia) el 16 de mayo de 2019 y organizado por la Fundación Matambo y Mirthayú.

 

[ii] http://www.centrodememoriahistorica.gov.co/descargas/informes2013/bastaYa/basta-ya-colombia-memorias-de-guerra-y-dignidad-2016.pdf

 

[iii] https://www.javiergiraldo.org/spip.php?article19

 

[iv] El general Yarborough, considerado el padre de las modernas “boinas verdes”, era el jefe del fuerte de Fort Bragg, centro especializado de “Operaciones Psicológicas”.

 

[v] Cf. http://www.rebelion.org/noticia.php?id=199782www.javiergiraldo.org/IMG/pdf/Colombia_-_esta_democracia_genocida.pdf

 

[vi] http://www.teocripsi.com/ojs/index.php/TCP/article/view/65

 

[vii]www.javiergiraldo.org/IMG/pdf/Colombia_-_esta_democracia_genocida.pdf

 

[viii]www.boaventuradesousasantos.pt/…/Refundacion%20del%20Estado_Lima2010.pdf

 

[ix] https://www.las2orillas.co/la-verdad-lo-que-esta-ocurriendo-en-la-mesa-de-la-habana/

 

[x] https://www.telesurtv.net/telesuragenda/Solo-el-18-del-acuerdo-de-paz-colombiano-se-ha-cumplido-20171005-0036.html

 

[xi] https://palabra.ezln.org.mx/comunicados/2001/2001_03_24.htm

 

[xii]www.bolivare.unam.mx/…/Benjamin,%20Tesis%20sobre%20la%20historia.pdf

 

[xiii]https://palabra.ezln.org.mx/comunicados/2001/2001_03_24.htm

 

[xiv] https://www.poeticous.com/eduardo-galeano/el-derecho-al-delirio?locale=es

 

[xv]https://palabra.ezln.org.mx/comunicados/2001/2001_03_24.htm

 

[xvi] https://www.facebook.com/jorge.aleman.75457/posts/2395527014047421

 

* Investigador IEALC-UBA. Docente invitado Universidad Surcolombiana


http://contrahegemoniaweb.com.ar

 

 

Fuente: https://www.lahaine.org/

 

Compartir

 

 

Por: Alberto Pinzón Sánchez

 

 

La crisis de Colombia a la fecha (junio 2019) sigue girando en torno a la lucha entre las fracciones oligárquicas contrainsurgentes de Uribe Vélez y J M Santos, que se disputan de manera zafia desde hace varios años la hegemonía por el control del Estado contrainsurgente colombiano.

 

 

Uribe y Santos quienes durante el “octenio Uribe” no tuvieron grandes contradicciones en la ejecución de la estrategia Contrainsurgente ordenada en el Plan Colombia desde Washington (recordemos además de la ofensiva militar antisubversiva, los Falsos Positivos oficiales para fusilar más de 5 mil civiles discapacitados en indefensión). Con la elección presidencial de Santos en el 2010, surgió la discrepancia de como liquidar la guerrilla de las Farc: si por la vía del “engaño negociado” (perfidia) o por la vía de la derrota total y el exterminio, lo que sacó a flote otras contradicciones más profundas que en el seno de la estructura económica se estaban dando, generadas por la acelerada financiarización neoliberal de las enormes masas de dineros procedentes del narco paramilitarismo y sus repercusiones en los agro negocios (en las 8 millones de hectáreas de tierra fértil despojada a los 8 millones de víctimas campesinas) y que llevaron a que se rompiera el “consenso” oligárquico contrainsurgente que hasta ese momento se traía.

 

 

De ahí en adelante, dos caminos nunca opuestos, aunque si distintos para liquidar las guerrillas insurgentes tanto la fariana como la elena y, recuperar la legalidad y la legitimidad del mandato weberiano para que el Estado colombiano definitivamente tomara y ostentara “el monopolio de las armas”, se tomaron el campo político ideológico y cultural de la sociedad colombiana dominada y manipulada totalmente por la falsimedia institucional: Una, la llamada negociación pérfida con ambas insurgencias (que no una verdadera Solución Política al conflicto, que contemplaba una Asamblea Nacional Constituyente amplia y democrática) Y otra, la redición insurgente sintetizada en la vieja aspiración oligárquica contrainsurgente contenida en la sigla DDR.

 

 

Sin embargo, la orientación general del Estado, es decir tanto la dirección como la dominación, valga decir la Hegemonía gramsciana sobre las clases subordinadas, que también conviene no olvidar son explotadas, siguió siendo la contrainsurgencia dictada en Washington. Asunto supraestructural que fue descendiendo lentamente en incontenible cascada político-ideológica y ético cultural sobre las clases subordinadas, y así, al desconocimiento de la teoría marxista leninista y gramsciana del Estado; paulatinamente se le fue induciendo una “polarización” artificial entre dos maneras de liquidar las insurgencias, pero, identificándolas con dos gobiernos diferentes; el octenio Uribe contra el octenio Santos. Lográndose finalmente y para dolor de cabeza de los birlados, identificar gobierno con Estado.

 

 

Pero el asunto tampoco paró allí: se avanzó aún más hacia la identificación de Acuerdo de la Habana 2016, con el supremo bien universal y general de la “Paz”, envolviendo todo ello en la ficción del Estado Social de Derecho vigente en los países capitalistas desarrollados y que sirvió de justificación para que J.M Santos ganara el premio Nobel (universal) de la Paz en 2016, incluso antes de firmar el Acuerdo con Londoño. Y por eso, hoy en día, son los seguidores de Timoleón Londoño quienes en lugar de pedir simplemente como lo pide Santrich un procedimiento judicial normal y justo, al montaje que le montaron el fiscal NHM y el embajador Whitaker; se hayan convertido en los defensores de la monstruosa ficción de llamado Estado Social de Derecho colombiano, que lleva a la fecha más de 500 líderes sociales y guerrilleros reinsertados fusilados en la impunidad, que continúa bombardeando guerrilleros descuidados, y, envenenado la naturaleza colombiana con Glifosato Monsanto en su prolongación de la “War on Drugs”. Es decir que continúa desarrollando su estrategia contrainsurgente sin modificar una sola línea, sin que el llamado conflicto colombiano se haya resuelto. Una cosa es pedir un juicio justo y normal y otra cosa es defender con una rosa roja en la mano y una tierna sonrisa en los labios, un inexistente Estado social de Derecho en Colombia. ¡Una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa! Como diría el filósofo de Buga

 

 

Pero hay más: La situación social conflictiva colombiana no solo ha llegado a sus fronteras, con Ecuador (recordemos los periodistas asesinados por Guacho) sino más que todo con Venezuela, donde traspasando en profundidad sus límites se ha desbordado en el interior venezolano infiltrando suficientes narco-paramilitares colombianos como para generar zozobra e inquietud en el gobierno Bolivariano. Entonces, es cuando aparece en la escena mediática el filósofo “cosmopolita” Sergio Jaramillo, uno de aquellos artesanos de la política, especialista en construir trampas como plenipotenciario de J M Santos en las “negociaciones” de la Habana y quien, si tiene suficiente meollo geoestratégico como para darse cuenta de las implicaciones que para la clase social que él representa, tiene o tendría un agravamiento de las tensiones con el gobierno bolivariano de Venezuela. Y en una entrevista concedida al oligopolio mediático imperial de CNN, habla del “entrampamiento” que el gobierno Uribe/Duque ha hecho a la paz de Colombia con el conocido caso de Santrich. Obviamente no es tanto para defender a su antiguo y recio contradictor de la mesa de la Habana, Santrich, lo cual obviamente hay que agradecérselo; sino por sobre todo, para defender a su jefe JM Santos quien en su mudez, finge (como siempre) un interesado e hipócrita silencio.

 

 

Así y todo, seguimos dando vueltas y revueltas, “entrampados” eso si en la riña Santos /AUV, pasando por encima de los análisis concretos de la situación concreta colombiana, y olvidando los viejos conceptos sobre el carácter de clase del Estado capitalista avanzado que la inolvidable y siempre presente Marta Harnecker nos enseñó a varias generaciones de latinoamericanos, los que nos sirvieron de base para poder desenmarañar los intrincados pero fundamentales e innovadores  aportes que Gramsci hizo al marxismo sobre el Estado Fascista italiano, que lo pudrió hasta la muerte en una mazmorra para que no pensara.

 

 

Mientras tanto. Desaparecidas o liquidadas las Farc-EP, la contrainsurgencia no ha desparecido, ni va a desaparecer. Por el contrario, con el vacío generado por la liquidación en campos y ciudades, y contando con los inagotables recursos de la Hegemonía y la Coerción que le suministra el Estado contrainsurgente colombiano, cipayo de los EEUU, se ha hecho más fuerte, agresiva y sigue a la ofensiva aplastado sin sentimentalismos a todos aquellos que se le opongan o potencialmente se le vayan a oponer, incluso a los que le piden clemencia de rodillas. Ya abrió la hoja de ruta de su objetivo cercano de salir de la situación en que está encharcada:

 

 

Referendo para modificar la Justicia especial para la Paz (JEP) Unificación de las altas Cortes. Reducción del Congreso y, Estado de Opinion obduliano del Montesinos colombiano. Es obvio que como referendo no tiene futuro, sino como hoja de ruta para ambientar y ejecutar el fujimorazo que están fraguando para salir de la crisis, extraditar a Santrich y atacar a Venezuela. ¡Cosas de la confusión! Sancho                  

          

Compartir

 

Por: Violeta Guetnamova

Integrante del "FARC - ETCR Amaury Rodríguez"

 

Joaquín Gómez (Milton Toncel) excomandante de las antiguas FARC-EP y uno de los pocos miembros de la actual dirección del partido FARC que continua al lado de los ex guerrilleros en un ETCR [Espacios Territoriales de Capacitación y Reincorporación], en este caso en La Guajira, hizo un importante llamado de alerta a todos los integrantes sin excepción del partido FARC, en relación a que "el plan que hay es aniquilarnos a todos (...) destruirnos físicamente" por parte de un sector de la clase política dirigente que siempre se ha opuesto a cualquier posibilidad de construir una Colombia para todos.

 


Las declaraciones que giraron en torno a la denuncia que interpuso Gómez ante la procuraduría General el 9 de abril, sobre diversos hechos que atentan contra su vida e integridad física y en la que responsabilizó al Estado de cualquier hecho que atente contra su persona; fueron ofrecidas en rueda de prensa el día 24 del mismo mes, en el Espacio Territorial de Pondores en la Guajira, cuyo video fue publicado por la oficina de prensa del ETCR. 

 



En su denuncia puntualiza diversos hechos, entre ellos el entramado de un montaje contra él, al estilo Santrich por parte de "agentes encubiertos, y a veces descubiertos" para involucrarlo en negocios ilícitos como lo es la compra y venta de dólares y adquisición de armas, según explicó Gómez "tratan de hacerme un montaje, seguramente para impedir que yo participe en política, o apresarme".

 



Durante la rueda de prensa, el dirigente apuntó que uno de los grandes errores de las otrora FARC-EP aparte de lo que significó haber separado la entrega de armas, del proceso de reincorporación, fue "haber negociado el proceso de paz con un gobierno que no tiene soberanía", Colombia no es un Estado autónomo de sus decisiones "cada vez que el presidente Trump amanece de mal genio le mete una tanda a Duque, como si fuera el muchachito de hacer mandados de la casa", aseveró Joaquín Gómez, al tiempo que resaltó la forma en la cual el saliente embajador gringo whitaker ejerció presión sobre algunos congresistas para que votaran a favor de las objeciones que presentó el Centro Democrático en cabeza de Duque, dicha presión hoy recae sobre magistrados de la Corte Constitucional, estamento que será el que defina el incierto futuro de la JEP. 

 



Gómez criticó la doble moral de los medios masivos de comunicación, quienes callan contra los crímenes cometidos en contra de los líderes sociales y los exguerrilleros, al tiempo que llaman a cerrar filas ante cualquier "agravio" pronunciado en contra de Uribe Vélez.

 



Joaquín Gómez hizo referencia a quienes históricamente se han lucrado del conflicto político, social y armado "ese sector desea que el conflicto continúe, porque cuando los muertos son ajenos y las ganancias son propias, entonces que continúe" refiriéndose a aquellos que han hecho de la violencia un negocio. 

 



Joaquín Gómez habla desde los hechos y de allí que exprese sin titubeos, que fue un error no haber impuesto el tema del cambio de la Doctrina de la Seguridad Nacional (DSN) como uno de los puntos en los diálogos de la Habana "hasta que no se cambie la Doctrina de la Seguridad Nacional, van a seguir los muertos, va a continuar la impunidad y esto va en ascenso progresivo e interminable de líderes sociales, sindicalistas (...) es decir, todo aquel que disienta del establecimiento (...) esa doctrina considera el paramilitarismo como una fuerza auxiliar para hacer los trabajos sucios que el ejército institucional no puede hacer" enfatizó, al tiempo que subrayó que la impunidad es una condición sine qua non para que opere el paramilitarismo, motivo por el cual "todos los días matan" y no capturan a los responsables, lo anterior no sería posible de acuerdo a sus palabras, sin la connivencia de los tres poderes públicos, de allí que la exacerbada violencia contra los sectores populares no se solucione únicamente aumentando los esquemas de protección, "son crímenes que se están dando de manera sistemática (...) ellos saben lo que se está dando y no pasa nada".

 



Referente al Paisa e Iván Márquez, Joaquín Gómez afirmó "si el Paisa e Iván no se retiran (del ETCR de Miravalle) sobre todo el Paisa, los hubieran asesinado hace tiempo". Gómez reiteró las denuncias que en su momento realizó Iván Márquez, dejando al descubierto que los gringos con complicidad del Estado colombiano; han propendido por neutralizar al Paisa y a Iván, de la misma forma como tienen prisionero a Jesús Santrich bajo montaje judicial sin ninguna prueba en su contra. De la misma forma han pretendido suprimir y callar la voz de Gómez, uno de los dirigentes de FARC más críticos frente al incumplimiento del Estado, en relación al proceso de paz. 

 



El excomandante junto a Bertulfo Álvarez, ha sido una de las voces más críticas del proceso de paz. Su aporte y gestión a la reincorporación de la base guerrillera del ETCR Amaury Rodríguez en Pondores-Conejo, La Guajira, ha permitido que dicho espacio a partir de la autogestión sea uno de los más organizados a nivel nacional.

 

Fuente: https://www.lahaine.org/ 

 

 

 

 

¡Venezuela vencerá!

 

Venezuela Aurrera

La Mancheta

Informes especiales

#SimónDignidad

 

Contáctanos

Agencia Bolivariana de Prensa
Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.

Clave Pública GPG

JSN Boot template designed by JoomlaShine.com