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“Si todo te da igual:
estás haciendo mal las cuentas…”

Albert  Einstein

 

Por: Isabel Fonseca

 

Si hubiese tomado una cura de sueño al iniciar 2016 y despertara en estos momentos, no podría comprender la realidad política de Colombia. Tal vez, creería que padezco de recuerdos falsos, que soy  presa de una hipnosis  surrealista o que el Realismo Mágico se apoderó de este país.

 

¿Cómo asimilar el desarme voluntario del movimiento insurgente más antiguo y radical del continente, sin que hubiese sucedido una insurrección, revolución, asonada o cambiado un ápice la estructura de poder oligárquico, facistoide y pro-yanqui de este país?

 

Resulta difícil para cualquier mortal criado en medio del conflicto armado y con mentalidad izquierdosa-como la mía- aceptar como real que, en menos de un año, la guerrilla  fariana  se halleindefensa, a merced  de la maquinaria mortal del mismo  Estado  que pujó su nacimiento y  persiguió su existencia  por más de medio siglo.

 

Más aún, cuando esa  vulnerabilidad insurgente se asoma, tras un centenar de asesinatos de líderes campesinos y populares que soñaron el fin del conflicto armado, creyendo y respaldando el Acuerdo Final suscrito entre las Farc-EP y el Gobierno de Santos.

 

Ahora, a más de quince días de iniciada una huelga de hambre porlos 1346 prisioneras y prisioneros políticos de las Farc-EP, donde se incluyen madres lactantes: una protesta  suicida  para exigir al Gobierno de Santos su liberación, obligatoria  desdeel 31 de diciembre pasado, en función de la Ley de Amnistía firmada y vigente como consecuencia del Acuerdo de Paz; una no deja de preguntarse: ¿Cómo pasó esto?

 

¿Acaso el Acuerdo de Paz, como se dijo miles de veces ante los medios, no está blindado internacionalmente, con países garantes y acompañantes, con Misión de la ONU en función verificadora, con previsión de sanciones en caso de incumplimiento?

 

¿Indefectiblemente, Colombia está jodida? ¿Tenemos al Estado más impune de la historia? ¿Sobrevivirá medio siglo más el santanderismo, seguiremos enterrando a nuestras libertadoras y libertadores, moriremos soñando una democracia verdadera, un campesinado con tierras, un pueblo con derechos, una diatriba política sin trampas ni violencia, y una Patria Grande?

 

La noticia  que reportó al Comandante Jesús Santrichdeclarándose, también, en huelga de hambre, como expresión práctica de solidaridad con sus compañeros de lucha en prisión, llegó como un eco en el silencio, una luciérnaga profanando  la oscuridad, un pie palpando  el suelo… ¡Venerable su actitud!

 

El proceso de Paz no podía seguir marchando a ese ritmo tan discordante de un Acuerdo Final que  se reabre, modifica y viola, cínicamente, sin que pase nada.

 

Quienes desde la prisión optaron por “morir en el intento”, porque no se puede leer de ninguna otra forma una “huelga de hambre en una cárcel colombiana”, están enviando al mundo nuestro un mensaje claro: las ideas se defienden.

 

Y, ya no importa aquí, el universo de críticas llovidas sobre las Farc-EP por la decisión que tomó.Estemos de acuerdo o no, fue su legítima decisión; la historia sabrá dilucidar las causas, en esa vorágine  de contradicciones que el contexto global ha generado.

 

Aquí lo importante es que, interpretando a Einstein: “todo no nos dé igual”, que “saquemos bien las cuentas”. El pasado nos  seguirá a cualquier rincón del presente, y sólo alcanzaremos el futuro, si entendemos que  la lucha debe seguir, con la forma que las circunstancias perfilen.  Detenernos en lamentos y añoranzas poco ayuda. El “hubiera” no existe, es sólo una  construcción de la imaginación humana.

 

La huelga de hambre de farianas y farianos encarcelados es una expresión de lucha, de dignidad; que no sólo apunta a la defensa de sus derechos como amnistiados, sino que señala el único camino que estamos obligados a seguir:la rebelión.

 

La solidaridad activa del Comandante Santrich, y luego la de Villa, es el primer gran precedente de esta nueva historia escrita con demencia por la mente macondiana que nos caracteriza: los revolucionarios tenemos  que actuar, y la dirigencia nunca puede quedarse detrás de sus bases.

 

 

¡Libertad para las y los prisioneros políticos colombianos!

¡Hasta la próxima!

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