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Por: Isabel Fonseca

“Hay quienes imaginan el olvido

como un depósito desierto,

una cosecha de la nada,

y sin embargo,

el olvido está lleno de memoria”.

 

Mario Benedetti

 

Constituyente en Venezuela: escenario en pleno montaje para la nueva historia a la que fuimos convidados en este pedazo de Patria Grande, donde se presiente el olvido de las ilusiones históricas, tras el telón de fondo.

Por eso, me resultan oportunas las letras del eterno uruguayo, pues aunque la tinta del olvido se adivina tras el guión de esta historia, hay que creer en Benedetti: “el olvido está lleno de memoria”.

Y, la memorias andan sueltas, aun cuando el imaginado olvido: “cosecha de la nada”, pelea su sobrevivencia lanzando el encanto de invocación Constituyente desde una propuesta abstracta, un discurso tácito y una emotividad rimbombante, escoltada por un mecanismo electoral dispuesto para el Poder Constituido, no para el Poder Originario.

Sin embargo, como la lógica social es dialéctica, lleva en su seno la contradicción; todo lo planeado está supeditado a transformaciones derivadas de su inevitable negación. Veamos:

Por una parte, la convocatoria a Constituyente ha servido como sedante de efecto inmediato contra toda crítica a que hubiese lugar frente a la dirección política del proceso bolivariano, secuestrada por una élite que desde un partido -en esencia maquinaria- ha venido haciendo perversas concesiones al gran capital, a través del Poder Constituido. ¡He ahí, la tinta del olvido!

Como consecuencia del extravío de esa crítica urgente y necesaria, la invocación Constituyente relegitimó el funesto cuadro político pintado a dos planos: Gobierno y oposición; Psuv y MUD, Constituyente o violencia fascista. Es decir: la pared o la espada.

Sin embargo, esa convocatoria a Constituyente aportó un hecho valorable: rasgó el desconcierto, la impotencia, la decepción y la sensación de retroceso inevitable que dominaba el pensamiento de una parte importante del chavismo: esa porción de pueblo donde germinó el ideario bolivariano y la necesidad del Socialismo.

Y, es que en el imaginario chavista, llamar a Constituyente desde el Gobierno, es como abrir la botella y dejar salir al genio encerrado, quien agradecido concederá deseos al Poder Popular.

 

Sin duda, hay que alabar la habilidad de buen guionista que tiene el reformismo en Venezuela. La historia Constituyente resultó creíble para el chavismo, incluyendo a quienes se reclaman izquierda, fuera del Psuv: miles de mujeres y hombres de a pie, intelectuales, líderes populares, artistas, trabajadores, obreros, campesinos, entre muchos, se postularon con convicción digna de esculpir para la historia.

 

Además de lo anterior y, seguramente fuera de lo planeado, hay ideas rodando en las calles, reuniones de colectivos y movimientos populares que sobrevivieron a la institucionalización, o que surgieron tras las nefastas consecuencias del reformismo bolivariano, desde donde se han retomado las ilusiones históricas arrinconadas tras una y otra coyuntura crítica; ilusiones históricas donde Comuna, Poder Popular, propiedad social, democracia directa, se manejan como ejes determinantes.

 

¡He aquí la memoria! La peligrosa memoria del inconsciente colectivo con potencial creador para cambiar cualquier guión y generar un desenlace imprevisto.

 

Se perfila, entonces, una contradicción básica entre la dirección política convocante y quienes se han asumido convocados, pues desde el guión escrito por el reformismo se puede adivinar un desenlace afín con la tragedia histórica venezolana: los pactos en el momento crítico.

 

¿Quién dice que esa propuesta abstracta, ese discurso tácito, esa emotividad rimbombante, no puede virar a texto explícito que consagre como norma superior cuánta gracia se ha hecho con el empresariado nacional y trasnacional?

 

Pero, al mismo tiempo, ¿quién puede negar que ese aluvión popular, hastiado de retrocesos y convencido de ser Poder Originario, logre hilar fino y alcance a tejer una propuesta normativa que radicalice el proceso? Nada puede evitar el desate de las memorias colectivas que sueñan con un final feliz a la izquierda.

 

Así las cosas, pudiera polarizarse la constante contradicción del proceso bolivariano entre una élite que sueña con mantenerse como Gobierno, aún cuando esto implica el sacrificio de la independencia y del proyecto socialista; y, una base popular que espera retomar la senda de la Revolución Bolivariana, creando condiciones que permitan el verdadero desarrollo del Poder Popular.

 

¿De qué depende el desenlace? Por más imaginación que se tenga es imposible adelantar el fin de esta historia Constituyente, pues fuera del escenario hay una fuerza decisiva: la derecha reconocida como MUD y los planes del imperialismo estadounidense en este pedazo de Patria Grande.

 

La MUD, contra todos los pronósticos, no sucumbió bajo el encanto de invocación Constituyente. Todo lo contrario, continúa su escalada violenta con mayor ahínco, usando, ahora, a sus Caballos de Troya en la institucionalidad bolivariana para legitimar la arremetida fascista: ahí está el caso Fiscal General de la Nación.

 

Si su accionar, aunado a las funestas fallas del Gobierno, ha creado una fuerte subjetividad en contra del chavismo, entonces ¿por qué no entraron al juego Constituyente? ¿Si tienen una correlación de fuerzas a favor, en lo que a intención de voto se trata, por qué no lanzarse a desbaratar legal y legítimamente la obra constitucional de la Revolución Bolivariana? ¿A qué le están apostando, realmente?

 

Pensando mal, dejando fluir mi terrible patetismo psicótico, sólo encuentro dos posibles resoluciones:

 

1.- Ya la MUD tiene sus actores contratados para la obra Constituyente, es decir, tiene sus peones adelantados en ese ajedrez, y con toda seguridad, el número de constituyentistas del Poder Popular sufrirá el atropello de la maquinaria oficial, en cuyo caso veremos un desenlace afín con la tragedia histórica venezolana: un pacto en el momento crítico, el Punto Fijo del Siglo XXI.

 

2.- La decisión del poder imperial es terminar con la ilusión revolucionaria en estas tierras, no hay negociación posible que le interese. Entonces, viene la guerra, la salida violenta; nada convencional, pero con pasajes clásicos donde ingresan al escenario actores fuera del proscenio que ya están preparando su parlamento desde la triple frontera amazónica: Brasil, Colombia y Perú, en la Operación Militar AmazonLog 2017, planificada para noviembre por el Comando Sur de los Estados Unidos.

 

Entonces, ¿Qué hacer? La pregunta legendaria de Lenin sólo tiene una respuesta: prepararse para lo peor. ¿Cómo? Empujando el escenario Constituyente hacia la resurrección del movimiento social –muerto por la institucionalización reformista- desde donde se levante una Plataforma de Convergencia Popular que se lance a las calles ante cualquiera de los desenlaces posibles.

 

Es decir, redimir la memoria colectiva del pueblo Caribe, africano y mestizo que lideró la Gesta Libertaria en la Patria Grande; única capaz de completar la obra inconclusa de la Independencia Nuestra Americana, sin la cual, la Constituyente sólo será una fatal coyuntura, el imperialismo estadounidense volverá a tomarnos como patio trasero y el Socialismo seguirá siendo una quimera.

 

¡Hasta la próxima!

 

 

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