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Los Ojos de la Mosca

Naturaleza del momento político

 

“Aunque ustedes están en su barco,

y yo en mi canoa,

compartimos el mismo río de la vida”

 

Pensamiento indígena

 

Por: Isabel Fonseca

 

Algunas expresiones ancestrales asoman con hermosa ingenuidad la dialéctica social: un barco y una canoa son la perfecta referencia de una historia que cuenta desarrollos desiguales y sujetos diferenciados; mientras, el mismo río de la vida esboza el espacio y tiempo donde se junta la contradicción entre desarrollos desiguales y sujetos diferenciados.

 

A la luz del Marxismo, diríamos en forma abstracta: un sistema y sus clases, un imperio y sus colonias. Y, en términos concretos: necesidades diferentes, intereses enfrentados, cosmovisiones opuestas. Ese es el escenario donde nuestra existencia se desarrolla.

 

Todo lo que acontece hoy sobre el planeta Tierra: la amenaza de guerra nuclear, la ocupación militar de innumerables países por parte de la Otan, los conflictos internos en casi la totalidad del mundo, la suma de miserias que arrastran millones de seres humanos, las múltiples opresiones contra la mujer, la cruel explotación de animales, la desforestación, la contaminación del aire y las aguas; todo está cruzado por la existencia de un sistema clasista, cuya preservación confronta, ya, la sobrevivencia de la mayoría de la humanidad, de los de la canoa, y del mismo río de la vida.

 

¿Acaso puede mantenerse el Capitalismo sin devastar lo que existe? Pues, no.

 

En ese sentido, mirando en concreto hacia el tramo del río por donde navegamos, surgen varias interrogantes:

 

Sobre Colombia: ¿Puede la clase dominante neogranadina, por ejemplo, cumplir los Acuerdos de Paz, firmados entre las Farc-EP y Juan Manuel Santos, en La Habana; y permitir que una masa de militantes formados en una concepción diferente de Estado, de derecho, de propiedad, participen libremente en política y le disputen, por vía electoral, el gobierno, su institucionalidad, su cultura, sus privilegios?

 

Pues, no. Eso es contrario a su naturaleza. Si los Acuerdos de Paz se implementan, Colombia alumbrará un nuevo orden social contrario a los intereses imperiales que regentan al país, empezará a cosechar un pensamiento sustentado en lo colectivo y una praxis dinámica hacia el trabajo no alienante. Es decir, los de la canoa estarían reglamentando el uso del barco en el mismo río de la vida.

 

Pero, los del barco tienen otra bitácora y, por eso, quienes vamos en la canoa lloramos a más de un centenar de víctimas, contamos cada día un nuevo incumplimiento y presentimos un juego trancado. Las élites que gobiernan y sus regentes del norte temen al Acuerdo; si lo firmaron fue para sacar del río a la canoa; es decir, porque pensaban en garantizar el desarme insurgente, su desplazamiento hacia espacios que pudieran controlar, y en sumergir a su contrario en las corrientes desconocidas del sistema.

 

En cuanto a Venezuela, ¿era impensable que la Revolución Bolivariana terminara cercada económicamente, descontextualizada mediáticamente y atacada violentamente, a pesar de haberse proclamado pacífica, legal, y de mantener incólume los cimientos del sistema capitalista? Pues, no.

 

Con todo el reformismo que caracteriza a este proceso, las líneas que centran su desarrollo: independencia, soberanía, identidad, unidad continental, solidaridad con los pueblos del mundo, asistencialismo, inversión social, reconocimiento del Poder Popular, reivindicación de la Comuna y del Socialismo, son potencialmente peligrosas para la preservación del Capitalismo, y cinéticamente críticas para la conservación hegemónica del imperialismo estadounidense.

 

Esas aguas por donde la canoa bolivariana navega están en el mapa de conquista irrenunciable que guía la trayectoria del barco yanqui; y aunque quienes reman en la canoa no se oponen a la pesca del barco, quienes timonean el barco quieren hegemonizar al río y decidir su curso.

 

A todo lo anterior, esa simple contradicción que describen el barco y la canoa: desarrollos desiguales y sujetos diferenciados; necesidades diferentes, intereses enfrentados, cosmovisiones opuestas; habría que sumarle las lógicas que al interior de barco y canoa también se contradicen, complejizando la dirección del timonel, hecho expresado en anclajes inesperados, respuestas improvisadas a crecidas que intimidan y errores que desvían el curso, cuando asoman tormentas.

 

Para continuar navegando en el río de la vida, desde la canoa, es obligante concienciar, tanto las contradicciones existentes entre los que navegan en el barco y los que andamos en canoa; como las discrepancias que se desarrollan al interior de ambas naves.

 

Es lo que en política se llama “correlación de fuerzas”; y sobre cuyo análisis se gira la táctica y se definen las alianzas, para la defensa de la estrategia; que desde el imaginario ancestral y el inconsciente colectivo vendría a ser la propiedad comunista del río.

 

 

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