Compartir

Por: Narciso Isa Conde

En el caso venezolano nada justifica colocarse del lado de la contra-reforma y la contra-revolución imperialista-derechista disfrazada de libertaria; aun sea a nombre de todo lo que se le pueda criticar justa y equilibradamente al Gobierno de Maduro.

Ningún revolucionario de verdad, ni siquiera un simple progresista defensor de la soberanía de nuestras naciones y pueblos, debería coincidir con Trump y con la ultraderecha venezolana, continental y mundial.

La intención de golpear a Venezuela persigue además debilitar y marcharle a Cuba, Bolivia, Ecuador y a otros países que han optado por la nueva independencia.

 En situaciones así la profundización de las reformas avanzadas que se estacan o declinan, solo puede materializarse en medio del combate contra las fuerzas retardatarias que procuran anular la autodeterminación conquistada y desmontar todos los logros sociales y políticos alcanzados.

 Considero que el chavismo revolucionario, los movimientos anticapitalistas y socialistas,  el pueblo trabajador venezolano y especialmente sus sectores más avanzados, tienen fuerza social, cultural militar y política suficientes para dar esa pelea crucial con perspectivas de victoria; venciendo de paso las vacilaciones e inconsecuencias de los sectores moderados al interior del proceso bolivariano y asumiendo la nueva Constituyente como factor de creación de poder popular.

Creo, además, que cualquier viraje a la derecha en Venezuela  -vía un golpe desestabilizador de nuevo cuño- crearía una situación de ingobernabilidad con tendencia a la confrontación violenta con cualquier opción derechista y frente a cualquier modalidad de intervención militar colombo-estadounidense.

Esta es la actual tendencia continental, tal y como podemos observar las situaciones que se van creando en Argentina, Brasil, Honduras y Paraguay luego de los respectivos golpes derechistas.

En donde se despliegue la contraofensiva reaccionaria la  cuestión crucial consiste en vencer la tendencia a caer en las redes del sistema, desatando la resistencia y el contra-ataque popular.

 La tendencia al viraje derechista puede revertirse si se persiste en construir nuevas vanguardias y fuerzas transformadoras bien calibradas, dado que el podrido orden capitalista no tiene que ofrecerles a los pueblos, a las fuerzas del trabajo y la cultura emancipadora nada que no sean penurias, destrucción de los seres humano y del planeta. Es decir, expansión del capital a costa de la vida.

Atizada por los nuevos zarpazos de EEUU, una ola más radical que la moderada ola progresista que declina se está gestando en Nuestra América, lo que ayuda, si militamos en ella, a vencer el pesimismo y abrirle nuevamente cauce a la esperanza. EL NACIONAL 30-07-201

Constituyente somos todos

JSN Boot template designed by JoomlaShine.com