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Por: Víctor Méndez A

La historia vuelve a repetirse y no es la letra de un clásico bolero, es el drama del pueblo colombiano, víctima de una oligarquía mentirosa y falaz  que ejerce el poder sin ningún tipo de escrúpulo, actúa hipócritamente sin aspavientos  ni posturas, solamente miente, manipula descaradamente y se siente superior.  Los políticos colombianos, adiestrados en el arte del engaño, asocian la política con la mentira y la falsedad, por eso en horas tempranas dicen una cosa y  al llegar la noche todo lo contrario, todo es falso, todo es mentira.

El proceso de Paz esta arribando al muelle que descubre el engaño, se baja el telon de la “Farsa y justicia del Corregidor”, han desarmado a la Farc-Ep, objetivo estratégico cumplido; ahora que importan los acuerdos, los compromisos con las naciones garantes y los países acompañantes y mucho menos lo que opine el pueblo colombiano.

La oligarquía colombiana es genéticamente traidora, son muchos los pasajes históricos que así lo demuestran, veamos solamente todo lo experimentado por el Libertador Simón Bolívar en sus aciagos días y la destrucción de la Gran Colombia.  Hoy son los mismos, los herederos de los esclavistas, los que despojaron de las tierras a los patriotas que lucharon por la libertad al lado de Bolívar, los que depositaron en la miseria a los hijos del pueblo, los mismos que crearon a las AUC, fuerzas paramilitares terroristas y asesinas que actualmente se mantienen bajo la mirada complaciente del gobierno de Santos y la protección del ejército colombiano comandado a control remoto por los gringos.

Esta oligarquía corrupta y corruptora, servil cual tapete de felpa, mantiene la vanguardia de la corrupción en América latina gracias a los escándalos de los “Panamá papers” y  de Odebrecht que financió a unos y otros, al equipo de Uribe y al equipo de Santos pero también a otros que se venden como distintos.  El Estado colombiano constituye un monumento a la inmoralidad sostenido por hombres y mujeres cuyo único interés  es representado por la obtención de riquezas fáciles, negocios turbios, estafas, timos, trácalas, no tienen ningún tipo de reparo ni escrúpulos.  Esta es la naturaleza de unos aberrados que hicieron de la guerra un lucrativo negocio, un necrofilico instrumento que les proporcionó inmensas ganancias a través del terrorismo de Estado, las fosas comunes, los falsos positivos, los desaparecidos; como olvidarlo, como no ser reiterativos frente a quienes pretenden burlarse una vez más de las víctimas y sus familiares, de los desplazados, y de todos aquellos a quienes despojaron de su futuro y realización a la que tenían derecho.

Hoy a través de manipulaciones retoricas los agentes de la oligarquía que controlan las instituciones, se burlan de los acuerdos de Paz, buscan degradar la dignidad de los combatientes de la Farc-Ep, los cuales han sacrificado posturas por mantener la paz, y  boicotean  aspectos fundamentales y determinantes, ya firmados y reconocidos, para destruir los acuerdos.

Son inamisibles los argumentos y las pretensiones del Fiscal general colombiano, en cuanto a presentar a las Farc como   un supra poder económico cuyas riquezas serian superiores al Estado ; las maniobras jurídicas implementadas desde la Corte Suprema de Justicia que desconocen de un plumazo todos los acuerdos firmados en materia de JEP, constituyen una agresión sin límites a todo lo que se ha construido hasta ahora, solo faltaría un ataque militar a las zonas veredales para demostrar abiertamente la conducta bipolar de las camarillas oligarcas cuyo odio no pueden superar.

El ruido pavoroso surgido del avión militar en Cartagena, al momento de la firma histórica, conformó una clara advertencia, una amenaza descarada que hoy se cumple; es claro que las Farc-Ep, han cumplido con todo lo planteado y su comandancia está dispuesta a seguir en ese camino, no obstante se impone la necesidad de una mayor firmeza en la línea política, no se debe ceder más de lo que ya se ha cedido, se requiere de una contundente reacción política ante los entes internacionales, los países garantes y acompañantes, elevar el problema a escenarios susceptibles al tema de la paz, recurrir a la solidaridad de los movimientos internacionales, establecer un plan de diplomacia para la Paz y desarrollar una gran ofensiva comunicacional que rompa con el cerco mediático que mantienen los enemigos del pueblo colombiano.

También es necesario, supremamente necesario, el asumir el problema desde una perspectiva fundamentalmente política, la paz no se trata de sueños, anhelos o posiciones teológicas, no es un problema de reconciliación, se trata de una salida política que conlleva al respeto, valorización y reconocimiento de las partes, tal como lo visualizó el comandante Hugo Chavez.  No debe ser asumida por la oligarquía como una capitulación de las Farc, una derrota militar, como una oportunidad para aniquilar físicamente a los revolucionarios, tal como lo hicieron con los militantes de la UPV.

La oligarquía no acepta a los revolucionarios, no asimila la idea de la convivencia, ven los acuerdos como aquellos que el gobierno norteamericano firmó con los indios autóctonos que luego fueron sometidos a zonas de reservación y violentados en sus derechos, es la visión de quienes se asumen como razas y clases superiores.  Nunca es tarde para reaccionar.

Constituyente somos todos

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