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Rodolfo Beltrán*

En el marco de la Décima Conferencia Nacional guerrillera de las FARC-EP, Rodolfo Beltrán dialogó un largo rato sobre arte y literatura con Zeuxis Pausias Hernández -Jesús Santrich1-, músico, artista plástico y escritor. En la conversación trataron temas puntuales de su obra. Santrich, como era de esperarse, explicó ampliamente sus convicciones políticas y la visión de la guerrilla más antigua del planeta frente al proceso de paz que se lleva a cabo con el Gobierno del presidente Juan Manuel Santos.


 

R.B: En tu obra literaria encontramos términos emblemáticos que trazan un rumbo: Indígenas tayronas, campesinos, la pobreza y la paz… ¿Estás de acuerdo conmigo que esas palabras se pueden considerar símbolos desde los cuales inicias tu escritura?

J.S: Claramente son la esencia de la realidad en nuestro país, con la particularidad de que hablan las voces de los silenciados. Para el caso de los pueblos raizales, los pueblos étnicos, como suelen ellos mismos llamarse, les han impuesto la pobreza. Negándoles así la cosmovisión, su sabiduría, el derecho a exponer los deseos y anhelos, hasta la fe en el futuro.

Entonces esta literatura nace como expresión de sentimientos y de lo que brota del corazón en determinado momento, cuando se vive con comunidades excluidas su propia realidad. Con esas palabras busqué visibilizar el interior y la conciencia de aquellos sectores marginados del pueblo, más allá de transmitir un contenido mental netamente o pretender incursionar en el escenario elitista del arte.

 

R.B: Usando términos de Mircea Eliade, para desentrañar las claves de tu obra, es necesario conocer el centro del mundo. Me refiero a los dominios, los espacios construidos en tu literatura. Empecemos por entrar en la memoria de los pueblos indígenas.

J.S: Las palabras que surgen y se escriben en un papel tienen una génesis. Para el caso de los pueblos originarios es la naturaleza. El relacionamiento con el cosmos, que es sagrado, se da en la correspondencia de esas comunidades con la Madre Tierra y la simbología, como tú decías, que emerge de una realidad especial, sublime, para ellos sacra, se expresa con dificultad en mis escritos, porque no hay mejor manera de hacerlo que conocer directamente sus vidas y escuchar la voz de los progenitores.

Yo quería hacer un homenaje inspirándome un poco en la poesía de Pablo Neruda, en la mentalidad de las Kankurúas, que se devela tras el humo de los fogones, también en la palabra de los viejos Mamos sabios, y en el conjunto de esas comunidades que tienen tanto que enseñar, que ejemplificar al mundo. Pero que nosotros a veces nos negamos a observar, escuchar y experimentar.

Me parece que es hora de hermanarnos con algo que hace parte de nuestra visión de mundo, como decía Bolívar: “el macrocosmos de la raza humana”. Es decir: los elementos esenciales de la indianidad y la americanidad. También tenemos que identificarnos con las negritudes, la mezcla de pueblos, razas e ideas y el sincretismo, que es el mestizaje mismo. Este debe ser un propósito, si queremos construir la nueva Colombia desde una mentalidad, una cultura, un presente y un futuro distintos.

 

R.B: El indigenismo aparece como sinónimo de orgullo e identidad, pero siento otros significados, por ejemplo una alusión a la niñez.

J.S: La niñez es algo sagrado en cualquier comunidad. Para los pueblos indígenas allí está la semilla de su construcción. Entre las narraciones que escribí hay un cuento muy particular: “Las aventuras del pequeño Dugunabi”. Se trata de un dios un poco necio que insiste en buscar lo desconocido. En sus viajes alrededor del sol, comete muchas travesuras, como la de robarle el tambor a Macuque, dios de los truenos, por eso, es condenado a estar sembrado en las playas de Pocigueica.

Más allá del castigo, se convierte en un deber del dios entregar riquezas y alimentos a su propia comunidad. Precisamente esa es la expresión del respeto hacia la niñez, a su inocencia y manera de entender el universo. El niño adquiere elementos del entorno y logra construir una personalidad propia. La forma en que los pueblos originarios construyen la mentalidad y la espiritualidad de su niñez, es un gran ejemplo para todo el mundo.

 

R.B: Poesía comprometida, un estilo propio de la rebeldía. Hablemos de aquellos poemas que has dedicado a tus contradictores.

J.S: Un verso muy breve dice: “Los traidores hieden” y no dice nada más. En general los contradictores, si bien los confrontamos en el plano de las ideas y en el plano militar -así nos lo impusieron-, deben tener una vía; un espacio para llegar también al entendimiento. Ahora estamos en tiempos de paz, de reconciliación. Por eso, convocamos no solamente a quienes coinciden con nuestros puntos de vista, sino a quienes nos adversan. De hecho, el acuerdo final es un punto de convergencia, de consenso, respecto a la solución de las necesidades básicas que afrontan las mayorías en el país.

En este sentido, hemos aproximado a un sector de los contradictores, no como quisiéramos, pero se ha dado un gran paso. Es necesario acercar a los sectores que nos confrontan de manera radical, incluyendo al uribismo. De alguna forma, debemos encontrar puntos de reconciliación o al menos de convivencia pacífica, si queremos hacer de Colombia un país más equitativo, donde los recursos lleguen realmente a la población y nuestra nación tome un rumbo de desarrollo con justicia social. Escribí mucho contra los enemigos, pero creo que no es momento de recordar el discurso de la guerra, sino de construir el de la paz.

 

R.B: Los destellos de la luna son festejados por la noche… ¿Las palabras han servido como refugio en tu ceguera?

J.S: Las palabras son el sonido del universo, las que traen el razonamiento positivo o negativo de la humanidad. La palabra es el punto de contacto con el mundo. Digamos que la palabra, además de transmitir lo que acontece en el pensamiento, también es la forma de comunicar lo que está en lo profundo de tus sentimientos. Las palabras, en la oscuridad, son luces en el sendero que nos toca recorrer.

 

R.B: En un poema tuyo, afirmas: “Cuando llegue la paz / sospecho que amaremos diferente: / habremos desarraigado el rencor / y en las fértiles parcelas / de los corazones / de los hombres libres del egoísmo / haremos la siembra nueva / del amor genuino / que da por frutos / libertad que no marchita”. ¿La creación literaria, incluso las otras expresiones artísticas, qué importancia tienen para las FARC?

J.S: Ha sido muy difícil, en el trasegar de una guerra de más de medio siglo, dedicar tiempo a las artes y a la recreación. De cualquier manera en las FARC, en toda unidad guerrillera, en todos los rincones del país, salvo que se den circunstancias excepcionales, se desarrolla la hora cultural. Normalmente todos los días, después de las 18 horas, se dedica un tiempo al estudio de las noticias, de la realidad política nacional. Pero también brindamos un espacio para la cultura donde la guerrillerada escribe sus versos, crea sus propias canciones e interpreta el folclor nacional o de cualquier cultura del mundo.

En las FARC hay mucha creatividad y entrega, veamos el caso de Inti Maleywa que es una extraordinaria pintora. Dentro de su surrealismo está la mayor dosis de realismo que tiene nuestro país. Expresa la naturaleza y la violencia con todos sus colores. Sobre todo, hay un dejo de optimismo en cada una de sus representaciones.

El mayor aporte es la inspiración que puede generar esta gesta heroica de mujeres y hombres que están en disposición –y lo han hecho- de entregar su vida por la nueva Colombia. Pero particularmente hay quienes escriben. Seguramente conoces las novelas de Gabriel Ángel, un guerrillero del Magdalena Medio, o las canciones que tienen profundo contenido literario de Julián Conrado, de Lucas Iguarán, de Cristian Pérez o de Jaime Nevado. Hay muchos cantores que, además de interpretar la música, escriben verdaderas poesías, que son expresiones del arte fariano, sin olvidar incluso a quienes cultivan la escultura, la danza, el teatro y la creación audiovisual.

En ese orden de ideas, tengo un ensayo titulado “De Beethoven a Marulanda”. Allí intento dilucidar el impacto del romanticismo en el marxismo fariano, fundamentalmente en el tema de la cultura y, dentro de éste, dedico un amplio espacio a la música: una descripción especifica de la Novena Sinfonía que considero una de las sinfonías más revolucionarias de la historia.

En “Poesía para buscar”, también hago una reflexión a manera de dialogo y de intercambio epistolar sobre teoría literaria. En fin, hay muchos escritos que desafortunadamente nos ha sido imposible difundirlos. Algunos están en la red y otros han tenido ediciones limitadas de dos o tres mil ejemplares. Habría que hacer, en esta época de paz, la labor de recoger por las caletas todos esos escritos, que se quedaron por ahí entre los papeles desteñidos y la humedad. Lo mismo sucede con los cuadernillos de nuestros combatientes. Allí se encuentra, creo yo, un inmenso aporte para la creación literaria en nuestro país.

 

R.B: Gabriel Celaya dice: “Maldigo la poesía concebida como un lujo / cultural por los neutrales / que, lavándose las manos, se desentienden y evaden. / Maldigo la poesía de quien no toma Partido… Partido hasta mancharse (…)”. El artista y la organización política. ¿Cómo construir esa relación?

J.S: Bueno esa idea la hemos tenido siempre. Sencillamente que nuestra situación clandestina y la persecución de un régimen de terror colocaba restricciones y peligros a quienes querían acercarse a nosotros para hacer ese tipo de construcción. De hecho, en las propuestas que llevamos a la mesa de La Habana insistimos mucho en el tema cultural. Desafortunadamente siempre el gobierno tuvo el argumento de que eso no estaba en la agenda, como si no hiciera parte de la esencia misma del ser humano.

De cualquier forma, el tema de la educación cruza todos los puntos de la agenda y por eso hemos dicho que el sector estudiantil y académico del país tiene que participar de lleno en la implementación de los acuerdos, sobre todo en la generación de conciencia. Pienso que la academia debe salir del campus universitario, de los claustros de formación, ponerse las botas del campesino, del arriero, del indígena, del negro, de las barriadas y andar calle a calle, trocha a trocha los senderos de Colombia, para que desde los escenarios bucólicos o desde las selvas de cemento, se comience a construir esa contracultura que tanto requiere el país, para la implementación en democracia de la justicia social.

Ese es el criterio que tenemos. Por eso, nuestra propuesta consiste en realizar, en cada una de las zonas veredales y en los puntos transitorios de normalización, la construcción de una red nacional cultural. Esto ya está acordado. Estamos hablando con la Organización de Estados Iberoamericanos -OEI- para que nos ayude a impulsar este proyecto, donde deben participar pintores, cantores, poetas, escultores y cultores en general… Hay mucha gente en disposición de hacerlo, de eso estoy seguro.


 

*Rodolfo Beltrán, Periodista, Licenciado en Filosofía y Lengua castellana.

Jesús Santrich nació en el departamento de Sucre en 1967, hijo de educadores contó con formación intelectual y política desde su hogar, a los 16 años ingresó a la Universidad del Atlántico para cursar Derecho y una Licenciatura en Ciencias Sociales, de donde se graduó en Licenciatura en Educación con especialidad en Ciencias Sociales. Posteriormente hizo un postgrado en Historia. Su militancia inició en la Juventud Comunista de Colombia, posteriormente acompañó al dirigente Amílcar Guido en la constitución del partido político Unión Patriótica, hasta que el genocidio por parte del Estado colombiano y de grupos paramilitares lo llevaron a ingresar al Frente 19 de las FARC. Actualmente es uno de los jefes del Bloque Caribe de este movimiento revolucionario y se desempeña como negociador en los diálogos de paz. En su bibliografía encontramos: “Versos Insurgentes” (2007), “Cuentos y diez relatos Tayronas” (2008), “De Beethoven a Marulanda: el asunto de las raíces románticas del marxismo fariano” (2012) entre otros textos que han sido publicados en periódicos y revistas de corte nacional e internacional. ↩

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