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Por: Víctor Méndez A.


Aún se encuentra vigente el decreto de Barack Obama que califica a la Republica Bolivariana como una amenaza extraordinaria e inusual, por lo cual es sometida a sanciones diversas, de esas que se les ocurren a los imperialistas y que por lo general terminan en bombardeos, invasiones y genocidios contra los pueblos. Tal decreto forma parte de la interminable cadena de agresiones que la nación venezolana ha tenido que enfrentar durante los 18 años de la llegada, por vía del voto popular, de las fuerzas Bolivarianas y Chavistas. Durante este lapso la democracia en Venezuela realizó 19 procesos eleccionarios de los cuales las fuerzas patriotas obtuvieron el triunfo en 17 siendo derrotadas en solo 2, una de ellas con pírrica y cuestionada ventaja; todos estos procesos fueron sometidos al escrutinio de observadores internacionales en representación de organismos de integración como la ONU, OEA, Unasur, Celac e instituciones como el Centro Carter, entre otros. Sin embargo este contundente y poderoso argumento no ha impedido el acecho y los ataques multilaterales de países ubicados en las corrientes del capitalismo internacional bajo la conducción de Estados Unidos.


Desde la óptica imperialista, resulta cierto que Venezuela constituye una amenaza para USA, esto tenemos que admitirlo pues no es posible que una pequeña nación suramericana cuya extensión es menor a un millón de K2, pueda subvertir el orden del patio trasero del imperio al estimular a otros países a vivir sus propias experiencias democráticas, como los ejemplos de Bolivia y Ecuador. Una amenaza si, por contribuir al rompimiento del aislamiento de la Republica de Cuba, al regreso de los Sandinistas al poder, al triunfo de los revolucionarios Salvadoreños, al proceso de Paz en Colombia, a la creación de la Celac, Unasur, el Alba y Petro Caribe, así como al fortalecimiento de las relaciones Sur-Sur y al surgimiento de la diplomacia de paz que impulsa la multipolaridad mundial, claro amenazamos al imperio por el solo hecho de obstaculizar su hegemonía.


Una nación que erradica el analfabetismo, democratiza la salud, impulsa viviendas dignas para el pueblo, reduce la miseria y el desempleo, eleva las tasas de escolaridad infantil, construye 23 nuevas universidades gratuitas, otorga pensiones a los ancianos, protege a la familia, defiende a la mujer, a los niños, a la sexo diversidad, a la libertad de culto, a los indígenas, a los jóvenes, a los trabajadores, impide la discriminación racial, la xenofobia y garantiza los derechos humanos, las libertades económicas e instaura la democracia participativa y protagónica, tiene que ser una verdadera amenaza para el capitalismo mundial. Y si además de ello este pequeño país es capaz de sobrevivir a la guerra económica, los ataques a la moneda, el acaparamiento y la escasez de alimentos y medicamentos, al cerco mediático y a la violencia terrorista, claro que es una amenaza.


Para colmo esta insignificante nación es capaz de derrotar la crisis alimentaria generada por los capitalistas encabezados por Lorenzo Mendoza propietario del monopolio de los alimentos y las bebidas, quienes por otro lado controlan el 92% de la cadena de distribución de alimentos y el 90% de la comercialización, los cuales sacaron los alimentos del mercado para crear un poderoso mercado negro que obligó a colas generalizadas y traumáticas que afectaron la psiquis de los venezolanos. Ante esto el Estado recurrió inicialmente a la importación de alimentos y a crear una cadena alternativa de distribución de alimentos, la cual paulatinamente fue ganando terreno hasta atender a más de 6 millones de familias en forma directa en sus hogares. Los CLAPS, comités locales de abastecimiento y producción socialista, constituyen una eficaz respuesta que además de garantizar alimentos periódicamente a precios subsidiados hoy se encamina a la producción de los alimentos que se requieren en Venezuela. También los CLAPS se preparan para atender a la población en materia de productos de la higiene personal para toda la familia, así como la atención a las embarazadas y a los bebes, además de atender a la mujer en sus necesidades distribuyendo productos como toallas sanitarias, desodorantes, fragancias, etc.


Esta amenaza se agiganta al propiciar la paz y derrotar a los violentos que reciben financiamiento directo de USA a través de la Usaid, el Departamento de Estado y otros centros de conspiración internacional que protegen a los apátridas venezolanos que actúan aplicando los manuales utilizados en otros países para el derrocamiento de gobernantes incómodos al imperialismo.


Un país que ante a las agresiones convoca un proceso constituyente para que participe todo el pueblo mediante el voto universal, directo y secreto, representa una amenaza inusual, ya que lo que estila el imperio es acabar los conflictos de manera armada, a sangre y fuego, donde el pueblo pone la sangre y los cuerpos inertes.
Hoy Venezuela es una amenaza real ante el modelo neoliberal que se implantan de manera ilegal en Brasil, que los corruptos gobiernos de Argentina y Colombia desarrollan mientras Panamá, Chile, Paraguay y Perú imitan de manera burda y soez; esta amenaza cuenta además con un capital histórico inmenso, una nación libertadora cuna de hombres inmensos como Bolívar, Miranda, Sucre, Ribas, Bello, Rodríguez y Chavez.


Esta amenaza cuenta con una alianza cívica militar aunque amante de la paz y la solidaridad, también esta dispuesta a defender la patria con la vida misma.

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