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Mil Millones de Euros para Su Majestad

Por Fredy Muñoz Altamiranda

Al Gobierno nacional lo único que le preocupa de la crisis de Electricaribe es que su salida del juego energético en la Costa Atlántica colombiana no enoje al Rey de España, socio porcentual de todos los negocios que las multinacionales ibéricas tienen en el mundo.

Los medios dan cuenta de las gestiones que hace Juan Manuel Santos ante el impopular mandato de Mariano Rajoy, para que la familia real y sus socios no vean como un agravio el hecho de que los colombianos de la Costa reclamemos por el disparate técnico y financiero que esta ramificación de Unión Fenosa dispersó sobre nuestro territorio.

En los años noventa, cuando César Gaviria nos prometió el ingreso al futuro, las empresas públicas de todos los departamentos y municipios colombianos comenzaron a ser mal vistas por los políticos y periodistas que se embarcaron en una campaña de desprestigio, en favor de las privatizaciones.

Esa fue la primera señal del neoliberalismo: nada de lo público servía. O era obsoleto, o era insostenible, o era corrupto, o era anticuado. Y el neoliberalismo de la estética en reemplazo de la ética, se convirtió, amén de los medios comisionistas de esa feroz campaña, en la cara del futuro.

Hoy es la cara de un pasado reciente que nos empobreció, se robó nuestras empresas públicas, y quiere seguir vivo en medio de una sociedad que cada día reúne argumentos para rechazarlo, luchar contra él, e imaginarse unas nuevas formas eficientes, públicas y sostenibles, de administrar el bien común.

La Corporación Eléctrica de la Costa Atlántica, Corelca, uno de los activos que los españoles de Unión Fenosa disolvieron en ese negocio leonino que fue la compra de las electrificadoras de la Costa, fue pagada por todos los costeños, y los que sin ser de acá, vivían y pagaban puntualmente sus recibos de energía.

En las facturas de la época, y esto lo pueden corroborar quienes hayan tenido el juicio de guardar alguna, puede verse el cobro de una tasa para la creación de Corelca. Del bolsillo de todos los que pagamos la “luz” salió el financiamiento de Corelca.

Pero luego el Gobierno nacional, de Cara al futuro anunciado por Gaviria, vendió nuestra empresa, como vendió a todas las que pudo, en todo el país. Los nuevos dueños eran multinacionales impersonales, que desaparecieron el contrato de trabajo, las prestaciones sociales y los beneficios, del mundo laboral colombiano.

Electricaribe, que es propiedad de la empresa española Gas Fenosa, filial a su vez del pool Unión Fenosa, recibió ingresos de dos millones y medio de costeños que antes éramos atendidos por las electrificadoras departamentales.

Nadie recuerda oleadas de cortes masivos, apagones inhumanos, fallas peligrosas en los sistemas mientras el sector público administró este servicio esencial. Pero el cambio de modelo, del público hacia el neoliberal, trajo empobrecimiento, sufrimiento y malestar social para nuestra Región. Hasta en la red social Facebook existe una página con miles de miembros cuya motivación es el odio hacia Electricaribe y Unión Fenosa.

La privatización de le energía en la Costa, y en otras zonas del país debe revertirse para repensar un modelo que integre los beneficios del carácter público y esencial de la energía eléctrica, con el toque de eficacia y control financiero que puede aportar un sector mixto, integrado por profesionales conscientes del imperativo ético que esta situación nos exige.

Ahora resulta que los colombianos le debemos a Unión Fenosa. Para el Superintendente de Servicios Públicos, José Miguel Mendoza, Electricaribe “No está en condiciones de prestar el servicio de energía con la calidad y continuidad que se requieren”.

Se quedó corto el doctor Mendoza, porque además de eso, Unión Fenosa le debe mucho a nuestros municipios por frenar su desarrollo, entorpecer planes de expansión agroindustrial, pauperizar el comercio, atentar contra la salud de los ciudadanos al dejar sin energía a hospitales y clínicas, e impedir el progreso de las economías familiares más elementales, con sus tarifas voraces y progresivas que nos impidieron hasta alimentarnos bien.

Unión Fenosa pretende que los colombianos les paguemos ahora mil millones de Euros por los daños que nosotros les causamos a ellos. Acaban de anunciar una demanda por ese monto ante el Centro de Diferencias Relativas a Inversiones en Washington, en las oficinas del Banco Mundial.

¿Y los daños nuestros qué? Sería bueno saber si alguno de los socios de Unión Fenosa podría vender un yate para paliar un poco las necesidades de los campesinos del Atlántico martirizados por el mal servicio de Electricaribe. O pagar algunos de los muertos que quedaron de las asonadas y protestas violentas asistidas a perdigonazos por la fuerza pública.

Se enriquecieron con las tarifas de energía más altas del Continente, pura ganancia privatizada, pero ahora que se hace una perspectiva por el desastre que causaron, es hora de socializar las pérdidas, haciendo que las pague el usuario.

Entre la Reforma Tributaria y los desvaríos del neoliberalismo hay un agujero que debe llenarse con sangre del pueblo trabajador. Tendremos que meternos la mano al bolsillo para pagarle a su majestad y sus socios los mil millones de euros que necesitan para pagar las cuentas de sus vacaciones en la Costa Azul, las matrículas universitarias de sus hijos en Cambridge, el Audi de la amante y por supuesto, el banquete anual en el Club Bildelberg, donde no se permite repetir abrigo ni corbata.

FMA.

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