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Alberto Pinzón Sánchez

El telón de fondo de la crisis que se desarrolla en Colombia se ha corrido y ha cambiado en su calidad. La rivalidad entre las fracciones de la clase trasnacional dominante ya no es lo que ellos denominaron “la negociación con las farc”, se hace o no se hace y que parece haberse diferido para la operación tortuga de la fase de implementación de los acuerdos de paz de la Habana; sino QUIEN, en representación de cada una de esas fracciones en disputa (de manera legal o ilegal) se alzará con el aparato Estatal y por supuesto, con la inundación de capitales trasnacionales que ya se anuncian, para lo que ellos denominaron “el post conflicto”:

Si la mafia Vargasllerista -Martínez Neira, o, la mafia Uribista reforzada con la coalición político religiosa del no plebiscitario. Es decir, hay una fecha concreta donde esta rivalidad intra e inter oligárquica se enfrentará (y para usar un lenguaje grato a sus oídos militaristas) ganará la batalla electoral por la presidencia de Colombia en 2018, para empezar a disfrutar oficialmente las cuantiosas inversiones del post conflicto.

Santos prestidigitador en el manejo del naipe, previendo el futuro económico que traería un acuerdo con la insurgencia, tiró tres cartas:

Una, mientras se desarrollaban los diálogos de paz en la Habana, puso a su vicepresidente Vargas Lleras a desarrollar (por todos los medios) la “infraestructura” del país, es decir dotar la geografía colombiana de vías por donde pudieran transitar las mercancías y materias primas exportables hacia el mar pacífico y el mar atlántico, desde el interior y desde las zonas que abandonarían las Farc, abundantes en toda clase de materias primas renovables y no renovables, altamente apetecidas por las potencias imperialistas en actual pugna económica: USA, China, Rusia y Europa. Ahí es donde entra la trasnacional Odebrecht, especialista en desarrollos de infraestructura ¿De qué se sorprenden?

Dos, impuso en el aparato burocrático y financiero más poderoso de Colombia, la Fiscalía, a Martínez Neira, abogado del magnate Sarmiento Angulo (con grandes intereses financieros en esas mega obras de infraestructura) y además, cliente político del gran elector, el vicepresidente Vargas Lleras. Las expectativas sobre las actuaciones del señor Fiscal Martínez Neira en el asunto de la operación tortuga en la implementación de los acuerdos de la Habana, así como en el apoyo a Santos, como a su cliente Sarmiento Angulo y a su jefe político Vargas Lleras, en el caso de Odebrecht, han sido plenamente colmadas. ¿No lo han notado?

Y tres, previendo la salida de Vargas Lleras a hacer el continuismo de sus políticas, con mucha anticipación nombró al inefable general Naranjo como el “remplazante” de Vargas Lleras; con lo cual tranquilizó a Washington y sobre todo a los militares opuestos al post conflicto. Consiguió el apoyo del partido Liberal ilusionándolo con la candidatura presidencial, sin posibilidades, del señor Humberto de la Calle; mientras le ofrecía a Vargas Lleras una suplencia con su embajador en Washington, Pinzón Bueno (Por favor no olviden que el Pinzón Malo soy yo)

Nunca abandonaré el análisis de clases. Pero para efectos electorales de este escrito, usaré las categorías que han impuesto los “violentólogos y pazólogos del régimen”: Extrema derecha, derecha, centro derecha, centro izquierdo, e izquierda electoral.

Extrema derecha: constituida como se dijo antes, por la coalición de partidos, fracciones, grupos, iglesias tanto católicas como protestantes, que se han aglutinado alrededor de un programa ultraconservador, ultramontano pre moderno y militarista, opuesto visceralmente a que Colombia haya, no una paz: ellos quieren la paz de ellos o de los sepulcros que han impuesto desde hace siglos. A lo que se oponen rabiosamente es a que se imponga en Colombia una Solución Politica al llamado conflicto interno colombiano, que incluye un proceso constituyente y una nueva constitución que refleje los nuevos poderes que han emergido. Cuenta para efectos electorales con los dineros y el poder acumulados que tiene toda la maraña mafiosa y paramilitar que dominó el Estado colombiano durante el octenio presidencial de Uribe Vélez, especialmente a nivel regional y local. Lo más probable es que su candidato llegue a la 2ª vuelta presidencial.

La derecha: Cuya representación ha entregado Santos a su vicepresidente Vargas Lleras, dotándolo de todo el presupuesto legal (así como el proveniente de Odebrecht) para que hiciera política mientras “desarrollaba” la infraestructura, tanto nacional como regional, así como su poderosa mafia administrativa de Oneidas, Ñoños, Kikos, Chares, ect, sino que además reforzó (como se dijo antes) con el poder de todo tipo entregado la Fiscalía general de la nación a su ficha clientelar Martínez Neira. Nadie debe dudar de que este candidato llegará también a la 2ª vuelta presidencial.

Centro derecha: Manta o ruana con la cual gustan cubrirse liberales, conservadores, junto con algunos “civilistas” con algún discurso demagógico de “libertades y derechos civiles”, restos y herederos de la demagogia gastada del bipartidismo del Frente Nacional y sus pelechadores; que hoy aspiran a llegar a la presidencia de la república con una “coalición liberal sin votos y sin programa” encabezada por Humberto de la Calle, antiguo figurón político del nefasto neo liberal Cesar Gaviria, renovado hoy como el personaje que logró desarmar a las Farc. Salvo algún apoyo desconocido y excepcional, dudo que su roída colcha de retazos llegue a la 2ª vuelta presidencial.

Centro izquierda: Categoría en la cual los violentólogos del régimen suelen incluir a personajes independientes de la política gubernamental del momento, con cierta sensibilidad ecologista y humana, o, ex militantes marxistas cooptados por el régimen, así como personajes políticos provenientes de procesos de reinserción de guerrillas derrotadas que han girado alrededor de los cargos públicos y oficiales con los que se ha premiado su reinserción. Dudo que logren conformar un aparato electoral con un programa general creíble para el pos conflicto, que vaya más allá de la gritería y la histeria momentánea contra la corrupción de Odebrecht, y que les permita llegar a la 2ª vuelta presidencial.

La izquierda electoral: con la cual se ha denominado a los dos tradicionales grupos de la Izquierda participantes “formales” en las elecciones de Colombia: el partido comunista colombiano exterminado en el genocidio de la Unión Patriótica cuyos 5 mil cuadros hoy hacen falta fundamental, y el polo democrático (PDA) actualmente dividido en dos: uno, capturado por un grupo maoísta de derecha, el MOIR. Y otro, por fuera del aparto formal del partido que se opone al anterior. ¿Que podrá hacer electoralmente, este cero a la Izquierda por más debates interesantes y esclarecedores que algunos de sus elegidos adelanten en el sagrado recinto de la democracia (genocida) colombiana?

Por otra parte, el partido de las Farc, debido a la operación tortuga de la implementación de los acuerdos de paz de la Habana, no aparece. Las Farc están concentradas en cumplir con absoluto rigor su palabra con respecto a los acuerdos alcanzados, pero con respecto a la organización con la que se dotará la guerrillerada para hacer su tránsito a la política, no se tiene conocimiento AÚN: No se sabe si será un partido democrático-centralizado o un movimiento. Un frente amplio o una coalición, ect; con lo que su participación en el debate electoral presidencial estará también sujeto a la fecha de su congreso fundacional, imprecisa también.

Y mientras tanto, el presidente Santos en el colmo de su debilidad política, agravada por el escándalo Odebrecht que ha revivido en la mente de los colombianos la pesadilla de la financiación ilegal del presidente Samper en 1994/98; ya empieza a sentir la soga al cuello de la presión ejercida por el gobierno Trump sobre “el combate al narcotráfico y los cultivos de coca”, así como la reducción de fondos de ayuda civil USA para Colombia. La cianosis en la boca y la lengua de Santos ya es visible.

Entonces, podemos concluir: El nuevo presidente de Colombia, sea el figurón de AUV o el pulpo oficial de Vargas Lleras-Martínez Neira, decidirán en “la madre de todas las batallas” (electorales) que se dará en el 2018, la suerte del proceso de paz y la Solución Politica al conflicto interno colombiano, haciéndose indiscutible en Colombia, la conocida consigna de Gramsci: “Frente al pesimismo de la realidad, oponer siempre el optimismo de la voluntad”.

Fuente Imagen Internet.

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