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Por: Jonathan Cook

El presidente palestino Mahmoud Abbas se reunirá con Donald Trump en la Casa Blanca el miércoles para discutir acerca de revivir el cadáver del proceso de paz, frío desde hace tiempo.

De vuelta a casa, las cosas se están calentando. Hay ira en Cisjordania, tanto en las calles como en las filas del movimiento Fatah de Abbas. El detonante es la huelga de hambre de los presos palestinos iniciada hace dos semanas.

El jueves pasado los palestinos cerraron sus negocios en una muestra de solidaridad y al día siguiente los jóvenes se enfrentaron con el ejército israelí en un “día de furia”.

Aproximadamente un cuarto de los 6.500 presos políticos encarcelados por Israel - casi todos ellos en territorio israelí, en violación del derecho internacional - están rechazando los alimentos en protesta por el trato degradante. Quieren reformas en el sistema industrial de prisiones de Israel. Unos 800.000 palestinos – el 40 % de los hombres - han pasado por las celdas de Israel desde 1967.

Israel espera quebrar el ánimo de los presos. Ha encerrado a los líderes en régimen de aislamiento, niega a los presos el acceso a un abogado, les ha quitado las radios y la semana pasada comenzó a confiscar sus raciones de sal - el único sustento junto con el agua que están tomando los presos.

La huelga está dirigida por Marwan Barghouti, el líder palestino de más alto rango en la cárcel y el más popular, según las encuestas.

Abbas apoya públicamente a los presos, pero en privado se dice que quiere que la protesta acabe lo antes posible. Informes del fin de semana revelan que había instado al presidente de Egipto, Abdel Fattah el-Sisi, a interceder ante Estados Unidos e Israel para ayudar.

Abbas teme en parte la influencia de Barghouti, un hombre al que a menudo se ha calificado de Nelson Mandela palestino y se le considera probable sucesor de Abbas. Cabe destacar que el presidente palestino lo ha dejado de lado en varias ocasiones dentro de Fatah.

Pero a Abbas también le preocupa que la huelga de hambre vaya a provocar choques violentos en Cisjordania con las fuerzas de seguridad israelíes, lo que dañaría sus esfuerzos para convencer a Trump de que respalde su campaña diplomática por un Estado palestino.

En cambio, Abbas quiere demostrar que puede sofocar cualquier signo de lo que Trump podría considerar “terrorismo”. Para ello se requiere una estrecha cooperación con Israel.

La visita a Washington y la huelga de hambre han puesto de relieve la mayor línea de falla del movimiento nacional palestino.

La estrategia de Abbas está en abierta decadencia. Su punto de partida es que para alcanzar un Estado [palestino] ahora se puede confiar en los Estados occidentales, que han traicionado constantemente al pueblo palestino durante muchas décadas.

A partir de esta hipótesis dudosa Abbas ha buscado suprimir cualquier cosa que se vea mal en las capitales occidentales. La presión se ha intensificado bajo Trump.

Por el contrario, la “batalla de los estómagos vacíos” es prueba de una estrategia en alza de las bases que cobra relevancia, una resistencia no violenta de masas. En esta ocasión, las demandas se limitan a la reforma de la prisión, pero se podría extender el impacto de la huelga.

No menos importante es el hecho de que, en caso de tener éxito, el modelo de la protesta podría incidir en un público palestino desilusionado con el enfoque de Abbas. Ellos también están viviendo en celdas aunque un poco más grandes y al aire libre, pero bajo el mandato de Israel.

Resulta más difícil que nunca ignorar la lógica totalmente diferente de estas dos estrategias.

Para tener la esperanza de ganarse a la administración Trump, Abbas debe persuadirla de que él es la única voz de los palestinos.

Eso significa que debe mantener la huelga de hambre en silencio con la esperanza de que se esfume antes de que los presos comiencen a morir y se desencadene la furia palestina en los territorios ocupados. Al parecer su enfoque crea graves tensiones dentro de Fatah.

Con el único deseo de aumentar esas dificultades, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu exigió la semana pasada que Abbas ponga fin a la ayuda financiera a las familias de los presos, que calificó de compensación por el terrorismo.

Abbas también se siente obligado a afirmarse a sí mismo en contra de sus rivales de Hamas en Gaza. Por eso la semana pasada dejó de financiar el combustible necesario para generar electricidad allí, cortó los servicios médicos y los salarios de los funcionarios públicos de Gaza.

Su esperanza es que si aprieta las tornas, Hamas caiga o se vea forzado a someterse a su gobierno.

Pero lo más probable es que la fisura con Hamas se profundice y obligue al movimiento islamista arrinconado a otro enfrentamiento sangriento para liberarse del bloqueo impuesto desde hace diez años por Israel. La mayoría de los palestinos entienden cada vez más que estas divisiones debilitan su causa en vez de fortalecerla. La resistencia no violenta masiva, como la huelga de hambre, por el contrario, tiene el potencial de reunir a Fatah y Hamas en la lucha y de volver a empoderar a una cansada población palestina.

Hay informes que sugieren que Barghouti ha llegado a un acuerdo con los líderes encarcelados de Hamas comprometiéndose a una lucha en los territorios ocupados una vez que Abbas se haya apartado.

Una lucha popular de la no violencia, como el bloqueo de las carreteras a los asentamientos o marchar a Jerusalén derribando muros, sería difícil de calificar de terrorismo, incluso para Trump. Ese es el escenario de pesadilla para el ejército de Israel, porque es la única confrontación para la que no tiene una respuesta adecuada.

Sin embargo, esta campaña de desobediencia civil no tiene ninguna posibilidad de éxito mientras Abas esté ahí para minarla e insista en seguir obediente ilusiones en Washington.

Una versión de este artículo apareció originalmente en The National, Abu Dabi.

Jonathan Cook ganó el Premio Especial Martha Gellhorn de Periodismo. Sus últimos libros son Israel and the Clash of Civilisations: Iraq, Iran and the Plan to Remake the Middle East” (Pluto Press) ) y “ Disappearing Palestine: Israel’s Experiments in Human Despair ” (Zed Books) . Su sitio web es www.jkcook.net.

Fuente: http://www.counterpunch.org/2017/05/01/abbas-fears-the-prisoners-hunger-strike/

Traducido del inglés para Rebelión por J. M.

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