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Por: Narciso Isa Conde

La orden vino de arriba. De los jefes políticos, eclesiales, militares, empresariales, “opus dei”… curtidos en la criminalidad de Estado contra los/as de abajo, practicantes de la doble moral a nombre de la defensa de la vida, hipócritas hasta frente a sus dioses. Convertida en consenso malvado de la lumpen burguesía y lumpen partidocracia que controlan el país. Acatada por los/as legisladores/as, menos seis.

En lo adelante, la adolecente o mujer violada estará condenada a sufrir de por vida el cruel producto de ese escarnio, o a soportar larga prisión junto al personal de salud que le asista en una justa interrupción de ese embarazo desgarrador. Igual las menores víctimas de relaciones incestuosas y abusos de familiares cercanos.

También aquellas recién embarazadas que comprueben que las incipientes criaturas que llevan en su vientre están afectadas irremediablemente por graves deformaciones. A ellas y a sus parientes solidarios les toca sufrir eternamente esa situación, solo porque han criminalizado la única manera de impedirlo sin agredir a otro ser humano, esto es, recurriendo a la interrupción de ese proceso embrionario dentro de normas científicas.

A la madre embarazada cuya vida peligra se le obliga a esperar intricados procedimientos para tratar de salvar el embrión perturbador, arriesgándola en mayor grado a la muerte; sin importar la defensa oportuna de su vida en edad reproductiva, ni su condición de madre con hijos/as, ni los sufrimientos de su pareja, madre, padre y familiares queridos.

Los derechos de la mujer sobre su cuerpo han sido aplastados por esta dictadura de clase y clanes, no solo negándole la opción a interrumpir cualquier embarazo no deseado (en el momento oportuno y sujetándose a los avances de la ciencia), sino también en casos excepcionales cargados de crueles y perdurables impactos.

A sus gestores y beneficiarios -integrantes de elites que regentean, en pleno disfrute de opulencia oligárquica, un sistema que derrama cifras record de mortalidad materno-infantil, de fallecimientos por enfermedades evitables, desnutrición infantil, abortos criminales, accidentes de tránsito, hacinamiento, contaminación, femenicidios, hambre, torturas, ejecuciones extrajudiciales y crueldad carcelaria- les importa más la permanencia de un embrión que daña la vida propia y ajena, que la vida misma de los ya nacidos/as.

La crueldad de ese discurso y esas prácticas respecto al derecho a la vida, ejercidas desde el poder establecido, han devenido en verdaderas atrocidades. Insisto: o desmontamos esta dictadura inhumana o la fábrica de muertes y sufrimientos seguirán creciendo impunemente.

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