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Se cumple un año más en que el pueblo panameño, encabezado por la juventud, hombres y mujeres, puso de manifiesto ante el mundo, de manera concluyente, la existencia de su patriotismo indomable y su rechazo flagrante a la colonia yanqui, impuesta en nuestro territorio en la forma de la Zona del Canal de Panamá. Ese hecho no solo fue una demostración de dignidad y rebeldía valiente y heroica de nuestro pueblo, sino un hecho histórico contra la mayor potencia imperialista del mundo, que marcó un antes y un después.

Es preciso destacar que el choque en Balboa entre los “zonians” negreros y los institutores fue el detonante del movimiento nacional liberador que la Unión de Estudiantes Universitarios (U.E.U), integrada y orientada por estudiantes universitarios miembros del Partido del Pueblo, tales como Víctor Ávila, Ascanio Villalaz, Adolfo Ahumada, Eligio Salas, Cleto Sousa, César Augusto (Tuto) Arosemena, Guillermo Mas, Edmundo López, Ornel Urriola, Rolando Armuelles, Leonardo Kam y los hermanos Moisés, César y Rolando Carrasquilla, venía realizando con un trabajo de organización y concienciación, para enfrentar los combates decisivos en la lucha contra el colonialismo norteamericano en la Zona del Canal de Panamá.

El antes entraña una larga historia a partir de la conquista española, en que se fue forjando ese raizal espíritu indomable del istmeño y que a lo largo de su historia de cientos de años, fructificó en la nación que somos hoy y que prodiga su voluntad de lograr un Estado Nacional totalmente soberano y libre, para todo el pueblo.

El después, es el rumbo inconfundible que trazó el levantamiento popular de frontera a frontera durante tres días y cuyo contenido auténtico es no descansar, como nos enseña nuestra larga experiencia histórica, hasta lograr el Panamá libre que la inmensa mayoría de los panameños exigen con su demanda de “cambio social y político”.

Precisamente, los monopolios yanquis y sus protegidos y sirvientes oligárquicos de Panamá, intuyeron, desde temprano, la ruta transformadora que abría el levantamiento del 9 de enero, a la que había que cortar a toda costa. Interrumpió este malévolo propósito reaccionario, el cambio político liderado por el General Omar Torrijos H., que cómo respuesta al fallido golpe de estado que le dieron en diciembre del 69, entendió que la única forma de sobrevivencia era enfocarse en la senda que abrió el pueblo panameño el 9 de enero.

Con el apoyo de la inmensa mayoría popular y con la política estatal anti-colonialista y anti-oligárquica, convocando a las amplias masas de la nación se logró, en el año ‘77 la disolución de la colonia zoneíta y la entrega del Canal al Estado panameño. Esto se pactó, hay que reconocerlo, concediéndole al Estado norteamericano su presencia neocolonial en nuestro país, bajo la jurisdicción del Tratado de Neutralidad Permanente, de la misma manera que lograron también la rehabilitación política de la oligarquía, para que tuviera acceso al poder.

Sin embargo, para los monopolistas yanquis esas concesiones no eran garantías para aplastar la voluntad nacional liberadora de las masas patrióticas panameñas y su oposición al retorno político oligárquico, servil, por lo que tenían que clausurar todo vestigio del derrotero abierto el 9 de enero del 64. Fue este el interés y propósito verdadero, de fondo, de la criminal y salvaje invasión yanqui el 20 de diciembre de 1989. El fruto inmediato fue la ocupación militar, la restauración total del poder oligárquico y amarrar nuestra economía nacional al neoliberalismo. Esto se hizo en el marco internacional del unipolarismo que EE.UU logró con la crisis del mundo soviético, que finalmente se derrumbó.

Los hechos prueban nítidamente, que los resultados de la invasión no fueron para mejor en nuestro país. Primero, la forma bipartidista colapsó en las elecciones de 2009, bajo la expectativa de un cambio prometido por la mafia política, hecha partido en el Cambio Democrático. Y después, en 5 años de martinelato hemos llegado al clímax degradante al que nos sometió la invasión. Es el descalabro social lógico que la autocracia martinelista y el saqueo burocrático, descarado y pecaminoso, han encarnado como tentáculo de la agresión armada yanqui.

Hoy, nuestro pueblo está obligado a buscar soluciones urgentes en el orden económico, político, social y ambiental. Todas estas urgencias pasan por la necesidad de la ruptura de los efectos de la invasión. Esto significa retomar el camino por el que, en enero del ‘64, nuestros mártires derramaron su sangre. En el presente esto significa luchar por un nuevo orden político que corresponda a los deseos de nuestro pueblo y juzgar y encarcelar a todos los que usaron el poder para robar y abusar de él.

El mejor homenaje y lealtad al levantamiento patriótico contra los colonialistas yanquis y contra la opresión nacional es volver al rumbo que trazó el pueblo en el ‘64.

El mundo entero está en conmoción social y en particular, América Latina y el Caribe sacuden el yugo de la opresión nacional. A nivel global, el unipolarismo que hizo de la potencia norteamericana el mayor poder imperialista del mundo se derrumba conduciéndonos al multipolarismo. Es un entorno que favorece al pueblo panameño, volver a la senda liberadora abierta en el ‘64.

En consecuencia es necesario convocar a toda las fuerzas que, repudiando el desastre nacional en que estamos, nos unamos para pedir cuentas a los delincuentes burocráticos y nos proyectemos en la edificación de la sociedad que aspiramos, mediante la construcción del consenso democrático nacional.

Las banderas del 9 de enero del 64 marcan el rumbo

Presidium del Partido del Pueblo

Panamá, 2 de enero de 2015.

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