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Por: Miguel Ángel Sandoval

El contexto…

Desde muchas perspectivas se señala que a partir del 25 de abril de 2015, Guatemala cambio, que dejo de ser el país adormilado que no se inmutaba con nada. Y que finalmente se podía ahora, hablar de democracia y de ciudadanía participativa, informada, beligerante. Y la verdad es que las movilizaciones que en ocasiones llegaron a ser masivas y muy enérgicas, se caracterizaron por ser pacíficas, ordenadas, y en dato sumamente novedoso, en la primera de estas demostraciones, al finalizar hubo recolección de basura por los organizadores, para dejar el espacio limpio, a diferencia de los actos políticos tradicionales.

Algunos sectores se contentaban con explicar todo lo que se consideraba apatía, por el peso del terror, otros por la falta de propuestas de las izquierdas, unos más, por el cansancio de la guerra, y algunos con tendencias racistas, porque los pueblos indígenas eran, resistentes al cambio. Finalmente se argumentaba que en Guatemala, un escándalo sucedía a otro y así al infinito, con una cuota de olvido en cada caso. Era la idea que lo mediático duraba uno o dos días y todo arreglado. Y un tema que difícilmente se puede entender desde el análisis académico: por lo inesperado y no tener referentes similares en Guatemala y no encontrar nada al respecto en los autores de moda, pues se dio vuelo a la imaginación y  las variables posibles de la conspiración vieron la luz.

Asimismo, quedaba la idea que el país era  el traspatio de los EEUU y que mientras estos no dijeran vamos, nada se iba a mover. Finalmente, adeptos de la teoría de la conspiración afirmaron que las movilizaciones ocurridas en Guatemala a partir del 25 de abril de este año, no eran más que la manipulación del sector económico poderoso y sobre todo, una criatura de la embajada de los EEUU. En síntesis, las movilizaciones no tenían razones de peso interno. Antes bien, el país se movía al ritmo de los deseos del vecino del norte y la oligarquía.
 
En estas notas mi interés es dejar en claro que el factor central fue siempre la dinámica interna de la sociedad, en donde el hartazgo por la corrupción y la impunidad tuvo un rol central. Por fortuna para el movimiento social, la presencia de la Cicig y otros factores de poder como embajadas de países acreditados en Guatemala, apoyaron sin reservas las movilizaciones por razones que pueden ser muy claras. Mientras que los sectores de la oligarquía apoyaron de forma tangencial por conveniencias naturales, pero ni uno ni otro factor fue decisivo en las movilizaciones.
 
Las diversas expresiones sociales son quienes están al centro de estas jornadas en contra de la corrupción y la impunidad, y por supuesto, hay un actor que por partida doble merece ser analizado: las redes sociales y sus impulsores, una juventud que ya no es más hija de la guerra, sino que es producto de la globalización de la comunicaciones del siglo xxi, de la lucha por la democracia real y la participación ciudadana con nuevos parámetros.
 
Es lo que explica, como uno de los tantos ingredientes de las movilizaciones, que exista una crítica fuerte a la vieja clase política, de donde no se escapa la izquierda partidaria que participó en las elecciones recientes. No  se puede explicar de otra manera (salvo los argumentos de la falta de recursos) el escaso resultado obtenido en campañas que en ningún momento despertaron el entusiasmo de la ciudadanía, especialmente de la juventud de la nueva época.

 

La dinámica social del movimiento:
 
Uno de los rasgos que dejo sin referencias a los observadores del movimiento que emergió el 25 de abril, fue su carácter espontaneo, al  menos en primera lectura. En verdad fue el resultado de la acumulación de factores que ubicaban la corrupción y la impunidad como los factores que se oponían al desarrollo democrático y sobre todo, a que se cumplieran las tareas de desarrollo social que el país esperaba desde hacía muchos años.
 
Pero en estos días de balances en todos los sectores, aparece con nitidez un dato central: la primera convocatoria fue meditada, extendida, y sobre todo, científicamente pensada. Como se puede ver,  ajeno al expontaneismo que a veces se considera consustancial al movimiento social que nos tiene conversando hoy día.
 
Y el otro rasgo que dio lugar a muchas interpretaciones, fue la ausencia de dirigencias visibles, la inexistencia de espacios para las tarimas, los discursos y la pasarela para dirigentes, líderes, y oradores de ocasión. Se trató de una decisión meditada: nada de espacios para seudodirigentes, o para dar relevancia a alguna expresión social o política en particular. Por ello la incomprensión de la dinámica que desde el inicio caracterizó a este movimiento del siglo XXI.
 
Un movimiento sin cabeza se afirmó hasta el cansancio y en esa dirección aparecieron los argumentos acerca de la dificultad de llegar a algún lugar por la falta de dirigentes. De alguna manera los textos de sociología o ciencias políticas ocuparon el lugar de los hechos duros del movimiento social de nuevo tipo que se desenvuelve hoy día en el país.
 
Otro de los temas que llaman la atención, fue el uso de las redes sociales como articuladoras de un pensamiento colectivo, socialmente difuso pero coincidente en las demandas básicas. Así, los cientos de cartulinas o pequeños carteles, ocuparon el lugar de las mantas que desde siempre han encabezado las marchas y otras demostraciones. Un dato que aparece en los últimos días, es que no se convocó inicialmente a una marcha pues no se quería que nadie encabezara el esfuerzo socialmente colectivo.
 
Y otro de los rasgos de esa ola de juventud globalizada y en posesión de las herramientas de la comunicación social del siglo XXI, es que el 25ª tuvo eco inmediato en el mundo, donde guatemaltecos se reunieron el Londres o Buenos Aires, Nueva York o Taiwán, para suscribir las consignas centrales de ese movimiento nacional, pues tuvo lugar en la ciudad y otras capitales provinciales. 

 

El movimiento y sus resultados:
 
Si se hace un balance medianamente objetivo, se llega a una conclusión: el movimiento de los indignados, de los sábados en la plaza central, o del hartazgo por la corrupción, consiguió, por razones coyunturales si se quiere, con el apoyo de la embajada de los EEUU si se considera, el defenestramiento de un presidente y la vicepresidenta por acusaciones graves de corrupción.
 
No fue un proceso fácil. Durante unos 5 meses la sociedad guatemalteca no ha cesado sus movilizaciones. Lo más evidente son las protestas sabatinas en la plaza central, pero a estas se agregan las realizadas en las diferentes cabeceras departamentales, y muchas más actividades organizativas que se han desarrollado en las universidades, organizaciones campesinas, sindicales, otros sectores, intelectuales y artistas, en fin, todo el espectro nacional.
 
Pero los resultados van mucho más allá de la defenestración del binomio presidencial. Hay alrededor de 13 diputados con antejuicio por serias acusaciones de corrupción, de la misma manera, hay trabajadores del congreso en prisión por tráfico de plazas, y en los últimos días, un magistrado y varios jueces y abogados, son acusados penalmente y se encuentran detenidos.
 
En pocas palabras, se trata de funcionarios de los tres poderes del estado que están en prisión o en camino a ella. Todo por corrupción, impunidad y mal gobierno. Sin duda se trata de un hecho histórico en Guatemala, de un cambio de mentalidad que se puede ver incluso por la superficie, es algo que forma parte de reuniones sociales, artículos periodísticos, foros, procesos organizativos y un largo etcétera. Es lo que, a falta de otro concepto, he denominado como una revolución moral.
 
Con este contexto, tenemos hoy día, un nuevo gobierno en el país, un presidente electo por el congreso y un vicepresidente igualmente electo por el congreso, seriamente cuestionado y sin legitimidad. En otras palabras, ninguno de los dos tiene la legitimidad que esa investidura reclama para quienes dirijan los destinos del país. Por ello la idea de un gobierno de salvación nacional que han promocionado a nivel internacional, por lo menos carece de sustento político.
 
Todo lo anterior sería insuficiente para intentar explicar el tsunami político ocurrido en las mentalidades de la sociedad guatemalteca. Es por ello que a finales de junio publique un texto breve sobre lo que denomine la revolución moral del siglo xxi. En la presentación de ese texto decía que se trataba de un esfuerzo que podría ser visto como reportaje, ensayo político o un collage.
 
Sin embargo, las líneas principales del análisis hecho en esos días, anticipando las tendencias que se iban a realizar poco después, se mantienen y forman parte del análisis que hoy día se debe realizar en un país como Guatemala. En ese recuento, el tema electoral aparecía como un momento crucial pero que no era portador de cambios en la sociedad ni mucho menos, era acaso, parte de un ritual vinculado a la democracia y nada más, pero en ningún caso portador de alivio a la crisis nacional.

 

El proceso electoral:
 
Desde muchas perspectivas el proceso electoral reciente se considera poco legítimo, desangelado y sobre todo, que no resuelve los problemas de fondo que dieron origen a las movilizaciones sociales que iniciaron en abril, por lo que para algunos analistas y observadores imparciales, lo ocurrido es una especie de tregua durante las votaciones y finalmente se aprestan a impulsar nuevas jornadas para exigir las reformas pendientes. Al menos eso es lo que se desprende de las declaraciones ultimas del Rector de la universidad nacional, junto a las expresiones de diversos sectores sociales y las opiniones de analistas que coinciden que el próximo gobierno no tendrá, ni de lejos, eso que ha sido denominado como un periodo de gracia.
 
Queda la impresión que todo mundo se encuentra en sus posiciones listas a impulsar movilizaciones pues como se ha dicho hasta el cansancio, las elecciones en curso (falta la segunda vuelta) no tienen la legitimidad necesaria y los problemas de fondo siguen intactos.
 
Y la falta de legitimidad pasa por el rechazo a los viejos partidos políticos, a las practicas del clientelismo electoral, la presencia del transfuguismo como practica inveterada de los partidos, especialmente en el ámbito del congreso;  pero igualmente este rechazo pasa por constatar que las campañas políticas y los partidos se convierten durante la época de campaña en empresas en donde todo vale, por la presencia de capitales privados o de plano del narcotráfico, como fue expuesto por la Cicig en un informe contundente sobre los partidos políticos guatemaltecos.
 
Si bien es cierto que las elecciones tienen la mayor parte de componentes para ser legales, no es menos cierto que hubo en su desarrollo múltiples anomalías que no permiten tanto nivel de optimismo. Pero lo más grave, es que hay en Guatemala de manera extendida la idea que no hay cambios y que estos tienen que impulsarse, aquí y ahora. En este sentido, las elecciones, salvo un proceso de reformas y cambios importantes, no son en la actualidad la fórmula para la gobernabilidad. Es algo preocupante.

 

Algunas perspectivas
 
“Con la renuncia de Otto Pérez solo se han cambiado los rostros del poder, pero el sistema político e institucional no se ha reformado, tal como también se exigió en las manifestaciones. Queremos una reforma a la LEPP a partir de la participación plena de la población, partidos democráticos y un Tribunal Supremo Electoral, que verdaderamente dirija el proceso y haga valer la norma”, indicó el académico  Carlos Alvarado, Rector de la USAC. La Hora 25.9.2015
 
En mi texto Por la Revolución Moral del siglo xxi, el tema planteado era  que para la gente, no era suficiente, utilizando una figura, el cambio de fusibles sino el cambio de sistema. Parecía que todo había concluido con las elecciones pero las declaraciones del rector de la USAC ponen de manifiesto que las movilizaciones si tenían profundidad social y respaldo ciudadano.
 
Es lo que en los últimos días se puede constatar, y en lo personal, en las conversaciones sostenidas en la última semana con dirigentes de pueblos indígenas y de la universidad es apenas una pequeña tregua la que se observó luego de las elecciones. El nudo de la problemática es claro: las elecciones no cambiaron en nada el panorama nacional, el sistema sigue intacto, el gobierno provisional, de salvación nacional, de transición o como se le denomine, tiene solo una tarea que cosiste en concluir el mandato de cuatro años para el cual había sido electo el presidente defenestrado. Nada más que eso.
 
Es entonces que asistiremos a las dificultades mayores producto de la acumulación de temas sin solución en las últimas dos décadas para poner un horizonte temporal que tiene que ver con la firma de los Acuerdos de Paz y su agenda, que ha sido de forma temprana dejada de lado, y ello da como resultado que la conflictividad social, política o económica, siga en proceso de deterioro.
 
Sin embargo, en la actualidad temas de los AP tienen una nueva oportunidad pues las demandas ciudadanas los ubican como centrales en la agenda de cambios que el país demanda y sobre todo, necesita para poder tener un mínimo de gobernabilidad. Es el caso de las 5 reformas identificadas durante las manifestaciones que arrancan el 25 A  y que han dado lugar a varias mesas de trabajo multisectoriales en el congreso de la república.
 
En estas mesas y como la principal demanda ciudadana, es la reforma a la Lepp, considerada por muchos como la principal fuente y causa de la corrupción. En la actualidad dicha ley sigue el ritual parlamentario para su aprobación en esta legislatura…. A pesar de las críticas que vienen desde los grupos organizados de la sociedad civil.
 
En un registro distinto a lo que plantea la USAC por medio de su Rector, y en otra perspectiva de análisis a lo que se plantea en mi texto sobre la revolución moral, el nuevo gobierno considera que el país es un ejemplo mundial y busca dar por concluido el proceso social sobre la base de afirmar que todo cambio con ellos. Nada más apartado de la realidad. Las causas siguen en pie, y solo se puede pensar en la solución de la crisis con la implementación de las reformas, lo cual incluye un cambio profundo en la manera de hacer política en el país y sobre todo, en sus sectores dirigenciales.
 
“El vicepresidente Alfonso Fuentes Soria, participó en su primer compromiso internacional en el 70 período de sesiones de la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas (ONU), en donde manifestó que Guatemala desde abril último se ha convertido en un ejemplo para el mundo al rechazar la corrupción en el Estado.”
 
En las redes sociales, las declaraciones del vicepresidente electo apenas hace unos días, han dado paso a una serie de críticas por considerar que lo dicho en la ONU no corresponde a la realidad nacional, menos a la dinámica social desatada desde abril. Asimismo, la idea que la amplia participación electoral pone una especie de hasta aquí a las críticas fundadas al sistema electoral o a la necesidad de reformas y de un cambio en la forma de hacer política, es en todo caso algo pendiente de establecer.
 
Como es fácil de comprender, se trata de una operación de imagen antes que una expresión de lo que realmente ocurre en Guatemala. Quizás para sectores desinformados se puede presentar el caso como un ejemplo mundial o un referente, a la imagen de la primavera árabe o el movimiento de los indignados, pero en verdad, hoy día, se trata de un proceso abierto en donde no existe nada concluido.
 
Para que no queden muchas dudas, se trató de un proceso electoral atípico, en donde las dudas sobre su realización acompañaron las últimas semanas de su desarrollo. Y la sorpresa mayor fue un voto por una especie de anti política, como una crítica al sistema de partidos tradicional y como una forma de decir: queremos cambio de ruta. No podemos seguir como hasta hoy día. Esa es acaso la mayor demanda social de este momento.
 
Es cierto que has aspectos que se deben contabilizar como hechos de relevancia, incluso internacional, pues no se puede olvidar que hace apenas 20 años Guatemala salió de un conflicto armado de más de 30 años, en donde la represión fue la norma y la violencia un estado permanente. Es por eso que la forma en que las demostraciones se han desarrollado llama a una calurosa felicitación al pueblo guatemalteco, y porque no decirlo, a sus autoridades que no han tenido la tentación del ejercicio represivo. 

 

 

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