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Hermanos y Hermanas:

Recordamos con honor, al Arzobispo salvadoreño, Óscar Arnulfo Romero y Galdames (Ciudad Barrios, 1917 – San Salvador, 1980), digno ejemplo de la valentía que debe prevalecer en defensa de los más vulnerables, en contra de la injusticia y las desigualdades, y a favor de un mundo para la paz.

Óscar Arnulfo, era hijo de Santos Romero y Guadalupe Galdámez. Estudió primero con claretianos, y luego ingresó muy joven en el Seminario. De allí pasó en 1937 al Colegio Pío Latino Americano de Roma, donde se formó con jesuitas. En Roma, aunque no llegó a licenciarse en Teología, se ordenó sacerdote (1942). Inició su carrera eclesiástica como párroco de gran actividad pastoral. El año siguiente, una vez vuelto a El Salvador, fue nombrado párroco. Trabajador y tradicionalista, solía dedicarse a atender a pobres y niños huérfanos. En 1967 fue nombrado Secretario de la Conferencia Episcopal de El Salvador (CEDES). Tres años después el papa Pablo VI lo ordenó obispo auxiliar de El Salvador.

Crítico por entonces de las nuevas vías abiertas por el Concilio Vaticano II (1962-1965), fue movido por aquella postura, cambió la línea del semanario Orientación. También atacó, sin demasiado efecto, al Externado de San José y a la Universidad Centroamericana (UCA), instituciones educativas dirigidas por jesuitas y, finalmente, a los propios jesuitas, contribuyendo a apartarlos en 1972 de la formación de seminaristas.

A pesar de esto, gozaba del apoyo del Nuncio Apostólico de Roma, y fue nombrado obispo de Santiago de María en 1974. De gran dedicación pastoral, promovió asociaciones y movimientos espirituales, predicaba todos los domingos en la catedral, y visitaba a los campesinos más pobres. En 1975, el asesinato de varios campesinos (que regresaban de un acto religioso) por la Guardia Nacional le hizo atender por primera vez a la grave situación política del país.

Así, cuando el 8 de febrero de 1977 fue designado arzobispo de El Salvador, las sucesivas expulsiones y muertes de sacerdotes y laicos lo convencieron de la crueldad del gobierno militar del coronel Arturo Armando Molina. Monseñor Romero pidió al Presidente una investigación, excomulgó a los culpables, celebró una misa única el 20 de marzo (asistieron cien mil personas) y decidió no acudir a ninguna reunión con el Gobierno hasta que no se aclarase el asesinato. Asimismo, promovió la creación de un “Comité Permanente para velar por la situación de los derechos humanos”.

El Nuncio le llamó al orden, pero él marchó en abril a Roma para informar al Papa, que se mostró favorable. En El Salvador, Monseñor Romero condenó repetidamente los violentos atropellos a la Iglesia y a la sociedad salvadoreña por parte del gobierno: acusaciones a los jesuitas, nuevas expulsiones y asesinatos, atentados y amenazas de cierre a medios de comunicación eclesiásticos).

En junio de 1978 volvió a Roma y fue reconvenido por algunos cardenales y apoyado por Pablo VI. Continuó, pues, con idéntica actitud de denuncia. La Universidad de Georgetown (EE.UU.) y la Universidad Católica de Lovaina (Bélgica) le concedieron el doctorado honoris causa (1978 y 1980 respectivamente), algunos miembros del Parlamento británico le propusieron para el Premio Nobel de la Paz de 1979, y recibió en 1980 el “Premio Paz”, de manos de la luterana Acción Ecuménica de Suecia. En enero de 1980 hizo otra visita más a Roma (la última había sido en mayo de 1979), ahora recibido por Juan Pablo II, que le escuchó largamente y le animó a continuar con su labor pacificadora.

El 15 de octubre de 1979 se efectúa un golpe de estado sin derramamiento de sangre, el cual Monseñor Romero dio públicamente su apoyo al mismo, dado que prometía acabar con la injusticia anterior. Aunque, posteriormente, insatisfecho por la actuación de la nueva Junta de Gobierno, intensificó los llamamientos a todas las fuerzas políticas, económicas y sociales del país, la Junta y el ejército, los propietarios, las organizaciones populares, sus sacerdotes e incluso a los grupos terroristas; para colaborar en la reconstrucción de El Salvador y organizar un sistema verdaderamente democrático. El 17 de febrero de 1980 escribió una larga carta al presidente estadounidense Jimmy Carter, pidiéndole que cancelase toda ayuda militar, pues fortalecía un poder opresor.

El 23 de marzo, Domingo de Ramos, pronunció en la catedral una valiente homilía dirigida al Ejército y la Policía. El día lunes 24 de marzo de 1980 fue asesinado cuando oficiaba una misa por un disparo hecho por un francotirador que impactó en su corazón. Al ser asesinado, tenía 62 años de edad. El asesinato de Monseñor Óscar Romero había sido ejecutado por un escuadrón de la muerte formado por civiles y militares de ultraderecha y dirigidos por el mayor Roberto d’Aubuisson, (fundador del Partido ARENA) y el capitán Álvaro Saravia, junto con importantes miembros empresariales del país, señalando a Mario Ernesto Molina Contreras, hijo del ex-presidente Arturo Armando Molina. Treinta y un años después del asesinato, se conoció el nombre del asesino de Romero: fue Marino Samayoa Acosta, un subsargento de la sección II de la extinta Guardia Nacional, y miembro del equipo de seguridad del ex presidente de la República, coronel Arturo Armando Molina. Marino Samayor Acosta habría recibido 114 dólares por realizar esa acción.

El martes 03 de febrero del corriente año, el papa Francisco aprobó el decreto para la beatificación del arzobispo de San Salvador Óscar Arnulfo Romero, según informó la oficina de prensa del Vaticano. Con dicho decreto no será necesario demostrar que realizó algún milagro para beatificar al prelado, conocido como defensor de los pobres. Romero será beatificado el próximo 23 de mayo en una ceremonia en San Salvador.

Desde Venezuela, con el esfuerzo por construir, en Revolución, una sociedad más justa e igualitaria, los miembros de la Coordinadora Simón Bolívar, reafirman el ejemplo que nos legara Óscar Arnulfo Romero, el mártir de los pobres, tomando su bandera de amor y valentía a favor de los desposeídos del mundo, y junto a un profundo y sincero compromiso con la verdad y la justicia social, decimos: ¡Venceremos!

“Ni guerra entre pueblos, ni paz entre clases”

Con Bolívar y Chávez, decimos ¡a la carga!

Desde Venezuela, Tierra de Libertadores, a 522 años del inicio de la Resistencia antiimperialista en América, y a 204 años del inicio de Nuestra Independencia,

Suscriben:

El Diputado a la Asamblea Nacional Juan Bautista Contreras, hermanado con la Coordinadora Simón Bolívar, una Organización de Base, Revolucionaria, Solidaria, Internacionalista, Indigenista, Popular y Socialista.

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