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En los últimos días de la contienda electoral (2013-2014) las palabras más escuchadas en corrillos electoreros son: comunista, fraude, comunismo, chavismo, anticomunismo, miedo; entre otras.
Es políticamente saludable y necesario referirse a la cuestión del anticomunismo como suerte de argumento, recurso espurio, manipulación indecente de la ignorancia, o como declaración racional de una posición desde aserciones inmorales.   
Las campañas lectorales se caracterizan por el uso cínico de todo tipo de artimañas y engañifas para timar a las masas.
 
Históricamente en este país los partidos de la burguesía costarricense echaron mano al cuchillo del anticomunismo, para quitarle votos a alguno de sus contrincantes.  
 
Se comprende que el subrepticio y rastrero  golpe, se aplica desde las falsas suposiciones  sobre el comunismo, que se han implantado   en el inconsciente colectivo. Todas las mentiras sobre los comunistas, los infundios en torno a los proyectos y procesos políticos del comunismo como movimiento,  y las adulteraciones de las ideas comunistas; sembradas en el imaginario de las masas.
 
Esos disparates  repugnantes sobre el pensamiento crítico revolucionario de las fuerzas comunistas, las infamias tejidas alrededor de la acción y prácticas de los partidos comunistas,  sus militantes y la sociedad comunista  la han incrustado en las masas aprovechándose de su ignorancia, alimentada por el Estado imperante, los partidos de la oligarquía y todas las  instituciones de la clase social dominante. Los capitalistas.
 
El anticomunismo se sustenta en el caudal de mentiras; millones de veces repetidas por todos los medios de comunicación, difusión, educación formal y mecanismo de expresión de la sociedad monopolizados y controlados por  las oligarquías y trastocadas en “verdades”, en la frágil imaginación de las masas.
  
La propaganda anticomunista introdujo imágenes de terror, distorsiones y propagó las peores aberraciones  para macerar el espectro del anticomunismo y transgredir la realidad. Generalmente a partir de las imágenes extraídas de la propia práctica política del poder autoritario, humillante, vejatorio, explotador, ruin, perverso, segregacionista, sórdido e históricamente corrompido de la burguesía.
   
Pues bien. El candidato a la presidencia de la república del Frente Amplio, ha manifestado su inclinación y plena fidelidad a los preceptos del orden político y económico reinante en este país.
El candidato José María Villalta ha dejado claro que no es comunista, ni Chavista, ni Fidelista, ni marxista, ni seguidor  de la Revolución Cubana, ni afecto  los procesos revolucionarios  bolivarianos, indigenistas o ciudadanos en Latinoamérica y el Caribe.  
 
No obstante, el Frente Amplio como agrupación política o partido electoral, lo designó como candidato a la presidencia y el señor Villalta aceptó sabiendo que tenían contradicciones ideológicas. Particularmente con aquellos compañeros y compañeras que siguen manteniendo en su corazón, los ideales  del comunismo y se guían con los principios del marxismo, el leninismo y el Che- guevarismo. Y se inspiran en el paradigma de la revolución y el socialismo.
 
Ante los ataques desde la matriz anticomunista urdidos por los candidatos  antagonistas, con artera ponzoña  reaccionaria; los politólogos, expertos, asesores o partidarios  del Frente Amplio harán lo que tengan que hacer, eso no nos incumbe.   
 
Lo que los y las  comunistas y militantes de la revolución antiimperialista y socialista, que nos guiamos con los principios de la praxis y del histórico y complejo acervo del pensamiento  revolucionario, no admitimos y deploramos; son  las declaraciones anticomunistas,  antichavistas y las afirmaciones temerarias y antojadizas sobre la Revolución Cubana y Fidel Castro Ruz, la Revolución Bolivariana de Venezuela y la memoria de Hugo Rafael Chávez Frías proferidas reiteradamente por el candidato Villalta, en sus ajetreos  de campaña  frente a las acometidas de sus rivales.
 
 En esencia el señor Villalta reproduce los estigmas y las tropelías  anticomunistas que tantas y con tanta inquina los fascistas, racistas, mafiosos y déspotas de toda especie han propalado como arma para denigrar y  hostigar; no solamente a la militancia y las organizaciones comunistas, también a las fuerzas sociales de resistencia, al movimiento popular, al sindicalismo clasista, a los movimientos anticolonialistas y antiimperialistas, a las organizaciones de solidaridad, a todos los enjambres sociales que levantan la voz por la soberanía, la dignidad y la emancipación de los pueblos.        
 
En varias entrevistas con medios de prensa nacionales y extranjeros ha dicho: “La etiqueta de comunistas la rechazamos”  “porque esa etiqueta se asocia con un montón de cosas que no somos; dictadura”, “ateísmo”, “ataques a la democracia”  “enemigos de la libertad religiosa y esa idea se asocia de ser enemigo de la libertad de expresión”.  (Prensa Libre 28 de Enero 2014)
 A la VOA se ha pronunciado haciendo alusiones despectivas a la Revolución Bolivariana y al Comandante Hugo Rafael Chávez Frías endilgándoles acepciones  “caudillismo”, “populismo”, “megalomanía  mesiánica”.
 
En otros medios ha expresado que: “El comunismo es militarista”, “El comunismo es una sociedad de las cavernas” “En las organizaciones comunistas opera el autoritarismo”
Las anteriores expresiones a frases han pululado al o larga de la historia contra los movimientos revolucionarios, no solamente  contra los comunistas,  peroradas por los enemigos de los pueblos y de su libertad, desde mediados del siglo XIX.  
 
Al igual que los patrones, industriales y terratenientes, poseedores y banqueros al intentar desautorizar o reprimir los movimientos obreros y las luchas de la clase trabajadora por los derechos más fundamentales. Los colonialistas e imperialistas, corporaciones, cámaras empresariales, políticos, senados, gobiernos oligárquicos y monigotes de los millonarios aplicaron toda esa sarta de epítetos anticomunistas para alcanzar sus objetivos siniestros y saciar su codicia.       
 
Grave es despeñarse en el mismo carro  del anticomunismo de los guerreristas del Pentágono, de la CIA, de Hitler, de Franco, de  Somoza,  de Pinochet, de Frank Marshall, del Movimiento Costa Rica Libre, del fascismo internacional y de la  reacción vende patria de Costa Rica.  
 
Evidentemente Villalta se está quemando con el anticomunismo y esa es una cuestión que, con el respeto a los camaradas que se mantienen en las trincheras comunistas y le acompañan en  el Frente Amplio, debe llamarles a la preocupación.  
 
Los anuncios de fraude el próximo 02 de febrero suena a un estribillo muy manido. Debe entenderse que el sistema electoral burgués es un aparato para garantizar la tiranía de las clases dominantes.
 
Al incursionar en un proceso electivo es aceptar las reglas de juego imperantes, que de entrada están basadas en la desigualdad, en la imposición, en la iniquidad, en la inmoralidad. Es entrar por la puerta del fraude, es una trampa para las clases humildes. Siempre fue así.
 
La falsa democracia representativa, es falsa porque es un sistema para designar las representaciones de los potentados en el poder, que crearon la legislación y el Código Electoral y sus reglamentos.
 
Es un asunto del poder y la clase trabajadora y el pueblo en general no tiene el poder. Por muchas décadas ha habido fraudes o formas de hacer el fraude, pero, lo que se debe tener claro es que el fraude está funcionando sistemáticamente desde el origen y la naturaleza del sistema.  
 
Las campañas electorales recientes y el llamado referéndum del “tlc” (Frauderendum) son la expresión más vívida del fraude. Sin embrago, no por el chorreo, la alteración de listas, o el manchado de papeletas, o la eliminación de cajas con material electoral etc., sino, por  la confabulación de los sectores de la oligarquía engañando a las masas, utilizando un “terrorismo institucionalizado” por los capitalistas en fábricas y haciendas y, maniobrando con el sistema.
 
El problema es creer en  una democracia que es impuesta por los de arriba y bajo condiciones unilaterales, bajo cánones anacrónicos importados desde los “centros democráticos” del neocolonialismo.  
 
La decadente “democracia representativa” y su apócrifa estructura electiva es legitimación de la tiranía de la oligarquía costarricense, corrupta y servil a los intereses del capital transnacional.   
El fraude es la farsa misma del sistema y un modelo político despótico en el que más plata tiene más votos compra. No es modelo de democracia es una plutocracia para adquirir la adhesión de cándidos, arribistas o clientelistas (corruptos), aprovechadores o clientelistas.  
 
La “democracia” de los ricos no está creada para que el pueblo decida. No es un sistema para que el pueblo pueda elegir y cualquier ciudadano de a pie pueda ser electo.   Todo está dicho y definido, decidido en las esferas de los potentados.
 
La clase trabajadora y el campesinado sin tierra, el proletariado en general de este país jamás tuvo oportunidad para opinar y expresar sus derechos en la institución electoral dominante.  No existe libertad de expresión para los humildes  y el pueblo en general, no existe igualdad de opciones para los de abajo, no existe posibilidad de una democracia  si no hay derechos universales, igualdad en toda su dimensión; por tanto no existe democracia.
 
¿Entonces de que fraude estamos hablando? El fraude es el sistema mismo.  
 
Oscar Barrantes Rodríguez
Círculo Bolivariano Yamileth López (CBYLO)
Centro Popular Costarricense de Estudios Sociales (CPCES)
 
San Ramón-Costa Rica

 

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