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En su primer discurso y en tan sólo siete minutos, desde uno de los balcones del palacio de La Moneda, la presidenta Michelle Bachelet esbozó los ejes  transversales de lo que será su segundo período al mando del Gobierno: Constitución nacida en democracia; Reforma educacional; Reforma tributaria; Trabajo decente,  manifestando que el canal que utilizará será el diálogo, lo que no dijo fue: como serán ejecutados, puesto que, de lo que no hay dudas, es que estos deben ser realizados como fueron propuestos y concebidos por los miles de chilenos que se han movilizado en la calle desde hace ya varios años por igualdad e inclusión, porque sobre esta base será medido el accionar de este nuevo periplo presidencial.

En este sentido, es importante destacar que todo el proceso eleccionario que condujo a Bachelet a la Moneda, segunda vuelta incluida, consiguió a un país inmerso en movilizaciones sociales que hasta hace poco tiempo no tenían visibilidad en la agenda política nacional, porque el movimiento social siempre ha sido criminalizado o porque el establecimiento dominante así lo impuso o porque los medios cómplices del silencio institucional y hábiles como el que más en la defensa corporativa del poder los borro de las faz política y mediática o porque simplemente en Chile, la política y sus decisiones fueron siempre tomadas desde la dictadura hasta hoy, por un grupo selecto y reducido de personas. ¡Y el pueblo! bueno el pueblo vota cada cierto tiempo, al respecto podemos decir que, cada vez vota menos, pues la abstención en estos últimos comicios presidenciales estuvo en un  59%, la más alta desde el retorno a la democracia, en otras palabras bajo estas circunstancias con un pueblo en la calle trazando la pauta social y política, que la Concertación rauda y audaz recoge en su programa de Gobierno algunas de las demandas más representativas impuestas por el movimiento social chileno.

En los estertores de la simbiosis política que gobernó al país (Concertación – Alianza por Chile), desde el arribo a la democracia en 1990 con un movimiento social instalado en el centro de la cuestión política, fresco, inoportuno y audaz, en  un país en el que fuimos educados desde y por la dictadura para que los cambios se acometieran “en la medida de lo posible” como lo decretara para toda la historia “concertacionista” el expresidente democristiano Patricio Aylwin (1990-1994), por y para el cuidado de los equilibrios, el pudor, la moral y buenas costumbres, la salud de la democracia y la nunca bien ponderada tradición republicana que la expectación se ha tomado la escena política. El pueblo de Chile ha comenzado a jugar el juego verdadero, después de estos cuatro próximos años y no antes, el País será otro.

Porque este segundo Gobierno de Bachelet nace enfrentado a sus propios fantasmas que lo corroen, debido a que no hay ni hubo, interés político para corregirla  fractura histórica que la Concertación materializó en su himeneo neoliberal con la Dictadura, con la cual y en palabras de unos de los ideólogos de la transición, el demócrata cristiano Edgardo Boeninger, quien en su libro (Democracia en Chile. Lecciones para la Gobernabilidad) expresó:  “el liderazgo de la Concertación experimentó a fines de los 80 una convergencia con el pensamiento económico de la derecha; convergencia que políticamente el conglomerado opositor  (la concertación)  no estaba en condiciones de reconocer”. Al respecto es loable indicar que cuatro o cinco reformas que nadie se ha encargado de decir cómo se realizarán y que abarcarán, no son suficientes para desmontar el capitalismo exacerbado implementado por Pinochet y sus ideólogos económicos hijos de la escuela de Chicago, modelo este, perfeccionado y blanqueado con un halo democrático por la concertación, la cual debe asumir que gobernó cuatro periodos presidenciales con el blindaje post dictadura y con el concepto de transición como un manto protector  para no ser criticada por su contubernio con el régimen de Pinochet o por no haber concretado  reformas constitucionales de fondo cuando ciertas mayorías en los Gobiernos de Ricardo Lagos (2000 /  2006)  y  primer Gobierno de Bachelet  (2006 / 2010) si se lo permitieron.

Ahora bien, si de algo saben los pueblos es de traiciones por parte del poder político y económico de derecha, conducta por lo demás esperada. En el ocaso de la dictadura, la cúpula de la concertación sin mandato popular alguno y sólo por la futura “gobernabilidad democrática”, determina el llamado a votar por el Sí, en el plebiscito de 1989 en el que se reformó la Constitución pinochetista de 1980,  en conjunto dictadura y dirección de la  Concertación prepararon en reuniones que no cuentan con su debido registro histórico (actas), un acuerdo de cincuenta cuatro (54) reformas constitucionales, entre las cuales, se elevaron los quórums para cualquier cambio constitucional, se le entregó la mayoría parlamentaria simple a la derecha, se fija el espurio  sistema binominal y se elimina el derecho a plebiscito, todo de espaldas a la gente, o mejor dicho en contra de la gente, en un proceso eleccionario falto de información para con un pueblo que sólo quería salir del dictador y que no auscultó lo que se preparaba a sus espaldas, es la traición de traiciones, silenciada y muy poco estudiada y comentada en Chile, todo esto determinó el derrotero de la transición y dio pie para prolongar y consolidar el modelo económico y político de la dictadura en democracia, postergando a su vez al pueblo a alzar su voz porque ahora los cambios debían ser como se menciona más arriba “ en la medida de lo posible”. Este hecho político – jurídico, es sin duda un elemento basal del porqué la Concertación  gobernó casi sin ruido social  ante la mirada atónita de los pueblos hermanos.

Por eso es que, luego de que la presidenta Bachelet en el mítico  Palacio de la Moneda esbozara los siguientes ejes a realizar en este su segundo Gobierno: “Constitución nacida en democracia, reforma educacional, reforma tributaria, salud pública, trabajo decente con derechos laborales”,  sí y sólo sí fueren concretados como el movimiento social los exigió en cada una de sus manifestaciones, podríamos preguntarnos  ¿son suficientes ? aun así, pueden no ser lo bastante para acomodar una historia en la  que el ingreso per cápita del 1% más rico es 40 veces mayor que el ingreso per cápita del 81% de la población, donde se ha entregado el país al capital extranjero y la minería obedece a grandes corporaciones internacionales y  nada se le ha cambiado a los sistema financiero y tributario, en el que la salud es un negocio, así como la educación, el agua, la electricidad, donde las pensiones de  nuestros abuelos son de risa y hambre por medio del sistema de las Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP) introducidas en Chile por José Piñera hermano de Sebastián, donde sólo dos empresas son dueñas de los medios de comunicación escrita (El Mercurio - La tercera) y la televisión pública de pública sólo el nombre y los medios de comunicación comunitarios son perseguidos e ilegales, en donde el código laboral es el mismo de la dictadura, donde las carreteras de “libre tránsito” han sido entregadas a concesionarios extranjeros y son pagas, un país campeón en Tratado de libre comercio (TLCS), donde el pueblo mapuche es ferozmente criminalizado e invisibilizado, un país  en donde a  nivel regional somos catalogados como malos vecinos y el establecimiento político se ha encargado de forma histórica de ningunear a nuestro hermano país Bolivia y que en materia de DDHH sus violadores viven en cárceles cinco estrellas (Punta Peuco) y nunca ha sido tocado un alto mando militar, en su momento la corte  Suprema declaró "demente" a Pinochet para con ello, poner fin a su procesamiento, con lo cual el dictador, asesino y ladrón (como lo demuestran sus cuentas bancarias en Banco Riggs de Washington ) murió en completa impunidad. Donde por lo demás toda la dirigencia política camina hacia el eje pacífico y el pueblo se identifica y compromete con los aires rebeldes que llenan de esperanza y lucha Nuestra América, de la mano indómita de las movilizaciones sociales y los gobiernos progresistas.

Es por eso que,  con el ingreso de la Izquierda Ciudadana,  independientes de centroizquierda, el Movimiento Amplio Social  y el Partido Comunista, la Nueva Mayoría deberá ante todo enterrar bien profundo a la Concertación  para bregar por el fiel cumplimiento del programa de Gobierno y tener claro que el haber tomado algunas de las banderas de luchaizadas por el movimiento social, no implica su desplazamiento ni desarticulación, lo que tiene que haber es una convivencia independiente y de respeto para luego de este periodo, Chile pueda tomar un rumbo autónomo y caminar hacia una democracia completa, esto es, sin tutelaje ni restricciones de ningún tipo que acomoden la definición de democracia al poder burgués. 

 

Por: Juan García Madero.

 

 

 

 

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