Compartir

Por: Saadullah Zarei.

Tras la celebración del referéndum en Egipto y el anuncio de candidatura del general Al Sisi a la presidencia, se despejaron las dudas acerca de la existencia de un plan bien orquestado por parte de ejército egipcio que buscaba realizarlo desde antes de la revolución egipcia por la cual se destituyó al dictador Mubarak. Entonces, puede decirse que el ejército egipcio, a base de un plan preciso, intenta mantener su posición en el poder y controlar a su favor el desarrollo de los acontecimientos en el país. Pero, de todas formas existen muchos obstáculos en el camino del ejército. El obstáculo más importante es que Egipto debe cambiar de todas formas, y el ejército cumple allí solamente un papel muy limitado. Si el ejército egipcio actúa como el periodo de Hosni Mubarak, se enfrentará a serios desafíos y no será capaz de influir en el devenir del país. Aquí, se debe indicar unos puntos importantes:

El silencio del ejército ante la revolución de Egipto en 2011 y el haber quitado su respaldo a Hosni Mubarak, sea por propia decisión o por indicación de las autoridades de los Estados Unidos, muestran que el ejército y las autoridades egipcias han aceptado la necesidad del cambio en el país árabe. Este asunto muestra que el ejército egipcio y los líderes nacionales y extranjeros que los están controlando, creen que ya es imposible gobernar Egipto tal como lo hacía Mubarak. Por lo cual, aunque el ejército egipcio fue el factor clave en la supervivencia del régimen de Mubarak desde 1982 hasta 2011, ya no puede cumplir el mismo rol que cumplía entonces en la política durante el régimen de Mubarak. Es evidente que hay diferencias y deben producirse cambios en ese rol. ¿Cuáles deben ser esos cambios?

Aunque el ejército egipcio destituyó ilegalmente a Mohamed Mursi, el presidente egipcio, es claro que el ejército no hubiese podido hacerlo sin la resistencia y movilización de las inmensas multitudes de manifestantes que llegaron a unos 15 millones de personas, los analistas políticos consideran que por lo menos la mitad de las activistas egipcios apoyaron al ejército en el derrocamiento de Mursi y los Hermanos Musulmanes. Asimismo, tras la destitución de Mursi en julio de 2013, casi la mitad de los ciudadanos activistas de Egipto apoyaban a los Hermanos Musulmanes.

En la actualidad, a base del resultado del referéndum constitucional en Egipto, el ejército obtuvo el 37 por ciento de los votos, 2,17 por ciento más que los votos obtenidos por los Hermanos Musulmanes en las elecciones pasadas. Sin embargo, esos votos que el ejército dice haber obtenido son a fin de cuentas los votos obtenidos por un conjunto de partidos y organizaciones conformados por el opositor movimiento Tamarod (“rebelión”, en árabe), el Frente de Anqaz (Frente de Salvación Nacional, FSN) algunos grupos religiosos como Jame Al Azhar así como por el grueso de los seguidores del ex régimen. Esto no debe hacernos despreciar el importante rol del ejército, pero es evidente que el opositor movimiento Tamarod y el frente de Anqaz tienen la mayoría e los votos de los grupos militantes. El ejército seguirá capitalizando esos votos mientras sea aceptado en su rol de liderazgo en ese frente por parte de los millones de seguidores del movimiento Tamarod y el frente de Anqaz. Si Tamarod, Anqaz y los activistas de la revolución de febrero de 2011 se separaran hoy del ejército para transitar un camino propio, se haría evidente que los militares son una fuerza política con mucho menor respaldo popular del que aparentan. El ejército entonces no parece ser tan fuerte como para poder hacer lo que quieran o para reconstruir el régimen de dictadura de Mubarak.

Las condiciones internas y en la región han cambiado mucho, por lo que el ejército enfrentara muchas dificultades para elegir su camino y realizar sus objetivos planeados. En la época de Hosni Mubarak, EE.UU. y sus aliados árabes gozaban de una fuerte hegemonía en Egipto. Era el tiempo de los regímenes árabes respaldados por la potencia imperial. Además, en aquella época, la región se mantuvo relativamente tranquila y las fronteras africanas y asiáticas de Egipto eran seguras, Muamar el Gadafi tenía control absoluto sobre Libia y el canal de Suez y el mar Rojo estaban tranquilos. Ahora, las condiciones han cambiado. EE.UU. ha perdido su influencia esta sensible región. Se han producido muchos cambios en la región alrededor de Egipto (Libia, Túnez, Siria, Irak, Yemen y Arabia Saudí) por lo que el ejército no puede mantenerse inmune ante los avatares en el mundo árabe y sus secuelas. El ejército egipcio sabe bien que Mursi y los Hermanos Musulmanes a pesar de llevar 85 años planeando llegar al poder, luego de haberlo logrado con Mursi, fueron derrocados tras adoptar algunas políticas erróneas a nivel nacional e internacional. Por lo tanto, no hay garantías para que el gobierno militar no tenga un destino igual tras cometer algunos errores políticos.

El ejército de Egipto trata de mostrarse independiente en el escenario internacional. El restablecimiento de las relaciones militares de Egipto y Rusia tras 40 años (aunque no sean vínculos profundos) y el silencio del gobierno ante la crisis siria muestran la perspicacia del Ejército. En el ámbito nacional, el nuevo gobierno ha buscado mostrarse como ejemplo de voluntad y acuerdo nacional. Asimismo, otorgó más protagonismo al Parlamento, e hizo énfasis en considerar en la nueva Constitución las necesidades públicas básicas como la alimentación, sanidad, educación y vivienda, entre otros derechos de la ciudadanía, aunque sean objetivos no alcanzables según la mayoría de los analistas políticos. Teniendo en cuenta que anteriormente en la sociedad egipcia los Hermanos Musulmanes eran quienes siempre consideraron las necesidades públicas como cuestión central, podemos concluir que el Ejército busca construir un nuevo discurso político y atraer el apoyo de todas las fuerzas nacionales.

El Ejército no cuenta con un gran espacio de maniobra para actuar debido a sus orígenes y antecedentes. El ejército sigue siendo visto como el resabio del régimen pro-norteamericano de Mubarak y Anuar Sadat, su predecesor. De todas maneras, las fuerzas armadas de Egipto se consideran uno de los pilares de esos regímenes previos y aun gozan del respaldo de importantes elementos remanentes de la época de dictadura. Por otra parte, los grandes poderes económicos que respaldaban al régimen de Mubarak son quienes todavía respaldan al ejército. Todo esto no es aceptable no sólo para los grupos islámicos sino también para los nacionalistas y los jóvenes revolucionarios del país, lo que a futuro puede resultar en grandes desafíos para el ejército o el futuro gobierno que logren instaurar.

Algunos, de forma equivocada, en base a los cambios producidos en la región, han pasado a considerar que el ejército egipcio puede ser un símbolo de la democracia en la región. Así lo han sostenido desde Occidente, en referencia al referéndum constitucional de Egipto. Pero esta imagen no es correcta, ya que los militares han estado alejados de las negociaciones regionales durante los últimos 40 años. A su vez, durante los últimos 30 años, el ejército egipcio no adoptó una postura clara hacia el Islam en la región, manteniendo silencio ante los movimientos anti-sionistas e incluso apoyando a los sionistas indirectamente. El ejército tampoco tuvo una postura clara respecto de los acontecimientos regionales y en algunas situaciones ni siquiera intentó actuar como un poder regional aunque pudo haberlo hecho. Mubarak y el ejército guardaron silencio ante los cambios que se produjeron en la región. Por lo tanto, es imposible que ahora el ejército cambie su postura histórica en las transiciones actuales. Los generales del ejército egipcio fueron educados durante años en las universidades militares de EE.UU., tienen relaciones con el ejército estadounidense y actúan a base de las estructuras militares de esa potencia occidental. Por lo cual, es un error estratégico pensar que el ejército egipcio tratará de establecer un nuevo régimen en el país.

Dado que el ejército no es capaz de reconstruir las estructuras de la época de Mubarak, ni puede actuar fuera de las estructuras y de la disciplina establecida por los estadounidenses, podemos decir que el ejército no será capaz de crear un movimiento coherente, sólido y lógico en Egipto. No podrá hacerlo aunque sea hoy y en los próximos años el elemento más importante en la política de Egipto. De hecho, a menudo ha tenido que cambiar sus posturas ante diferentes situaciones, lo que a futuro puede dañar su prestigio y poder en el corto plazo.

Las relaciones internacionales de Egipto se encuentran en un clima de fuertes contradicciones. Los estadounidenses todavía no están seguros que el ejército egipcio podrá resolver los problemas y dominar a sus nuevos y viejos rivales y opositores, por lo tanto la relación entre EE.UU. y los militares egipcios se ha visto dañada. Por otra parte, con su acercamiento a Rusia, el ejército egipcio intenta llamar la atención de los EE.UU. Pero la potencia occidental no ha tomado esta maniobra en serio, y busca crear un gobierno más coherente y seguro y no solo un gobierno militar, del cual el ejército sería solo una parte, ni el ejército puede abandonar las estructuras militares estadounidenses de la que es parte. Por otro lado, las relaciones entre el ejército egipcio y Arabia Saudí, a pesar de que parecer estrechas y amistosas, no son coherentes ni dinámicas. El ejército y Arabia Saudí estuvieron de acuerdo en derrocar a los islamistas, pero tienen desacuerdos en muchos otros temas. Es sabido que Al Saud considera al ejército egipcio como su rival y que Arabia Saudí busca un Egipto restringido, que sea dependiente financieramente de Arabia Saudí y que se alinee con las posturas políticas de Al Saud. Pero los egipcios, por su lugar histórico, nunca aceptarán estar en ese lugar, y por lo tanto, tampoco lo hará el ejército. Por consiguiente, la política exterior de los militares egipcios carece de estabilidad, incluso en la región.

Las relaciones política exteriores de Egipto, consideramos, no tendrán la fortaleza y estabilidad necesarias. Los militares egipcios, por su disciplina o por sus limitaciones, no quieren o no pueden establecer una estrecha relación con la República Islámica de Irán. Aunque la mayor parte del pueblo egipcio y la mayoría de las organizaciones egipcias tienen una visión negativa sobre las relaciones de su país con Arabia Saudí, apoyan las relaciones egipcio-iraníes porque consideran que muestran la independencia de Egipto. Pero, es poco probable que Irán y Egipto puedan mejorar sus relaciones durante este periodo del gobierno militar del país norteafricano.

Fuente: http://www.noticiaspia.org/

Venezuela Aurrera

Coprorebeldia

La Mancheta

Informes especiales

The New York Times

Contáctanos

Agencia Bolivariana de Prensa
Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.

Agenda

Lun Mar Mié Jue Vie Sáb Dom
1
2
3
4
5
6
7
8
9
10
11
12
13
14
15
16
17
18
19
20
21
22
23
24
25
26
27
28
29
30
31

Clave Pública GPG

JSN Boot template designed by JoomlaShine.com