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Por: Anabell Posada

La muerte de Mandela generó múltiples expresiones tanto de la derecha e izquierda mundial. Ahora todos reclaman para sí la figura de este gran personaje. Es irónico que los que ayer lo encerraron, lo torturaron, señalaron de terrorista y pretendieron silenciar 27 años en prisión, hoy lo saluden y despidan como un hombre digno de pasar a la historia. A su funeral asistieron presidentes de más de 50 países del mundo, muchos de los cuales tildan de terroristas a las diferentes expresiones de lucha en sus propios países. 

 

Mandela no fue un simple pacifista fue un revolucionario integral. No fue sólo un hombre comprometido con la paz y la reconciliación desde la vía del diálogo como se pretende mostrar. Abogado de profesión, en 1940 se unió al Congreso Nacional Africano (CNA) -fundado en 1912- para defender los derechos de la población negra Sudafricana. Desde allí se manifestó en contra de las políticas del apartheid en su país. Por esta lucha fue considerado terrorista en muchos gobiernos del mundo. Sin embargo, fue él quien lideró el proceso de reconciliación en Sudáfrica y fue con él que se firmó la paz. 

Posteriormente el CNE se vio forzado a cambiar su estrategia. En 1960 la lucha se tornó a otro nivel. Ocurre la masacre de Sharpville donde son asesinados por la policía -que abrió fuego indiscriminado- más de sesenta manifestantes que demandaban la liberación de compañeros encarcelados. Por éste y otros sucesos, varios líderes, incluido Nelson Mandela, forman el brazo armado del CNA, que llamaron “Umkhonto we Sizwe”, o “La lanza de la Nación”, conocido también como el MK. El MK desarrolló diferentes acciones guerrilleras –atentados, bombas, sabotajes, combates- que se fueron incrementando con el apoyo de otras naciones africanas que simpatizaban con la causa del CNA. 

La grandeza de luchadores como Mandela debe ser visto entonces, a la luz de los imperios a los cuales se enfrentaban, de los enemigos que combatieron, independientemente de las formas de lucha que utilizaron para ello. Así mismo, bajo la claridad de que no lo resolvieron todo, sencillamente, porque fueron seres humanos, con errores, contradicciones, defectos. Sino que continuaron una lucha ancestral, la profundizaron y somos nosotros los llamados a continuarla. 

La lucha armada fue uno de los elementos que acompañó la caída del aparthei. Esto es innegable, como es innegable también que Mandela muchas veces tuvo que pelear con la palabra, porque las guerras precisamente se libran desde todos los escenarios de lucha. 

En este sentido, Madiba no puede ser reivindicado como un héroe de papel.  Fue un hombre de acciones. No es poca cosa el significado histórico de este personaje: la firme convicción que lo mantuvo en pie de lucha durante su largo periodo en la cárcel, su aporte en la lucha contra el apartei, su resistencia, la dignificación del pueblo Sudafricano.

Más allá de lo que digan los medios de comunicación –tantas veces de desinformación-sobre su figura, nos corresponde a los revolucionarios encontrar en la vida de Mandela los elementos de lucha necesarios que nos permitan aprender de su ejemplo y fortalecer nuestras propias convicciones.

La lucha siempre continúa porque la lucha la hacen los pueblos. Madiba, como  Chávez, como Bolívar, el Ché, Fidel, Marulanda y tantos otros revolucionarios y revolucionarias, representa la lucha de un pueblo que no se rinde hasta conquistar la definitiva independencia y libertad.

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