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Por Narciso Isa Conde

Invocar a Mandela en momento en que como héroe de la humanidad da el salto a la inmortalidad, es algo imperioso para los/as que amamos esta tierra y este pueblo, abrazando persistentemente el sentido de justicia y la causa de la emancipación social de todas las víctimas de la opresión, la discriminación  y la exclusión.  

 

Más aun cuando en nombre de la defensa de la patria, los que saquean y destruyen su patrimonio, que equivale a destruirla a ella misma, se proponen desconocer ese legado que ordena el fin del racismo y se empeñan en retroceder e imponer un especie “aparteid” dominicano, nutriendo su actual dictadura institucional con el suero perverso de un racismo camuflajeado de un anti-haitianismo maniqueo.

Oímos el nombre de Mandela en hermosos cantos de la joven negritud en rebeldía, lo volvimos a escuchar en las voces del pueblo negro redimido, leímos su conmovedora historia y la vimos reproducida en documentales pletóricos de terneza, de clamores por la paz, de inevitables armas a tomar y liberaciones a conquistar.

Mandela… Mandela… Madiba.

Mandinga multiplicado, condensado en Mandela-ser viviente… Nelson el grande, el inmenso, el indoblegable, nos abraza tan fuerte como también nosotros/as decidimos abrazar a los/as dominicanos/as de ascendencia haitiana amenazados/a de ser desnacionalizados/as.

Y nos abraza más fuerte en este instante en que nos llega la dura noticia de que su ser sublime y espléndido, después de un siglo de  pródigas insumisiones y justicieras herejías, ha expirado para eternizarse.

Felizmente se trata solo de un cambio de materia regia a luminosa energía, de transformación de su cuerpo en valiosa memoria subversiva de opresiones y exclusiones… sin dejar este mundo, sin abandonar este universo tan necesitado de su ejemplo.

Sí, Mandela se quedará entre nosotros/as y seguirá junto a las nuevas generaciones.

Su obra, su alma, su inmensa humanidad se queda.

Mandela abrazó especialmente en el día de hoy a los/as dominicanos/as de su color, originarios de su querida África plasmada con singular belleza y gallardía en la hermana Haití, descendientes todos/as de su pueblo heroico y trabajador, pueblo vejado, abusado y empobrecido como pocos otros en nuestra América.

Mandela desde su origen sentenció a muerte la sentencia malvada de los ladroneles, neo-trujillistas, balaguerianos, vinchistas, neonazis… Su espíritu insumiso ha alimentado sin cesar la avalancha mundial que la repudia y el avasallante pliego de denuncia que desde este terruño indoblegable hace trizas el patrioterismo y muestra el rostro de la semi-esclavización y de la violencia racista que se escuda en el odio chovinista contra Haití, pérfidamente construido por elites hispanófilas.

Post Mandela y su obra libertaria toda caverna racista está condenada a la derrota, por más burbujas que generen sus nuevos ímpetus repletos de estigmatizaciones y amenazas de muerte.

Eso ha sido escrito muchas veces: el más puro de los redentores sociales y de los combatientes por la libertad acompañará siempre a la humanidad en todas sus peleas redentoras. Y nuestra patria -agredida por esta mezcla de capitalismo neo-conservador, neoliberalismo como se le llama comúnmente, y nazi-racismo criollo- es humanidad oprimida y sociedad amenazada de muerte.

El mas sufrido y sacrificado de los libertadores, el mas desinteresado de sí mismo…El mas nosotros y nosotras… El no egocéntrico… El no egoísta… El que nunca dijo mío…El que pudo reelegirse sin oposición y no quiso… no nos abandonará.

Recio en la pelea decisiva, generoso en la victoria, modesto y reconciliador en la gestión del nuevo poder. Humilde en la grandeza. Ser sublime, repito. Hombre nuevo. Hombre-pueblo. Hombre-humanidad. No se va. Se queda entre nosotros/as.

Si, Mandela no se va, perdurará, seguirá creciendo como elevada e inagotable expresión de dignidad. No habrá manera de volverlo a hundir en aquel hueco inmundo que inicialmente lo ocultó y aisló, para luego, paradójicamente, engrandecerlo por su decorosa insubordinación frente al cepo y sus apestosos carceleros perfumados.

Pero es de ley, que después de consumado el inminente desenlace anunciado luego de su reciente gravedad, Espartaco, Tupamaruc, Ilich, Lumumba, Juan Pablo, Francis, Minerva, Ernesto, José Carlos, el Tío Ho, la Rosa roja, Toussaint, Jacque Viaux… -quienes que como él amalgamaron la revolución con el amor- habrán de abrazarlo y besarlo en el lúdico espacio de los eternos imprescindibles.

Y Mandela, risueño, les dirá –y nos dirá- con voz pausada y tierna que él también habrá de quedarse aquí en esta Tierra para siempre.

Y la humanidad, muy alegre, jamás lo despedirá. Cantará. Le cantará por siglos al inmenso Mandela  con el corazón henchido de agradecimiento, asaltado el pensamiento universal por el imperioso anhelo de ser colectivamente como él.

 

Santo Domingo, RD, 5-12-2013, 

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