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Por: ABP Noticias

En los últimos días los colombianos recibieron con esperanza la noticia de la firma de un acuerdo más entre la guerrilla de las FARC-EP y el Gobierno Colombiano sentados en la Mesa de Diálogos de la Habana. El acuerdo en cuestión es, básicamente, el protocolo a seguir cuando se firme el acuerdo final entre las partes, para la finalización de la confrontación militar. Como es lógico, el impacto de esta noticia a lo largo y ancho de la Patria Grande es significativo, ya que el anhelo de paz de los hermanos colombianos se ha convertido en una reivindicación nuestra americana, para que en Colombia cese el terrorismo de Estado y se logre más que “una paz estable y duradera”, una Paz con Justicia Social, Democracia Real y Soberanía.

Esta importante noticia que ratifica el compromiso de las FARC-EP con la construcción de la paz, ha sido presentada por los medios masivos de comunicación como el fin de la guerra, el fin del conflicto e incluso el fin del proceso de diálogos, afirmaciones a todas luces falsas que intentan generar sobre los negociadores de la insurgencia un manto de presión que los obligue a ajustarse a los ritmos y tiempos que el gobierno colombiano ha definido. Dichas afirmaciones desconocen que la posibilidad de la firma final depende de la construcción de acuerdos en los 42 puntos que quedaron congelados, de los diferentes temas de la agenda (los más conflictivos) -“nada está acordado, hasta que todo este acordado”-, que el conflicto no es solo armado; en lo político y lo social la conflictividad se mantiene, la aplicación sin contemplación de las políticas neoliberales sigue sembrando de miseria y represión la sociedad colombiana; y la guerra no tiene cuando acabarse mientras el capitalismo siga siendo el modelo económico imperante y el país se siga prestando de cabeza de playa para la agresión de la región con la presencia de bases militares estadounidenses.

Lo cierto es que aún falta “mucha tela por cortar” y en particular faltan gestos concretos que muestren la voluntad de paz del régimen colombiano. Más allá de las muchas preocupaciones que el movimiento revolucionario internacional tenga, ante la posibilidad de que las FARC-EP depongan las armas, está la desconfianza en un Estado mafioso y terrorista para el que el desmonte del paramilitarismo supone el sacrificio de una parte importante de sus cuadros políticos y militares en el ámbito local, regional y nacional. El pueblo colombiano tiene el derecho a buscar su camino hacia la paz y en esa empresa los revolucionarios de la Patria Grande los acompañamos y nos solidarizamos. Las dudas en los avances del proceso nunca han estado del lado de los revolucionarios y su anhelo de paz, las dudas, que son muchas, siempre han estado del lado del establecimiento colombiano, que no da señales claras de su voluntad de paz, que no se preocupa siquiera por morigerar su política económica deshumanizada, que sigue apoyando la combinación de las formas de lucha del paramilitarismo; que tiene representantes en los poderes legalmente constituidos en Colombia, hace campaña abierta de masas contra la paz y mantiene bandas armadas de sicarios para continuar defendiendo los intereses de las élites y su statu quo.

Los revolucionarios debemos estar alertas. La estrategia imperialista de control de Nuestra América avanza, es clara la ofensiva de la derecha internacional por retomar el control de todos los gobiernos de la región, el ataque sistemático a todas las conquistas de los gobiernos progresistas, sumado a los errores y antiguos vicios que no pudieron ser transformados en los intentos de construcción de los nuevos proyectos políticos, han generado una diversidad de tácticas de operación del imperio en cada uno de los países de la región, las recetas van desde laboratorios tipo Colombia con narcoestado, paramilitares y neoliberalismo a ultranza en México, Paraguay y Honduras, golpes suaves como en Brasil, combinación de acciones para generar ingobernabilidad e incluso avalar acciones de violencia interna o intervención directa como en Venezuela, hasta el apoyo a los Diálogos de Paz entre la insurgencia colombiana y el Gobierno. Lo importante es desactivar los focos de resistencia y los proyectos en los que se construyen modos de vida soberanos y alternativos a los designios imperiales.

Estamos convencidos que el camino escogido por los compañeros de las FARC-EP está en función de la acumulación de fuerzas para la concreción de su Plan Estratégico, la negociación que hoy enfrentan no es una claudicación, ni una salida decorosa a los combatientes de una guerrilla derrotada; este nuevo esfuerzo representa el compromiso inquebrantable de buscar la salida menos dolorosa para el pueblo colombiano en la construcción del Socialismo. Sabemos que el enemigo de clase es el que ha impuesto las condiciones de la lucha y, en últimas, es éste el que tiene que tomar la decisión de hacer la Paz. No basta con promesas en papel, el juego del imperialismo y la oligarquía en Colombia y en el continente es claro, sabemos que las FARC-EP son conscientes de ello, saben al igual que el enemigo, que son un pilar fundamental de la contención a la agresión imperialista en Nuestra América y por eso se mantienen firmes en la consigna del heroico comandante Manuel Marulanda Vélez “las armas son patrimonio de la resistencia del pueblo colombiano” y, agregaríamos nosotros, de los pueblos de la Patria Grande.

La crisis del capital es cada vez más profunda, los estragos de su voracidad sin límites siguen condenando a la miseria a pueblos enteros, y la guerra para reprimir los inconformes, como mecanismo para afrontar la sobreproducción o como estrategia de acumulación sigue estando al orden del día. Por eso, los revolucionarios creemos en la necesidad de un nuevo paradigma civilizatorio, nuestro amor a la Paz nos conduce a la construcción del Socialismo. Los revolucionarios que creemos en la necesidad de la Paz, acompañamos al pueblo colombiano en su búsqueda, pero somos conscientes de las dificultades de esta colosal tarea y, por lo tanto, ratificamos nuestra solidaridad irrestricta con la lucha de este pueblo y todos los que se han atrevido a soñar, independiente de las condiciones de lucha que les imponga el enemigo.

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