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La memoria, inspiración de la historia, galería de lo inmarcesible, nos trae cabalgando hoy al Comandante Hugo Chávez. Ya nunca más un cinco de marzo podrá ser invisible en el calendario. ¿Cómo entregarle al sórdido olvido el día de una siembra que sangró el corazón de los pueblos esperanzados del mundo? Imposible, porque seguimos siendo pueblos esperanzados, porque su prédica, que es la nuestra, sigue siendo necesaria.

“El Socialismo es el camino para construir un mundo de Justicia Social, igualdad y hermandad”, proclamó Hugo Chávez cuando nadie lo esperaba, rompiendo las vestiduras del Capitalismo que creía haber aislado al pensamiento revolucionario, en medio de su orgía neoliberal.

Vino el Comandante, heredero de la lucha independentista, con andar de niño descalzo, con voz de pueblo que vende dulces, con alegría de joropo, con emoción de juego de pelota, con ilusión de soldado que piensa en Patria, con el hablar claro y las frases directas; y se levantó contra un mundo de injusticias, esas que nunca le fueron ajenas porque, al fin y al cabo, como él mismo lo percibió: “Chávez es el pueblo”.

Por ello, reivindicó el derecho de los pobres, ancianos, mujeres, indígenas, afrodescendientes, obreros, campesinos, infantes, discapacitados y todos los eternos excluidos de la historia. Por eso, oía las voces de Bolívar y percibía su padecimiento de apuñalado cuando la Patria Grande fue ahogada en la cuna.

El Comandante Chávez asumió su tarea: volver sobre la senda que nos legó la independencia. Tras ello, despejó caminos y tendió puentes para avivar la hermandad detenida después que el crimen alcanzó a Sucre en Berruecos, y Simón dijo adiós en Santa Marta.

Entonces, lo vimos en el alumbramiento de la Alba y la Celac; lo acompañamos a enfrentar al monstruo en sus propias entrañas: “Ayer estuvo el diablo aquí…huele a azufre todavía…”, dijo sin parpadear ante la ONU.

Tal como aseguró sin dudar: “ojala nosotros podamos ver, todos, el día en que se firme la Paz en Colombia…habrá fiesta en Venezuela y estoy seguro que habrá fiesta en Colombia…”.

Razón tiene la memoria para conminarnos a recordar el paso a la inmortalidad de Hugo Chávez, sobre todo en momentos de asechanza contra el camino liberador que Latinoamérica viene labrando. Su legado: la lucha por la igualdad social, el derrumbe del imperialismo, la creación de una Patria Grande Socialista, la conquista de la Paz en Colombia, en fin…su lucha por el desquite de la historia que anuncia tiempo de pueblos, es ahora más que vigente, necesaria, urgente. Es tiempo de arrojo inevitable, de acción renovada, de vanguardia acometida, de vista en el horizonte.

Las justas ideas nunca mueren, perviven como sus portadores en quienes las asumen.

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