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Más que usanza y solemnidad, para el pueblo bolivariano la conmemoración del 23 de Enero es consecuencia, ratificación de causa, pues ese día de 1958 ocurrió una rebelión popular-militar de la juventud militar patriótica y del pueblo venezolano, tal como lo caracterizó el Comandante Hugo Chávez en 2008.

Por mucho que la derecha venezolana intente reivindicar para sí el levantamiento popular de 1958, el 23 de Enero cuenta un episodio de la lucha de clases en Venezuela donde el pueblo se alzó en victoria por objetivos que, hasta este momento, siguen teniendo validez, y que se conectan directamente con la insurrección popular de 1989, conocida como El Caracazo, la Rebelión Militar del 4F y la Revolución Bolivariana.

Es necesario, entonces, reivindicar la insurrección de 1958 para contextualizar acertadamente el presente, acechado por esa maña de las fuerzas imperiales contra la memoria colectiva que narra la historia en fragmentos inconexos buscando desunir los tiempos y presentar al pasado como recuerdo, al presente como destino y al futuro como calco.

Conmemorar el 23 de Enero obliga a izar banderas revolucionarias, tal como lo efectuó la Junta Patriótica en 1958, organismo de unidad popular pensado por el Partido Comunista de Venezuela que logró movilizar al pueblo, desde sus diferentes sectores, en función de un mismo objetivo: derrocar el régimen dictatorial dirigido por Marcos Pérez Jiménez, y plantearse un gobierno popular.

La mecánica de la Junta Patriótica basada en acciones de resistencia urbana como mítines, eventos de calle, propaganda masiva y convocatoria a una huelga general, tenía un carácter revolucionario que urgía en las calles, y desde la clandestinidad, por la disolución del Congreso Perezjimenista y la elección directa de una Asamblea Nacional Constituyente.

Las reivindicaciones eran claras: soberanía política y económica, democracia popular, reforma agraria, libertad sindical y de prensa; todas y cada una, enterradas después del derrocamiento de Pérez Jiménez por traición parida en el “Pacto de New York “ y bautizada, luego, en criollo como “Pacto de Punto Fijo”.

Lo que vino después fue la negación de causa popular y una represión dirigida desde los partidos Acción Democrática y Copei, apoltronados en el gobierno, que obligó al surgimiento de guerrillas, hecho referido por Alí Rodríguez Araque, uno de los dirigentes históricos de la Revolución Bolivariana, como “inevitable”.

Sin la traición al Espíritu del 23 de Enero, el pueblo venezolano no habría tenido que vivir cuarenta décadas de represión, tampoco padecería dolores perpetuos como Las Masacres de Cantaura y El Amparo, El Caracazo, el 11 de Abril, el Sabotaje Petrolero, Danilo Anderson destrozado, los muertos de La Guarimba, entre otras tragedias escritas desde el imperio estadounidense y ejecutadas por la derecha venezolana bajo sus mutadas denominaciones: AD, Copei y MUD.

Corresponde al pueblo bolivariano, cohesionado en el chavismo, asumir este nuevo momento, caracterizado por Emergencia Económica, repunte electoral de la derecha, Guerra Económica, ofensiva a gran escala de manipulación mediática, y amenazas imperiales de intervención, con El Espíritu del 23 de Enero, es decir, con unidad, organización, claridad de objetivos, iniciativa de calle y ubicación del enemigo natural, para cerrar filas como Patria Bolivariana por una historia que no repita el pasado, supere el presente y apalenque un futuro de Justicia Social y Paz.

 Escrito por ABP noticias

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