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Escrito por ABP noticias

Imagen: Alfredo Pierre

“Los violadores que mas ferozmente violan la naturaleza y los derechos humanos, jamás van presos. Ellos tienen las llaves de las cárceles (…)”

Eduardo Galeano, Patas Arriba, La Escuela del Mundo al Revés

La razón dominante al igual que la historia se ha convertido en un derecho de los más fuertes, el poder imperialista del gran capital ha creado un orden jurídico-político y cultural que intenta imponer a nivel global, por métodos directos como el ejercicio de la violencia y por mecanismos de control en teoría más sutiles como los medios masivos de comunicación, que difunden toda suerte de tergiversaciones históricas y estados virtuales de bienestar afianzando en la población los postulados ideológicos necesarios para el buen funcionamiento del sistema.

Toda voz disonante del proyecto de dominación es atacada, tergiversada e incluso aplastada por la fuerza, los intentos de los pueblos por crear alternativas al capitalismo, por hacer uso del derecho a la autodeterminación, por exigir justicia social y una democracia de corte popular diferente al modelo “USA” - los pueblos que se han atrevido a resistir - son condenados a la desaparición, tildados de terroristas y convertidos en objetivos militares por el imperialismo.

El mundo parece estar patas arriba como lo describió a la perfección Eduardo Galeano, los valores dominantes en la actualidad están cada día mas alejados de una sociedad centrada en los seres humanos, los derechos del capital son elevados a rango de ley por los Estados por encima del bienestar de su población y cualquier intento de subvertir esta realidad es tratado militarmente. En la nueva historia, la que ha reescrito el imperialismo no hay cabida para la rebeldía, de hecho la violencia de los explotados que ha sido un motor fundamental de la historia de la humanidad, que fue promovida y utilizada por la burguesía en el proceso de consolidación del capitalismo e incluso reconocida por las potencias capitalistas bajo el derecho a la rebelión en la carta universal de derechos, ya es innecesaria.

No existe para el gran capital el derecho a la rebelión, ni a la resistencia, reducen de manera caricaturesca las luchas de pueblos dignos como los palestinos, los vascos, los kurdos, entre otros, a simples bandas de fanáticos, terroristas o narcotraficantes. Los aparatos mediáticos de las potencias imperialistas crean ficciones para justificar el ejercicio de la violencia “buena”, la necesaria para imponer el modelo democrático “USA”, convencen a la gente que los niños palestinos deben ir a la cárcel por atacar con mortíferas piedras a indefensos tanques del pobre ejército israelí por el simple hecho de invadir su territorio.

Es un mundo virtual donde empuñar las armas como último recurso ante un Estado que ha usado la violencia como eje central de su accionar político es terrorismo, donde reivindicaciones como salud de calidad gratuita, educación de calidad gratuita a todos los niveles, trabajo en condiciones dignas, redistribución de la riqueza, tierra para el que la trabaja son subversivas y donde quienes se han atrevido a ejercer el derecho a la rebelión deben pagar cárcel después de expiar sus culpas en la plaza pública.

Un caso particularmente destacado es el colombiano, donde se libra una importante lucha por el poder hace mas de 50 años, entre un Estado autoritario que ha usado el terror como mecanismo para contener a la oposición política, e importantes sectores del pueblo colombiano, que a través de diversas formas de lucha han ejercido su derecho a la rebelión, buscando construir un nuevo poder en oposición al modelo hegemónico impuesto por el imperialismo norteamericano. Una de las expresiones más importantes de la lucha del pueblo colombiano es la lucha guerrillera, que hoy atraviesa por un importante momento gracias a que han logrado sentar al Gobierno colombiano en una mesa de diálogo para discutir una posible salida política al conflicto social y armado que vive el país.

Este proceso de dialogo sintetiza la discusión sobre la legitimidad del derecho a la violencia de los explotados, contra el ejercicio de la violencia de la burguesía, el marco de referencia que la gran prensa le ha creado al proceso es de una banda de narcotraficantes y terroristas que ya están derrotados y a los que el gobierno les quiere dar una salida para verse en la penosa obligación de matarlos. Pero por más que el gobierno colombiano se ha esforzado en difundir esta especie con el apoyo del imperialismo, se le hace imposible ocultar el carácter político de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – Ejercito del Pueblo FARC-EP y el proyecto de país que estas representan, puesto de manifiesto en centenares de propuestas presentadas en la mesa de la habana, frente a las cuales el gobierno se ha limitado a ridiculizarlas o desestimarlas sin ninguna propuesta real que dé cuenta de su voluntad de llegar a un acuerdo.

Hasta el momento han sido las FARC-EP quienes han presentado la mayoría de propuestas en la mesa de diálogos, han buscado todos los mecanismos posibles para la participación de las organizaciones políticas y sociales en los diálogos, han hecho importantes gestos de paz como las treguas unilaterales y la entrega de un general de la Republica y a cambio han recibido bombardeos, asesinato de sus comandantes, entre estos dos miembros de la delegación de paz y un constante hostigamiento de los medios de comunicación que intentan quitarles en el mundo virtual el estatus político que el Estado ya les reconoció en el mundo real.

Existe una importante presión del gran capital para que se termine la guerra en Colombia, ya que importantes proyectos estratégicos para la reorganización del capitalismo mundial pasan por América Latina, pero el escenario contemplado no alberga transformaciones en detrimento del capital en este proceso de pacificación, por el contrario aspiran a una rendición sin condiciones de las fuerzas insurgentes, acompañadas de un castigo ejemplar para todos aquellos que se atrevan a ejercer su derecho a la violencia revolucionaria.

Está claro que la vía menos dolorosa para el pueblo colombiano es la salida política, pero mientras el gobierno colombiano no tenga una voluntad real de negociación, no se avizora una posibilidad de llegar a buen puerto, la guerrilla de las FARC-EP es un importante referente de organización política en Colombia, con presencia nacional y capacidad de accionar militar, representa un importante sector de la población y tiene una propuesta de desarrollo de país diferente a la del gran capital. Mientras el gobierno colombiano no la reconozca en esa dimensión y siga intentando con elaborados artificios lograr un vergonzoso proceso de rendición en el que los insurgentes tengan que pagar con cárcel el ejercicio del derecho universal a la rebelión, va a ser difícil que los resultados de este proceso se concreten en el corto tiempo como a diario lo exige la elite colombiana.

 

 

 

 

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