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Por: Jimy Ríos

 

El Acuerdo de Paz es más que una “oportunidad para gestionar proyectos”. No han faltado quienes solo buscan en el texto un referente que conecte “su proyecto” con el presupuesto de la Implementación. Y en principio ello no sería reprochable. Sin duda el Acuerdo de Paz significa una oportunidad para satisfacer necesidades de nuestro pueblo y de gestión del desarrollo. Esto representa importantes razones de nuestra lucha, a saber, la justicia social y la vida digna. Pero la debilidad institucional local, el oportunismo, la corrupción, el clientelismo, las microempresas de lo social y el desempleo profesional tienden a reducir el Acuerdo a una “posibilidad de gestión”.

 

El enfoque gestionario del desarrollo que el neoliberalismo acentuó, sin el contexto de la lucha de clases por ejemplo, ha causado mucho daño: Despolitiza y desideologiza las luchas sociales y populares; este enfoque discute la planeación y no el desarrollo; reduce la pobreza y la desigualdad a un asunto técnico; también reduce la garantía de los derechos a la capacidad de gestión; en consecuencia solo propone soluciones en el marco de la formulación de proyectos; el enfoque gestionario fragmenta las luchas y dispone las organizaciones a la rapiña por el presupuesto causando la dispersión y atomización del Pueblo; la importancia de la Planeación queda reducida al proyecto puntual; de hecho justificación, objetivos y metodología, son componentes llamados “carreta” que se resuelve con un copie y pegue: lo importante termina siendo solo el presupuesto.

 

Esperemos que una parte importante del universo de las ONGs no continúe contribuyendo a esto. De hecho valdría la pena indagar por el crecimiento de figuras jurídicas tipo corporaciones, asociaciones y fundaciones creadas durante los últimos tres o cuatro años, con el ánimo de canalizar los recursos de la paz. Corren el riesgo de nuevas frustraciones ante el fracaso de la gestión y con eso más apatía. Sin embargo están en todo su derecho y no pueden pagar justos por pecadores. Pero es conocida su utilidad en la corrupción de la contratación con el Estado. El mismo mensaje a las administraciones locales y en especial a los funcionarios públicos. Uno de ellos, ante la pregunta de si leyó el Acuerdo, respondió: “leí el que me interesaba”.

 

Debemos resaltar del Acuerdo su integralidad, su esencia y su propósito fundamental: terminar la guerra y reparar las víctimas. Todo ello debe incluirse en la Pedagogía de Paz. Por eso debe citarse el informe de la Comisión Histórica del Conflicto y sus Víctimas, las razones de nuestro alzamiento armado. Hoy día, hacerlo a riesgo de ser acusados de “hacer política con armas”. El Acuerdo de Paz debe ser ubicado en su contexto histórico, político y económico entre otros. Por qué no, en el marco del desarrollo capitalista, de la formación del Estado en Colombia. No puede ser que la pregunta ¿dónde se presentan los proyectos? termine siendo la más importante y de pronto la única que algunos y algunas se hacen.

 

En su campaña contra la intervención del Estado, el neoliberalismo atacó la planeación y en especial la participación del pueblo con capacidad de decisión en todas sus fases. El proceso de planeación desde abajo contribuye a la vocación de poder político. La planeación tiene un lugar importante en la conceptualización del socialismo. Y se mostrará como una alternativa sería para resolver problemas de la sociedad. La planeación con carácter científico le aportará significativamente al cambio social. Socialista el futuro será, y lo será, planificando.

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