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Comandante Ramiro Vásquez, sobre el futuro de las Farc:

Aminta Beleño Gómez

ABP Noticias

Durante la mañana reciente de un domingo en Caracas, una mano amiga propició el encuentro con un personaje inscrito en la historia de referentes revolucionarios latinoamericanos: el Comandante Ramiro Vásquez, jefe militar de las Fuerzas Armadas de Liberación, guerrilla organizada por el Partido Comunista de El Salvador, en la década del 80; integrante de la Comandancia General del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN); hoy, Secretario de Organización del FMLN y Viceministro de Comercio Exterior de El Salvador.

Despojado de comunes prejuicios, que instala la institucionalidad dominante en muchos hombres que han conocido el poder, el Comandante Ramiro analizó, desde la óptica de su experiencia, situado como sujeto colectivo, reconocido en el FMLN, los alcances y perspectivas del Acuerdo de Paz suscrito entre las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc) y el Gobierno de Juan Manuel Santos.

En sus palabras: historia, sinceridad y abrazo solidario. El resultado de este encuentro: un documento para la discusión necesaria en las filas de la militancia revolucionaria latinoamericana y mundial. A continuación su contenido, que empieza, informalmente, con su presentación:

Comandante Ramiro Vásquez: Sigo siendo el Comandante Ramiro, amigo de la revolución colombiana, de la Revolución Bolivariana, y seguimos siendo en nuestro país revolucionarios y luchadores.

Hemos acompañado las batallas de Colombia, hace tiempo ya. Estaba toda la batalla política que se generó alrededor del tema Ingrid Betancourt, fuimos invitados por gente de la derecha a discutir sobre el tema, y yo les definía el conflicto en Colombia, la guerra en Colombia, como la última herida sangrante de América Latina, y que era importante que nos sumáramos todos a la batalla para ayudarle al pueblo colombiano, a los compañeros de las Farc, para encontrar un camino digno y honroso que les permitiera conquistar espacios políticos, y democráticos.

Creemos que lo que se ha iniciado hoy, con la firma de los Acuerdos de Paz, con los pasos que están dando los compañeros de las Farc, es una oportunidad. Conocemos los otros momentos que han tenido los compañeros de las Farc, intentando construir el camino… El Caguán, experiencias anteriores, que habían terminado con golpes fuertes, profundos, en las fuerzas revolucionarias, a los compañeros de las Farc, que habían generado situación de desconfianza que afectaba posibilidades y potencialidades de avanzar por el camino de la revolución.

Yo he estado vinculado a este esfuerzo desde los 90. Visitamos una vez al compañero Manuel, conversamos con él, conversamos con Raúl y con otros compañeros del Secretariado de las Farc y le dimos inicio a aquel proceso que comenzó con los encuentros por la Paz en Colombia, hicimos el primero en El Salvador, el segundo en México y el tercero en Managua; y ahí vino El Caguán, y las reuniones de este proceso que terminó en lo que terminó, pero que formaba parte de esa batalla.

Hoy, hemos visto y participado, ya de manera oficial, en el proceso de negociación. Fui invitado dos veces a La Habana, a la discusión de temáticas puntuales en la parte militar, junto con otros miembros de la comisión negociadora de El Salvador; un general que había sido parte de la delegación del Ejército salvadoreño en la mesa con nosotros, y pudimos conocer la dinámica, las dificultades que tenía en su momento; y nos ha alegrado muchísimo el que se haya logrado un acuerdo, sabemos que tiene sus riesgos, amenazas y peligros; pero que es una oportunidad para Colombia, para el pueblo colombiano y, por supuesto, para todos los combatientes de las Farc, de encontrar un camino distinto al de las armas para construir una Patria nueva.

Aminta Beleño Gómez: La decisión tomada por las Farc reabre el debate sobre las diferentes formas de lucha, ¿se podría decir que cuestiona la vigencia de la lucha armada en América Latina?

C.R.V: No se puede hacer una afirmación tajante, nunca, sobre esos temas, porque depende de las correlaciones sociales, de los espacios políticos, de las fuerzas que están en los escenarios. Por supuesto que, en cualquier país de América Latina, donde se instalen regímenes brutales, militares, represivos, que persigan, presionen, asesinen, torturen, los pueblos están legítimamente autorizados para tomar un camino necesario para defender sus intereses. Uno no puede decretar, dictar, ninguna receta en ese sentido.

A.B.G.: Pero, en Colombia no se ha superado esa fase del Estado que reprime, asesina, que viola los Derechos Humanos, ¿cómo entender este paso en una guerrilla históricamente radical?

C.R.V: Se han aceptado los principios, las normas, que deben corregir ese estado de cosas. Ahora...todo va a depender de la construcción de una correlación social, política, que presione para que los responsables de garantizar que, efectivamente, pare la represión y se suspendan los crímenes y torturas, lo cumplan.

A.B.G.: ¿Es posible eso?

C.R.V: Yo creo que sí.

A.B.G: ¿En El Salvador fue posible? ¿Se respetaron los Derechos Humanos de los combatientes del FMLN, luego del tránsito de organización armada a política?

C.R.V: Yo diría que el proceso de El Salvador fue, de procesos de paz en el mundo, uno de los más sólidos. No volvió a haber un solo enfrentamiento militar, después del proceso de paz. Se cometieron asesinatos, murieron varios comandantes nuestros, pero pudimos verificar que siempre se trató de acciones particulares; es decir, no se trató de una política de Estado. Nosotros supimos hacer la diferencia, y pudimos hacer que la maquinaria judicial actuará, y eso se paró.

A.B.G.: ¿Su experiencia le dice que, en Colombia, pudiera desarrollarse un proceso similar?

C.R.V: Sin ninguna duda. Después de la experiencia de esa votación fraudulenta, (Plebiscito del 2 de Octubre) donde el pueblo fue engañado, ha surgido una Colombia que reclama, que exige, que se respeten los acuerdos de la mesa; distinta a la Colombia que apareció con esos resultados de la votación. Por supuesto, hay una cantidad de factores, que la propia sociedad colombiana, todos los factores, deben de exigir lealtad al proceso.

A.B.G.: Desde el punto de vista de la correlación de fuerzas, ¿cómo leer el Acuerdo de Paz?

C.R.V.: Le haría dos lecturas. La nuestra: había un escenario internacional, habían pasado 12 años de guerra en un contexto mundial, donde arrancamos con una URSS firme, pujante, y terminamos con una URSS derrumbada, con un campo socialista derrumbado; con una correlación de fuerzas, en América Latina, adversa, una derrota electoral del Frente Sandinista en Nicaragua, que era nuestro vecino; por supuesto, fueron factores que tuvimos en cuenta en la Comandancia General del FMLN y en los mandos, para tomar la decisión de transformar nuestro capital militar en capital político; transformar nuestro ejército guerrillero en un ejército político e intentar hacer con fuerzas políticas lo que no habíamos podido hacer con las armas en la mano; con una guerra muy intensa que involucraba todo el territorio nacional, todas las fuerzas de seguridad, todas las fuerzas militares, y que nos había costado cifras trágicas de más de 130 mil muertos, en un territorio tan chiquito de sólo siete millones de habitantes.

Con ese escenario fue que a nosotros se nos planteó la necesidad de negociar e hicimos con fuerza militar que la política de diálogo, que impulsaba el gobierno, se transformara, en un momento, en una política de negociación, y que se le abriera camino a la solución política del conflicto.

En un primer momento, se leyó que era la derrota de las fuerzas guerrilleras, la victoria de la otra parte. Cuando ha pasado el tiempo y se han podido apreciar los cambios y transformaciones que se dibujaron en los acuerdos de paz, y que se han ido desarrollando en la vida, ha cambiado la percepción.

Y, realmente, lo que ganó en esa negociación, en esa mesa, fue el pueblo salvadoreño y la paz. Por supuesto que siempre quedan cosas por resolver: la democratización de la economía, asegurar el pleno cumplimiento de las libertades políticas que le permitan a los pueblos expresarse con libertad, la gran batalla en el tema de la seguridad pública, de la seguridad ciudadana; entra ya el escenario de esa discusión política que se debe abrir, generalizar, y que es clave integrar, incorporar, a la sociedad en pleno a esa discusión. Yo creo que es lo que permite, en su momento, que la acumulación de factores y de cambios vaya haciendo que, desde el interior de nuestra sociedad, vaya naciendo una sociedad nueva, distinta, más pacífica, con más capacidad de discutir y de entenderse.

En nuestro caso, siguen habiendo enfrentamientos entre nosotros y la derecha y ultraderecha, pero ya no nos tiramos ráfagas para resolver nuestros problemas y diferencias; hay trampas, hay trucos, hay guerra sucia, pero el escenario cambió; hoy discutimos, votamos, ganamos diputados, perdemos diputados, ganamos alcaldías, perdemos alcaldías, pero de todas esas batallas va generándose una acumulación de conciencia social, política, de la necesidad de transformar.

Entonces, yo creo que para los hermanos de las Farc, la batalla que viene, ahorita, es transformar esa enorme fuerza política y militar de la que los compas han hecho gala, en una inmensa fuerza política; significa que para cada combatiente lo que hay es un cambio de escenario, en lugar de los campos de batalla militar viene un campo de batalla política, electoral, a la que hay que dedicarse con el mismo amor, con el mismo empeño, que nos dedicamos ayer; y asumir que los revolucionarios estamos, no condenados, sino obligados a luchar toda la vida; lo que van a ir cambiando son los escenarios de lucha.

A.B.G.: ¿Cuáles son los peligros más grandes que se avecinan cuando se transforma una organización armada en política, para los objetivos estratégicos de esa organización? Superando la guerra sucia, y pensando en la militancia, teniendo en cuenta lo que es el sistema como tal, y que en esos espacios ya no se va a tener el mismo control sobre cada combatiente que tiene una organización militar. ¿Qué elementos se deben tener en cuenta para poder mantenerse y trascender?

C.R.V.: Yo creo que son dos grandes temas, uno, es el humano. Más aceptado en el caso de Colombia, porque es una guerrilla con mucho más tiempo, donde los cuadros, los combatientes, perdieron las condiciones de vida ciudadana, su vida civil, dijéramos así, que va de todo: desde alquilar casa, pagar la luz, rehacer la familia, rehacer la vida de las personas, a lo que hay que dedicarle tiempo; y se corre el riesgo, nos sucedió a nosotros, los que vinimos de la montaña, vinimos a reconstruirnos como personas; y hacia el FMLN, en aquel momento, fluyó una cantidad enorme de población, de gente, que simpatizaban, que se sentía amiga del FMLN, y nosotros nos abrimos, nos transformamos en un enorme partido político. En nuestros números eran 15 mil combatientes que salimos de la clandestinidad y de la montaña, y de repente éramos un partido que tenía 125 mil afiliados.

Entonces, se perdió la relación ideológica al interior del Frente, y de repente, en el camino ése de la lucha electoral, nos dimos cuenta que con esa masividad en nuestras filas habíamos adquirido prácticas, estilos, visiones, distintas a las de nosotros, y vino una batalla ideológica y política en la que seguimos todavía.

Eso, digamos en la parte personal, que es importante anotarlo, porque pesa, pesa… Vendrán los compañeros que se declaren libres, y se den de baja, que digan: ya entregué mi vida en mis mejores años, y quiero vivir la mía, quiero vivir mi vida, quiero vivir a mis hijos, quiero estudiar…que tienen derecho, por supuesto. Sin embargo, la revolución va a retener en sus filas a los hombres y mujeres más comprometidos con la causa.

La otra, es que por primera vez, a nosotros, después de firmar los acuerdos de paz, nuestros enemigos nos tuvieron en una mesa, en una vitrina, donde nos veían desde los pies hasta la cabeza; supo por primera vez quienes éramos nosotros, y a partir de la experiencia que tenían en Vietnam, Cuba, Nicaragua y Centroamérica, trazaron hacia el FMLN un plan, y es importante anotarlo: un plan que estaba dirigido a quebrarle al FMLN los rasgos esenciales que lo definían como una partido revolucionario: primero, su ideología, en una campaña intensa, permanente, que no era de facto; o sea: salimos de la época en que nos mataban con tiros, físicamente, ahora nos mataban las ideas, los sueños; comenzaron a reclutar, a cooptar, a militantes, combatientes, y a dirigentes del FMLN y tuvimos bajas más tristes, más dolorosas, que en la guerra, que en los combates, porque en los combates uno agarra el cadáver, el cuerpo del hombre y lo transforma en ejemplo; pero, los otros muertos, los que caen y se transforman en traidores…apestan.

Entonces, el primer ataque es contra la ideología, al pregonarte que las ideologías nos separan del pueblo, que no las entiende la gente. Y, a nosotros nos sucede eso detrasíto de la caída de la URSS, y ellos pregonaban el fin de la historia, de las ideologías; Fukuyama había instalado ese pensamiento y estaba en su pleno apogeo, y produjo sus efectos.

Nosotros antes de la guerra, en la clandestinidad, y durante la guerra, teníamos escuela ideológica, teníamos programas de estudio; cuando pasamos a eso, muchos militantes, combatientes y algunos dirigentes, se sumaron a esa idea de que para qué estudiar, prepararse, para qué leer el marxismo, y casi nos llevaron a sentir vergüenza de nuestra ideología, de esa ideología que nos había permitido construir un movimiento donde miles de hombres y mujeres de El Salvador habían, incluso, tomado la decisión de dar su vida por la revolución; era una ideología que se había construido en los campos, en las fincas, en las fabricas, no en Moscú, ni en Cuba, como decían; nos formamos ahí.

Yo diría que hay que prepararse, porque van a venir con eso, sin lugar a dudas que se la van a montar al destacamento revolucionario colombiano para intentar quitarles las garras y los colmillos, para intentar domesticarlos, someternos. Eso, en el terreno del pensamiento.

Luego, vino otro ataque: era desorganizar al movimiento. Un rasgo esencial en el caso nuestro, en El Salvador, era un alto nivel de organicidad en todas las estructuras que teníamos: social, militar y política; en los caseríos, en cantones, campos, en los barrios, en las colonias, había una organización que comenzaba desde el padre, la madre, los muchachos; era un compromiso casi total en la zona rural; y comenzó un ataque: que eso del comité de base, de la célula, restringía la participación de la sociedad en el nuevo escenario, y que era necesario abrirnos… Efectivamente, nos transformamos en un partido grande, de masas, pero aguado, sin columna vertebral, sin músculos para vivir… Hemos invertido, después de eso, muchos años para recuperarnos, todavía seguimos enfrentando ideas de esa naturaleza, pero lo hemos entendido en la cabecita y hemos hecho un esfuerzo grande.

Un tercer elemento, que ha pesado mucho, fue atacar el tema de la disciplina, que la disciplina aleja a los militantes, que no permite que el partido entre al corazón de la gente, que no permite que los librepensadores se expresen y que ellos ayudan. Nosotros creemos que sí, que ayudan y que tienen derecho a existir, pero no dentro de un partido que tiene un proyecto histórico y que necesita que en los momentos críticos, difíciles, y en las oportunidades, pueda concentrar toda su energía y convertirla en un puño de acero.

Nosotros tuvimos momentos difíciles cuando perdimos eso; una parte de la dirección decía vamos a ir para el norte, otros inventaban vamos es para oriente y otros al sur… y la fuerza del partido se dispersa y se pierde la capacidad de construir.

Entonces, el tema de la disciplina va a ser atacado, y justamente ha sido uno de los grandes valores de las Farc, esa voluntad de acero, de permanecer en condiciones adversas, peleando, combatiendo, acosados, aislados y esa voluntad nunca se quebró. Van a intentar golpearla.

Un cuarto eje, en nuestro caso, fue el intento de alejarnos, despegarnos, de los sectores sociales, de las clases interesadas en las transformaciones socialistas, que siguen siendo nuestro sueño. Y, en el FMLN, hasta la batalla del 2009, hemos logrado recuperar el apoyo de los campesinos...nuestras columnas guerrilleras, en los 80, tenían en su interior, una estructura esencialmente rural, y… perdimos eso.

Un quinto elemento: ellos golpean, debilitan, el concepto en la organización de estrategia y nos empujan a manejar todo desde la idea de la publicidad y las comunicaciones.

En nuestro caso, en la época más álgida de la guerra, del enfrentamiento militar, el más sencillo de nuestros combatientes, de los milicianos nuestros, tenía bien clarita la esencia de la estrategia nuestra en ese período. Hoy, cuesta encontrar que alguien le pueda precisar a la gente cuál es la esencia de la estrategia política, si es ganar diputados, ganar alcaldes para que vayan a echar panza a la alcaldía… y se nos desdibuja la estrategia, que es la que motiva, finalmente, a la gente a darle el apoyo a las fuerzas revolucionarias.

Entonces, yo diría que esos cinco elementos hay que cuidarlos. Son la esencia del partido de nuevo tipo que Lenin definió a principios del siglo pasado, el partido de nuevo tipo capaz de hacer la revolución y los cambios y las transformaciones que las sociedades necesitan.

Posiblemente hoy, los estrategas de los grupos interesados en la derrota de la revolución, tengan nuevos elementos, nuevos factores, la tecnología, las redes sociales, todo eso que hoy está de moda, estén integrados, incorporados.

Pero, esencialmente, están destinados a tratar de domesticar a las fuerzas revolucionarias, cooptando a sus hombres y mujeres, usando una cosa que es el rasgo esencial del modelo neoliberal que hemos enfrentando en los últimos tiempos.

Porque, hemos desarrollado una enorme capacidad para denunciar al modelo neoliberal por su expresión económica, su relación con el capital financiero y su capacidad de concentrar a las empresas; pero, hemos hecho muy poco para desnudar cuál es el filo ideológico del neoliberalismo, y el filo más peligroso es el individualismo, porque con él destruyen, desmontan, desbaratan, todas las causas colectivas, vuelven al individuo el hombre más cachimbón, el hombre sin el cual no se puede hacer nada: yo sé, y sólo yo sé, y tú opinión y la de aquel no cuenta, o haces lo que yo digo o esto se fregó. En nuestro caso, perdimos, fruto de ese tema, a muchos dirigentes muy valiosos.

Eso es otro tema que hay que cuidarlo, que hay que discutirlo, decirlo, contárselo a los combatientes, porque ellos vienen de ser gente muy pura. Los frentes guerrilleros, las fuerzas guerrilleras, las estructuras militares, permiten construir un ambiente aséptico que mata, fríe, cualquier elemento ideológico extraño; pero, puestos fuera del frente se pierde el control y el calor ése de hermano que genera la lucha, la vida, el campamento, el hábitat.

A.B.G: ¿De qué prenderse para no perder la brújula?

C.R.V.: Son tres factores esenciales: la organización, el trabajo colectivo y la formación ideológica, que es lo que hasta ahora a nosotros nos han salvado de desaparecer, que eran de las dudas que más nos acosaban cuando salimos de la guerra. Nuestro compañero Schafik dijo una frase, que nosotros no volvíamos como ovejas descarriadas que se incorporan al redil, al sistema; que volvíamos como revolucionarios victoriosos a cambiar al sistema; nos vamos a meter al sistema para cambiarlo desde adentro, y no para que el sistema nos transforme a nosotros.

Esa ha sido nuestra consigna hasta ahora, hemos peleado en la idea esa de construir la fuerza política necesaria para hacer los cambios, las transformaciones, que no pudimos hacer con las armas en la mano. Y que... sí tenemos que volver otra vez allá, volver más, para buscar resolver más rápido.

A.B.G.: El mensaje para las y los militantes de América Latina, en momentos de ofensiva imperial contra la lucha revolucionaria.

C.R.V: Sin ninguna duda que hay una contraofensiva de la derecha, imperial, nació de allá de las oficinas de los Clinton, de Obama, que ha tenido éxito: derrumbaron a Zelaya, en Honduras; a Lugo, en Paraguay; afectaron Argentina; a Dilma, en Brasil; el acoso que mantienen contra Venezuela, contra Evo, en Bolivia; Correa, en Ecuador; contra Daniel, en Nicaragua y contra nosotros en El Salvador, es intenso y tienen un esquema: la creación de un partido comunicador: los medios de comunicación que son la punta de lanza; luego el partido judicial que criminaliza la lucha. En el caso nuestro ha llegado a anular la Amnistía, la Sala de lo Constitucional dijo recientemente que todos los combatientes que tuvimos responsabilidades militares estamos expuestos; ya hay una primera demanda contra nuestro Presidente que apunta a declarar que él no era una persona apta para ejercer la Presidencia. Ya hay ocho demandas contra nosotros, contra dirigentes del Frente y, por supuesto, han pensado en hacer demandas contra figuras de la derecha que están muertos, o generales que están viejitos, no están en política, que son buenos abuelos...

Entonces, es la lucha, la movilización, la organización del pueblo y el ejercicio del derecho a luchar. No hay otro camino, estamos obligados a luchar toda la vida, algún día venceremos, pero siempre vamos a tener que estar luchando.

A.B.G.: ¿Usted cree que la humanidad se puede transformar, hay que creer que podemos transformar? ¿Algún día venceremos?

C.R.V.: ¡Venceremos, Sí! De hecho, ya la estamos transformando. Mire, compa, lo que viene ahorita en Colombia va a ser impresionante. Ese clima de zozobra, de miedo que existía en algunas zonas, regiones, va a terminar Sin ninguna duda. Y, ese país con la riqueza natural que tiene, con la capacidad que tienen los colombianos de trabajar y de transformar va a ser una explosión de América Latina. Sin ninguna duda, otra sociedad está naciendo ahí.


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