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Por Alberto Pinzón Sánchez

Es claro que las Farc-EP planearon la llamada “ultima marcha” a las zonas veredales como una batalla militar. Y así lo estamos viendo, muy a pesar del ocultamiento premeditado del oligopolio mediatico contrainsurgente: una concentración extremadamente disciplinada, que ha sorprendido incluso al ejército colombiano y a sus asesores gringos; una confluencia preparada con anticipación sobre un punto señalado y trasportando todo lo necesario, hasta los neonatos recién nacidos y las armas a la espalada. Llevaban sábanas para los heridos (en accidentes se entiende) y por caminos, trochas carreteable y ríos fueron llegando a donde se había planeado el combate.

Pero esta vez, no había adversario al frente, estaba agazapado detrás de un escritorio de maderas preciosas en una casa de gobierno de Bogotá, y el enemigo a enfrentar era la naturaleza cruda y dura no muy diferente a las de las selvas y montañas donde han trascurrido la mayoría de sus días de resistencia al exterminio, y, sin ninguna de las adecuaciones o “infraestructuras” que se habían pactado previamente en los Acuerdos de Paz.

No importa. Dijeron los comandantes de cada uno de los grupos y frentes: - “Hemos venido a lo que hemos venido y vamos a cumplir hasta la última palabra”.

Estaba claro. Era de esperarse y también estaba en los planes que el adversario como lo ha hecho durante siglos, una vez desactivada o desarmada la resistencia y la rebeldía populares, incumpliera lo pactado; reculara y luego iniciara el baño de sangre: José Antonio Galán y sus Comuneros. Guadalupe Salcedo y sus llaneros. Isauro Yosa y los Marquetalianos, y más reciente, Pizarro y la dirigencia consecuente del M19, el Plan Colombia post Caguán, ect. No hay espacio aquí para mencionar todas las “perfidias” de los dominantes colombianos.

A la incuria gubernamental para implementar los acuerdos y cumplir con lo pactado en la Habana, se le sumaron (en una MUY curiosa coincidencia) los Narco Para Militares quienes ignorados sospechosamente por el Gobierno y en una terca oposición a lo que se ha dado en llamar “la paz para Colombia”, no solo están pretendiendo detenerla o pararla, fusilando a dirigentes sociales partidarios de ella, sino que pasaron a los hechos interponiéndose con sus máscaras de terror, sus fusiles y muy probable también con sus motosierras, en la carreteras para no dejar pasar las marchas guerrilleras hasta su destino definitivo.

Poniendo en evidencia que lo que los UNE al gobierno, es más fuerte de lo que los separa:

- ¡La negociación sigue abierta! ¡No hay nada que implementar! Y, dentro de un año, cuando pongamos presidente, que lo pondremos, revisaremos todo lo que se ha negociado en la Habana ¿Qué pueden hacer si ya están desarmados y encorralados? Según la sugerencia cínica de uno de sus voceros ante la prensa colombiana. (http://www.rcnradio.com/nacional/uribismo-advierte-modificara-acuerdo-paz-gana-la-presidencia/)

¿Cuál es la sorpresa? Ninguna. Está dentro de lo esperado, Sin embargo, las cosas siempre tienen desarrollos inesperados, y sin duda, el pueblo Comunero volverá a encontrar soluciones.

Ahí no está la fiebre. La fiebre está en lo que escribí en mi pasada columna de opinión sobre la crisis generalizada de la sociedad colombiana y de su clase dirigente, agravada por el escándalo de los sobornos de Odebrecht que ha involucrado a las campañas presidenciales 2014, tanto la de Zuluaga como la de Santos, junto con todas sus prolongaciones metastásicas, y que Cristo, el ministro liberal del gobierno Santos, ha caracterizado como “ una crisis creciente del Sistema político de Colombia” con la finalidad de lanzar al aire una “Reforma Política”, cuyo objetivo más bien pareciera el de lanzar una cortina de humo que tape el asunto Odebrecht, y evite la discusión de la Asamblea Constituyente.

Nadie en el gobierno, ni en la llamada oposición; por estar enredados en el asunto Odebrecht, y pensando en quien va a ganar las próximas elecciones presidenciales y será el presidente que “sobreagüe” en todo este naufragio; ha aceptado que el tiempo de la llamada “negociación” con las Farc ha terminado (que es diferente a la que se ha abierto con el ELN) y, que se ha entrado en una nueva fase con un tiempo diferente: El de la de la implementación de lo acordado en la Habana y firmado finalmente en el Teatro Colón. No lo han entendido. ¿Cuándo lo entenderán? No se sabe aún.

En cambio, los comandantes de la marcha guerrillera que cumpliendo su palabra llegaron a las zonas verdales y han tenido que enfrentar una batalla un tanto diferente, sin fuego cruzado y con un enemigo mañoso atrincherado en los escritorios de la fronda burocrática bogotana; sí que lo tienen claro. No es sino leer por ejemplo la carta que le envía el comandante del frente 33 en el Catatumbo al comandante general de las Farc-Ep, para darse cuenta ( http://anncol.eu/colombia/item/5957-frente-33-resumen-latinoamericano)

Es sencillo. La convocatoria de una Asamblea Constituyente ahorraría todo ese enredo parlamentario en que parece meternos la propuesta “Improvisada” de la reforma política del sistema, presentada por Cristo y resolvería no solo la crisis política y social generalizada que está en curso, sino el asunto de la implementación de lo acordado en la Habana, al generar o reflejar un nuevo equilibrio democrático de poderes, que se están moviendo “actualmente· en la sociedad colombiana.

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