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La carta que publicamos a continuación surge luego que la Universidad del Atlántico, demostrando que tiene abiertas sus puertas al debate político sobre la construcción de la paz estable, duradera, y con justicia social en Colombia, convocara a un conversatorio en el que estarían presentes Seuxis Hernández “Jesús Santrich” de las FARC-EP y quien fuera integrante de la Delegación de Paz en La Habana, Jairo Andrés Rivera Henker, integrante del movimiento Voces de Paz, Diego Martínez Castillo miembro de la Comisión Jurídica que acompaña los Diálogos, Guillermo Polo Gobernador del Atlántico, así como directivas académicas y administrativas, incluyendo a la Rectora de la institución Rafaela Vos Obeso, docentes, estudiantes, egresados y público de interés.

Medios y políticos de derecha magnificaron un pequeño altercado que se dio cuando un estudiante, irrespetando la metodología del derecho de palabra prevista, quiso intervenir produciendo evidentemente un saboteo a la actividad, e intentaron invisibilizar la gran trascendencia de que tuvo la misma al representar el inicio del Programa asumido por la institución educativa “Universidad del Atlántico y su Compromiso con la Paz”, que tiene por objetivo desarrollar desde la academia toda una serie de iniciativas en pro de la implementación del Acuerdo de Paz.

Un primer gran logro gracias al compromiso con la Paz de parte de la Uniatlántico es haber posibilitado el regreso de Seuxis Hernández “Jesús Santrich” a su alma mater, como una manera de honrar a todos aquellos estudiantes de esta universidad que por sus convicciones políticas fueron asesinados o se vieron obligados a abandonar la institución y la ciudad, e ingresar a las filas de las FARC-EP para salvar sus vidas ante la persecución y amenazas, y seguir luchando por una Nueva Colombia desde esa nueva trinchera.

Abril 24 de 2017

CARTA ABIERTA A LOS ACADEMICOS DE LA UNIVERSIDAD DEL ATLANTICO, ABANDERADOS DE LA PAZ

Con mucha alegría he leído el contenido de su carta, con motivo de los acontecimientos y reacciones suscitadas a raíz del foro convocado por la Universidad del Atlántico el pasado 18 de abril, donde fue invitado como expositor nuestro camarada Seuxis Hernández (Jesús Santrich), como hijo de esta Alma Mater.

Llama la atención, aunque no nos sorprende, que algunos sectores políticos del país, sigan viendo la historia a través del retrovisor y la nostalgia de una guerra que tantos dolores y heridas ha causado a Colombia. Fue esa misma intolerancia y espíritu excluyente el que motivó el alzamiento armado y la confrontación militar que se prolongó por más de medio siglo y que hoy nos esforzamos a dar fin, luego de unas accidentadas conversaciones entre el gobierno y las FARC, que afortunadamente concluyeron en un acuerdo de paz que ofrece, a ésta y a las futuras generaciones, la posibilidad de construir una patria donde quepamos todos, independientemente de nuestra manera de pensar.

Sin dudas el Acuerdo de Paz no es aun “la paz estable y duradera” que anhelamos la mayoría de los colombianos, pero indiscutiblemente es el mejor instrumento para avanzar con paso firme hacia la reconciliación de la familia colombiana. El acuerdo de La Habana tiene en su letra y espíritu, grandes aportes que bien aprovechados, darán inicio a las trasformaciones sociales, políticas y económicas, que nos permitan soñar con un país más equitativo e incluyente; un país donde las diferencias políticas e ideológicas no se diriman a tiros, ni con la eliminación física del opositor; un país donde los derechos del capital no primen sobre el bienestar de las comunidades; donde las ganancias de las multinacionales no estén por encima de la vida, el medio ambiente y los derechos humanos.

En buena hora, la Universidad abre las puertas al debate político tomando como punto de partida un tratado de paz que ha tenido en cuenta la historia colombiana y universal, la cultura, el derecho interno y lo más avanzado del derecho internacional, para sentar las bases de la construcción consensuada de un nuevo tipo de democracia. Con estos gestos e iniciativas, la universidad, como centro del pensamiento y la cultura, demuestra su compromiso con la nueva historia que empezamos a construir.

Con optimismo y orgullo he podido presenciar desde la distancia, que ese templo del saber, La Universidad del Atlántico, siguiendo hoy “la tradición de compromiso con la sociedad que ha tenido la educación superior en nuestro país, se la jugó con la construcción de la paz y la reconciliación de los colombianos, con el lanzamiento del programa “Uniatlántico compromiso con la paz”.

En esta universidad me hice demócrata y revolucionario; De allí partí hacia las montañas a integrar las filas del ejército de Manuel Marulanda tras el sueño de la justicia social, cuando vi agotadas las condiciones y garantías para el ejercicio de la política. Confieso que nunca abandoné la esperanza de retornar y honrar la memoria de los que como Alfredo Castro, Luis Meza, Reynaldo Serna, Lisandro Vargas, Dreiver Melo, Raúl Beter, entre otros, fueron abatidos a tiros por las mismas manos que hoy claman la continuación de esta guerra que ha dejado un saldo lamentable de vidas cegadas y esperanzas truncadas.

El destino de Colombia está en las manos de esta generación de estudiantes, docentes, trabajadores, campesinos, indígenas, afrodescendientes, artistas, hombres y mujeres que aman la paz. No dejaremos que nos arrebaten la esperanza. Somos más los que queremos la paz.

Desde mi condición de integrante de las FARC en proceso de reincorporación a la vida civil, e hijo de esta alma mater, convoco a todos los estamentos universitarios y en especial a sus autoridades académicas y administrativas, a continuar el debate libre y franco alrededor de los problemas más apremiantes del país, con miras a sanar las heridas que ha dejado la guerra, convencido que la universidad tienen un papel protagónico que jugar en “la construcción de la paz estable y duradera” que se selló en los acuerdos de la Habana, entre el gobierno de Juan Manuel Santos y las FARC-EP.

De ustedes, con especial afecto:

BENEDICTO GONZALEZ MONTENEGRO (Alirio Córdoba, integrante de las FARC en proceso de reincorporación a la vida civil)

 

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Por  Timoleón Jiménez

La aparición de Chávez en el escenario latinoamericano se produjo hace 25 años, con el intento frustrado de golpe contra el gobierno corrupto y neoliberal de Carlos Andrés Pérez. Un continente en el que gobiernos e intentonas militares dejaron nefasto recuerdo, no recibió con entusiasmo la incursión del teniente coronel, al que se asimiló de entrada con los gorilas del cono sur.

 

Equivocación odiosa, que generó desconfianzas en muchos movimientos políticos. Estas solo desaparecieron cuando lo vieron emerger en medio de impresionantes multitudes tras el golpe contra su gobierno en el año 2002. La curiosidad hacia él se hizo evidente, qué pensaba realmente, qué proponía para haberse ganado tal animadversión imperialista y oligárquica.

 

Pero sobre todo, qué estaba haciendo para que millones de venezolanos, sobre todo humildes, se lanzaran a la calle, sin armas, llorando de rabia y dispuestos a hacerse matar por su regreso a la Presidencia. Fue claro que había dos países en Venezuela, el de los empresarios y sindicatos corruptos hincados ante Washington, y el de la gente que creía y esperaba cambios.

 

El primero lo tenía todo. Dinero, poder, alcurnia, medios masivos de comunicación, apoyo de los Estados Unidos. El segundo en cambio estaba hacinado en las grandes barriadas populares, necesitado con urgencia de recursos, trabajo, educación, salud, vivienda, derechos elementales que les habían sido negados siempre. Y reconocía en Chávez su única esperanza.

 

Por vez primera un gobierno había tocado a sus puertas, para invitarlos a hacer parte de la vida política del país, a organizarse, a luchar por sus reivindicaciones. Los tomaba en cuenta, los respetaba y ayudaba, hacía realmente obras para ellos, gobernaba para los desharrapados antes que para los terratenientes y el gran capital como había sido siempre.

 

El 11 de abril de 2002, como se demostró posteriormente, fue el producto de una conspiración criminal, en la que se movilizó gente engañada al lado de la de las clases altas, con un plan previo de generar caos. Francotiradores, destrucción general, asesinatos y violencia extrema fueron presentados por los medios como legítima protesta contra una dictadura infame.

 

La historia se  repite quince años después. Los Estados Unidos harán hasta lo imposible porque las mayores reservas petroleras del mundo vuelvan a su control. Por exterminar de raíz el ejemplo de un pueblo que recupera su dignidad y emprende su propio destino. Capitalistas y terratenientes locales apuestan de nuevo a recuperar la torta perdida, al precio que sea.

 

Han sido 18 años de sabotaje permanente, de zancadillas y tropeles cuidadosamente tejidos para generar la impresión de que los malos son los otros. Los que no saben nada de economía, ni de administración, ni de política, los chambones que lanzan un país al desastre con el pretexto de una ideología que además les sirve para llenar sus bolsillos. 

 

Estrategias mediáticas ligadas al desorden que se encargan de sembrar al interior de un país en el que su pueblo marcha por caminos distintos a los dictados por los organismos multilaterales de crédito. Es imposible no recordar el Chile de Allende, sumido en el desespero por la especulación y el acaparamiento. En la revolución sandinista asediada por los contras y su ira asesina.

 

En la Cuba del Che Guevara y Fidel, victimizada por el terror imperialista de Playa Girón, los múltiples atentados, el bloqueo económico, las conspiraciones nacidas de la OEA, los planes para asesinar su dirigencia, la infiltración de agentes y la creación de falsos liderazgos al servicio del imperio. En la Colombia paramilitarizada y aterrorizada para que odie a las FARC. 

 

El mundo de hoy afronta una estrategia de dominación novedosa, en la que verdad y realidad ceden su lugar a la apariencia y la mentira difundidas en gran escala por poderosas cadenas informativas. En 2003 los intereses imperiales se empeñaron en sembrar la idea de un Irak dispuesto a usar armas químicas y de destrucción masiva que poseía a granel en sus arsenales. 

 

El resultado final fue más de un millón de inocentes iraquíes asesinados impunemente, un  país destruido y sumido en el desconcierto, en el que jamás se halló una sola de las armas que le acusaban poseer, pero con todo su recurso petrolero en manos de las grandes compañías de la coalición justiciera. Que ahora se sepa la verdad no cambia nada, el mal es irreversible.

 

Nadie que no sean los iraquíes habla de los crímenes de humanidad cometidos contra ellos por el imperio, sin obtener cabida en la gran prensa mundial que todo lo controla. Para nadie es un secreto que grupos terroristas como Al Qaeda y los muyahidines de Osama Ben Laden en Afganistán fueron creados, financiados y entrenados por la CIA en su obsesión antisoviética.

 

Y que tras los atentados del 11 de septiembre sirvieron a la vez como pretexto para invadir Afganistán y declarar la absurda guerra contra el terrorismo de Bush. No fue escándalo que para la Secretaria de Estado Hillary Clinton, estuviera claro que nuevamente Al Qaeda estaba de parte de USA en Siria, combatiendo al lado del siniestro Daesh contra el nuevo satanás al Asad. 

 

Hemos visto derrocar a Zelaya en Honduras, a Lugo en el Paraguay, a Dilma en Brasil, a la vez que hundir en el desprestigio a Cristina Kirchner, en cumplimiento de la determinación de los centros de poder del capital trasnacional. Los mismos que destrozan al pueblo palestino en medio oriente a fin de garantizar la supervivencia de Israel como guardián de sus intereses en la región. 

 

Venezuela no es más que el ejemplo más cercano, de cómo se convierte en incapaz y totalitario a un gobierno, que mediante un bello experimento de democracia y tolerancia, construye una alternativa económica y política frente al designio neoliberal. A la manipulación de parte de la población sumida en la impaciencia, se une la barbarie de una extrema derecha criminal.

 

Que se ampara en su poder mediático. Que ignora la existencia de un aplastante movimiento de masas populares que no cesan de apoyar a su gobierno legítimo. Para la prensa colombiana no existen el fervor chavista ni las multitudes que rodean a su Presidente. Únicamente los otros, las arribistas capas medias, las bandas violentas y asesinas a las que describen como pueblo.

 

Y que tienen un curioso parecido con las bandas paramilitares colombianas, que en su momento fueron presentadas en los grandes medios como salvadores de la patria. Actúan con el mismo odio con el que en nuestro país se expresan y obran los enemigos de la paz. Hablan de sacar a patadas, incendian, atacan las obras sociales de la revolución, destruyen, matan.

 

En medio de semejante confusión creada desde las alturas del gran capital y la tierra, las FARC no podemos guardar silencio en aras de ganar simpatías. Respaldamos a Nicolás Maduro Moros y la revolución bolivariana, denunciamos la embestida criminal de que son víctimas, llamamos al pueblo colombiano a no dejarse engañar. Urge buscar otras alternativas para informarse.

 

Ninguna obra humana es perfecta y seguramente que pueden haberse cometido errores, que pueden repararse y superarse. Pero no son la corrupta oligarquía colombiana ni sus aparatos de opresión los llamados a dar lecciones de democracia y decencia, cuando han generado en nuestro país un caos mucho mayor y lo dominan mediante un baño de sangre popular permanente. 


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Por:  Alberto Pinzón Sánchez

Desde la revista Semana (¿desde dónde más?) uno de sus columnistas estrellas, nos anunciaba “songo sorongo” y al mejor estilo “currambero”, una de las post verdades, decir mentiras, de la moda posmoderna colombiana, así:

“En Colombia, La guerra con los fierros se está volviendo cosa del pasado. Las FARC dejaron de disparar hace mucho rato y esperemos que el ELN lo haga también. La que viene es una guerra de relatos. Hasta el momento el relato que prevalece sobre la naturaleza de la guerrilla es el manufacturado por el establecimiento, con un grado de eficacia que hasta gente que se promueve de izquierda se lo ha tragado entero, tanto como que están empeñados en perdonar los pecados mortales del sistema y condenar sin expiación los cometidos por la guerrilla.” (1)

Unos meses atrás, el columnista ya lo había advertido en otra entrega:

“Piensa, Timochenko, que en las bodegas del barco pueden ustedes traer cosas nuevas que llamen la atención, seduzcan y desconcierten a la gente que espera en el puerto o pueden exponer las baratijas de siempre y encontrar eco en los frikis de siempre. Con un poco de gracia e ingenio se puede montar o desmontar una imagen. Lo viejo, dándole una vuelta, se puede convertir en lo nuevo. Ustedes, Timochenko, son viejos echando bala, pero nuevos en la política de estos tiempos cinematográficos en los que la imagen vale tanto como el discurso y la forma de decirlo.” (2)

La conclusión, posiblemente bien intencionada, se agota en su obviedad posmoderna: Al relato dominante hay que oponer un relato “alternativo”, atractivo o mejor “chévere y bacano”; descartando, claro está, el gran relato o envejecido y caduco “meta-relato” marxista de la lucha de clases, con su expresión material y contradictoria en la supra estructura de la sociedad y en todas sus otras instancias: la jurídica, la ideológica, la política y la ética o moral.

Basta con elaborar un buen relato de una a verdad “alternativa” que elaboraría de manera “consensuada” una Comisión de la Verdad recientemente decretada, para oponerlo a la “verdad oficial” del establecimiento, elaborada por la nueva burocracia de los historiadores formada por el colombianólogo francés Daniel Pécaut, que se reduce a decir que el llamado conflicto colombiano no fue cosa distinta de una guerra de las Farc y del ELN contra la sociedad; para que al final, cada quien en su fuero interno individual, en el supermercado de las ofertas ideológicas y políticas escoja cual consume o con cual se queda: ¡La guerra de los relatos!

Indudablemente quien haya leído con detenimiento y buena fe, es decir sin perfidias, el Acuerdo de Paz de la Habana logrado entre el Estado colombiano y las Farc-Ep, sabe que allí quedó ampliamente descrito un “sistema” (con todo lo que esta categoría científica implica) integral de Verdad, Justicia, Reparación y No repetición (SIVJRNR) y del cual entre otros subsistemas forma parte la Comisión para el esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No repetición y la Unidad Espacial para búsqueda de personas dadas por desaparecidas.

Y que tal tarea no puede saldarse con un “relato o Informe Final” escueto que elaborarían los comisionados escogidos para tal fin, sino que además del acto psicoanalítico de verbalizar lo ocurrido y sacar a flote la parte del Iceberg sumergido durante tantos años y con tanta propaganda negra trasmitida tan exitosamente por el oligopolio mediatico contrainsurgente (del cual, en este caso, forman parte los institutos y museos de la verdad y la memoria oficial) es necesario realizar de manera simultánea un sinnúmero de acciones materiales practicas reparadoras y reconciliadoras, llamadas por algunos “sanadoras”; que además de descorrer el velo mentiroso de la ideología oligárquica e imperial dominante, proporcione a los colombianos los elementos verídicos basados en hechos reales no adulterados de todos estos años de barbarie contrainsurgente. Es a lo que Uribe Vélez le tiene pavor y por eso su oposición a ultranza.

Hay que entregar los museos e institutos de la verdad y la memoria oficial existentes para integrarlos a este Sistema Integral de Verdad ...(SIVJRNR) y crear en cada municipio y provincia azotada por la guerra contrainsurgente uno nuevo, que le documente a sus pobladores y ciudadanos lo sucedido y les recuerde en el futuro, tal y como lo ha hecho la República Federal de Alemania con los horrores y la barbaridad del Nazismo y de la Stassi.

Y hay que preparar un sistema educativo de carácter nacional para educar a las nuevas generaciones sobre lo que todo esto ha significado. No basta que el Obispado colombiano que controla la educación en el país nos siga diciendo que “Colombia es una sociedad enferma, y que debemos seguir votando por los mejores”, sino que hay que dar los pasos concretos en su curación o sanación, en lo cual la Iglesia Colombiana siempre tan calladita y prudente, ahora tendrá mucho que decir y aportar para esclarecer parte de lo sucedido.

En resumen: Que no nos vamos a tragar el cuento de la revista Semana y sus columnistas sobre los “relatos bacanos”, y mucho menos convertirlo en un relato jurídico; sino que vamos a continuar con el mega-relato de la lucha de clases y, el complejo e interminable campo de su expresión material y contradictoria en la supra estructura de la sociedad y en todas sus otras instancias: la jurídica, la ideológica, la política y la ética o moral.

El Informe Final de la Comisión de la Verdad solo será la parte inicial de la difícil y permanente tarea por venir. Esa es la batalla ideológica integral y de ideas que debemos enfrentar y ganar, si se desea ingresar definitivamente al mundo de la civilización moderna.

Fuente Imagen Internet

http://www.semana.com/opinion/articulo/yesid-arteta-las-farc-y-el-eln-a-hacer-politica-sin-armas/514987

http://www.semana.com/opinion/articulo/yezid-arteta-proceso-de-paz-farc-necesitan-construir-un-relato/475920

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En una denuncia pública del Comando de la Zona Veredal Transitoria de Normalización Ariel Aldana de las FARC-EP, ubicada en la vereda La Valiente, municipio de Tumaco-Nariño, se informa que el miembro activo de la organización y recientemente excarcelado como beneficiario de la ley de amnistía e indulto Luis Alberto Ortiz Cabezas, de seudónimo “Pepe”, encontrándose en su casa fue atacado con arma de fuego produciendo su muerte.

También se señala que la comunidad ha reiterado su denuncia y preocupación respecto a un grupo armado que hace presencia en la zona, el cual es dirigido por un hombre apodado “Renol”, y que es culpable de varias agresiones y homicidios, a los cuales se sumaría el del guerrillero indultado Luis Alberto Ortiz Cabezas.

Ante este escenario se profundiza la preocupación e incertidumbre en relación con las garantías políticas para las y los guerrilleros y para las y los líderes sociales, así como en relación con la evidente ausencia de medidas estatales para el combate de grupos armados paramilitares que están claramente establecidas en el Acuerdo de Paz de La Habana, configurando nuevamente un escenario de persecución y de exterminio como el ya vivido en años pasados por la Unión Patriótica.

 

 

 

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Por: FARC-EP

Representantes de organizaciones, países y agencias, señoras y señores que acompañan el proceso de paz

A nombre de FARC extendemos el cordial saludo de los guerrilleros y las guerrilleras a las organizaciones, países y agencias que hoy se activan como componente del acompañamiento internacional al proceso de paz de Colombia. Estamos seguros que sus buenos oficios contribuirán a fortalecer las garantías para el cumplimento de los acuerdos y el éxito de su implementación.

Quisiera resaltar la importancia que tiene el acompañamiento internacional para estos acuerdos de paz. Desde los diálogos exploratorios, sin la gestión de los países acompañantes y garantes no hubiera sido posible estar aquí. Claro, ha existido voluntad de paz en las partes, Gobierno y FARC-EP. Y en los momentos más álgidos de la negociación, el acompañamiento internacional fue el factor dinamizador, el puente para alcanzar la orilla del entendimiento, negociando aquí, moviendo cosas allá, pero siempre garantizando llegar a la paz.

Si en el proceso de negociación de los acuerdos fue importante, este acompañamiento, en la implementación de los mismos, será fundamental. Concebimos el acompañamiento internacional como un sabio consejero, que con su experiencias en diversas materias sabrá jugar su rol a la hora de retomar el camino cuando la ausencia de implementación de los acuerdos amenace con atascar los avances. 

Ustedes presentarán su plan de trabajo a la CSIVI, con base en los criterios de autonomía e independencia que los ha caracterizado. Plan de trabajo que debe ser acompasado con la hoja de ruta para el acompañamiento internacional que el gobierno presente y discutamos en el marco de la CSIVI, en el que se identificarán las necesidades en cada uno de los puntos del acuerdo y así crearemos el plan de trabajo para los programas, planes y proyectos requeridos.

Valoramos los aportes de la comunidad internacional a la financiación de la implementación. La valoramos más por su significado que por su cuantía. Estos recursos son como una ligera bruma que acaricia las expectativas de Colombia. Insuficientes y exiguos. Muy exiguos son los recursos internacionales puestos al servicio de la implementación. ¿Qué son, por ejemplo, los 90 millones de euros ofrecidos por la Unión Europea, o los 100 millones de dólares de Naciones Unidas? Un solo proyecto productivo puede superar cualquiera de esas dos cifras. Y con esto no estamos subestimando con las palabras el esfuerzo solidario de prestigiosas instituciones internacionales, que no nos cansamos de agradecer, sino planteando un problema objetivo de la implementación. 

Esta realidad en la que los aportes distan de las necesidades del pos acuerdo, obliga a buscar soluciones urgentes. No es necesario transportarnos allende el océano si convinimos que la financiación de los acuerdos traducidos en proyectos, está aquí en Colombia, si se tiene en cuenta que el presupuesto nacional sobrepasa los 80 mil millones de dólares.

El acuerdo no puede quedar reducido a un paquete de promesas estampado en 310 páginas que habrá de llevarse el viento y el olvido. No es suficiente convertir en norma, es decir en decreto, ley o Acto Legislativo, los compromisos más trascendentales de los acuerdos de paz. Es necesario convenir una ruta expedita que nos permita la destinación de recursos del presupuesto para la concreción y materialización de lo acordado, de tal manera que la población y la guerrilla en tránsito a partido político legal, puedan palpar o sentir los efectos que para sus vidas implica la implementación de lo acordado. 

Decía hace poco en Cali el ex presidente de Uruguay, Pepe Mujica, con motivo de la activación de la verificación internacional a través de los dos notables designados, que “los gastos militares son inflacionarios. Gastar plata en seguridad es una desgracia cuando debiera gastarse, por ejemplo, en educación y cultura”. 

Para financiar los requerimientos de la paz, se necesitará por una parte, un esfuerzo fiscal del estado similar al que hizo cuando pretendió ganar la guerra por la vía militar; y por la otra, un apoyo del conjunto de la sociedad, pero especialmente por parte del sector privado.

En materia fiscal la financiación del pos acuerdo no debe concebirse con base a mayores impuestos para los sectores medios y pobres de la población. Se precisa una acuerdo político de reestructuración del gasto público, que en perspectiva de mediano plazo y en forma gradual lleve el gasto en Seguridad y Defensa a promedios internacionales. En este sentido, se podrán redireccionar recursos hacia el pos acuerdo en los siguientes años, hasta llegar a cerca de 5.500 millones de dólares al año. 

Junto con lo anterior, los compromisos de inversión del sector privado son muy importantes. El costo del pos acuerdo no es el costo de la reincorporación de las FARC a la vida legal. Los acuerdos de La Habana no son sólo para las FARC, son para el conjunto de la sociedad colombiana.

Desde las FARC-EP nos hemos comprometido con la paz y con el pueblo colombiano; por ello, no escatimaremos esfuerzos para trabajar de la mano con ustedes en este propósito. Nos gustaría poder acompañarlos tanto individualmente como en las comisiones de trabajo de cada punto del cuadro del acompañamiento internacional establecido en el numeral 6.4.2 del Acuerdo Final; cuenten con nosotros y con nuestra disposición, así como nosotros lo hemos hecho con ustedes.

Es hora del acompañamiento internacional a la implementación del Acuerdo Final de La Habana, de constatación del cumplimiento de lo acordado. Este hecho se ha constituido en punto cardinal para el avance del proceso de paz. Todos queremos que este proceso avance de acuerdo a un calendario, pero necesitamos el cumplimiento de compromisos en paralelo; que ninguna de las partes imponga condiciones a la otra, sino que el avance fluya sin obstrucciones por doble vía; porque todos están cumpliendo con la palabra empeñada, porque todos han hecho del Pacta Sunt Servanda, un asunto de honor. 

La encrucijada del proceso es su financiación. Se debe enfocar la mirada en los incumplimientos, porque ellos son como un palo en la rueda que impide la marcha hacia delante, hacia la consolidación de la paz y la convivencia. Hemos señalado una ruta, un camino de solución que es la utilización de recursos del presupuesto nacional. El Gobierno debe ser generoso y generar condiciones que permitan rodear de mucha más confianza este proceso. Necesitamos garantías de seguridad jurídica, garantías de seguridad física y y garantías de seguridad socio-económica para todos los guerrilleros y también para la población; porque no queremos que aquí, por desidia o imprevisión, se abone el campo para la reproducción de las experiencias negativas de otros procesos.

Todavía vemos mucha tardanza y dubitación en el gobierno para la aplicación de la Ley de Amnistía aprobada hace tres meses, para la suspensión de las órdenes de captura, especialmente de los guerrilleros que deberán hacer pedagogía de paz a nivel nacional y regional. Por qué no aprovechar el pretexto de los compromisos rubricados en los protocolos de las zonas y puntos transitorios de normalización para darle conectividad no solo a los guerrilleros, sino a las comunidades rurales secularmente olvidadas por el poder central; Para llevar el agua donde la gente la necesita, vías, educación y salud que permitan al Estado ir saldando su deuda con la sociedad.

Señoras y señoras:  Hemos convenido que a la firma del Acuerdo Final se da inicio a la implementación de todos los puntos acordados, tal como lo consigna el punto 6 que trata sobre la implementación, verificación y refrendación. La tarea de todos es comprobar el estado y avances de la implementación, identificar retrasos y deficiencias; hacer un seguimiento efectivo a la implementación de los acuerdos.

Sería oportuno y de mucha utilidad que gobierno y FARC solicitáramos ya a Naciones Unidas la Misión Política Especial de Verificación para que haga el seguimiento a la reincorporación de las FARC y a la implementación de medidas de protección y seguridad personal y colectiva. Es hora que el Gobierno envíe una comunicación al Secretario General pidiendo este apoyo.

CSIVI componente FARC

Abril 6 de 2017

Fuente: www.farc-ep.com


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